EL ÁNGEL AMADO en la FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID 2018. FIRMA DE LIBROS.

Me escribieron de la Librería Roel invitándome, y aunque no tenía pensado acudir este año a la Feria del Libro, el buen hacer y el cariño que siempre me han mostrado en ROEL me ha animado a acercarme a la FERIA en la PLAZA MAYOR, para firmar ejemplares de EL ANGEL AMADO.

EL ANGEL AMADO es un libro que todavía no hemos distribuido de manera oficial. Será una buena ocasión para ofrecerlo públicamente esta pequeña joya que hasta la fecha, solo poseen unos pocos privilegiados.

Nos vemos allí.

 

5 de junio, martes

A partir de las 18h de la tarde.

Caseta de la LIBRERÍA ROEL . FERIA DEL LIBRO 2018 EN VALLADOLID.

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Poema del escritor en oración.

Quiero Señor, confiar en Tí, en Vos. En el padre.

Poner mis manos en sus manos,

Mi inteligencia en su inteligencia.

Mi mente en su mente.

Para así desgranar palabras y versos buenos

que ensanchen el alma de los atareados,

que abran el corazón de los que lo dejaron de mirar,

que suspiren el aliento que el mismo Espíritu Santo da a sus hijos.

Señor, que no escriba palabras para mi, sino para tus hijos.

que tu inspires mis relatos y mis textos,

que no busque la fortuna, sino tu voluntad.

Para que así, al final de los días

pueda llegar dichoso, con el corazón contrito por mi pecado

a las fuentes de la misericordia.

Cualquier palabra que escriba, que sea para ese fin,

para mejorar a una humanidad

que sangra por un desencuentro, soledad.

Y que se haga tu Voluntad.

Antonio José López Serrano

(Fotografía Roberto Tabarés)

La paranoia nacionalista en España: entre Cataluña y ETA.

Qué razón tiene el amigo Boadella, más que un santo con esta frase: “El nacionalismo lo primero que hace es poner un enemigo en funcionamiento, y en el caso del nacionalismo catalán el enemigo es España. Creo que hay una parte de los catalanes que están enfermos de paranoia porque creen que España está contra ellos” Albert Boadella.

Y es que desde hace doscientos cincuenta años los nacionalistas de todo pelaje no han hecho más que meternos en guerras, en posguerras, en luchas de liberaciones y en entelequias inventadas por sus paranoias. En Europa, el nacionalismo ha sido el creador de un cúmulo de mentiras tan abundante que todavía no nos hemos recuperado, son los padres de la leyenda negra antiespañola, los abuelos del racismo eurocéntrico y protestante, los bisabuelos de los exterminios más masivos y genocidas de la historia, y, finalmente, los tatarabuelos de la propaganda que trata de ocultar sus genocidios. Y ahí siguen, afirmando tan panchos y circunspectos que son víctimas, como si no pudieran sentirse y ser catalanes, españoles, europeos y terrícolas a la vez.

El origen de sus lamentos está, y creo no equivocarme, en el complejo de inferioridad que arrastran frente a los vecinos; lo cual, sea dicho de paso, se combina sutilmente con el ansia de poder. Tampoco es nuevo. Si los flamencos del duque de Orange montaron sus guerras y mentiras para independizarse de su legítimo rey, casualmente español, fue porque se sentían inferiores, porque ambicionaban el poder, y porque son así los pobrecillos. Malos hasta asesinar a los que piensan distinto; y lloricas cuando no pueden usar la guillotina.

Por eso no es casualidad que Puigdemont, y antes los etarras, eligieran Bélgica como paraiso nacionalista. Tampoco es extraño que un poco más al norte, en un condado independentista del Reich actual, un juez alemán se hiciera un lío con el asunto. Entre el complejo nazi, el miedo al qué dirán, y la ignorancia. Tampoco es nada nuevo.

Y es que Europa está sentada sobre un polvorín al que le quedan unas cuantas guerras más  para espabilar, todas con el nacionalismo y sus embustes como principales mecheros. La última guerra en Europa fue por la fragmentación de Yugoslavia, nacionalismos enfrentados. Pero las próximas serán por Cataluña, quizás Alsacia, Babiera o Córcega, Escocia, Gales o Irlanda del Norte. A saber. ¡Ojalá me equivoque, pero Europa corre hacia su siguiente guerra sin ser consciente de ello! Y el problema es que tenemos las papeletas para que nos pase a nosotros: gobiernos débiles y paralizados, sociedades manipuladas y complejos. Muchos complejos a la derecha y a la izquierda.

El nacionalismo es la versión finilla del tribalismo, al pueblerino, al tractorino y al patán que inventa paranoias, persecuciones inexistentes y victimismos falsarios. El nacionalista eleva la mirada al auditorio buscando que apruebes sus ridículos argumentos. Si les das lo que quieren, que es el poder y el dinero, te seguirán mirando por encima del hombro. No tendrán, además, ningún reparo en perseguir a los no nacionalistas cuando se les antoje. Y tampoco les preocupará robarte parte de lo tuyo aduciendo que necesitan expandirse (Valencia, Mallorca, Navarra, Praga o Polonia). Están deseando humillar al resto del mundo para demostrarse a sí mismos que son como los demás (acomplejados) y así indefinidamente.

