Sueños de una noche de verano.

Dicen que el verano es la mejor época para descansar y para dormir bien. Y yo me he apuntado con ganas al tema de dejarme seducir por los brazos de morfeo. Soy un tipo dormilón, y me encanta dormir a pierna suelta, tan a gustito que creo cocerme en mi propio jugo. Me dicen, mis amigos y mis enemigos, que no tengo límite cuando pillo cacho, y reconozco que tanto en invierno como en verano, me duermo con la facilidad de la gente buena. Aposento la oreja en un trozo blandito de almohada, y me recreo con historias oníricas sin límite de tiempo ni de espacio. Bueno, límite sí. El que dura la siesta, y el que permiten las noches cortas de verano. Me despierto por la noche varias veces, y por la tarde vuelvo al mundo de los vivos cuando el cuerpo me pide resucitar por unas horas más.

Tengo la teoría, supongo que algo estúpida, que no se duerme igual en cualquier sitio. Y que no se sueña lo mismo en una cama que en otra. En mi casa es más habitual soñar con inquietud, y es que el edificio está construido sobre un antiguo cementerio del siglo XVII. No es que tengamos fenómenos poltergeist, pero se duerme peor. Imagino que los espíritus de todos los vecinos se entrecruzan, cotilleo de vivos y muertos, y si hay algún resto de muerto mal avenido… pues eso. Un lío. En cambio en el pueblo, casa baja preparada para el calentamiento global de las próximas centurias, se duerme mejor. Hasta que se concilia el sueño, claro, porque junto a la plaza siempre hay rezagados que prefieren perder el tiempo chinchorreando, en lugar de disfrutar de la nocturnidad debida.

El caso es que en vacaciones salimos una semanita a la playa, en concreto Ayamonte; y el apartamento, tan estricto en comodidades, me ha traído más sueños de grandeza que otra cosa. Un día soñé con la familia Real, otro con el Papa, otro con el consejero de Educación y otro con Trump y Putin que venían a casa de incógnito a cenar una kebab. Esa noche hablé varios idiomas por ciencia infusa. Es lo que tiene la vida y la noche cuando se sueña, que no se necesita aprender ruso ni inglés para comunicarse con los prójimos.

Dicen los expertos -que es el nombre de cualquier persona que se autoproclama como tal- que dormimos para prepararnos para el futuro, y hacer frente a situaciones inéditas no vividas por nosotros. De esta forma soñamos frecuentemente con el examen que tenemos al día siguiente, y en tal paroxismo recreamos situaciones embarazosas para aprender a desenvolvernos sin ansiedad. Por eso soñamos temas tan variados: con la vecina del tercero en cueros, con que nos roban la cartera en Praga, o con que se nos hunde el crucero trasatlántico después de haber perdido el tren a Marsella por culpa de un regateo infructuoso con un chino.

El caso es que cuando el psicoanálisis hacía furor, cualquier sueño significaba represión sexual y violencia contenida (imagínense lo que significaba el chino regateando para Freud); pero luego, con el mundo de las drogas campando por sus anchas, soñar era algo así como tener un viaje astral por el mundo de los espíritus. El tema es viejo, y desde la antigüedad los hombres sabios siempre se han encargado de examinar los sueños para averiguar el futuro. Hay teorías para todos los gustos y las más actualizables no creo que sean más ajustadas que las primitivas, por eso yo me quedo con las  antiguas.

La Biblia, que a mi me produce más respeto que la ciencia contemporánea (sabiduría que resiste el paso del tiempo, algo bueno tendrá), considera que los sueños forman parte de la manera que Dios tiene de revelar algo al hombre que escoge, sin que tiemble la humanidad entera. De esta forma, son frecuentes en la Biblia los hombres que interpretan los sueños, como José al Faraón; y gente que recibe mensajes oníricos, como el otro José, el esposo de la Virgen, para que no la repudie primero, y salga por patas hacia Egipto después. Así que tras esta interpretación, considero que el mundo de los sueños es tan magnifico e importante, revelador, como el mundo de lo real, aunque a Platón le cause nauseas.

Viene al caso, porque me contó el rey Felipe VI que le había gustado mucho la novela de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, y yo claro, me puse estupendo y como un globo. Le di dos besos a la Letizia y se entretuvieron nuestras hijas respectivas jugando a princesas (lo más lógico del mundo). Cuando me desperté no cabía en la cama, y pensé en mandar un ejemplar a Zarzuela, por si acaso. Me dijo el Consejero de Educación que estaba desolado, que su nombramiento había sido una trampa y que no sabía qué hacer. Por supuesto le dí unos cuantos consejos, para que así aconsejara a otros. El mejor que pude como docente en plena línea de combate: que creara una red de Bibliotecas escolares, que se gastara la pasta en laboratorios científicos en los centros escolares y que despidiera a los burócratas en forma de directores generales o particulares que no han visto un alumno más que en pintura rupestre y que se empeñan en que pongamos por escrito las veces que llamamos la atención a un angelito. Por supuesto, me condecoraron con varias medallas al mérito docente y me invitó Fernando, el consejero, a tomar una caña, pues es un tipo agradable y majete donde los haya. Ahí me desperté y a la playa.

Del tema Putin Trump no me acuerdo (sería irrelevante lo que dijimos todos), y con el Papa lo de siempre, que qué majos todos, y viva la madre superiora.

El caso es que durmiendo me dedico a arreglar el mundo. Pero despierto ya es otra cosa. Me espera la playa, el ordenador, las obras de Orson Scott Card y la tumbona, y eso es algo tan real, que me asusto de pensar en la próxima pesadilla que pueda tener cuando regrese: que eliminen las vacaciones y nos obliguen a charlar con las autoridades monárquicas y educativas del planeta para arreglar el estropicio. Un rollo, claro. Así que he tomado con Santa Teresa una determinación determinada y determinante: Si en diciembre no mejoran mis sueños, palabra que suprimo la siesta.

PD: Me he hecho socio del Pucela, eso sí que es soñar…

 

 

Pearl S. Buck o la escritora olvidada. Novela: ORGULLO DE CORAZÓN

Estamos ante uno de los grandes escritores del siglo XX. Una mujer, sí. No pongo “grandes escritoras” porque dejo fuera a los varones que compiten con ella en escribir como los ángeles. Pearl escribía muy bien, por supuesto que sí. De los mejores de la narrativa norteamericana y universal.

Pearl fue una señora extraordinaria que obtuvo en el año 1938 el Nobel de Literatura y que escribió algunas de las más bellas páginas de la narrativa contemporánea. Por supuesto, su olvido no es total, porque siempre queda gente amante de las buenas letras que sigue leyendo a Pearl, pero ciertamente no son los más. Incluso entre estos empieza a ser una desconocida. Y es que el tiempo termina borrando a este tipo de autores cuyos derechos de autor ya no existen y que se descargan gratis si se encuentran. Las editoriales apuestan por cosas más actuales – casi siempre de peor calidad –  y Pearl se termina reduciendo a ser una escritora cuyos libros se hallan escondidos en las librerías de viejo y de segunda mano. Casi todas las ediciones de las obras de Pearl son del siglo XX. Así que… cuando me escuchen afirmar que nuestra cultura está suicidándose, no me cuenten que no es cierto. Porque olvidar a Pearl es olvidar demasiado.

Su vida tuvo muy poco de convencional, si es que hay vidas convencionales. Pearl era norteamericana, hija de padres misioneros. Pasó casi toda su vida en China, desde los tres meses de edad hasta la edad adulta. Nació en 1892 y murió en 1973, lo que nos da cuenta de los acontecimientos históricos que pudo vivir en Asia, desde el triunfo del Maoismo, hasta la Segunda Guerra Mundial. Hablaba inglés y manchú, y escribió unos 85 libros, muchos de ellos de poesía, narrativa y teatro con el tema de lo oriental en muchos de ellos.

Su novela más conocida por la que le dieron el Nobel es: Viento del este, viento del oeste. Pero yo, guiado por la lectora más avezada en asuntos de Pearl (mi madre), he leído primero y recientemente el titulado en castellano ORGULLO DE CORAZÓN, que en inglés varía algo pues significa algo como “este orgulloso corazón” THIS PROUD HEART. Es del año 38, y es la menos oriental de sus novelas. El título es engañoso, pues podría pensarse que es una novela de amor facilón, un típico subproducto de segunda fila y de otros tiempos donde el amor romántico vendía más porque las mujeres no se tatuaban el culo. No es así, el tema que trata es la creatividad del artista y los sacrificios que impone crear arte, y todo ello contado desde el punto de vista de una mujer.

La historia  de ORGULLO DE CORAZÓN es la de una mujer que siente pasión creativa por la escultura y que vive tal pasión olvidando sus obligaciones familiares. Una mujer que vive pasiones amorosas autodestructivas mientras le queda el arte, el construir, el hacer como refugio ante sus equivocaciones. El personaje principal es como Picasso, o como Pearl, son creadores naturales, absolutos y brutales. La pasión por el arte es vivida con tal fuerza que la protagonista olvida su vida convencional, y se ve obligaba a domesticar su afán creativo desaforado. Es el retrato de todos los artistas, de los que no pueden vivir sin hacer, sin escribir, sin pintar, y en el caso de la novela, sin amasar y moldear barro con los dedos, o esculpir granito con el martillo y el cincel. Es el drama del que tiene que crear, y a la vez vivir con los que ama y que son los suyos.

Esta novela es genial desde la primera página. Expresa perfectamente en su primer capítulo todo lo que debe expresar. No sobra ni una coma, y no falta ni una palabra. Se presentan a los personajes, se cuenta de qué va el tema y se inicia la novela con la belleza de una obra aparentemente sencilla pero bien escrita. Más adelante descubrimos que es una novela profunda y sugerente. No es tan solo la vida de una mujer que lucha por romper con el convencionalismo social de su época, que también; ésta es la novela de todo artista, de todo creador que se ve impelido a crear, aún a costa de una felicidad impostada, aparente, regalada y formal.

Las grandes víctimas de la historia son los hijos, su primer marido y ella misma. La vida le obliga a ir siempre corriendo para conseguir lo que otros obtienen de la vida con un aparente menor esfuerzo. En realidad, la construcción de la vida y del entorno de un artista siempre quedan bajo el egoísmo del genio que destruye y destroza la vida que tiene a su alrededor, y eso lo hace en aras de su ingenio y su obra. No siempre sucede así, pero compaginar la tarea creativa con la vida cotidiana no es nada fácil, y la protagonista de esta historia se convierte permanentemente en la víctima y el verdugo de su vida. Eso hace que el libro dé que pensar. Detrás de todo artista, incluidos los escritores, hay siempre un exhibicionista, un egoísta perfecto, una persona sensible dotada de una cualidad especial, pero que suele ser incapaz de atender las sensibilidades ajenas. En el extremo contrario, un artista necesita también comer, necesita relaciones sociales aburridas y divertidas, necesita convivir sin sufrir, y eso obliga a cierta sociabilidad, atención, generosidad… Lograr tal equilibro no está al alcance de todos, pues el arte requiere cierta exclusividad cuando está gestando y dando a luz la vida. Deducimos de inmediato que los escritores, pintores, escultores… no son las personas más fáciles del mundo en la convivencia cotidiana. Aunque luego dé mucho gusto leer, contemplar, examinar su obra.

La frase “detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer (y viceversa)” son una gran verdad. Porque la paciencia, la comida caliente, la vida cotidiana, también se labran en el lugar escondido del hogar, que es donde nadie ve al artista, donde se le soporta y se le sufre.

Esta novela, a mi juicio, es un ejemplo de buena literatura. Cuenta con todos los ingredientes de la narrativa norteamericana, y seguro que lo pondrán como ejemplo en la escuela Gothan de Escritores de USA. El único problema de este libro es que está casi olvidado, igual que su autora, la primera mujer norteamericana en obtener el Nobel.

Reflexión y análisis del pensamiento ecologista.

De todos los movimientos sociales del siglo XX, el ecologismo es el que más ha triunfado. El pacifismo quedó demasiado lejos, casi tan lejos como la muerte de Ghandi; y el feminismo ha generado tal ola de estupidez con su deriva hacia las ideologías de género que digo yo no tendrá demasiado recorrido como siga así. Pero el ecologismo es otra cosa. Ha triunfado en la conciencia de la gente, y la prueba es que hay ya un importante negocio en torno a lo ecológico que genera mucha pasta, y mucha gente que ha fijado comportamientos presuntamente ecológicos sin ser consciente de ello. Bien por ellos.

Hay además, abundantes formas de ser ecologista y de plantearse el ecologismo, incluso varias de estas formas pueden llegar a ser incoherentes y agresivas entre ellas. Deviene la ecofiesta en un batiburrillo que hace que el ecologismo no sea siempre bien acogido por mucha gente, porque se identifica lo ecológico con ir en bici haciendo el gamberro por las aceras, o en alarmar a la población cada vez que llueve en otoño o hace sol en verano, o soltar una piara de armiños para que se mueran atropellados en al carretera más cercana. No, eso no es ecologismo, ni siquiera es una pose ecológica de nivel alfa.

Evidentemente no es lo mismo el ecologismo que pretende regresar a la edad de piedra cultivando cebollas y cerrando fábricas, que el ecologismo animalista que se esfuerza para que los animales no sufran en la naturaleza o fuera de ella. Mayor diferencia seguramente habrá entre el ecologismo liberal, que considera que hay que cuidar la naturaleza porque sino habrá más pobreza en el futuro, y el ecologismo espiritual y esotérico que entiende que debemos encontrar la armonía con la naturaleza y el cosmos en su Totalidad. Son muchas formas distintas de plantearse lo de la naturaleza y algunas implican una devoción religiosa y una entrega martirial excesiva para un culto panteísta que huele a adaptación al vacío occidental tan nuestro.

La variedad de formas de vivir la ecología da a entender, una vez más, que si bien ha triunfado la conciencia en casi todo el planeta de que debemos cuidar el medio natural, también nos hace pensar que la confusión reinante es enorme, y que cuando se destruye la idea de Dios se acaba abrazando cualquier manifestación ideológica que cuadre bien. El ecologismo es para mucha gente una forma de vivir por la que deben morir y matar, lo que la convierte en un peligro para la humanidad en su conjunto. El ecologismo le convendría estar a bien con la antropología para que no salga ninguna mal parada, pero tampoco viene mal conjugarla con las tradiciones culturales occidentales más humanistas, porque casi todo lo que es bueno para la humanidad a largo plazo es bueno para la naturaleza. De ahí las advertencias del Papa Francisco sobre los abusos que infligimos a la naturaleza y los abusos a los hombres. Y es que unos y otros no deberían andar por caminos distintos ni separados.

El problema de los ecologismos cuando degeneran en fanatismos está en que siempre terminan siendo alentado por los más ignorantes y psicópatas, que seducidos por una idea parcial, la terminar totalizando y absolutizando para convertirse ellos en sacerdote de lo nuevo, y en guardianes de la nueva convicción. El ecologismo no se libra de sus sectarismos particulares, eso es cierto, por eso conviene hablar de ello y reencontrar caminos de encuentro y no de división; más que nada porque puede seguir aportando mucho al hombre en su devenir hacia el futuro en un planeta-hogar limitado como el nuestro. Tampoco se libran los ecologismos de los nuevos adalides de lo verde, disfrazados de empresarios con deseos de ganar dinero, que aman la naturaleza bastante menos que sus negocios, y andan siempre en el límite de destruir cuando les permite la ley, aunque luego se pongan arrobas de insignias que afirman ser grandes protectores de la verdura y el medio ambiente. Grandes empresas energéticas con premio extra en contaminación, presumen de ser “supergreen”.