Siendo sinceros, yo creo que el nacionalismo no tiene capacidad para gobernarse ni inteligencia para mejorar ni siquiera lo suyo. Su guía son las emociones y los sentimientos, por eso inventan conflictos donde hay paz y prosperidad. Suelen conducir a los suyos a la muerte y a la guerra, con el simple argumento del “porque yo lo valgo”. Y pocas veces, muy pocas hacen cosas buenas por su pueblo. Si tocan la educación, la convierten en excluyente (de los castellanoparlantes por ejemplo), y si entran en materia de sanidad, escogen a médicos que hablen su lengua antes que sean los mejores en medicina. Son así.

Me dice un amigo que el nacionalismo se disfraza de patriotismo, pero que es muy distinto. No le falta razón. El patriotismo consiste en amar a tu nación y su cultura sin excluir la de los demás. Reconocemos lo propio y nos admiramos de lo ajeno. Es curioso que los patriotas enfrentados en la guerra, por ejemplo, se suelan reconocer en las ideas que los unen y en el honor del servicio a los demás, a los suyos.

Pueden hablar y entenderse. Wellington y Castaños, por ejemplo, se reconocieron como tales, y reconocieron la valentía y capacidad de los franceses que tenían frente a ellos. Ellos aman su país, igual que nosotros el nuestro. El honor está por encima, y no se pide al enemigo que traicione a su patria.

Pero el nacionalismo no funciona igual. El nacionalismo está lleno de envidia por lo que no tiene, y codicia lo que nunca tendrá. Ningún etarra dirá una cosa buena de España que excluya a los vascos de su bondad. Lo mismo los Puigdemónicos. El nacionalimo se inventará amores enfermizos en lo que les parece que es auténtico, exclusivo y natural a ellos: su raza, su bandera, sus cánticos y su lengua. Y alimentan con la misma necesidad el odio intransigente y racionalizado contra el esperpento creado. Necesitan un enemigo ridiculizado sobre el que ciscarse y perseguir. Lo malo es que no les importará matar, derramar sangre y destruir su patria con tal de conseguirlo.

La semana pasada hemos visto que ETA ha anunciado su final. Pero eso no será el final de su guerra (su presunto conflicto). Seguirán con la propaganda hasta hacernos creer que sus asesinos son héroes y mártires; y que sus asesinados nunca existieron. Por eso, hasta que no haya un monumento a Miguel Ángel Blanco presidiendo la playa de la Concha en San Sebastián, ETA no habrá muerto. Y hasta que no podamos pasear con una bandera española por Alsasua, Tordesillas, Zafra, Hernani, Hospitalet, Basauri y Dos Hermanas (pueblos todos españoles) no podremos hablar de libertad y democracia en nuestra patria. Hasta que Puigdemont no sea juzgado por sus presuntos delitos, no habrá paz en España. Ni en Europa.

 

100 millones de muertos en el libro “MEMORIA DEL COMUNISMO” de F. Jiménez Losantos

No suelo comentar ni reseñar ensayos ni libros técnicos en esta bitácora. No tengo costumbre, o mejor dicho no he tenido costumbre hasta el día de hoy.  Así que, sin más preámbulos, rompemos la tradición y apuntamos a uno de los hombres más odiados (por la izquierda, parte del centro y de la derecha españolas), de los más temidos (políticos y ganapanes de todo pelaje), y de los más amados (por librepensadores que es lo mismo que liberales): Federico Jiménez Losantos.

La ocasión, víspera del día del Trabajo, forma parte de esas casualidades que se producen en la vida. No lo he hecho a posta. Lo terminé de leer hace unas semanas, y después de dejarlo resposar levemente, me atrevo con él y con sus ideas. De entrada ya lo digo: el libro lo recomiendo a los de izquierdas que presumen de ser de izquierdas y que se sienten superiores moralmente por serlo. Os va a escocer, pero el vinagre siempre se agradece cuando se ha empachado con la grasa del cochinillo de la granja de Orwell. A los de derechas también les viene bien su lectura, es como terapia para acomplejados. El resto verá bien sintetizado lo que ha significado el comunismo en siglo y medio de discurso y revolución.

La obra es magnífica por su ambición, pero, en mi opinión, se queda corta ante la magnitud de los hechos históricos analizados. Realmente se necesitan varios tomos para exponer con detalle lo que Jiménez Losantos intenta en ochocientas y pico páginas (no tengo el libro delante porque se lo he prestado a mis padres). Se queda corto porque me hubiera gustado conocer con detalle las masacres de los Jemenes Rojos, los amiguetes de Pol Pot, por ejemplo, uno de los asuntos más inverosímiles de la historia del comunismo. Estos tipos se dedicaron a asesinar a los que tenían gafas por ser contrarios a la revolución. Veleidades de la izquierda para cambiar el mundo.

También me faltan explicaciones y comentarios sobre Corea del Norte, Angola o los Ceaucescu, entre otros. Reconozco que me hubiera agradado leer más de los Jacobinos y sus descerebradas pretensiones; pues son el germen del odio comunista de siglos posteriores.

El libro no encara estos problemas. Se centra y limita, creo que por falta de espacio y páginas, a analizar con bastante detalle la figura de Lenin, de Stalin, de la guerra civil española y sus personajes siniestros; del castrismo y sus víctimas; y finalmente de Pablo Iglesias y su ambición por destruir la democracia e instaurar un régimen de privación de libertades.

Escuchando al autor en internet – en las presentaciones del libro – tengo que decir que él mismo considera que es la obra de su vida, un gran ensayo producto de su persistente investigación sobre el fenómeno comunista y su impunidad ante el asesinato y la masacre. Su implacable maquinaria propagandística. Lo cual se ve perfectamente reflejado en sus páginas.

Jiménez Losantos pretende hacer memoria de las víctimas olvidadas, las que llegan a los 100 millones a lo largo del siglo XX. El libro es, por consiguiente, además de memoria, homenaje; y además de homenaje, llamada de atención a los lectores. El comunismo no está derrotado, y sigue siendo aplaudido a pesar de haber sido una ideología perniciosa para la vida de millones de personas, y para la libertad de muchos millones más. Una ideología que ha conducido al atraso, la pobreza y el hambre de sus supervivientes. Y a la tumba de los que no lograron superar el infierno.

Por desgracia, Federico Jiménes Losantos no se equivoca. Las maneras de este periodista, doctor en hispánicas, suelen ser abruptas y molestas para mucha gente. Es un periodista independiente, perseguido por la izquierda desde hace años y por la derecha acomplejada desde tiempos más recientes. En España, decir que escuchas a Jiménez Losantos y que te gusta su capacidad comunicativa es como lanzarte en brazos del oso. No voy a pedir perdón por ello, a mi me gusta. Y, por desgracia, Federico Jiménez Losantos suele tener razón. Donde otros sonríen y hacen chistes fáciles rezumando odio y soberbia, Federico habla sin tapujos y sin buenismo. Y también me hace reír. Discrepo a menudo, y me adhiero a sus ideas; como me sucede con muchos otros periodistas, escritores, filósofos… El libro es más grande que el personaje, lo cual es algo que honra sobremanera a Federico y a su deseo de comunicar la verdad.

El gran “pero” que tiene el libro, en mi opinión, es su redacción. En ocasiones me ha resultado apresurada su gramática, con poco estilo. Escribe mejor en el periódico. Los contenidos están bien investigados, la bibliografía es amplia, pero su estilismo (puntualmente) flojea más de lo que sería deseable. Tampoco creo que sea importante ni que enturbie el mensaje de MEMORIA DEL COMUNISMO. Da la sensación de que el material era muy abundante, pero su planificación para configurar un índice y meter la pluma ha sido más precipitado. No desmerece en exceso, pero se nota. O yo al menos, lector exigente, lo noto.

Para muchos de mis lectores y amigos, que conocen mis debilidades hacia la izquierda y el comunismo cuando era joven, no me queda sino echar mano del conocido refrán:

“Quien no es es de izquierdas cuando es joven es porque no tiene corazón; pero quien no es de derechas cuando llega a adulto, es porque no tiene cabeza”.

Pues eso. Por suerte, ya no soy de izquierdas. Demasiadas víctimas, purgas, gulags, robos y asesinatos como para pensar que las ideas y los hombres cambian el mundo. Por desgracia, eso significa que no soy tan joven.

¿Mi credo? El mundo lo cambia Dios y el amor al prójimo. Que tampoco sus seguidores.

 

¿Yoga, mindfullness? Yo es que soy más de Rosario.

Tampoco es que sea demasiado de Rosario, pero es que ante la avalancha de espiritualidad modernilla y bajo demanda (siempre pagando la sesión, claro) prefiero la oración de toda la vida en sus diversas variedades: la contemplación ante el Santísimo, la lectura piadosa, el silencio del recogimiento ante el AMOR que nos mira y acompaña, y por qué no, el Rosario de las abuelas y de los Papas, que además es gratis y cunde mucho.

Lleva poniéndose de moda, desde hace unas décadas, la espiritualidad alternativa a la cristiana con sabor y tintes orientales. En general todas terminan en lo mismo, en hacer silencio y en buscar la paz interior. Esto mismo lo puede tener la gente en la parroquia de su barrio; pero eso sería demasiado fácil y carca, y por eso la peña prefiere hacerse un viaje a la India para abrazar a un santón durante unos minutos y sentir que ha tocado con los dedos la profundidad de su esencia esencial. Cuando el hombre deja de creer en Dios, termina creyendo en cualquier cosa (Chesterton dixit), y es verdad.

Los menos pudientes (que también tienen derecho a ser ateos) se buscan la vida en el barrio, en alguna sala tipo gimnasio, donde un iniciado les sopla veinte euros por cada sesión de yoga, reiki y silencio con música relajante a la que llaman “mindfullness” y que se traduce por “atención plena”. La gente lo paga sin protestar, y luego se queja de que los curas son unos pedigüeños, y es que unos tienen la fama y otros cardan la lana. Y encima no reparan que al lado de la floristería hay una parroquia que tiene más horas de silencio que ellos años, pero les da igual, porque quieren una espiritualidad moderna y fetén. Y el supermercado religioso contemporáneo lo ofrece al módico precio de veinte euros sesión.