Si intentáramos poner de acuerdo al movimiento ecologista en unos principios básicos, estoy convencido de que terminarían a tortas los diferentes sectores, pues hay un ecologismo de derechas y otro de izquierdas, un ecologismo religioso y otro aconfesional, un ecologismo de sostenibilidades y diálogo con la antropología y un ecologismo de radicalidades y enfrentamientos. Pero es imprescindible que haya puntos en común que sean claros, pues el riesgo de la pluralidad es la dispersión, y el de la dispersión la fragmentación. Y la fragmentación solo conduce al fanatismo y al radicalismo, cuando no al abuso y la inmoralidad que saca beneficios hasta del sol que es de todos.

Dice un amigo mío con bastante acierto, que los ecologistas son unos plastas, pero que por desgracia tienen bastante razón en sus críticas y sus extremos. Tiene bastante de cierto. Yo mismo he escrito en este blog alguna entrada afirmando que nuestro planeta se está convirtiendo en un basurero de productos de usar y tirar, y hay que concederles la razón a los ecologistas cuando defienden la importancia de no deteriorar más el medio, bajo riesgo de que nuestra especie se vaya al carajo con su negligencia. Carajo que puede estar en el largo o larguísimo plazo, pero carajo al fin y al cabo. Por eso hay que ordenar las ideas y proponer caminos nuevos que reúnan el pensamiento ecológico, lo hagan más fuerte, y por tanto menos sectario y menos ridículo. Más serio, sosegado y firme.

Una vez más, al igual que le sucede a la antropología cultural y social, lo que mejor puede cimentar la unidad de los ecologismos es la religión católica. Por desgracia, los ecologismos han ido abrazando durante mucho tiempo las corrientes new age de armonías presuntamente orientales y posmodernas. Es un error, porque la experiencia religiosa de una cultura como la nuestra no necesita de otras formas para ser fuerte y válida, y más si queremos que vaya de la mano del humanismo. El mensaje de un Dios creador es suficiente como para que el hombre colabore con ese Dios sin dañar su obra. Mensaje olvidado en la revolución industrial, por cierto.

La ética basada en un Dios que nos ama y nos pide es bastante más sólida que la ética que se basa en el convencionalismo, los acuerdos éticos, o la razón natural, que siempre termina siendo relativa y escéptica. Tampoco, creo yo, está lejos de la protección de la naturaleza vivir la experiencia religiosa de  la contemplación franciscana de la naturaleza, donde Dios redime el cielo y la tierra, el pecado y la contingencia de la muerte, también en el cosmos y en la Tierra, siendo hermanos del mundo y la naturaleza creada por Dios para  nuestro gozo en Él. El orientalismo hace que lo ecológico se termine identificando con el yoga o con comer ensaladas de soja, pero no con ayudar a un prójimo que pasa hambre a pocos kilómetros de casa. Y creo que a la larga conduce a un espiritualismo desencarnado incapaz de resolver los verdaderos problemas del medio ambiente.

La belleza y el drama de la sensibilidad.

Desde no hace mucho tiempo se ha investigado la sensibilidad de las personas, y se ha descubierto que aproximadamente un 20% de la población es altamente sensible, en siglas corrientes PAS: Personas Altamente Sensibles.

Los estudios que se han hecho son serios, no es una cosa de cuatro friquis, sino que está más o menos aceptado por la psicología, la psiquiatría y la neurología contemporánea. La base biológica afirma que el hemisferio derecho del cerebro (el de las emociones y la creatividad) se activa mucho más (bastante más) en unas personas que en otras. Esto da lugar a unos rasgos caracteriológicos en las PAS que tienen que ver con la empatía, las emociones, los sentidos, el estrés y el desestrés, la creatividad y la sensibilidad para captar lo que los demás no captan de las personas o de la naturaleza. Tradicionalmente se les clasificaba en el pensamiento de Jung como personas introvertidas, pero no es exactamente así. Los PAS no son tímidos, ni insociables, ni introvertidos. Simplemente necesitan desestresarse con más frecuencia que el resto. Les satura un centro comercial más pronto que al resto, y son más tendentes a la depresión y al sufrimiento; pero a cambio también son más creativos, más intuitivos, más ingeniosos y más capaces de disfrutar de las pequeñas notas de color que la vida va regalando.

De esto se deduce, siendo un porcentaje tan alto (20%), que es abundante el perfil PAS en artistas, escritores, pensadores, actores, orantes, artistas en general. Pero también es muy frecuente un mucha otra gente anónima. La proporción es la misma en hombres y mujeres, y como sabemos que los rasgos del carácter se heredan y se mantienen más o menos toda la vida, podemos hablar de familias PAS, niños PAS mal diagnosticados como tímidos; y adultos, calificados como bichos raros por el común, pero que probablemente son simplemente Personas Altamente Sensibles.

En el mundo de la cultura se me ocurre que seguramente han sido PAS escritores como Wilde, Juan Ramón Jiménez, Kafka, Proust y muchos otros. Picasso también parece tener un perfil PAS, y lo mismo podríamos decir de Einstein, Dalí, San Juan de la Cruz o Santa Teresita de Lisieux. Lo cual nos hace pensar que hay muchas formas distintas de ser PAS, que es tanto como decir que hay muchas formas de ser persona y de vivir en este mundo.

Por supuesto, parece lógico que los que no son PAS difícilmente entiendan plenamente a los que lo son. Y los que lo son, si no canalizan su sensibilidad extrema, pueden sufrir mucho en la vida. Tampoco son mundos radicalmente separados, porque hay hasta otro 20% más de personas que se declaran sensibles, aunque no altamente sensibles. El resto, simplemente se confiesa nada sensible o muy poco sensible.

Los cuatro rasgos de las Personas Altamente Sensibles son los siguientes. Los pongo porque seguro que más de un lector se identifica con ellos, y es que el mundo está lleno de PAS que no saben que son PAS:

  1. Se procesa mucha información y de manera profunda. Es decir, los PAS estamos todo el día con la cabeza en funcionamiento. Analizamos todo, pensamos todo, sentimos intensamente. Estamos buscando soluciones a todo, analizando y mejorando el mundo en nuestra cabeza. El mundo cercano y lejano, lo cotidiano y lo que vemos por televisión. Damos vueltas a nuestras relaciones personales, a los problemas de la humanidad y a lo que nos echen por delante. Una PAS se estimula más que la media, está siempre como acelerado y en tensión, lo que puede generar ansiedad y estrés si no se canaliza y se desestresa uno.
  2. La sobreestimulación agota a las PAS. Las Personas Altamente Sensibles necesitan desestresarse porque se saturan en la información que reciben a lo largo del día. Necesitan descansar, tumbarse en la cama, pasear a solas por el campo o la ciudad, no hablar con nadie. Las PAS no tenemos (porque me incluyo) miedo a la soledad, al contrario, nos encanta estar con gente pero nos cansamos de ella. Y es que para nosotros hay gente  que es muy agotadora, que para los demás no lo son. No es timidez, es sobreestimulación y bloqueo. Un PAS nunca se aburre, siempre tiene algo que pensar y olvidar.
  3. Las PAS se emocionan fácilmente, se conmueven enseguida, y empatizan con las personas de manera casi inmediata. Sabemos, sin estar demasiado tiempo con alguien, si esta persona está a gusto o a disgusto, está bien o machacada, si sufre o disfruta. Somos de lágrima fácil. Nos alegramos mucho con la gente alegre, y nos entristecemos con la gente que está triste. Somos especialmente intuitivos para las emociones de las personas.
  4. Somos muy sensibles para los matices de los sentidos. Nos molestan los ruidos, los olores fuertes, las aglomeraciones. No todas las Personas Altamente Sensibles son iguales, y ya he dicho que hay muchas formas de ser PAS, pero es fácil que a una PAS le ponga muy nerviosa alguien que está nervioso a nuestro lado moviendo la pierna, por ejemplo; y nos machaca estar junto a alguien que está estornudando y sonándose los mocos constantemente, segundo ejemplo. A una PAS un Centro Comercial le satura pronto, está a gusto cuando llega, pero al poco tiempo necesita regresar a casa porque se harta y se cansa del ruido, el bullicio, los gritos y la música en chunda chunda. Los demás no se dan cuenta, pero las PAS sí nos damos cuenta y lo sufrimos, porque necesitamos desestresarnos más frecuentemente que el resto.

Confieso que estos rasgos del carácter yo los había identificado más con una especie de inteligencia espiritual y artística,  algo que se debía añadir a las demás inteligencias de Gardner, pero resulta que ya estaba investigado, y que le llaman PAS. Y me parece bien compaginar las dos cosas. Entre los rasgos secundarios del carácter PAS, es decir que son frecuentes pero no generalizables, es habitual que las PAS sean personas bondadosa por miedo a desagradar a los demás, tengan tendencia a la depresión, o sean creativos y enamoradizos, concienzudos y perfeccionistas. También es frecuente que las PAS traten de disimular su carácter para ahorrarse sufrimientos. No son, somos, insociables, simplemente nos agotamos más de la estupidez y la banalidad humana porque buscamos una profundidad que no siempre se nos ofrece.

Saber que eres PAS significa que uno pone nombre a lo que es y sabe que es. Conócete a  mismo. Más que carga o un problema, que también puede llegar a serlo, ser Altamente Sensible es un don que Dios da algunas personas, y que nos permite alcanzar cierta felicidad en la contemplación de lo creado y de Dios mismo.

Dejo el enlace de la asociación PAS en España, y agradezco a Karina y a Elaine su trabajo e investigación para facilitar la vida de muchas PAS que viven en el anonimato.

 http://www.asociacionpas.org

¿Cómo podríamos acabar con la corrupción política?

La corrupción política es uno de los males que aquejan a todas las sociedades y sistemas políticos del mundo, y da igual que sean democracias, dictaduras o una mezcla. Corromper significa alterar, viciar, estropear, echar a perder, depravar, dañar o podrir. Casi nada. Por eso la corrupción política es la acción de alterar y estropear la actividad política.  Pudrirla, echarla a perder y cargársela. Lo malo es que la actividad política es necesaria e imprescindible para construir una sociedad, a mejor o a peor. Por eso el riesgo que corremos es muy alto si no controlamos mejor a nuestros corruptos favoritos.

A nadie se le escapa que el termómetro de la corrupción puede llegar a ser bastante subjetivo, tanto como la procedencia del que formula el juicio ético; y así, para algunos la corrupción es distinta cuando la ejercita un rico que un pobre, uno mismo o el prójimo, el partido de sus desvelos o el partido de sus esperanzas. Tales subjetividades no ayudan, desde luego, pero el semáforo en ámbar ya nos pone en aviso de que lo que para unos está justificado, incluso es una necesidad del representante público, para otros es un acto inmisericorde que no merece ni el perdón divino. Unos pasan corriendo y otros se detienen. Y es que en este asunto basculamos desde un puritanismo agotador hasta una laxitud sospechosa, sobre todo cuando las medidas y los raseros son distintos según la ceguera y luminosidad de las gafas que cada uno lleve por la vida. Poner unas reglas objetivas ayudará, pero más ayudará a prevenir que esas reglas objetivas no sean cambiadas con facilidad por el político siguiente que llegue al poder.

Los teóricos de lo político ya analizaron estos problemas en su momento, y llegaron a la conclusión de que la mejor forma de combatir la corrupción ( y el abuso) es limitando el poder, y la mejor forma de limitar el poder es separarlo y convertirlo en compartimentos estancos e independientes, cosa que no siempre se respeta en las democracias modernas. En sentido positivo, se fomenta la corrupción cuando el poder concreto se rodea y acompaña de una caterva de deudores, acólitos, amigos, familiares, defensores del partido y simpatizantes de la cosa nostra. Los intereses se centrifugan, y la maraña que se genera convierte el poder el poderoso en un ejercicio ilimitado e irrefrenable de abusos. No es un problema sólo de ética individual, que también, sino de ética colectiva, y por tanto de control social, ético y político.

El poder de un político cualquiera (poder ejecutivo) está limitado básicamente por el poder judicial. Hasta ahí la idea es buena, pero tiene una excepción: que el juez o magistrado deba su puesto a un equis que no sea su capacidad; si eso ocurre, entonces el juez, el fiscal o el magistrado elegido a dedo (a imagen y semejanza del Parlamento) tendrá favores que deber, servidumbres que pagar y corrupciones a las que abrazarse. Le faltará la honestidad suficiente, y estará tentado de ser menos independiente con unos que con otros.

Dicho de otra forma: si en el año 1985 el PSOE  no hubiera montado una Ley Orgánica del Poder Judicial para poder intervenir en el nombramiento del CGPJ poniendo gente de su cuerda, no estaríamos como estamos. Si el PP no hubiera adherido al despropósito, otro gallo le cantaría ahora en el Congreso. Lo llamaron tercer turno, o sea, dedocracia para determinados cargos en la judicatura. Extrañamente, hoy se quejan de corrupción los mismos que inventaron el juguete dañino, apuntando al juguete y no a su dedo.

El poder político, sobre todo en la Administración Municipal, tiene que tener una limitación en su actividad que no puede proceder permanentemente de los jueces. No podemos poner un Juez en cada Ayuntamiento o Consejería para examinar al poder todos los días, de ahí que tengamos que arbitrar cuerpos administrativos independientes, de alto rango y potestad que frenen las apetencias de los políticos. No hay nada mejor para frenar a un concejal de urbanismo que un funcionario que no le deba el puesto, que tenga herramientas para actuar y que trabaje con independencia. Y si no hace amistad con él, casi mejor.

Pongo un ejemplo. Si se hace una contratación en un Ayuntamiento, y en la mesa de contratación abundan los que deben su cargo y su sueldo a “alguien”, no será extraño que la honestidad se vaya de vacaciones. Por el contrario, si en la mesa de contratación todos son técnicos independientes, nadie debe nada a nadie, están bien pagados y valorados, es probable que la tentación del político sea mejorar la ciudad antes que mejorar a los del partido o sindicato amigo. Porque tentaciones tenemos todos, e incumplimientos legales se producen en muchos más ámbitos de la vida. La cosa es evitarlo en el que maneja el dinero de todos, y toma decisiones por todos.

Cuando se empezaron a exigir “méritos sospechosos” a los funcionarios para acceder a determinadas plazas de alto rango, fue cuando la corrupción puso sus bases. Aquellos Secretarios de Ayuntamiento cuyo mérito en los traslados era conocer la idiosincrasia soriana, por ejemplo, obtuvieron una plaza menos prestigiada y con un fuerte débito a su creador, que los que solo fueron guiados por su capacidad y mérito general. Cuando se colaron cientos de sindicalistas y amiguetes del partido en muchos estamentos administrativos locales y autonómicos fue cuando empezó a estropearse la fruta del cesto. Cuando hoy día los puestos de libre designación son tantos y tan abundantes, es normal que además de gozar de la confianza de su jefe, gocen del silencio que los capacita para continuar con la mamandurria otorgada. Acabe usted con los amigos en la administración, termine con los puestos de confianza, y tendrá una administración más ejemplar, y me atrevo a decir que bastante más eficaz. Una administración que controlará al político en sus abusos, es una buena administración que sirve al ciudadano con más ejemplaridad. Y es que representantes del pueblo son elegidos por el pueblo en las urnas; pero los funcionarios son los mejores del pueblo por su capacidad.

Por supuesto siempre quedará la conciencia ética y la capacidad personal para sustraerse a las tentaciones. En la Asamblea Nacional de los primeros años de la Revolución Francesa era muy frecuente ver como los parlamentarios (también el Rey) buscaban más el aplauso que la prudencia o la razón en sus discursos. Una vanidad que costó cara a muchos, pues no es posible gobernar bien buscando el aplauso permanente de un pueblo al que no has formado, ni has educado para la corrección ética ni la razón. Por eso, el futuro de la corrupción se terminará jugando en la educación que ahora ofrecemos en las escuelas. Una educación donde, y no escandalizo a nadie, la impunidad es demasiado frecuente; donde la ley del más jeta y del más díscolo se imponen al resto. Se está fortaleciendo, directa e indirectamente, la corrupción que en el futuro soportaremos. Los profesores están atados de pies y manos, y los responsables de la educación piden mejores números para presumir ante sus parlamentos y sus tertulias de café de que son estupendos y brillantes en sus quehaceres gubernamentales.

Prevenir para que no haya corrupción en el futuro es más importante que apuntar al corrupto y rasgarse las vestiduras mediáticas. Son así, porque los hemos creado nosotros. Que paguen, pero pongamos los medios, por favor, para que no vuelva a suceder. Dividamos más el poder, pongamos más límites al gobernante y reeduquemos la sociedad para que la ética ciudadana brille por sí misma en la escuela. ¿Es pedir mucho?

Cómo escribir una obra maestra… sin perder la dignidad.

Últimamente abundan los libros, cursos y cursillos que se dedican a contar a la gente cómo debe escribir un libro. Incluso te informan de lo que no debes hacer cuando escribas un libro. Suele ser gente que no le gusta leer cosas aburridas, y desea fervientemente, de una forma sutil y sagaz, sentando cátedra y contándonos que los gustos y búsquedas de los artistas son nada frente a la practicidad de un supeventas, que hay que escribir de tal y cual forma. En realidad no quieren que vuelva a nacer otro James Joyce en la historia, ni otro Marcel Proust, ni otro Dostoyeski. Se les escapó Márquez con sus Cien años de soledad, pero no están dispuestos a se repita. ¿Vender un libro que no enganche? Antes se suicidan y nos suicidan las letras.

Y es que la peña se ha lanzado en tromba a escribir su libro, y no hay rincón del mundo donde no te cuente algún fiera que a él también le gustaría escribir un libro. Las editoriales están a rebosar de tipos que escriben y los premios literarios no dan abasto para leer lo que les mandan. En realidad no se lo leen. Contratan a los que escriben libros que enseñan a escribir libros, y luego dan el premio al que ha seguido sus instrucciones. Es una pescadilla que se muerde la cola.

Por eso, casi todo el mundo escribe igual, sin personalidad, sin nada interesante que contar, sin estilo propio pero con historias trepidantes llenas de trucos para enganchar al lector. Te dicen que escribas sin adjetivos y sin adverbios, porque esta gente se la tiene jurada a los adverbios. Te aconsejan que no los pongas, dicen las escuelas americanas de narrativa. Por eso escriben todos como Stephen King. Pero el King solo hay uno: Elvis Presley, era el King. Y esta gente odia cualquier otro tipo de música. Están agostando las letras, y van camino de conseguirlo de la forma más terrible, que es convenciendo a la gente de que cualquier novela que no enganche (palabra fetiche de los editores y sus lectores adictos) es mala y no debe ser publicada. Y así, ahora escribe cualquiera que sea famoso (o lo hacemos famoso en dos fines de semana) y que aprenda cuatro trucos.

A mi la cosa me irrita, y no es para menos. Ser escritor es algo exclusivo, bohemio, y sensible; y escribir es algo complejo y arduo cuando quieres escribir algo bueno. Por eso me cabrea que den consejos para que otros escriban una cagada, que tenga éxito la cagada, y que además te digan que no hay que escribir como los del XIX, que ya está pasado de moda. Y que es mejor escribir cagadas que se vendan, que las obras maestras no las vamos a promocionar ni a editar. Usted escribe muy bien y cuenta cosas interesantes, pero es que a mi público drogadicto no le engancha. Y yo tengo que vender libros. ¿Me siguen?

Así que he decidido, convirtiendo la ira en virtud, dar unos consejos a los principiantes que quieran escribir libros buenos. Me da algo de vergüenza, pero como mucha gente da consejos sin haber escrito medio libro, pues yo también. Ale. Que tengo varios y uno premiado. Consejos doy, que para mi no tengo. Son consejos para revolucionar el mundo de las letras y de los lectores. Al estilo del manifiesto “dogma” de los Escandinavos, que hacen pelis naturales, sin artificios y que molan. ¡Arriba la vanguardia y mierda para las insulseces comerciales de usar y tirar!

Mis consejos para no escribir libros basura de usar y tirar:

  1. Escriba bien, con corrección y cariño por las palabras. Busque las mejores expresiones, el ritmo de las letras y los sonidos. Que sea música su lectura en voz alta. Que suene bien, que se exprese correctamente, que no sobren palabras. Las palabras son como la pintura en manos de Picasso, y sus trazos deben ser igual de geniales. No busque figuras en sus letras, ni límites, sino imágenes, colores, sonidos y olores.
  2. Escriba construyendo y deconstruyendo. Escriba narraciones clásicas, relatos ordenados; y escriba narraciones rizomáticas y cubistas, subrealistas y abstractas. Escriba incluso un relato que incluya todo lo anterior. Escriba apasionadamente, con amor y con pasión. Escriba practicando y como un profesional. Escriba lo que le guste, sin pensar que su novela va a llegar a un lector con el gusto atrofiado. Escriba una frase y mírela con amor de madre y con ojos de juez. Y no se equivoque: la mayoría de los lectores no leen cosas buenas, ni clásicos, ni obras de arte; leen libros de la misma forma que se comen una hamburguesa. Usted debe cocinar un plato con criterio, no se agobie con el emplatado. Escriba un buen relato, una narración diferente, e intente no inundar el planeta con su mierda. No olvide que su libro, si es una cagada va a ocupar el mismo espacio en la librería que si es una obra sublime. Así que escriba una obra sublime… y sepa que a los seis meses lo retirarán igual de las estanterías.
  3. Escriba algo nuevo. Que lo suyo sea distinto a todo lo demás, que sea único, hermoso y elegante. La mayoría de los escritores de éxito escriben como inspectores de hacienda, sin florituras ni gracia. Se parecen sus novelas en la forma y casi también en el fondo. Usted hágalo distinto. Ahora se lleva la novela de misterio erótico en Suecia, pues escriba sobre un burro perdido en Lanzarote que se enamora de una turista congoleña con esclerosis. No olvide que cualquier ordenador medianamente inteligente podría conseguir escribir una novela de las malas sin su ayuda. Así que, haga lo contrario a lo que recomiendan los libros de aprender a escribir. Que cuando alguien lea lo suyo sepa que es suyo. Que usted mismo lo reconozca. Que no se parezca a nada anterior.
  4. Trate de comunicar alguna idea inteligente. Haga pensar a sus lectores. No los maltrate ni les maree con sus heroínas empoderadas, ni meta miles de gays veganos con cáncer de páncreas que se salvan en el último minuto tras descubrir un crimen perfecto en el apartamento de al lado. Hágales pensar algo incorrecto, en algo que les afecte y que les insulte, que les haga despertar del marasmo cultural en el que vivimos. O sea, no trate a sus lectores como si fueran unos paletos sin gusto por la comida elaborada. Es verdad que se han atiborrado de la comida adictiva del burguer, pero pueden cambiar. Hágales pensar, sí, pensar en algo. Emocióneles con una buena descripción, una buen personaje, una buena escena, inolvidable y que diga algo. No los entretenga arrojándoles palomitas como a los pollos. aunque les guste; un escritor tiene otra función, distinta a un editor o a un vendedor de libros. Usted no tiene por qué engordar a los lectores.
  5. No intente enganchar a sus posibles lectores con más hamburguesas. Las novelas adictivas que no llevan a ninguna parte son grasa y azúcar, no un bistec a las finas hierbas. La gente termina  empachándose con tal comida rápida, y terminará por odiarle. Si terminan huyendo de la lectura de calidad será por su culpa, no lo olvide. Siempre le quedará el verano, pero no olvide que si sus libros les anulan la sensibilidad por el arte, les destruye y les aleja de las letras, luego tendrá que seguir escribiendo lo que les gustó. Nadie vuelve el burguer porque cambie el camarero. Terminarán odiando a los grandes clásicos, a los buenos relatos, a las mejores historias, serias y profundas, y renegarán de la poesía y por tanto de la vida dicha con palabras hermosas. Le odiarán a usted si no les sigue ofreciendo lo que esperan de usted.
  6. No sea vulgar en su historia. No haga películas americanas en formato libro. Lo del nudo, clímax y desenlace son trucos para engañar a los niños cuando les cuentan cuentos que deben mantener el interés pegados a sus asientos, o a sus páginas. Respete al lector, por favor. Aunque muchas editoriales y muchos premios no los respeten, usted no ceda. No escriba páginas que enganchen, llenas de truquitos fáciles, de suspense trepidante y de culebrones retorcidos. Escriba mejor algo para la eternidad, o para su presente eterno, como Jorge Manrique que escribió muchos versos malos de amor para el público, y una obra maestra para recitarla ante su padre. Hoy nos acordamos de la última, la que no era popular.
  7. Construya bien el alma de sus personajes, conviértalos en personas vivas. Que sean verdaderos y pululen por las calles de sus mundos. Como el Quijote, como mujer del Karenin, como la señora Ozores, como Julieta o como Juan Valjean, como Platero o como la mujer de Neruda, esa que no le dio cancha ni besos regalados. No sea un escritor fácil, domesticable y vulgar; no dé vida a personajes estúpidos que no valga la pena recordar, ni cree personajes raros que se crean víctimas del mundo.
  8. Describa todo lo que necesita y lo que le apetezca. Esto lo odian las editoriales más que nada en el mundo. Las mejores descripciones en la literatura son obras de arte auténticas, párrafos para releer alguna vez. Pero no describa mal, por favor, sin gusto ni equilibrio. Escriba para que sus nietos y bisnietos estén orgullosos y admirados de las palabras que puso. De lo que hizo. No describa tanto que sobren las palabras, pero no deje de escribir ni de describir por no molestar a sus lectores.
  9. Lea las mejores obras de la literatura y trate de amarlas, de copiarlas y de imitarlas. Escriba con la grandeza del siglo XIX, la pedagogía del siglo XVIII, el humanismo de los grecolatinos y la sinceridad del siglo XX. Haga pensar profundamente como en el siglo XX y alumbre algo hermoso para los lectores. Lo mejor se ha escrito ya, sin duda; pero lo bueno de las letras del futuro, lo pondrán los escritores que sigan estos sencillos consejos. De todo lo demás no se acordará nadie dentro de dos centurias, no lo olvide.
  10. Muestre su obra a sus amigos y vecinos, a sus más cercanos. Si no existen editores que quieran confiar en el arte, autopublíquese. Recuerde que el éxito siempre es relativo y concéntrico. Éxito local no es éxito nacional, éxito nacional no es éxito internacional, éxito internacional no significa superar la barrera de los siglos. Escriba para usted, y para la gente que aprecia lo que usted aprecia. No trate de agradar a los demás. Y terminará agradando a los que nunca imaginó.
  11. No tenga miedo a las tijeras cuando el relato es excesivo, y no tema coger la pluma de nuevo para completar algo que se olvidó de contar con detalle. Sea crítico con lo que lee. Si es una mierda, dígalo abiertamente. Y si es bueno, coméntelo sin rubor.
  12. Deténgase aunque el cuadro esté imperfecto. Siga en un nuevo relato. Es mejor parar, antes que ocultar y destruir lo que ha hecho. Muchos escritores buenos y clásicos continuaron sus relatos en otros lugares. El Quijote es un segundo intento del Licenciado Vidriera; y Las Uvas de la ira, lo mismo con respecto a De ratones y hombres. Picasso pintaba un cuadro sobre otro, y cambiaba de lienzo de cuando en cuando. Pintó un solo cuadro en su vida en cientos de lienzos. Cuando escriba póngase una fecha para no continuar perfeccionándola eternamente. Recuerde que las obras maestras son siempre imperfectas por definición. En cambio abundan las novelas vulgares que son perfectas en tramas, personajes, etc.
  13. No escuches nunca a los vendedores de libros, ni a los editores, ni a los distribuidores, ni a los agentes literarios, ni a los que reparten premios (que suelen ser casi siempre estos anteriores). Escuche simplemente a los lectores, y tome en cuenta sus críticas según el nivel de sus lecturas. Recuerde que el primer lector de tu novela es usted, y que el último que se acordará de su viejo y arrugado libro será también usted. Si nadie lee su obra no se preocupe, en realidad los libros dejan de pertenecernos el día que dejamos de escribirlos. Pertenecen a los lectores, que no siempre están a la altura de su arte. Además, no se le olvide nunca: dentro de 3000 millones de años estaremos todos carbonizados.
  14. Si le dan un premio no lo rechace. Y si le proponen publicar con una editorial, acéptelo. Siempre queda gente con buen gusto. Gracias a ellos la buena literatura no morirá. Recuerde además que los grandes de la literatura sufrieron tanto o más que usted por culpa de los malos libros que abundaban también en su tiempo. Muchos ni siquiera vieron sus obras maestra publicadas en vida.

 

“Las arcas de Noé”, de José Ignacio Cervera Nieto

El filósofo y siempre reflexivo escritor, bloguero del Ritual de las Palabras, José Ignacio Cervera Nieto ha escrito una muy interesante obra, una novela sencilla de aparentes aventuras y héroes que bajo el título de LAS ARCAS DE NOÉ ofrece, desde no hace mucho tiempo, en amazón. Enlace que comparto.

https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_ss_c_1_16?mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Dstripbooks&field-keywords=las+arcas+de+no%C3%A9&sprefix=las+arcas+de+no%C3%A9%2Cstripbooks%2C231&crid=11MKZXZICIAVT.

Me pide que sea benévolo, pues no hay nada más duro que ver los defectos de un hijo, y que te los cuente otro. En este sentido, no puedo ser benevolo, porque la novela LAS ARCAS DE NOÉ no tiene más defectos que los propios de cualquier buena novela. Defectos que son siempre invisibles ante el lenguaje, la dinámica de la narración y el trasfondo simbólico que recorre y que hace pensar. En este sentido, el mundo está lleno de novelas perfectas y mediocres que no vale la pena leer. Novelas que inundan los escaparates de lo más vendido y lo más gustado por el público que desea libros que enganchen, e historietas insultas tipo “sálvame”, cuya único placer es estar entretenido por un rato. En mi experiencia como lector, uno se encuentra, en los mejores clásicos y las más emblemáticas novelas, imperfecciones narrativas, leves o profundas, que no ocultan la grandeza de los mejores. Eso me ha pasado con Proust, Cervantes, Tolstoi, Poe, Hugo. Y es algo que percibo también en José Ignacio Cervera Nieto. Es una buena obra, algo más que una simple novela de aventuras y héroes, que no goza de la perfección mediocre en su composición, pero sí tiene la grandeza de las grandes y buenas obras. Por partes.

Las Arcas de Noé tiene el aroma del relato de LAS MIL Y UNA NOCHES, pues se va hilando desde unas historias que aparentemente no están conectadas más que por estar en el mismo libro, pero que terminan convergiendo en un personaje, Noé, que no es un héroe de cómic, sino una persona corriente y moliente con una vida azarosa y simbólica que lo convierte en único y especial. En este sentido, es también un relato iniciático donde el personaje principal sale de su casa y viaja buscando un sueño que sea lo suficientemente cómodo para poder vivir en paz y en armonía. Lo termina encontrando, obviamente, pero no es el sueño que esperaba, lo cual nos hace coincidir con la experiencia profunda de la vida. Cada pequeño paso, como hijo del Sol, sacerdote, navegante de cielos, tierra y mares, son un recuerdo de los distintos pasos que dan los hombres para asentar y clarificar la vida.