A mi me da más paz comulgar los domingos y fiestas de guardar, pues además de tocar con los dedos la divinidad, escuchas su palabra y te la comes. Se hace carne de tu carne (como Cristo se hizo carne de nuestra carne) y te alimenta el alma en la autenticidad de un Dios que murió por nosotros. Pero eso es excéntrico para mucha gente, a la que han cegado con un anticlericalismo y una cristofobia soterrada. Odian a Dios y terminan entregados al yoga. Yo creo que los mismos que persiguen y desprecian a los curas los fines de semana en la tertulias con los amigos, se hacinan por las tardes en las salas de mindfullness, yoga, reiki y budismo tibetano contándonos las bondades del silencio. Descubren en su iluminación el Mediterráneo, y nos cuentan con gravedad que la vida espiritual es importante. “Pos claro, Magencio, si fueras a misa de cuando en cuando”. Lo malo es que estas espiritualidades no son ingenuas ni inocentes. Tienen efectos secundarios, y a la larga no satisfacen del todo el alma. Y por eso hago esta entrada.

Estas espiritualidades orientales no conducen a Dios, ni al amor al prójimo ni a la justicia social. Buscan la Paz donde solo hay tranquilidad. Es verdad que la intención es buena, y que el silencio ayuda a encontrar a Dios, pero el silencio no es Dios mismo. El budismo y el hinduísmo son religiones muy respetables, pero estas espiritualidades son fragmentos y porciones de algo más grande que se pierden por la distancia cultural que desemboca en la incomprensión. No son hinduístas, pero tampoco cristianos. No van a descubrir a Dios en sus prácticas, ni al prójimo, ni a los pobres que nos evangelizan. Viven mirándose el ombligo de manera idolátrica, adorarán el silencio, la postura y el mantra ambiguo, pero nunca descubrirán la mística donde Dios abrasa. No conocerán la relación profunda con la divinidad, ni palparán el misterio del AMOR encarnado. Estarán siempre fuera, girando sobre sí mismos.

Dicho de otra forma: la experiencia religiosa que no interroga la vida y el comportamiento, se convierte en algo muy pobre para las personas. Termina degenerando en una justificación conformada con un dios hecho a medida, y por tanto, un dios falso y muerto. Si en lugar de escuchar a Dios, lo silenciamos para que no nos moleste ni nos cambie la vida, entonces tampoco nos dará sentido a la vida, ni nos ofrecerá una cosmovisión salvífica, ni integraremos la vida con la fe y la creencia. La experiencia religiosa plena nunca llegará.

Por eso, es mejor el Rosario. La esencia de estas prácticas orientales se basa en un dualismo desencarnado y platonizante exagerado, pero no reconcilia al hombre con Dios. Sus practicantes gritan por el día a sus empleados, y por la tarde hacen relajación para desestresarse de sus gritos. Me recuerdan a la crítica que se hacía (con toda la razón del mundo) a los cristianos que iban a misa los domingos y hacían el capullo cuando salían de la iglesia. Hipocresía se llamaba. La diferencia es que en misa se insiste en no ser hipócrita y en hacerlo mejor. Interrogan al creyente para que cambie de vida. En estas espiritualidades no hay ningún interrogante a la vida, son egocéntricas y justificadoras de las maldades. Un asesino puede matar a alguien y luego practicar yoga para desestresarse. En cambio, un cristiano asesino tendrá que arrepentirse, llorar, pedir perdón, y reencontrarse con un Dios que perdona los pecados para poder recuperar su vida.

Por eso prefiero el Rosario. Porque te lleva a Dios, te envía al prójimo, te plenifica con una paz profunda y te invita a vivir todo eso con una comunidad de pecadores perdonados. Casi nada. Las abuelas y los Papas ya lo sabían desde hace mucho tiempo. Y es que ya lo dijo el Señor, “Te alabo Padre porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has manifestado a los  sencillos (Mt 11, 25)”.¿Alguien lo duda?

 

Master and doctor. ¡Qué vuelva la tuna a España, por favor!

Digo yo que son los signos de los tiempos. Debe importar mucho que los políticos, que no saben hacer la O con un canuto, disimulen sus miserias, y para ello nada mejor que hacer unos cuantos master, doctorados y cátedras a destajo, que es tanto como decir que se quieren poner a la altura del burrerío nacional que nos circunda. El tema no es nuevo, el “usted no sabe con quién está hablando” es tan viejo como la tos; y ahora se lleva el rellenar los currículos vite por si acaso se quedan sin empleo. Será por eso.

Master en relaciones de vecindario y catarsis sindical, por ejemplo. Y presumen más que una mierda en un solar (mi abuelo dixit). Son la nueva y la vieja clase política, la que necesita decir a todo el mundo que saben algo, y nos lo cuentan diciendo que tienen títulos y estudios. Los muy orates, ¡cómo disimulan! No se han enterado que los doctorados los regalan en España a cambio de arrastrarse y pelotear unos añitos a sus respectivos catedráticos de departamento. Lupanares tiene la santa madre universidad. Eso lo sabe todo el mundo. Por eso, que te regalen un título sin pasar por el peloteo sienta muy mal a la gente. Lo de estudiar es lo de menos, porque con cincuenta mil micro asignaturas ya no se estudia nada, pero lo del cafelito con el catedrático y la pléyade de moscones dándole la razón… eso no tiene precio.