En este sentido, LAS ARCAS DE NOÉ es el relato de todos los hombres, de todos nosotros a lo largo de la vida. Y este descubrimiento impregna toda la novela de José Ignacio Cervera Nieto. Noé vive y nos enseña a vivir, por eso tiene la novela un sabor didáctico, a la altura de los relatos sapienciales de las culturas antiguas y contemporáneas. Noé es Ulises recorriendo el mundo para regresar a su patria. En realidad, Noé no vuelve a su casa, sale de ella para hacer camino al andar. El horizonte que abarca su vista es una meta posible, un lugar cálido donde descansar definitivamente de la dureza de la travesía.

Noé es un apátrida, un Sirio que llega a Europa, un balsero que cruza el estrecho. Noé es semejante a los miles de refugiados que salen de su patria, es un emigrante, igual que los miles de emigrantes que dejan la casa de sus padres para edificar la suya propia. Noé es cualquiera de nosotros, un personaje herido y entero de LAS UVAS DE LA IRA, un hombre con sueños y con la vida por delante. Noé es, en parte, el superhombre de Nietzsche que busca su esencia y se lanza a la aventura, es el hombre contemporáneo por antonomasia que camina perdido por lugares perdidos. Las arcas de Noé es algo que más que un relato simple de aventuras.

El viaje  de José Ignacio Cervera hacia los mundos idílicos imaginados, y la Atlántida lo es, me recuerda también a los relatos de Francis Bacon, Campanella o Tomás Moro. La Utopía no es posible en Las arcas de Noé. José Ignacio Cervera sella con este magnífico relato el acta de defunción del Renacimiento. No es posible un mundo mejor, el mundo es lo que es. Y la altura ética que esperábamos de los hombres no se da siquiera en su personaje principal. No hay una aspiración al bien, ni al mundo perfecto utópico. La única aspiración de Noé es la tranquilidad, la armonía, la paz y el amor. Noé es un filósofo del helenismo que busca la apaceia y la ataraxia al mismo tiempo. Es un hombre que desea la contemplación de un orden que va más allá de los dioses mezquinos de este mundo, pero también desea el amor de la mujer que añora en cada momento. En este sentido se aleja de Nietzsche para envolverse en un platonismo dulce y pitagórico, armonioso y pacífico. Epicúreo y estoico, quizás judío o cristiano. Casi místico y elevado.

Noé no es un héroe, igual que no lo somos ninguno, pero es alguien comprensible en su naturaleza humana. Es un personaje bíblico actualizado con unos parámetros contemporáneos, pero también eternos. En este sentido es el héroe humano, que no necesita de lo sobrenatural para brillar. Es un héroe Nietzscheano que reflexiona la vida, lo que lo convierte, precisamente por su buen juicio, en un héroe orteguiano. También es un héroe abierto a la trascendencia, sin ser beato ni místico, es un héroe optimista, misionero, entregado y bueno. Pero no goza de ninguna sobrenaturalidad que lo convertiría en mesiánico. No es el héroe mesiánico habitual y ordinario de Hollywood. Por eso la novela sorprende y choca.

Noé tiene algo de héroe romántico español, profundamente español al estilo del Gran Capitán, capaz de lo mejor y de lo peor en su humanidad, como el Cid, como tantos otros héroes locales propios de nuestro ejército y nuestra historia. Capaces de la más alta valentía, pero anárquicos y vulnerables. Noé es algo más que un arquetipo y que un simple personaje de novela, es el HOMBRE, pero también un hombre cualquiera concreto, que deja de ser un cualquiera para encarnarse en una historia sencilla y profunda al mismo tiempo.

El relato tiene también la dicha de los amores sensuales y babilónicos, los bajos fondos y las alturas de la esponsalidad. Noé sobrevive entre putas y vino, rastrea las ciudades de la Atlántida donde abunda la maldad y la bondad. Llega a ser un sacerdote ejemplar sin serlo nunca del todo, pero es más auténtico que otros que aparentemente son perfectos. Ya he dicho que “Las arcas de Noé” me recuerda en su orientalismo, su sordidez y maldad a los cuentos de LAS MIL Y UNA NOCHES, pero en su optimismo y naturalidad me recuerda también a los aventureros personajes de Julio Verne, o incluso algunos cuentos de Poe, especialmente los viajes en globo y por el aire.

Al relato no le falta ni le sobra nada, tiene las justas proporciones de los símbolos que maneja, siempre dudosos de ser tales, siempre interrogantes para el lector. Goza de un buen ritmo, no se entretiene en detalles más que lo justo, y permanece el tono de cuento breve en gran parte del relato. Al final adquiere la consistencia de la novela de peso, especialmente en las páginas donde el Diluvio sobreviene. Nunca toma densidades que frenen el relato, salvo las últimas reflexiones del Noé sobre la vida. Sabiduría en estado puro del que ha conocido al hombre, del que se conoce a sí mismo.

“Las arcas de Noé” es una novela pensada y repensada, y eso se nota. La frescura la pone el personaje y la inocencia inicial; la vitalidad y la sabiduría están añadidas inteligentemente por su autor, José Ignacio Cervera Nieto, que hace viajar al lector hacia la introspección ligera y sencilla, la que no se jacta en ser soberbia y excesiva, sino agradable, natural y equilibrada.

Confieso que tenía muchas ganas de leer esta novela, la primera de José Ignacio Cervera. Una curiosidad que me despertó su magnífica actividad bloguera como lector y pensador humilde y bueno, de esos que siempre se hacen de menos, siendo ellos geniales e irrepetibles. Su novela no defrauda, al contrario, es un buen libro, muy recomendable. Único y especial, que hará pensar al lector que desea pensar la vida. Justo lo que planeaba Ortega con su raciovitalismo. Para mi, una novela imprescindible que no necesita benevolencias, sino lectores, como estoy seguro que los tendrá.

Badajoz y Elvas en 1811. Crónicas de guerra.

Recogió el historiador oliventino Luis Alfonso Limpo Píriz las cartas que escribió Francisco Xavier do Rego de Aranha a su admirada María Luisa de Valleré durante la guerra y el sitio de Badajoz en 1811. Él estaba en Elvas, ciudad que hace frontera con la vecina España, al otro lado del Guadiana, examinando el curso de la guerra peninsular (que es como llaman los portugueses a la guerra de la independencia contra los franceses) y atento a cuanto sucedía al otro lado del río; y ella en Lisboa, en la corte y buscando información sobre los terribles acontecimientos que se podían cernir sobre su patria de adopción, pues era por vínculos familiares francesa, ilustrada en huida, y mujer de buenas e interesantes relaciones en Europa.

Aranha cuenta en las cartas los sucesos trágicos de la guerra en Badajoz, Olivenza y Elvas durante los días  que fueron desde el 9 de enero  hasta el 17 de junio del año 1811, fecha en la que tiene que salir por patas de Elvas ante el repliegue de las tropas de los aliados y la indefensión en la que quedó la plaza de Elvas. Wellington, que hasta esos días iba a ser el salvador de Badajoz, prefirió subir hasta Ciudad Rodrigo para iniciar su ofensiva desde el campo charro. Después vendría la batalla de Arapiles, y el retroceso de los franceses hasta la frontera en Francia con el rabo entre las piernas.

Es curioso observar el pensamiento de nuestros hermanos portugueses ante el arrojo y la capacidad de los españoles en la guerra, que una vez más, confirman el carácter indomable y la valentía de las tropas, en contraste con la estupidez de algunos mandos. Es la historia que se repite, la de Blas de Lezo, la del general Menacho o la de los últimos de Filipinas en el sitio de Baler. Gente  valiente hasta la admiración, que tiene que luchar primero contra el enemigo, segundo contra sus incompetentes gobernantes, y tercero contra el recuerdo, la historia y el tiempo. Ni que decir tiene que esta última batalla la terminan perdiendo casi siempre.

Badajoz era en los días de 1811 una ciudad amurallada, española y difícil o imposible de tomar. La guerra había estallado tres años antes, y los franceses chocaron en España, teóricamente fácil de someter, con el orgullo y la valentía de los que se negaban a doblegarse ante los abusos de los napoleónicos, que saqueaban en nombre de la fraternidad, la libertad y la igualdad. Dejaron mermado el depósito artístico, cultural y social de iglesias, conventos y monasterios; y con los españoles tampoco fueron simpáticos, pues exigieron en esta tierra nuestra tributos, grano y dinero para mantener sus guerras por el mundo.

Lo cierto es que la guerra se enquistó a las muy superiores tropas francesas por culpa de dos elementos muy nuestros: el amurallamiento y los sitios (Badajoz, Zaragoza, Cádiz o Gerona) que ralentizaron los avances de los franceses; y las guerrillas permanentes, las cuales lograron acabar con la moral de los que van por el mundo pagados de soberbia. Los ejércitos de Napoleón estaban acostumbrados a invadir y doblegar en campo abierto, pero no a sitiar ciudades cabezotas y resistentes. El espíritu que inspiró a los españoles fue el de resistir como en Numancia y agotar al enemigo como hizo Viriato, donde mejor es morir que ser esclavo; el espíritu de Napoleón se inspiraba en el del imperio romano, con sus arcos de triunfo y sus viajes a Egipto donde saqueaba con espíritu ilustrado a quien le apetece y considera inferior.

Badajoz fue defendida por general Rafael Menacho, uno de los más aguerridos y valientes hombres que ha dado la vida por España. La ciudad era inexpugnable por tierra, y todos los intentos franceses fueron infructuosos. Rafael Menacho guardó su posición frente a las tropas francesas del general Soult, encargado del sur de España desde Sevilla. La iniciativa la tuvieron los de Soult, que subieron hacia Badajoz, que estaba muy bien defendido para doblegarla en poco tiempo. Conquistó a fuerza de cañones y pólvora Olivenza, y trató de doblegar Badajoz con muy malos resultados, pues Menacho era mucho Menacho. Defendía la plaza con uñas y dientes y aseguró a los franceses que nunca se rendiría, para lo cual ni siquiera aceptó el diálogo que precede a la rendición. Hasta ahí la gloria y un capón para los que se creen que no tenemos lo que hay que tener cuando toca.

Pero hete aquí que la historia dio su vuelco. Menacho fue herido de muerte en una salida que hicieron para amedrentar y desazonar al enemigo, y cambió el curso de la guerra. Habían salido sus tropas en una refriega que destrozaba las posiciones enemigas de cara al asalto inminente. Todo iba bien, pero cuando regresaban, Menacho se volvió por encima del parapeto para animar a los suyos, gritó diciendo a los suyos ( y a los invasores) que no se diese cuartel a nadie y que se matara a toda aquella canalla. Fue entonces atravesado en dos por una bala de cañón, muriendo ese mismo día.

Con su muerte vino la desgracia sobre la ciudad. Su segundo de a bordo, un tal Imaz, que es catalogado como un traidor y cobarde de libro, cedió la plaza. No había pasado ni una semana desde que murió Menacho, y los franceses siquiera habían reiniciado las hostilidades. Un oficial cobarde frente a su predecesor que había sido un valiente. La mujer y los hijos de Menacho aguardaban desde Elvas, y Portugal entera quedaba asombrada de la valentía del primero y de la cobardía del segundo. Con Badajoz en manos de los franceses, la entrada a Portugal era Elvas, que aunque está amurallada, era bastante más débil y estaba peor defendida que su vecina Badajoz.

Se inicia así la segunda parte del sitio de Badajoz, pero con los actores cambiados de posición. Los franceses se quedan dentro y mantienen la plaza ante los avances de los españoles, portugueses y británicos que intentarán por todos los medios recuperar la plaza, perdida tan tontamente. Tras un desgaste de meses y la sangrienta batalla de la Albuera, donde se siembra la región de cadáveres, los de Beresford y Castaños (Wellington se fue hacia Ciudad Rodrigo) replegaron sus ejércitos dejando Badajoz para los franceses. Antes intentaron agujerear la muralla de Badajoz, cosa que lograron, y fracasaron los británicos en su intento de llegar por el fuerte de San Cristóbal. Otra derrota olvidada de la pérfida albión, que tiene una memoria selectiva asombrosa, casi a la par que la de los franceses.

La guerra continuará lejos de allí, y los napoleónicos no tardarán en abandonar la ciudad ante las necesidades estratégicas de otros lugares de la península. Portugal no será conquistada, y España barrerá la francesada aclamando a Fernando VII como rey. En realidad estaban ante otro gobernante estúpido y cobarde como Imaz.

Es curiosa la percepción de Aranha de los combatientes. Afirmaba el luso que los portugueses no eran buenos en el combate, pues les podía su carácter flemático y tranquilo. una curiosa autocrítica, sin duda. De los franceses decía que están muy bien organizados y entrenados. conocían la guerra porque eran veteranos de ella, y sus oficiales eran buenos e inteligentes. A los ingleses los pone a caldo. Son arrogantes y presumían mucho de buenos ingenieros, pero cuando tuvieron que ponerse manos a la obra hicieron el ridículo bajo cierta ironía de Aranha. Presumen mucho y conquistan poco. De hecho los fracasos en la reconquista de Badajoz se deben a errores de bulto de los ingenieros británicos, por no hablar primero de la desidia de los mandos españoles, como Mendizabal, que confiado en que no atacarán los franceses, termina perdiendo posiciones en el norte de la ciudad, al otro lado del Guadiana. Un chulo y un bocazas, seguro.

Aranha, en cambio, habla de los españoles de manera diferente a como lo hace con sus oficiales. Son los más valientes (Menacho), pero también los peor dirigidos. Sus mandos son en ocasiones fantásticos, y así no termina de hacer elogios al general Castaños, por su cordura y su capacidad, a la altura de Wellington o superior. Pero también habla de los desastres, los estúpidos de libro, como Imaz o Mendizabal. Arrogantes o cobardes, los que siempre dejan mucho que desear.

Este incidente de la guerra peninsular, de la independencia, expresa bien el triunfo de los necios, de los que creyendo hacer bien, empeoran el curso de la guerra y empeoran la vida real de los que dependían de ellos. Quizás una lección que no debamos olvidar ante los necios contemporáneos.

Morir en soledad, morir en el olvido, morir con esperanza.

Me cuenta mi amiga Inma, que han muerto dos de los indigentes del centro Betania de la parroquia. Qué edad tenían, le pregunto. Cincuenta y ocho y sesenta y dos, me respondió ella. Y continúa con su explicación: la calle que termina pasando factura.

El centro Betania, donde unos cuantos voluntarios de Cáritas echan una mano, trata de convertir el desierto de la ciudad en un oasis de encuentro. Allí se dan cita los indigentes de la zona, gente que ha perdido mucho, o casi todo, que sobrevive como puede, y que necesita una conversación, una comida caliente al día, y algo que no se puede comprar ni vender: el interés por uno, el cariño y el afecto.

El perfil de los que allí acuden no es el que uno cree esperar. No son los fracasados de una sociedad competitiva. Son simplemente los que fueron engañados desde su infancia. Muchos que allí se dan cita tuvieron buenos trabajos, buenos trajes y mejores empleos. Familias felices y futuros planificados. Muchos estudiaron y se esforzaron bastante más que otros que ahora los miran con desdén. Y es que no hay nada como el dinero para comprar voluntades y seguridad de las que duran veinticuatro horas. Fueron engañados porque creyeron que el sueño de la causalidad “si trabajas, te irá bien” se cumplía. Y no.

La crisis pasó por encima de ellos y de sus buenos negocios. Lugares donde invirtieron todo su capital y su vida, simplemente se desplomaron. Muchos fueron empleados, pero otros fueron emprendedores que hoy sólo tienen deudas. Los ayuntamientos dejaron de pagar, ¿se acuerdan? Bien, pues algunos se arruinaron porque sus proveedores no les dieron un duro; otros porque no cobraron de los que tampoco cobraban. Despidieron a sus plantillas hasta que se arruinaron. Allí se juntan todos, directores de empresa y empleados de la misma empresa. Con una mano atrás y otra delante, y con los ojos hundidos y vivos por la miseria compartida. Saben perfectamente lo que piensa la gente cuando se cruza de acera, pues ellos estuvieron antes en este lado. El otro lado.

Luego vinieron la fatigas de no saberlo encajar, las parejas que se disolvieron cuando se acabó el pan y la cebolla, los embargos, las ventas precipitadas para hacer frente a pagos imposibles. Hasta que llegó la ruina. Sus ex y sus hijos viven mejor que ellos, y por vergüenza prefieren seguir siendo invisibles en otras ciudades y entre otras gentes. No todos, pero sí muchos. Los subsidios para mayores de 55 años sin empleo rondan los 350 euros al mes, creo, y algunos no los cobran porque la Administración opina que tienen algo. Con poseer una finca que no se puede ni vender de lo ruinosa que es, ya eres rico en este país de mierda que prefiere regalar el dinero subvencionando soplapolleces. Y así andamos.

Dicen los expertos silenciados, que la crisis ha traído un incremento de suicidios espectacular, del que no se habla, claro. Nuestra sociedad está concienciada de la única muerte posible, por violencia de género y por accidente de tráfico. El resto debe morir de muerte natural, digo yo. Como estos dos indigentes de mi parroquia. Se han muerto de muerte natural, aunque para mí se han muerto de pobreza y de injusticia. Comen una vez al día, cuando comen; no tienen calefacción en los rincones que comparten entre varios indigentes, ni luz, ni agua caliente, ni lavadora para lavar la ropa que les regalan. Se pasan todo el día por la calle deambulando, sentados en un banco, pasando la vida. Muertos en soledad y en el olvido. Por mucho antibiótico que te receten, como no tengas defensas en el organismo no sobrevives. Y esta gente la palma sin que nadie se entere, para vergüenza de una sociedad que mira siempre los escaparates para no ver a las personas con las que se cruza.

Me cuenta Inma que alguno de ellos ha vivido los últimos meses más cerca de Dios, y no me extraña. Me repite las palabras de uno de ellos: “Cuando tenía todo, y no me faltaba de nada, nunca pensaba en Dios. Pero ahora que lo he perdido todo… Cuando os he visto hacer algo por mi, me he dado cuenta de que Dios tiene que existir”.

Es una cuestión de justicia, supongo, pero creo que algo más. Dios es la única esperanza que le queda al que se ha quedado sin nada, y esa experiencia la he visto muchas veces a mi alrededor. El que perdió media vida en un accidente de tráfico suele reconocer la mano de Dios; el que se arruinó acaba encontrando algo gratuito que nadie le puede dar; el que fue vencido por la vida, consiente en comprender que Dios es lo único que le queda.

Por eso hay que desconfiar de los que hablan de mejora económica. ¿Con esperanza o sin ella? Hasta la próxima crisis, claro. Entonces caerán otros que ahora se ufanan de triunfar, de tener éxito y de prosperar sin ayuda de Dios. Hoy estás en lo alto, y mañana no se sabe.

Nuestro país es asombroso en su capacidad para maltratar a su gente. Artistas de primer orden en el mundo del flamenco, por ejemplo, murieron en su día en la indigencia; y lo mismo ha sucedido con escritores, dramaturgos, pintores, escultores… Algunas estrellas de televisión terminaron rotas, léase Sonia Martínez, Perico Fernández… Son ejemplos de los que vivieron deprisa y murieron jóvenes. Pero esta gente ni eso. Ni siquiera vivió deprisa. Intentó vivir, lo hizo bien, bastante bien, y su único error fue estar en el sitio equivocado en el año equivocado y con el negocio y empleo equivocado. ¿Cuestión de suerte? Cuestión de injusticia creo.

Me cuenta Inma que en el funeral casi no había nadie. Ni un familiar ni nadie de aquellos viejos tiempos. Les quedan los amigos de hoy, los que han compartido la miseria en los últimos días y un puñado de voluntarios de Cáritas. Al menos no están solos del todo, me dice Inma. Y yo no puedo menos que escribir estas líneas por el bien silencioso y esperanzado que hacen.

Paseando a Francisco Franco Bahamonde.

Franco va a terminar siendo como el Cid, triunfará después de muerto. Sus enemigos le tienen miedo, y con solo oír su nombre la adrenalina les empieza a funcionar. En realidad no le odian, le tienen más admiración que rencor, y más amor que indiferencia. Escribí hace tiempo que Franco ya era un desconocido total en las escuelas, gracias a los intentos del PSOE por borrar del mapa la cultura general en los colegios. Bueno, pues ahora la sorpresa es que los mismos del PSOE piden exhumar el cadáver del viejo generalísimo de amor y tirria que le tienen. Para mi que lo van a pasear por los pazos de España como la Copa del Mundo que ganó Iniesta con su gol, para mayor gloria de Pablo Iglesias. Podemos, podemos.

Una gran parte de los antifranquistas de antaño, gentes de izquierda y de Falange de verdad, odiaba a Franco sin tapujos, pero con el tiempo y tras un periodo de indiferencia, si han llegado a las canas y son sinceros consigo mismo y ha leído algo, han terminado valorando bastantes cosas del Régimen Franquista. Y es que no hay nada como comparar la dictadura de Franco con la de la estupidez que hoy nos preside. El dictador vuelve a ganar la guerra, y ya le vale, porque sigue siendo por falta de inteligencia del enemigo.

Por desgracia, siempre ha quedado otra izquierda, la que por no odiar a Franco cuando hubo que hacerlo, lo acaba admirando, pues del amor al odio hay un paso. Y estos que presumen de odiar mucho, son unos despechados de un amor imposible. Y es la hora, digo yo, de resucitar la momia del dictador, del Valle de los Caídos, que no de los muertos de Karnak, y darle un paseo entre pitos y palmas para regocijo de la plebe, y confusión en Europa. Pues eso va a ser. Y el PSOE, ahora sí, se va a poner en primera fila para ver cómo se ha quedado el difunto tras 41 años sepultado, que se dice pronto. Un fiestón al estilo Tarantino, pero con un muerto de serie A.

La propuesta no es tan ridícula. El mismo Orígenes, teólogo del siglo III, fue condenado por hereje 150 años más tarde de morir. La pena es que no hubo cadáver para quemarlo o pasearlo, que es casi lo mismo. En cambio, los franceses, que viven en un permanente autoengaño, enterraron a su dictador particular, un tal Napoleón, como si fuera el mismo Lenin en su mausoleo. Es la grandeur, y los muertos son lo más grandioso que tiene una nación. Lo ideal sería que a Franco le hicieran un mausoleo en la Puerta del Sol, o la de Oriente, que era más emblemática, y tengan así los españoles un sitio donde escupir por la mañana y reconciliarse con su historia por la tarde. Con entrada de 10€ y con IVA cultural del 4%, todo a beneficio de los de la memoria, se me ocurre.

Será curioso ver la cara de Pedro Sánchez o de Susana Díaz cuando abran la tumba de Franco y vean que no está, por ejemplo. O que está muerto de verdad, o que está con el cuerpo incorrupto. Eso sí les daría un soponcio y de los gordos. Buscarían a alguien a quien culpar y sacarían una nueva ley educativa para que nadie piense que era un elegido por Dios. La familia de Franco, si fuera inteligente y hubiera sabido hacer buenos negocios, debería reclamar el cadáver del abuelo y llevarlo a un mausoleo privado en alguna capillita de esas escondidas de Madrid. Cobrarían la entrada a 25 euros, y llenarían la sala con la posibilidad de insultarlo o de besar al muerto, a gusto. También otra opción es mandar el cadáver a Montserrat, o pedir a los cubanos que nos presten el cadáver de Fidel Castro una temporada para reemplazar el hueco que deja el difuntísimo caudillo, que se lo podemos intercambiar, como los libros. Sería bonito, un intercambio de dictadores, Lenin en París, Napoleón en España y Franco a Rusia. Por un par de años, eso sí, que cada uno tiene que cargar con sus muertos.

La propuesta de Podemos terminará siendo la de pasear el cadáver de Franco por toda España, como hicieron con la monja aquella Barcelona que exhumaron sin permiso durante la guerra civil. Esa será la propuesta de los radicales de salón en cuanto pasen unos meses aburridos sin nada que hacer por el Parlamento. Es el morbo de toda la vida. Contemplar los restos putrefactos, la sangre y los filetes del muerto siempre pone mucho a la gente y mantiene vivo al pueblo entre liga y liga. La peña podría disfrutar de la leche. ¿Más ideas para recuperar la memoria? Se podrían hacer procesiones, conferencias contra el franquismo con el cadáver de Franco delante, mítines con Franco y sin él, y hasta se podría llevar a la Sexta, para lo entrevistara la Pastor esa. Lo mejor sería ver que la copa del Rey vuelve a ser del Generalísimo. Un señor detrás manejando el muñeco, que es un cadáver muy respetable sería trending topic. Seguro que la gente cantaba el himno español en Barcelona con más ganas y devoción. El espectáculo sería único, y colocaría la marca España en los lugares más elevados de su historia. Luego tras cinco años de festejos, intercambios y verbenas, pedirían devolverlo al Valle de los Caídos y ya está. Hasta dentro de otros 41 años.

Seguro que el Pepé se abstenía para evitar confusiones de última hora. Y es que somos así. Nos encanta la fiesta, y si hay cadáveres y muertos para procesionar ya ni te digo. Menos al Pepé, que son unos paniaguados, ni de fiesta, ni en las casetas, ni trabajando en contra. La verdad es que entre todos haremos bueno al chico ese de Eurovisión (duyufollolove, duyufollolove). Otro cadáver, en este caso musical, que también pone mucho. Ale, a la isla de los famosos con el cadáver de Franco.

El complejo cultural español.

El tema viene a propósito de un comentario que escuché a un señor que afirmaba que en España no había ningún pensador sólido en la historia de la filosofía porque preferíamos entretenermos con el fútbol y los bares. Refuté el argumento indicando que sí había gente, y cuando eché mano del elenco de pensadores españoles me quedé con Ortega, y casi regresé a los tiempos de Vives, Averroes y Séneca. ¿Era cierta esa afirmación?

Desde luego los países que son pequeños presumen mucho de lo poco que tienen, eso es cierto. Dinamarca y Copenhage presume mucho de Kierkegaard, de Hans Christian Andersen, de la cerveza Carlsberg y de la sirenita. Uno por sector, y eso hacen muchos lugares del mundo. Holanda vende a Van Goth y Praga a Kafka. En cambio, los países más grandes venden la cultura de otra manera, casi siempre ligada al potencial económico. En este sentido, España es un país pobre en recursos y casi ridículo en propaganda cultural, dedica muy poco a potenciar su cultura y el negocio de la cultura española está todavía por explotar. Eso es cierto.

Pero no es cierto que no haya artistas ni pensadores, yo diría más bien que vendemos poco o nada a nuestros epígonos culturales, tanto de primera como de segunda fila. Ciertamente nuestro peso no ha estado en la filosofía, y menos en las últimas centurias, pero tampoco nuestros políticos destacan por ser unos magnificos impulsores de lo que ya tenemos. Y tampoco disponemos en España de un baluarte cultural e intelectual de cierto peso ordenado y reconocido, como tienen en Francia, por ejemplo. Los intelectuales españoles han pasado por ser los amiguetes de cine y algún que otro escritor. Es poco lo que exportamos, pero es mucho lo que atesoramos. Vendemos mal lo mucho que tenemos. Sería deseable otra actitud, de acuerdo.

España ha dado buenos filósofos en su historia. En el mundo romano destacó Séneca, y en el mundo visigodo San Leandro, San Ildefonso y San Isidoro de Sevilla. Al-andalus fue cuna del despuntar filosófico musulmán, competía con la escuela de Bagdad, y presentaba nombres tan importantes como Averroes, Avempace, Avencerraje y muchos otros. Gente olvidada en los planes de estudios de la Historia de la Filosofía, que seguramente la diseñan en Londres, París y Berlín. En el renacimiento destaca la Escuela de Salamanca, donde muchos pensadores brillan junto a Juan Luis Vives, Domingo de Soto, Francisco de Vitoria. ¿Por qué esa gente no se estudia en al historia de la filosofía? Pues porque los que hicieron las primeras historias de la filosofía en el siglo XIX olvidaron el catolicismo, o sea a los españoles. ¿Realmente no había pensadores o es que se quedaron fuera? Se quedaron fuera porque eran menos conocidos y poco apreciados en un contexto Europeo de rivalidad. Hasta el Parlamentarismo hay que reconocerlo como un invento leonés del medievo, y no una genialidad británica. Ellos venden y nosotros olvidamos nuestro genio.

El resto de la historia del siglo XVIII, XIX y XX ha pasado para nuestro país desde la imposibilidad de pensar libremente, y no es culpa exclusiva de la Inquisición, ni del olvido de nuestras autoridades monárquicas primero y liberales después. Un pensador original y profundo como Gustavo Bueno está a la altura de Bertrand Russell, pero nosotros no lo apreciamos así. Ortega es un genio, y si lo consideran algo por Europa es porque estudió en Alemania, no porque fuera español. La gente conoce a Kierkegaard, pero nadie se acuerda de Ortega, al que las derechas acusaron de republicano, y las izquierdas de avenirse con el franquismo. De Zubiri ni se acuerda el respetable, y eso que fue un magnífico pensador contemporáneo. Mejor abrazamos a Foucault, que era un renegado con poses fascistas. Así nos ha ido.

En otros sectores culturales sucede algo parecido. Francia, Inglaterra y Alemania subrayan los suyos, y los venden como si fueran agua de mayo; mientras tanto en España no nos preocupamos ni tan siquiera de conocerlos. ¿Se imaginan el flamenco en Inglaterra? Sería la música y el baile de moda en todo el mundo. En España los editores de cante hondo, cante gitano son… franceses. Se editan en París, y luego nos venden los cedés a nosotros. En España la gente escucha cualquier basura anglosajona, y ni siquiera entra en los circuitos comerciales de nuestro país el flamenco. Gracias a Hispanoamérica, Mexico, Colombia, Perú y Argentina, el complejo español es menor. Ellos no tienen reparo es su música, ni en su arte, ni en sus escritores. La pena es que no seamos una sola nación, ni una confederación más unida por una construcción cultural hermanada.

En el mundo anglosajón, Shakespeare es, además de un dramaturgo, una asignatura consistente en leer e interpretar al dramaturgo. Lope de Vega, que no tiene nada que envidiar al inglés, pues además de ser un dramaturgo tan genial o más, era poeta, y muy bueno; pasa desapercibido por el mundo, más que nada porque está olvidado por los españoles. Si Lorca es famoso fuera de España, es porque fue fusilado, porque la izquierda exiliada lo vendió como un mártir, y porque escribió Poeta en NY. Tan bueno o más es Manuel Machado en comparación a Antonio Machado, y se habla mucho del segundo y poco del primero.

España es un país espectacular en pintura. Pero ni siquiera hemos sabido vender a Goya como precursor del impresionismo. Picasso, ha pasado durante décadas por un pintor francés, mientras que aquí lo despreciábamos por no entenderlo. Dalí vendía porque era raro y tenía bigote, Miró es desconocido, y Antonio Tapies, otro genio, tampoco es muy apreciado por los españoles, que prefieren a Kandisnky porque es de fuera, y por supuesto van Goth, que es más chulo que Tiziano o Rivera. Hasta Velázquez lo vendemos mal.