Estos jornaleros del título, digo yo que son gente de bien; acomplejada quizás. Caminan por la vida y por las sedes de sus respectivos sindicatos y partidos políticos como pollos sin cabeza por pillar un cargo. Y cuando lo tienen se les cae el mundo a sus pies, porque entonces les piden un título para parecer más. “Chica, es que hoy día, sin un título de doctor no eres nadie en política” y se vuelven locos por camelarse a un fulano de esos de la universidad que les firme que son super listos, que hicieron muchos estudios, y que ellos son tan sabios como venden en las fotos. Las tunas casi desaparecidas por falta de cantores, la clases vacías por falta de exigencia, y estos tipos con las paredes llenas de títulos firmados por el Rey en fotocopia. ¡Cómo hemos empeorado!

En realidad lo de los estudios ha ido a pique desde hace tiempo, y la universidad es desde hace mucho un abrevadero de títulos, un lupanar de amiguetes colmados de soberbia y palmaditas en la espalda. No es nuevo. Cuando era joven, más joven quiero decir, había catedráticos por la gracia del PSOE. Los llamábamos así; gente que les habían regalado las cátedras por ser simpatizantes del PSOE, que era lo que se llevaba y lo que era fetén. Todos eran del partido y presumían de tener carnet. Se iban colando en los departamentos a poner sus huevos, como alien el octavo pasajero. Los huevos eclosionaron, claro, y han dado lugar a la Universidad contemporánea, con parásitos y plagiadores en abundancia. Se salvan los mejores, claro, que son minoría. Faltaría más. Pero a veces son tan minoría que hablamos de excepciones.

Todos sabíamos quiénes eran esos regalados señores por la gracia del PSOE, que con el tiempo han llegado a ser casi todos en la uni. Se han reproducido como termitas, y los que no pertenecen, ni tienen siglas políticas rojizas son simplemente aislados o proscritos de la Universidad. De la pública hablo, que es la que conozco. Eso ya venía pasando con el franquismo, cuando la universidad era antifranquista. El problema es que las mañas no han cambiado, y muchos terminan rechazando la meritocracia, y prefieren a un lerdo de los nuestros en el departamento, que a un sabio de los “malos”. Y al final todo se ha llenado de pelotas y bobos.

Las universidades de todo el mundo, no solo las españolas, están llenas de tipos como Pablo Iglesias, que no saben casi nada, pero que tienen títulos recaudados a golpe de palmaditas. Errejón y Pablo son el paradigma de lo que se ha convertido la institución medieval por excelencia, la universidad; por eso la Cifuentes, que es del PP por equivocación, porque opina en casi todo igual que el PSOE, quiere ser como sus homólogos políticos. Doctora y sabia. No lo necesita, porque para ser político hay que saber tanto como los que te votan, pero la ambición rompe el saco; y anda por ahí señalada por haber dado saludos y palmaditas en la espalda a los catedráticos que ahora dicen no conocerla.

Para mi, y no es coña, lo más preocupante de la universidad española es nos hemos quedado sin tuna y sin clases. Los alumnos son ahora como los de BUP de antes, van con sus madres a reclamar las notas del chiquitín. Los doctores son como los profesores contratados que hacían el doctorado mientras daban clase a los cursos inferiores, y los catedráticos son como los doctores de antes. Incluso estoy tirando por lo alto.

¿Les cuento mi experiencia universitaria?

Estudie Derecho en Valladolid en los tiempos de la masificación, finales de los años 80. Éramos unos 250 por aula, 1000 por curso, y no había sitio ni para sentarnos. Los alumnos que llegaban tarde se tenían que quedar de pie. El profesor daba clase dictando apuntes, mandaban ampliar por libros recomendados y en pocas asignaturas nos mandaron leer algún libro. Se contrataban jueces y fiscales para darnos clase, fueron los mejores profesores. La época de los grandes catedráticos de Valladolid había terminado, pero todavía quedaban rescoldos de su calor: García de Enterría o Torío. Los que quedaban eran secundones, algunos buenos y con capacidad y otros no. Por suerte estudié el plan del 56, antes de que reinventaran la Universidad multiplicándola con mini-asignaturas de ganchillo y macramé. Luego te especializabas, hacías la oposición. En esa Universidad estudió Sainz de Santamaría, por cierto. Sacaba matrícula tras matrícula. A esa universidad de los 80 le doy un 7 y tiro alto. Los planes eran buenos, y había todo tipo de profesores. Ninguna aspiración internacional, ningún interés por el mundo laboral. Departamentos repartidos entre las izquierdas y las derechas a partes desiguales. Nada que objetar más que era una fábrica de hacer títulos.

Mi siguiente carrera fue la de Teología en el grado de licenciatura, que correspondía al antiguo Bacchalaureatus in sacra theología. Le pusieron por nombre Licenciatura en estudios eclesiásticos. Las clases las recibí en el Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid, vinculado a la Universidad Pontificia de Comillas de los jesuítas de Madrid. Venían profesores de Roma y de Madrid a darnos clase algunos semestres, y los compañeros de carrera fueron ingleses, indios, filipinos, españoles y portugueses. El nivel exigido era bajo, pero el nivel enseñado era alto, muy alto. Se recomendaba leer mucho y bien, con muchos libros y con el nivel que cada alumno podía. Se aspiraba a mucho y eran magníficos profesores. No se faltaba a clase, y éramos unos 100 en toda la universidad, divididos en dos grupos, los del cíclico y los de primero.