Nuestro país no es inferior culturalmente a las grandes potencias culturales. Lo que es inferior es nuestra política cultural y nuestra inversión económica. Que ni está ni se la espera. Por eso en España hay grandes artistas, grandes escritores, grandes pintores, y grandes músicos. Tengo un libro por casa que escoge los mejores obras de literatura de la historia (escrito por un holandés): por supuesto sólo está el Quijote. Prefiere el Cantar de Roldán al Cantar del Mío Cid y así con casi todo. Se le olvida a Galdós, Blasco Ibáñez, Lope de Vega, Fernando de Rojas, Miguel Delibes y cientos de escritores geniales que no lograron vender fuera de nuestras fronteras. ¿Por qué? Hasta el Premio Nobel lo han inventado en un país pequeño, donde hay 15 galardonados en las letras que son Escandinavos, por 12 Hispanos (de los que 6 son españoles). Esto lo explica todo, claro.

FERIA DEL LIBRO VALLADOLID 2017. FIRMAMOS el martes, 9 de mayo a las 12h con la LIBRERÍA RO-EL

 

ESTAREMOS FIRMANDO LOS CABALLEROS DE VALEOLIT EL MARTES, 9 DE MAYO POR LA MAÑANA, A LAS 12H CON LA LIBRERÍA RO-EL.

 

FERIA DEL LIBRO VALLADOLID 2017. Antonio José López Serrano firmará ejemplares de su trilogía LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Viernes 5 de Mayo. Plaza Mayor. Caseta de la librería EL SUEÑO DE PEPA (19h a 21h)

 

Estaremos firmando, igual que el año pasado, en la FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID 2017.

LIBRERÍA EL SUEÑO DE PEPA.

5 DE MAYO, VIERNES, desde las 19 DE LA TARDE HASTA LAS 21 HORAS.

 

Foto de la Feria del libro 2016 en Valladolid.

 

La cortesía ortográfica.

Muchos debates en redes sociales comienzan hablando de cualquier tema (casi siempre política), y terminan ahondando en la ortografía y la escritura de la gente. Y es que hay peña que exhibe sin arrobo sus vergüenzas ortográficas creyendo que cuanto más zafios, más espontáneos y majetes son. Suelen recibir bastantes críticas, y es lógico, pues es más fácil recriminar a un pollo tomatero su faltas de ortografía que argumentar sobre el cambio climático, pongo por caso. Luego vienen los insultos contra los talibanes de la ortografía, y que escribir con faltas no es un indicativo de tener más o menos cultura.  Entonces responden otros cabreadísimos sobre el estado lamentable de la cultura, y no les falta razón. Suele ser entonces cuando abandono el tema para entretenerme con los deberes de mi hija, o con otros asuntos prosaicos que la vida familiar me ofrece.

Me molestan, aunque reconozco que no demasiado, las faltas de ortografía cuando son menores; pero me asombra y fastidia la soberbia del que escribe con más faltas que una embarazada en periodo de gestación y presume de ello chuleando al resto. También me golpean las faltas graves, esas que dañan a al vista y que me impiden seguir leyendo salvo que me inicie en el noble arte de la jaculatoria mariana. ¡Madre mía, Virgen Santa! Siempre son expresiones socorridas que ayudan a aligerar las emociones encontradas. Me da pena el infractor, y juzgo (pues ya tengo premisas y prejuicios para andar valorando) que el contenido de lo expresado flojea tanto como el que contenedor del fulano que la expresa. ¿Será un bachiller contemporáneo o un licenciado remasterizado actual? Y me entra un yuyu que vuelvo a la jaculatoria.

Decía Ortega, que la cortesía del filósofo era la CLARIDAD, y de la misma forma y parafraseando, la cortesía del que se comunica por escrito debe ser la CORRECCIÓN ORTOGRÁFICA Y GRAMÁTICAL. Lo contrario es la incomunicación, o la comunicación con interferencias. Dicho en román técnico: no se entiende una mierda, y vete a saber que c… dice este tío. Aprender a escribir con corrección ortográfica y gramatical es una de las tareas más elementales que debe enseñar la escuela; y si no lo hace, es mejor cerrarlas, resetearlas y volver a encender el disco duro de los planes educativos.

Es verdad que la ortografía es simplemente un convencionalismo. Se parte de unas reglas de juego heredadas por el latín, y se busca la eficacia y la claridad comunicativa. Ya está. Esas reglas de juego se expresan y clarifican desde la RAE, lo cual permite que podamos escribirnos y leernos sin que se nos salten las lágrimas de risa o de pena, y que podamos simplemente comunicarnos con gusto y corrección. Los cambios en las reglas ortográficas suelen ser molestos, sobre todo cuando se han asimilado las reglas anteriores. De ahí que deberían permitir siempre las reglas anteriores, sobre todo cuando la ambigüedad que toleran y proponen es mayor. Ahí está el famoso debate sobre “tomar un café solo” o tomar un café sólo”. Se equivocarán los de la RAE, sin duda, pero es un trabajo respetable y nada fácil el que les toca hacer. Yo solo pido no cambiar a peor. Perdón. Quiero decir que yo sólo pido no cambiar a peor.

También es verdad que no todas las reglas ortográficas tiene la misma importancia. Es más molesto en la lectura una ausencia de “h” que el olvido de un acento, y también hay que aceptar que algunas reglas ortográficas son complicadas de aprender, pues varían sutilmente según el contexto en el que se escriba, acentos diacríticos, palabras juntas o separadas, etc. Son pequeñeces, pero cuando uno se dedica al oficio de escribir, percibe que no es tan fácil ni claro escribir sin faltas. Y si eso le sucede a un escritor con folios de vuelo, que no le sucederá a un chavalito de quince años, o a un redactor de Televisión Privada.

Esas faltas, en mi opinión, son muy veniales cuando la comunicación es privada y personal, incluso me atrevo a decir que no son casi ni faltas. Pero cuando se escribe a un público amplio, o se redacta desde la Administración Pública, la corrección ortográfica es casi una cuestión de “marca nacional” y de juzgado de guardia.

Es curioso que en Secundaria no podamos poner los profesores como objetivo educativo el escribir sin faltas, pues los contenidos, incluso en la asignatura de Lengua Castellana lo impiden. Cuando los políticos dicen que hay que meter más horas de Lengua, casi nunca se acuerdan de la ortografía, y menos de la Literatura. Casi siempre se empeñan en meter más sintaxis, teoría del lenguaje y otros conocimientos, en mi opinión menos decisivos para la vida. Escribir correctamente es una cortesía que deberíamos enseñar a todos los ciudadanos. Lo de la sintaxis y el primo de Saussure pueden esperar un poco, creo yo, a que lo primero quede replandeciente.

Luego está el resto, el cotarrillo de la España contemporánea, cuna del castellano y refugio de listillos, donde emergen grafías inhumanas llenas de signos impronunciables. De todas ellas, la que más me mosquea es la del duplicado arrobático, que se ha extendido como grama por el monte. Es el signo “@”, que pretende sustituir el genérico masculino por el masculino y femenino a la vez. Asistí, hace unos años a un conferencia dada por un vasco de la Universidad suya, que añadía el femenino allí donde el masculino ya hacía su labor, creyendo que con tal vicio, nos informaba de que era muy feminista el tío. En realidad me abrió los ojos a la estupidez humana, pues se hizo tan tediosa y farragosa su explicación, que me juré que nunca hablaría ni escribiría así. Aquel hombre faltaba al deber de claridad y de corrección más elemental.

Luego han proliferado otros signos (“#”) que lo único que han logrado es que la gente que se cansa de escribir, se anime a escribir en jeroglíficos y en emoticonos, que es el nombre que reciben los dibujitos que se añaden a los textos.

Todo muy expresivo, pero poco claro de lo que realmente se siente. Y es que las palabras dichas con corrección son, y pueden ser además, bellas. Por eso enseñar ortografía debería ser cuestión de Estado, para que no nos quedemos sin poetas ni literatos.

¿Por qué estudiamos la historia que estudiamos?

La historia es siempre una reinterpretación de unos hechos del pasado, que han sido seleccionados previamente por el historiador. Por eso no es, ni puede ser, objetiva. No lo es cuando el historiador selecciona unos hechos y no otros; y no lo es cuando interpreta esos hechos en función de sus intereses políticos, éticos o sociales del momento. El historiador reinterpreta la historia y lo único que le podemos pedir, no es que sea objetivo, sino que sea honesto con la verdad que trata de dilucidar; que intente por todos los medios ser fiel a la verdad que va descubriendo aunque esa verdad le moleste y flagele, aunque desee que hubiera sido de otra forma. Cuando el historiador utiliza la historia para justificar el presente político y su actuación particular y partidista, seguramente está dejando de hacer historia para hacer política. Se convierte en un altavoz de la mediocridad.

Esto explica por qué a los políticos les interesa mucho la historia. Quieren que se cuente en las escuelas exactamente de la forma que ellos quieren que se cuente; es decir, que den la única interpretación posible para que una sociedad que prefiere el fútbol a leer libros de historia sea convencida y aplauda lo que en el presente se hace o se quiere hacer. La propaganda política, y no solo hablo de nacionalistas, utiliza la historia para justificar su postura ideológica presente, como si vieran en la historia algún tipo de progreso, de evolución o de sentido. Los políticos y sus altavoces hablan de la historia que avanza o que retrocede, y ellos dicen que gracias a sus empecinamientos progresa, avanza y se menea de gusto. Ahí es nada. No hay más que ver los libros de texto del cole o los documentales de la tele para percibir sus intentos.

Tienen parte de razón. Que cuando se manipula con éxito la historia luego cuesta mucho volverla a poner en su sitio. Ahí están los mitos inventados del caso Galileo o de Hipatia, los olvidos de Blas de Leza y de Rafael Menacho, las conversiones de la revolución francesa en burguesa, o las terribles atrocidades de la inquisición, las cruzadas y los españoles en América. Todas ellas despiertan emociones, y es que para eso se reinventan y se reinterpretan.

Por supuesto, los más grandes reintérpretes de la historia han sido los ingleses, y el más grande manipulador de la misma su vecino Karl Marx. El resto hace lo que puede deshaciendo lo que hacen otros, y desdiciendo lo que afirman gratuitamente otros. En España la historia nos la hacen de fuera, y eso es algo que no se nos debe olvidar. Desde la guerra civil hasta Trafalgar. Por eso estamos acomplejados, y lo seguiremos estando mientras no recuperemos la memoria histórica de verdad. Sin manipulaciones y sin reinterpretaciones.

Pero no quiero detenerme demasiado en España, mi país, sino pararme en la interpretación que estamos haciendo actualmente sobre la REVOLUCIÓN FRANCESA. Gracias a la obra de Mme Staël, Consideraciones sobre la Revolución francesa, escrita poco después de los hechos, se termina uno enterando de lo que ya sospechaba: que Marx ha sido el mejor y más grande manipulador de los hechos históricos que ha habido, y su fratricida influencia llega hasta nuestros días sin cortes ni arrobos. Allí no hay ni lucha de clases, ni triunfos de la burguesía; como tampoco hubo revolución del proletariado en Rusia en tiempos del Ejército Rojo.

Madame Staël escribió cuando todavía no se mentía afirmando que la Revolución Francesa era una Revolución burguesa, que es la principal aportación de Marx. En realidad no fue una guerra entre las derechas y las izquierdas, ni siquiera un enfrentamiento entre lo que el llama clases sociales, que claramente es una entelequia falsa creada para justificar la violencia y la masacre del enemigo, al que siempre se acusa de “opresor”. En realidad Madame Staël, hija del ministro de Finanzas Necker, considerada uno de los analistas políticos más inteligente de su tiempo, brillante y con unos conocimientos aplastantes de su tiempo y de la historia que pudo conocer, valoró y aportó muchos más datos para reconstruir la historia de lo que sucedió en la Revolución sin dejarse llevar por las vísceras.

La causa de la Revolución Francesa fue la pésima gestión política del Rey Luis XVI y su esposa, María Antonia. Titubeos, e incapacidad. Populismo y no querer perder el control llevaron a la ruina a Francia y a Europa, gracias a su incompetencia política. Salvando las distancias: cabreó a la gente tanto como Zapatero a los suyos hace cinco años (como pasa el tiempo, coño). Luis XVI tomó decisiones que arruinaron su economía (no la de la gente, pues de eso se encargaban las malas cosechas), y tomó decisiones políticas que arruinaron la estabilidad social y política (cabreó todos los estamentos sociales habidos y por haber). Ante el caos y la debilidad del Rey, aparecieron los listillos de siempre, los que se aprovechan y se escudan en las ideas para conseguir ser famosos, tener éxito y poder, y presumir más que una mierda en un solar. Eso fue la Revolución: un caos ético y económico, una guerra de personalidades por conseguir el poder a toda costa y mantenerlo, que terminó aclamando a Napoleón, un militar-dictador que puso orden en la jaula.

Mme Staël no está contaminada por el marxismo, y eso es algo que se agradece. Pero hay varias lecciones políticas que voy aprendiendo de ella, pues todavía no he terminado el libro.

Primera lección: Lo que más daño hace a una sociedad es un incompetente tomando decisiones. Nunca se arrepentirá de lo que ha hecho mal. Ni aunque le cortes la cabeza. Y la primera incompetencia de un gobernante es no saber hacia donde conducir una nación. No tener ideas y dejarse mecer por el viento de los acontecimientos prestando oídos a todos y queriendo quedar bien con todos. Lo peor son esos bienqueda que gobiernan para la opinión pública y para el pueblo. Pues el pueblo es en esencia plural y manipulable por la propaganda de los sectarios.

Segunda lección: En cualquier sociedad abundan los sectarios. Hay que evitar por todos los medios que acceda al poder cualquier fanático. Da igual que tengan unas ideas u otras, que sus ideas suenen mejor o peor. Su sectarismo les impedirá gobernar buscando el bien de los que no piensen como ellos. Se suelen considerar soberbios, superiores, sabelotodo, reflexivos, populares y harán lo posible para llevar a cabo sus ideas por todos los medios. No escuchan otras ideas, y no van a cambiar de opinión ni aunque sea evidente su equivocación. Son sectarios, ¿qué van a hacer si no? Deben gobernar las personas que escuchan a los otros, que ponen en tela de juicio sus ideas cuando se le ofrecen razonamientos, que entienden que el rival político puede tener buenas y mejores ideas que los nuestros, y que no está mal reconocerlo.

Tercera lección: La historia la suelen interpretar los sectarios. Por eso, es importante deshacerse de ellos y relegarlos a lugares donde sean inofensivos. Hay que evitar que lleguen a la universidad, a las escuelas, a los documentales televisivos o a las cátedras de lo que sea. Además de no saber por no haber estudiado, emborronan el saber de otros con sus fanatismos y cerrazones. Su gran mal serán generaciones manipuladas a las que no se podrá hacer pensar.

Cuarta lección: Aquí no hay buenos y malos. Hay buenos gobernantes y malos gobernantes. Eso no significa el triunfo de los gestores tecnócratas (recuerdo a Habermas) frente a los ideólogos. Un gestor sin ideas no existe, y un gobernante sin ideas no hace nada, y termina siendo un mal gobernante. Los buenos gobernantes destacan por su honestidad, su ética incorruptible, su amor a las normas, su desgaste por la patria y por el colectivo, su búsqueda de soluciones a los problemas de la gente, su empatía hacia el sufrimiento de las minorías, y su aprecio a los sacrificios de las mayorías, su rechazo a la demagogia, su odio a quedar siempre bien, su vómito hacia los que disfrazan la verdad de múltiples formas. Esta gente no es ni de derechas ni de izquierdas. Se lo aseguro.

 

 

Ofrecimiento a la Madre del Dolor (Sábado Santo, 15 abril 2017). Texto completo.

VÍDEO Y TEXTO COMPLETO.

 

OFRECIMIENTO DE LOS DOLORES DE VALLADOLID A LA VIRGEN DOLOROSA DE LA VERA CRUZ. PASCUA 2017.

OFERENTE: Antonio José López Serrano.

 

Virgen de la Vera Cruz, Madre del dolor.