Mi tercera experiencia universitaria fue en la UNED, entre el 2004 y el 2008, donde estudié Filosofía hasta la diplomatura. Empecé unos planes de estudio que a los tres años cambiaron. El plan del 2001 sustituía al plan de hacía cuatro años, y el siguiente era el plan del 2006 o por ahí. Muchos planes, créditos por todos los lados, y materias con poca chica. Era una suma de cursillos, algunos chorras y sin ninguna sistematicidad académica. En total recuerdo dos profesores muy buenos, el resto un absoluto desastre. Las de Antropología escribían sus propios libros con faltas de ortografía, banalidades y soberbia. El nivel exigido casi igual al que tenían los profesores, o sea, nivel académico muy bajo. Realmente lamentable. Había asignaturas donde los profesores eran unos fulanos sin capacidad para dar clase, ni recomendar libros adecuados. En otras desconocían la materia, o no la daban correctamente por falta de interés. Eso sí, todos presumían de ser estupendos y super reflexivos. Las excepciones vinieron de algunos adscritos que se curraban las clases, y de los alumnos, que al ser a distancia, solía ser gente con más experiencia universitaria que la que allí ofrecían. Eso sí, estaba muy bien organizada, y muy poco controlada.

Por supuesto ya no había tuna, sino tunantes. ¡Ay qué pena la tuna que cantaba!

¡Cuándo la tuna te dé serenataaaa….!

 

 

La futura y próxima guerra civil europea.

No quiero ser pájaro de mal agüero, ni mucho menos. Cualquier guerra sería un desastre de proporciones humanitarias gravísimas en Europa, y en cualquier lugar del mundo, pero tengo al sensación de que la Unión Europea camina hacia una Tercera Guerra Mundial. Espero equivocarme como pitoniso, pues sería un fracaso estrepitoso de Occidente en su conjunto. Lo malo es que si me pongo a estudiar los antecedentes históricos, y añado al cóctel la deriva de la sociedad Europea, entendida en su conjunto, deduzco una posible guerra. Dios no lo quiera.

Vamos al principio. La razón de ser de la UE fue evitar una Tercera Guerra Mundial que enfrentara a los europeos. Después de la Segunda Guerra Mundial era una buena solución. Teníamos los cadáveres calientes sobre la mesa, y había que asegurar que Francia y Alemania (especialmente) no siguieran jodiendo al resto con sus interminables batallitas.

Además la idea era muy buena y sonaba muy bien: construir un marco supraestatal de libertades y de democracia que resistiera frente a los totalitarismos amenazantes (comunismo y nacionalsocialismo). Unos Estados Unidos de Europa frente (junto ) a los de América, y frente al creciente poder asiático. Muy bien. Felicidades, muchachos. Viva el ingenio y montemos los Erasmus.

Francia, Alemania, el Benelux (Belgica, Luxemburgo y Holanda) e Italia fueron los primeros, luego vinieron los siguientes periféricos, y conforme se fue deshaciendo el totalitarismo en la Europa comunista se fueron incorporando países al paraiso de libertades y de respeto de los Derechos Humanos, incomparable en el resto del mundo. Luego llegó la idea de suprimir fronteras, facilitar el tránsito, inventar una moneda. Ya está. Ese el el punto en el que estamos.

Pero no funciona bien y es un ídolo con los pies de barro.

Los dos peligros más serios a los que se enfrenta la UE son, desde mi punto de vista, el exceso de burocracia para manejar diferentes Estados cuya aspiración debería ser la UNIDAD, y por tanto la disolución de las soberanías nacionales. No es un problema menor que Europa sea fría para sus ciudadanos y que no haya sentimiento de unidad. Al contrario, el sentimiento antieuropeaísta es muy fuerte en muchos sectores de la sociedad que solo se ven tranquilos cuando extienden el cazo para que les den más pasta. Vease Syriza en Grecia. No todos están aportando lo mismo, porque no todos tienen lo mismo. Y muchos europeos, en el otro lado, no ven con buenos ojos que su pasta acabe en la otra punta de la UE, ni que haya getas ni aprovechados con la mano extendida eternamente.  Todos tienen su parte de razón. Y es que hay sentimientos que solo se solucionan con un concepto nuevo inexistente en Europa: la fraternidad, la unidad cultural. Unidad complicada con tantos idiomas, sentimientos provincianos y gente acomplejada. Catolicidad es la palabra, pero muchos prefieren el islam y la cristofobia.

El congelador de la UE se pone en marcha cuando no se trata por igual a todos lo países. Los agravios comparativos son terribles e ineludibles. Las exigencias a Francia cuando se pasa de déficit son música celestial comparado con las mismas exigencias cuando el afectado es Grecia o España. Tampoco las normativas son ecuánimes en la UE. Si un presunto delicuente llamado Puigdemont y compañía se puede pasear por UE a su gusto, y nadie defiende la legalidad del Estado Español con el que tiene pendiente algunos asuntos, entonces, ¿para qué querrá España la desaparición de fronteras y la unidad territorial? Si las volviéramos a cerrar, los británicos no se habrían ido de la cosa nostra. ¿Me equivoco? Con la doctrina Parot sucedió igual. Estrasburgo, que es un tribunal político, anula la forma de proceder de los tribunales españoles con los terroristas condenados por delitos de sangre. ¿Acaso han tenido ellos el terrorismo que han tenido en España? ¿Alguien puede dar lecciones de democracia a España, que conquistó pacíficamente su propia democracia desde una dictadura apoyada por los actualmente socios europeos? No todos los ciudadanos tenemos los mismos derechos, ni deberes, en la UE. Ni hemos sufrido lo mismo en la historia. Y eso es un problema para encariñarse con ella.

El segundo problema, además de su ineficacia burocrática, es el incremento del nacionalismo en sus formas más totalitarias, provincianas y exaltadas. El mapa que he colgado en la foto, recoge (parcialmente) el mapa de las naciones europeas si consiguieran la independiencia aquellos territorios que lo solicitan y que se están aventurando en el lío. Me explico, Tractoria (verbigracia Cataluña independentista) tiene muchos partidarios en Europa que le hacen el caldo gordo. Los reciben, los aplauden y los visitan. Coinciden en ser gropúsculos de extrema izquieda y de extrema derecha. ¿Gropúsculos he dicho? Perdón. Los neonazis son la segunda fuerza en Alemania, también en Francia y en muchos otros países son la primera. Así que átense los machos, porque la Unión Europea tiene menos futuro que Tabarnia (o sea Cataluña en España y en Europa). Y eso, si mis cálculos no me fallan desemboca en una guerra civil. En un enfrentamiento entre dos concepciones del europeísmo. Una lo quiere deshacer, y la otra lo quiere construir. Casi nada.

¿Se podría aceptar una Francia totalitaria con un gobierno ultranacionalista (Le Pen) que no desee pertenecer a la UE? ¿Y una Bélgica que ampare a los nacionalistas insurrectos y golpistas del resto de Europa, sencillamente porque los necesitan para gobernar? La Belgica que crea terroristas islámicos y mira para otro lado cuando atentan en París, por cierto. La que se inhibe y protesta cuando asaltan las fronteras de Melilla. ¿Cómo detenemos al enemigo cuando tenemos que tratarlo como amigo? ¿Dónde nos quedamos los que pensamos que es preferible una UE más fuerte? ¿Podría la mayoría de los ciudadanos europeos que quieren la UE enfrentarse a una Francia dividida que se quisiera salir de ella? De momento ya liquidaron la abortada Constitución Europea en el vientre de su madre.

Está claro que habrá que tomar decisiones, y no puedo dejar de pensar en decisiones militares, porque lo contrario será simplemente la disolución de la UE. En cuanto lleguen los totalitarios al poder en Francia y Alemania (llevan escalando puestos unos cuantos años), se terminará el asunto comunitario. ¿Se imaginan una negociación entre el Frenxit y la UE para la salida de Francia? ¿Y la de Alemania negociando para salirse? ¿Nos hacemos todos Alemanes y volvemos al antiguo imperio romano germánico? De momento hemos abandonado a casi la mitad de la sociedad británica que deseaban pertenecer a la UE. Casi nada. ¿Se volverá a hacer lo mismo con Francia? ¿Y si Alemania se radicaliza más hasta vencer los neonazis en las elecciones? ¿Se van con Hungría y nosotros con Portugal, Andorra e Italia? ¿Puede un tribunal regional poner en tela de juicio la decisión del Tribunal Supremo de otro país? No son preguntas de ciencia ficción, están ya entre nosotros.

El problema es que Europa no tiene ejército propio que la defienda de sus enemigos externos e internos. Siempre ha confiado en los Estados Unidos de América, y por interés. Tanto a USA como a Rusia quizaś les interese más una UE no tan fuerte económicamente ni políticamente. ¿Acaso la crisis en el Euro no fue provocada por los USA y sus especuladores? ¿Acaso no depende Ucrania y el problema de Crimea de que Alemania necesita el gas siberiano de Rusia? Eso es Europa; un gigante con los pies de barro.

¿Qué cuáles serán los bandos de la futura Tercera Guerra Mundial? Yo imagino dos. Los Europeístas que aspiran a unos Estados Unidos de Europa, frente a los Nacionalistas que aspiran a una separación estricta de las naciones y sus identidades culturales en el continente. La guerra, por supuesto, si se internacionaliza, contaría con unos USA apoyando un bando, y Rusia al otro. Si apoyaran al mismo, está claro quienes quedarían derrotados.  Y si no hay guerra ni se camina a la unidad, no parece que el invento de la UE pueda durar mucho. Bienvenida peseta, y acogemos al gobierno de Tabarnia en el exilio. Boadella, te queremos.

 

La inexistente lucha de clases.

Es una de esas falacias machacona que a fuerza de repetir los marxistas, posmarxistas y pseudomarxista se ha convertido en un latiguillo de historiadores y de intérpretes del pasado, de la sociedad y de la cosa nostra. No hay libro de historia que no interprete la Revolución Francesa como una lucha de clases con triunfo de la burguesía incluidda, igual que Marx; o que entiendan el devenir del capitalismo como una imposición de los ricos frente a los pobres. Otra mentira de la praxis ideológica de la izquierda.