Que tus lágrimas fecunden esta tierra de Castilla,

Y que crucemos el río de su misericordia,

En brazos de Cristo, tu Hijo.

 

 

Lo primero agradecer a la Cofradía de la Vera Cruz este regalo que me hacen de poder dirigirme en público a nuestra Madre, la Virgen, para ofrecer el dolor de Valladolid y provincia, como tradicionalmente se ha hecho en este Sábado de Dolor, Sábado de Esperanza, Sábado siempre de María, nuestra Madre. Quisiera que mis palabras movieran a piedad, al encuentro con el Señor, pues tal es la misión que como cristiano comprometido con las letras y con la palabra deseo. Un deseo que nace de un encuentro especial que tuve en mi juventud con el Señor Resucitado primero, y con María, en la advocación de Lourdes, después.

Desde entonces, y con el gozo de haber atisbado el misterio del Amor profundo y abrasador que el Padre tiene reservado para nosotros, sus hijos, no ardo en más deseos que comunicar a los hombres tal dicha, y que esa dicha me alcance en plenitud cuando tenga el Señor a bien, para lo cual pido perdón y misericordia, una vez más, por mis estúpidas ofensas a un Dios que no se cansa de perdonar ni de esperar.

La dicha y la felicidad nacen de la misericordia divina y entrañable que Dios ha tenido en la persona de su Hijo Jesús, que entregó su cuerpo y derramó su sangre por nosotros, de manera personal por cada uno de los hombres que habitan este mundo; y tal entrega dolorosa, que hoy recordamos impresa en la bella imagen de la Virgen de los dolores de la Vera-Cruz, nos invita a reconocer nuestras miserias, dolores, angustias y pecados, para que Vos, Madre del Dolor, lleves con tus lágrimas de sal y amargura al manantial por donde discurre el agua que brotó del costado de Cristo en la Cruz.

Aquella lanzada arrojó sobre nosotros y nuestros hijos un agua pura bautismal, que hoy, unida a las lágrimas de la Inmaculada Madre, sacian la sed de todos los que se acercan a vuestra maternidad con confianza, cariño y devoción.

También manó, dice el Evangelio de San Juan, la sangre de tu Hijo, signo de la Eucaristía que compartimos, nosotros desde esta tierra, y Vos, Madre, desde el cielo en comunión con los Santos que nos han precedido en la Pascua que conduce a la resurrección.

María, Madre de Castilla, Madre de los campos duros de una tierra que se afana por mejorar, y que envejece contemplando sus rincones despoblados. Tus hijos, Madre, se han ido buscando mejores oportunidades, por eso te ofrecemos esta tarde a los que viven lejos de nosotros, a los que emigraron, pero también a los que llegan de lejos, a los que acogemos de otras tierras. Llegan tus hijos con el alma fracturada por la separación de las familias que dejaron atrás. Son la punta de lanza en una tierra inhóspita y distinta a la que los vio nacer. ¿Has visto Madre como lloran en soledad cuando añoran el abrazo de sus hijos, o la caricia de sus cónyuges?

Nuestros emigrantes también se fueron con el alma rota, y llevaron en su alma la universalidad de esta tierra. No son de aquí, ni de allí, pero son tus hijos, y hoy recojo sus voces cansadas y fatigadas para ponerlas como ofrenda a tus pies.

Tierras de Castilla donde nacieron los más grandes místicos y los más valientes misioneros. Tierras de Castilla cantadas por los poetas y lloradas por sus gentes; tierras resecas y duras, donde nos conmueve la injusticia y enmudecemos ante la presencia de las más hermosas imágenes que nadie hizo en el mundo representando el Amor y el Dolor de la Pasión Santa de tu Hijo. Tierras de Castilla, hoy te veneramos como Reina del Cielo y pedimos tu intercesión y favor ante el Padre, el Hijo y el Espíritu Consolador.

¿Cuántas veces Madre hemos llorado lágrimas secas, con un nudo en la garganta ante ese Cristo atado a la columna? ¿Cuántas veces hemos admirado y extraviado nuestra mirada para admirarnos de la belleza sutil de esta imagen tuya de Virgen Doliente? Y sin embargo, Vos Madre, eres mucho más. La misericordia de tu Hijo llena la tierra, y alabar a tu Hijo con el cariño y la oración es la mejor ofrenda que podemos hacerte en esta tarde santa.

Te ofrecemos madre, el dolor de los ancianos en su soledad. Nuestra tierra envejece, y en algunos pueblos de nuestra tierra de Valladolid, no queda nadie para tocar las campanas, ni para calentar la iglesia. Es la vejez de tantos lugares de la tierra. ¡Cuántos mayores nuestros en las Residencias se duelen un día tras otro sin la visita de sus hijos o sus nietos! La paciencia en su mirada delata la tristeza de la ancianidad cuando se vive lejos de las personas a las que se les ha entregado la vida. No faltes tú, María Madre, a sus días postreros de paciencia y espera. Apiádate de las lágrimas de la soledad de nuestros ancianos, tú que eres Madre de la Soledad que nos inundas de lágrimas.

Te ofrecemos, y ponemos ante tus pies, el dolor de nuestros enfermos. Durante mis años de juventud, cuando anduve con la Fraternidad de Enfermos y Minusválidos, conocí el mundo del enfermo, donde la incertidumbre de la recuperación y el deterioro físico o mental acompañaba a los familiares que sufrían y sufren, a los enfermos que lo padecen. A los de entonces y a los de hoy. ¡Qué duro es contemplar a los nuestros cuando pierden la cabeza, o cuando son desahuciados! ¡Qué dura es la enfermedad cuando nos hablan de porcentajes de éxito o de muerte!  Y qué bella es la unidad de las familias cuando atienden a sus enfermos. Se turnan, se acompañan, se desvelan y sufren con él. Nos enseñan de tal forma a compartir la vida y la enfermedad.

Mira, Madre, nuestros hospitales, nuestros centros de salud, nuestros enfermos crónicos y nuestros enfermos incurables. Sólo el Padre conoce los misterios de la vida y de la muerte, y a Él encomendamos nuestra voluntad. Lleva Madre, la enfermedad de nuestros hijos y de nuestros padres a los pies de tu Hijo para que nos ampare la bondad de su mano delicada, reflejo de su Corazón Misericordioso.

Muchas advocaciones tienes, Virgen Santa de Valladolid, y todas nos llevan a tu Hijo amado. Virgen que bajaste por las aguas del Pisuerga desde Carrión, Saldaña y Liébana; Virgen que recorres los campos de esta Castilla tuya a hombros de los cofrades, míranos con ternura y misericordia, pues son muchas las ofensas que os hacemos. Ofensas de olvido, de soberbia y de corazones endurecidos por los años y la fatiga en el caminar.

Virgen de los pueblos de cielo azul, sembrados de vino y tierra. Virgen de palomares y campanarios, Virgen de Valladolid, Virgen de la Vera-Cruz que nos miras desde el cielo y nos socorres, hoy venimos a ti, con nuestra cruz que pesa, y nuestras soledades.

Recuerdo las primeras impresiones que me produjo esta ciudad cuando llegué con diez años. Fue en Enero, cuando el aire se hace leve, y las aceras se enfrían con la caricia de las heladas. Recuerdo a aquellos maestros que encendieron en mi corazón el gusto por aprender. Acuérdate de ellos, y escucha los dolores de los que practican la misericordia del día a día en su oficio de enseñar al que no sabe. ¡Ay de los que escandalizaran a cualquiera de esos niños! Pues no hay mayor alegría que atender la curiosidad del infante y del joven que abre los ojos, deseando saber del mundo que ha creado el Dios del cielo con su formidable mano.

¡Cuánto dolor hay detrás del que se resiste a aprender, del que destruye su vida con la decisión errada, del que contesta y se ensoberbece! Detrás de cada fracaso escolar hay una persona herida, y detrás de cada persona humilde en el saber hay una luz, y una posibilidad. ¡Cuántas familias rotas que llegan a la escuela rogando que hagamos el milagro de educar a hijos que han vivido sin el ejemplo dichoso de sus padres! Cuánta dificultad añadida en una sociedad que cuanto más libre se cree, más esclavitudes la alcanzan. Niños desatendidos, familias rotas, malos ejemplos sociales y una atmósfera que nos aleja de Vos, madre.

¡Qué hermoso sería ver acercarse a nuestros hijos a tu Hijo sin prejuicios y en santa libertad! Igual que caminaron los niños tras la borriquilla del Domingo de Ramos. Anhelamos para ellos una paz que no encontrarán en tantas cosas de este mundo que sobran y se anuncian como medicinas para la soledad. Ídolos que son nuestras cadenas, y que nos aprisionan en un mundo que se entrega al jolgorio y la fiesta para disimular su vacío y su pena.

Recuerdo, Madre, con cada primavera, los tambores primeros que ensayaban al pie de la Rosaleda al atardecer. Todavía estaban los primeros brotes y las cálidas yemas anunciando tu Pascua de Amor, cuando un puñado de cofrades se entregaba al ensayo, sin calibrar, Madre, que eras tú en su tambor. Yo preguntaba que de donde salía aquel sonido, y un amigo, Tomás, me lo contó con orgullo “Son cofrades que ensayan con tambores”.

Eras tú que anunciabas a tu Hijo con el son de una fiesta, la fiesta de Pascua de Cruz y de Amor, donde la semilla que muere, se troquela en árbol, y del árbol pende un fruto en su corteza como ningún otro. Danos a comer del fruto redentor, danos a probar su cuerpo y su sangre en la Eucaristía, danos a llevar el aroma del buen olor de Cristo a los hombres, nuestros vecinos y hermanos de esta ciudad.

 

Cofrades de la Vera Cruz y de Valladolid. Habéis hecho florecer las calles de nuestra ciudad con las guirnaldas del silencio y de la meditación. Tambores en la noche rompían el duelo de los que reviven la Pasión, cofrades e hijos de Valladolid, hijos de la luz que hoy en la Vigilia Pascual gozaréis con la noche de las noches. Ayer deambulabais cabizbajos, conscientes de vuestra soledad, y acompañabais a esta Madre, a este Cristo de la columna, a este Ecce homo que con tanta esbeltez talló la gubia del maestro, nuestro vecino que fue, Gregorio Fernández.

Son imágenes de nuestra Pasión, las que queremos recorrer todos los días, abrazados a la Cruz, a nuestra Cruz. Porque tenemos esperanza, y sabemos que si el grano de trigo no muere queda infecundo, pero si muere. Madre si muere, da mucho fruto.

Bendita tú, Madre del Redentor, y bendito el fruto de tu vientre, Jesús, el que nos da, en la espera santa de hoy, su bendición.

Te ofrecemos finalmente, madre, la angustia y el dolor de los que en Valladolid no tienen casa ni hogar. Lleva las lágrimas impotentes de los que lo perdieron todo con la crisis. Gentes con estudios, incluso con formación, gentes con familia, y una estable posición social. La crisis ha dejado un precipicio bajo sus pies, y se nos cae la vida a través de esas personas que se mueven hoy en la pobreza. Se acercan a Cáritas buscando un rescoldo del fuego del amor que nunca abrasa y siempre calienta, una mano amiga que los acompañe. María, haz de tu iglesia un hogar para los dolientes, donde repartamos el pan y el vino y compartamos lo que guardamos bajo el fuego de tu Amor.

Acoge a los desesperados, a los descarriados que te buscan sin saberlo. Acoge a los que odian sus vidas, a los que mueren y callan, a los que viven y rezan.

Acógenos con nuestros pastores, y escucha el dolor de sus soledades y angustias. Hoy ponemos a tus pies el dolor de los santos anónimos, la penumbra de los hijos pacientes que callan, pero que han hecho de sus vidas un rosario de esperanza. Hay una iglesia doliente silenciosa, que sufre con los hijos, que añora tiempos más piadosos, que lucha contracorriente en el trabajo y en la sociedad que compartimos todos.

Te ofrecemos a nuestros jóvenes. Parecen reír, pero lloran ante el futuro. Parecen entretenerse, pero nada los llena de veras. Y es que no os conocen, Madre. Dadles a Cristo, que toquen los clavos de la cruz, que beban la sangre derramada y que comprendan. ¡Tantos jóvenes que te cantaron y que hoy se han alejado! “En el pecado llevan la penitencia”, pues es verdad que cargan con ella, y es que no hay mayor penitencia que vivir de espaldas a Vos y a tu Hijo.

Apiádate de las familias que se rompen y se desgajan como uva reseca. Llévanos a la tierra que mana leche y miel, a la del Corazón de tu Hijo, donde una nueva primavera Pascual de Resurreción 2017 nos aguarda.

No quiero dejar de ofrecerte el dolor de los padres de aquel hijo que perdieron. Como tú Madre, consuela a esas madres que ven morir a sus hijos, y enseña a aquellas de corazón duro que Dios está presente también en el pequeño embrión. Llévanos a su lado, para que sepamos acompañar, que las lágrimas nuestras se unan a las tuyas como el Esgueva se une al Pisuerga, para que vayan a dar al gran caudal de los ríos que descansan en el mar.

“Venid a mi los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré, y aprended de mi, pues mi carga es ligera y mi yugo llevadero”. Vallisoletanos que lloráis vuestras angustias, descansad en él, caminad al lado del Unigénito del Padre, pues no veréis alivio más dulce, ni calor más abrasador que de una Madre que acoge y nos guía hasta el Corazón de su Hijo.

Acuérdate de los mansos, de los pobres de espíritu, de los que lloran y luchan por la justicia y la paz. Ellos se parecen a Jesús. Acuérdate de nosotros Señor, que con María te ofrecemos nuestra cruz de cada día. Para que se convierte en una flor, y esa flor en un fruto sabroso de comer.

Muchas advocaciones tienes, Virgen de Valladolid, doliente de la Vera Cruz,… y en todas encontramos a tu Hijo Misericordioso.

 

 

 

Sin quererte ver, he visto,

Hoy tu alma desgarrada,

Por la muerte de tu Hijo,

Agua y sangre en una espada.

 

Sin quererte ver, he visto,

Mis pecados en tu alma,

Me susurrras como un grito,

Que camine hacia tu casa.

 

Te ofrezco con el perdón,

Que labres en nuestras tierras,

Semillas buenas de Amor.

 

¡Qué en la Pascua que hoy espera,

reticente corazón!

Resucitemos de veras.

 

Buscando la cruz desnuda.

La Semana Santa de Valladolid es una de las más importantes y vistosas del mundo, desde el punto de vista artístico y cultural. Pero también la ciudad está llena de lugares escondidos y solitarios donde recrearse en el Misterio de la Pasión de Cristo. Uno de esos lugares entrañables es el que se encuentra junto al puente de Arturo Eyries, lugar que recuerda la primera fundación de las Carmelitas Descalzas en la ciudad, y que fue abandonado por la insalubridad y humedad del terreno ya en tiempos de la Santa andariega, Santa Teresa de Jesús. En recuerdo que se tiene de aquellos días, se levantó esta cruz desnuda, y se allanó el camino que lo conduce, paralelo al río. Un lugar que evoca los más profundos sentimientos de camino y de sentido.

En estos días de la Semana Santa se hará penitencia, se desfilará en procesión y se caminará. En la simbología más clásica cristiana, “caminar” es uno de los gestos más significativos de la fe. El pueblo judío caminaba errante y sin rumbo, y Abraham fue invitado a hacer camino, a ponerse en camino. Si algo muestran los evangelios es que Cristo, Jesús de Nazaret, anduvo los caminos predicando la Buena Nueva. Caminar recuerda la vida, que se hace camino e itinerario. La vida es una senda, y los caminos son anchos o estrechos según las apetencias de los andantes. Ancho el de la perdición, y estrecho el de la salvación. Seguir a Cristo no es sencillo, y el camino se hace con un grupo, con una comunidad que es la Iglesia. Se camina en procesión, siguiendo el paso que marcamos entre todos. Unos se quedan rezagados, y otros marcan el paso con buen ritmo.

La Semana Santa en su aspecto procesional, pero también desde el punto de vista espiritual y teológico, recorre las calles, hace caminos y traza senderos por donde nunca se ha caminado antes. Procesionar es avanzar por la senda que nunca se ha recorrido, sabiendo que conduce a un lugar distinto, a una tierra que mana leche y miel. Una tierra de Resurrección y Paz.

Pero caminar merece un esfuerzo que no tendría sentido si no hubiera un horizonte o una meta hacia la que caminar. La vida sucede y pasa tanto al que sabe y tiene un lugar al que ir, como al que vive dejando que pasen los años. La noción del poeta Machado de “se hace camino al andar” es certera, porque el poeta está pensando en los pasos recorridos cuando vuelve la vista atrás. Pero no nos da una orientación, no dice hacia donde caminar, ni con quién, ni cómo. Vivir es caminar, de acuerdo, y “vivir la fe” es caminar hacia la casa del Padre. Para el cristiano la vida tiene un sentido, caminamos hacia un sitio que conocemos de oídas, y que hemos experimentado espiritualmente en momentos puntuales: una Eucaristía, una confesión, una oración hecha ante un paisaje hermoso, ante el Sagrario, ante la enfermedad de un ser querido, etc.

La Pascua nos recuerda que el camino pasa por la cruz. Y eso supone que no todas las fases del camino son iguales, ni son iguales los senderos cuando somos jóvenes, niños o ancianos. El caminante experimentará un cambio de mentalidad con cada paso que da. Se verá más fuerte, más profundo, más maduro ante Dios y ante sí mismo; igual no se comprende bien a sí mismo, pero a buen seguro que el caminante no permanece de la misma manera. Cambia su ropa, su rostro, y sus entrañas más profundas y sentimientos. La cruz que abrazamos, la de cada día, no es una melancólica resignación, sino un encuentro con la esperanza de los que sabemos que tras la enfermedad está la resurrección que es Cristo; tras la quiebra, el negocio próspero; tras el sueño, el despertar. Tras la muerte, la vida eterna.

Cristo se hace camino, itinerario y cruz. Por eso, en esta Pascua, la vida de los hermanos cristianos coptos asesinados en Egipto son una actualización de la cruz que asesinó a Jesús, son mártires que nos dan testimonio de que Jesús ha caminado y ha muerto por nosotros. Su camino ha terminado, pues han llegado a la casa del Padre, e interceden por nosotros desde el alba que no tiene ocaso.

Por eso, el asesinato masivo con armas químicas en Siria, nos anuncia que la paz es posible si se persevera en el bien. Que la cruz no es el final ni es un fracaso de Dios con los hombres. El dolor nos invita a contemplar a un Dios que sufrió por nosotros en una cruz, patíbulo y horca de aquel tiempo. Muro de ejecución y cámara de gas de los romanos que prendieron a Jesús y lo ejecutaron como el peor de los hombres. La cruz no es signo de fracaso, ya no. Es la puerta de acceso a la Vida Eterna. El pecado y el mal no podrán contra ella, pues se subió Cristo que era Dios, y nos ha redimido con su sangre, venciendo la muerte, y rompiendo las cadenas del mal.

Por eso, el último atentado terrorista en la bella y pacífica ciudad de Estocolmo nos consolida en comprender que caminar es un ejercicio de fraternidad, de justicia y de perdón. Y que no es fácil cuando se sufre en carne propia. Pero no hay otro camino que el que recorrió Jesús hace 2000 años. Ni la venganza, ni las espadas, ni la sangre enemiga terminarán con el dolor, el pecado o la muerte. Confianza en Dios, y en su cruz desnuda.

Buscando la cruz desnuda me he encontrado con que antes subieron muchos al madero sagrado, y que los caminos de Pascua que cada uno de nosotros recorre, se vinculan con la Pascua definitiva de Cristo.

Feliz Semana Santa.

Feliz Pascua de Cruz y Resurrección.

Lo profundo es el SILENCIO

Yo no sé a ustedes, pero a mi cada vez me gusta más el silencio, estar en silencio y que haya silencio a mi alrededor. Podría ser cuestión de la edad, pero en mi caso no, pues siempre me ha gustado el silencio, y siempre he sufrido en los garitos, bares y discotecas donde para hacerte entender había que hablar a gritos porque la música era estruendosa. Ahora que gracias a Dios no me dejo caer por esos infiernos del ruido, sigo apreciando el silencio. Y añorándolo.

No debe ser sólo cosa mía, pues ya Platón hablaba del murmullo de los astros, del silencio de las esferas, de la sinfonía de la naturaleza que con su devenir entonaba un hermoso cántico de alabanza, al que los cristianos llamamos Dios creador y Dios Padre. Silencio imprescindible para pensar bien,… y para amar mejor.

De toda la vida han manifestado los místicos que en el silencio nos encontramos con Dios y con nosotros mismos; y los místicos castellanos frecuentemente han alabado la tierra de Campos, llena de silencio y de paz. Mares de cereal, con ríos que son caminos de polvo y soledad. En el silencio encontramos la profundidad de la existencia, el sentido a las cosas, la trascendencia que nos ampara y la auténtica verdad que nos aguarda tras la muerte.

Dicen también los estudiosos de la mística que el silencio se alcanza de fuera a dentro, pero también de dentro a fuera. Es decir, que no basta con que haya silencio en el exterior, sino que también es imprescindible hacer silencio desde dentro. Que los pensamientos abrumadores, la imaginación loca de la casa (Santa Teresa dixit), los estreses y los murmullos interiores se vayan apaciguando para poder escuchar la voz anhelante y sosegada de Dios. Silencio y tiempo de silencio. Horas delante del silencio logran hacer este milagro de devolvernos la vida que nos roba el ruido día a día.

Y es que por desgracia, vivimos en una sociedad excesivamente ruidosa, donde cuesta hacer silencio incluso en las iglesias. Hay gente de rezo diario que le cuesta mucho adentrarse en la oración contemplativa que mana del silencio, pues está acostumbrada a la repetición de las oraciones repetitivas. Todo lo que lleva a Dios es bueno, sin duda, pero muy fácilmente sustituimos las autopistas por los caminos tortuosos, las carreteras de buen asfalto por los senderos; creyendo además que son lo contrario de lo que pensábamos. Si eso sucede con los que están a favor del silencio, ¡qué no harán los odian el silencio!

No hace muchos años escuché que una persona que no fuera capaz de estar durante una hora sin hacer nada, sentada, sin hablar nada, sin pensar en casi nada, era una persona con cierta neurosis. Y hoy, curiosamente, me encuentro que se utilizan determinadas dinámicas pedagógicas consistentes en hacer meditación en silencio, con ayuda de la respiración, para tranquilizar a los estresados angelitos que nos envían a los colegios. Primero se persiguió la religión en la escuela, y ahora nos cuentan que el silencio es importante para la educación. Normal, no hay más que observar para apreciar lo importante que es hacer silencio, que fluya de dentro a fuera, que nos invada y que nos tranquilice.

Decía Lennon que si la gente hiciera cinco minutos de silencio al día, habría menos guerras en el mundo. No sé si tendrá razón, lo que sí creo es que vivimos en una sociedad muy ruidosa, donde el silencio ocupa cualquier instante de la vida. Muchos caminan por la calle escuchando música, la radio… no pueden escuchar el silencio. Y los micromomentos, que antes se empleaban en pensar y en la nada, ahora son ocupados por los mensajes de los grilletes que atan a la gente y que reciben el nombre de móviles, redes insociales, etc. Hay lugares de la tierra donde jamás, a ninguna hora hay silencio, y hogares donde no hay silencio salvo que se vayan sus ocupantes. Es como si sembráramos de ruido todo nuestro alrededor, y nos reconfortara aturdirnos con él. Es el miedo a la libertad que proporciona el silencio.

Hasta los minutos de silencio de los campos de fútbol están reducidos a 20 segundos. Y palabra que es así, porque voy al fútbol a menudo.

La Semana Santa, que está ya a las puertas, goza en Castilla del atributo del silencio. Los tambores colaboran, y las músicas de corneta y quebranto invitan a acompañar los bellísimos pasos en el silencio. Por desgracia, mucha gente no guarda tal silencio, y no paran de hablar, molestando a propios y extraños. Sin tal silencio, difícilmente encontraremos a Dios. Además de impedir el recogimiento en los demás.

Los que nos dedicamos a la escritura, a tomar la palabra, rompemos el silencio con la palabra, es cierto. Pero confieso que el mejor arte, el mejor poema, la mejor novela no es la que se expresa de manera directa, sino la que sugiere algo con silencios elocuentes. Y es que hasta para el arte y la poesía es necesario el SILENCIO. Y es lógico, porque lo que se esconde detrás del silencio, que no es otra cosa que el AMOR.

 

Escritores y poetas en Valladolid. Presentación del libro: Reina y Madre del Dolor.

Allí estuvimos, ayudando a presentar el libro REINA Y MADRE DEL DOLOR, una obra que recoge los 58 años de Ofrecimiento de los Dolores que organiza y preside la Cofradía de la Vera Cruz desde hace años, con una muestra de los discursos de los oferentes, y algunas fotografías que son un testimonio fantástico de vida y experiencias con la palabras, la oración, el recogimiento y el dolor.

Nos han precedido gente tan significativa e importante para las letras vallisoletanas como Francisco Javier Martín Abril, Felix Antonio González González, Anunciación Rodríguez, Teresa Iñigo de Toro, Francisco Pino, Moisés Andrés Cortijo, Antonio Álamo Salazar, José Luis Betegón, Rosa Contreras, Francisco Montero Galvache, Carmen Isabel Santamaría del Rey, Andrés Quintanilla, Godofredo Garabito, José Luis Martín Cea, el sacerdote y poeta Sergio Fernández, Amparo Magdaleno de la Cruz, Eumelia Sanz Vaca, José María Carro, Pablo Montenegro, o Angel María de Pablos, entre otros… y espero no haberme dejado a nadie fuera.

Tampoco dejo en el olvido a los periodistas, políticos, médicos o militares que dejaron en sus palabras un aire de esperanza y de bondad para los que podemos leer y recrearnos con su ofrecimiento pasado.

Colgamos el video con la noticia de TVCYL en su informativo local de Valladolid en el día de ayer, 28 de marzo 2017, así como el artículo que ha publicado EL NORTE DE CASTILLA en su edición de hoy, día 29. Están copiados a vuela mano, que diría el paisano del terruño y la fanega.

 

 

 

¿Se convirtió John Lennon poco antes de morir? Dos canciones inéditas.

La tesis no es descabellada, al contrario, John compuso dos canciones netamente religiosas o existenciales que fueron ocultadas durante algún tiempo por Yoko Ono. Hace unos años, salieron a la luz y se habló algo de ellas, aunque quizás no lo suficiente. Sus letras son significativas y peculiares, de ahí que dediquemos esta entrada. ¿Se convirtió John al cristianismo? No parece absurdo pensar que andaba cerca de una experiencia religiosa que le estaba cambiando su vida. Los años de depresión y alcohol habían quedado atrás, y John se encontraba mejor que nunca cuando escribió y grabó estas canciones. Las dos últimas de su vida, pues al poco tiempo fue asesinado.

Esta deriva de John Lennon fue comentada por Yoko Ono cuando afirmó que “John había entrado por un camino equivocado”, el de la religión, debía referirse su polémica mujer. Lennon se había destacado dentro de los Beatles por ser el más ácido y crítico, donde tampoco había excluido una visión negativa de la religión. John siempre trató de edulcorar sus palabras más fuertes para no molestar en exceso a sus fans o a sus amigos. Es significativo que un mes antes de morir grabara estas dos canciones profundamente religiosas, con tintes existenciales propios de una persona que está viviendo un momento de cambio, de conversión en su vida.

No aparecieron estas canciones en ninguno de los dos últimos álbumes de John, ni en el Double Fantasy, ni en el póstumo Milk and honey. No llegó a terminarlas. Formaron parte del abundante material que Yoko Ono guardaba del que fue su marido, y es que John compuso y grabó muchos versos musicales que no salieron a la luz de inmediato. De cuando en cuando Yoko prestaba ese material a los demás Beatles, por ejemplo en el homenaje de Antology de principios del XXI. Es el material inédito de John que pertenece a su viuda y a sus descendientes: Julian Lennon y Sean Lennon.

La primera de las canciones se llama “HELP ME TO HELP MYSELF” y fue grabada el 10 de noviembre de 1980, exactamente un mes antes de morir. Se trata de una especie de oración penitencial con cierto tono premonitorio. Habla de un ángel de destrucción y no admite dudas de que pide ayuda a Dios, al Señor. Nunca ha sido feliz, nunca le ha dejado satisfecho el ángel de la destrucción, afirma en su letra que reproducimos tras el vídeo.

 

 

Help me to help myself (ayúdame a ayudarte)

Well, I tried so hard to stay alive
But the angel of destruction keeps on houndin’ me all around
But I know in my heart
That we never really parted, oh no.
They say the Lord helps those who helps themselves
So I’m asking this question in the hope that you’ll be kind
‘Cause I know deep inside I was never satisfied, oh noLord, help me, Lord
Please, help me, Lord, yeah yeah yeah
Help me to help myself
Help me to help myself
Traducción: AYÚDAME A AYUDARME.
Bueno, lo intente mucho para quedarme vivo
Pero el ángel de la destrucción se mantiene acosándome todo el tiempo
Pero sé en mi corazón
Que nunca realmente partimos (nos separamos), oh no.
Ellos dicen que el Señor ayuda a los que se ayudan a si mismos.
Por lo que me estoy haciendo esa pregunta en la esperanza de que serás amable (bueno)
Porque sé en mi interior profundo que nunca fui satisfecho (feliz), Oh no.
Señor ayúdame, Señor
Por favor, ayúdame, Señor. Sí, sí, sí.
Ayúdame a ayudarme.
Ayúdame a ayudarme.

 

La segunda canción que grabó se llamaba YOU SAVED MY SOUL. Tú salvaste mi alma, y la registró exactamente cuatro días más tarde, el 14 de noviembre. Siempre se comprendió como dedicada a Yoko Ono, que sería la persona que le salvaba, según la letra. Pero la palabra “alma” contradice esta tesis. Al parecer John iba a suicidarse arrojándose por la ventana de su vivienda, y antes de que tal cosa sucediera recordó a un telepredicador que había escuchado hacía tiempo en Tokio y que le llamó la atención. ¿Y si aquel telepredicador tenía razón? Desde luego John no escatima esfuerzos para hablar y agradecerle que lo salvara de su orgullo.

 

 

 Saved my soul. (Salvó mi alma).

“When I was lonely and scared
I nearly fell for a TV preacher
In a hotel room in Tokyo.
Oh, only you truly saved me from that suicide
Because all the things I die along with you.
Remember the time
When I went to jump out of that apartment window
On the west side of town of old New York.
Oh, only you saved me from that suicide
Because of all my foolish pride
Well, if I could thank you, thank you
For saving my soul with your true love”.
La traducción sería la siguiente:
Cuando estaba solo y asustado / casi seguí a un predicador de la TV/ en una habitación de hotel en Tokio.
Oh, sólo tú verdaderamente me salvaste de aquel suicidio.
Porque todas las cosas mueren junto a ti.
Recuerdo el tiempo / Cuando fui a saltar de la ventana de aquel apartamento / en la orilla oeste de la ciudad de NY.
oh, sólo tú me salvaste de aquel suicidio
causado por mi estúpido orgullo.
Bueno, si pudiera agradecértelo, gracias.
Por salvar mi alma con tu verdadero amor.
Jesús Fonseca Escartín

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