Las gafas que visualizaban la historia como un enfrentamiento cruento entre opresores y oprimidos es mentirosa y limitada. En realidad la historia no tiene que ver con ninguna consigna previamente establecida. La historia no contiene reglas repetitivas, más que las que pueda albergar el corazón humano. Si hay gente con ansias de poder, pues habrá guerra y genocidios, si hay gente con estupendas ideologías, seguro que las quiere imponer a sangre y fuego; y si hay gente con ganas de vivir en paz, seguro que son engañados por los anteriores. Así que, tampoco nos volvamos locos. La gente es buena, hasta que deja de serlo; y mala, hasta que las leyes le hacen recapacitar. Lo de construir argumentos que justifiquen el odio al prójimo y oculten los deseos de venganza de unos psicópatas es el pan nuestro de cada día en la historia. Los libertadores casualmente siempre fueron grandes asesinos con mucha propaganda.

Tradicionalmente se estudia el Antiguo Régimen (concepto bastante ambiguo) como la sociedad de estamentos privilegiados y no privilegiados. También es falaz. Se ha sustituido la palabra “clase opresora” por “privilegiada”, y “no privilegiada” por “clase oprimida”. Es una entelequia con el mismo recorrido. Si tuviéramos que examinar qué es exactamente un privilegio, constataríamos que estos existen en todos los grupos sociales, en todos los estamentos, y según qué tipo.

Habitualmente los historiadores dicen que los estamentos privilegiados son aquellos que no pagan impuestos; y los no privilegiados como los que los pagan. La diferencia jurídica ya había sido practicamente abolida en el siglo XVIII, incluso antes. No hay leyes para ricos distintas de las leyes de los pobres. La igualdad ante la ley ya estaba vigente en la modernidad, y en España desde los Reyes Católicos como poco. Por eso los historiadores afectos se centran en señalar en las diferencias económicas de los estamentos, pero tampoco era una diferencia categórica.

Así por ejemplo, en el siglo XVII era más habitual que un hidalgo se muriera de hambre que un campesino; el primero no paga impuestos, pero no puede trabajar en determinados oficios de pecheros; el segundo sí paga impuestos, y no puede trabajar en los oficios funcionariales y de gobierno. Había más trabajo en el campo que en los ayuntamientos, lógicamente. ¿Quién era el privilegiado? ¿Quién era el rico? ¿Quién se moría de hambre? También había hidalgos con pasta y campesinos hambrientos, así que no era cuestión estamental.

Lo que sucedió en la Edad Moderna, es que la división estamental dejó de satisfacer a la gente, y fue progresivamente abandonada cuando se universalizaron los impuestos. En Estados Unidos no necesitaron una Revolución-masacre como en Europa; y en España, la gente dejó sus dobles apellidos de hidalguía cuando terminó la guerra peninsular o guerra de la independencia. Si se pagaba lo mismo, ¿para qué servía ser hidalgo? Y se disimulaba no serlo.

La división estamental no la defendieron ni los aristócratas, ni los hidalgos, ni el clero, ni los campesinos, ni los artesanos o productores. Era lo que había, y los conservadores que no le gustan los cambios lo rechazaban, Conservadores como los gremios, entre otros.

Nadie defendió una sociedad estamental en la Revolución Francesa, ni al principio ni al final. No fue una conquista de los luchadores (asesinos) de la libertad y la igualdad, sino un abandono generalizado de una sociedad consteñida que no se sentía a gusto con tales normas jurídicas, (que no las sociales). ¿Pagar impuestos para que el Rey continuara haciendo el capullo? La aristocracia se negó y el clero se alineó al resto para formar un sistema monárquico parlamentario que luego se cargaron los que tenían ansia de poder, los genocidas de turno. Los estamentos los defendieron los que deseaban que las cosas estuvieran tranquilas, que no hubiera cambios incontrolables. Por eso en la Vendée masacraron a la gente, ¿el primer genocidio de la historia? Seguro que hubo otro antes.

En la Revolución Francesa no hubo lucha de clases, sino lucha por el poder. El débil que ostentaba el poder (el Rey) lo perdió por no leer a Maquiavelo, y una minoría se enfrentó entre sí para disfrutarlo aunque fuera por unos breves años dando por saco al prójimo. Durante ese tiempo masacraron, exterminaron, robaron y despellejaron a los enemigos de la Revolución, que es tanto como decir los enemigos que uno elegía según le convenía. Por eso los poderosos de la Revolución se terminaron asesinando unos a otros. Olvidando los principios que habían firmado una hora antes.

Marx inventó lo de la lucha de clases para justificar su incomprensión de la dialéctica Hegeliana. Los pobres contra los ricos, los buenos contra los malos. Y él con los buenos, claro. De las clases medias ni palabra. Destruyó con su entelequia la fraternidad de la Revolución Francesa, que era el principio más claramente cristiano de la tríada liberté, egalité y fraternité; y estableció el odio al opresor (que en cada momento cambia, ahora son los machistas y los ricos) para darse el gustazo de tener entretenida a la gente con la lucha, es decir el asesinato justificado.

La lucha de clases es simplemente la justificación para exterminar al otro. Es el argumento de la izquierda radical para repartir lo de los demás (robar), o para luchar por sus ideales (o sea ejecutar y asesinar a los que piensan distinto), pero es inexistente. Los primeros exterminados por Lenin, por ejemplo, fueron los campesinos. Se supone que la clase oprimida por los zares. En realidad la lucha de clases fue el argumento para acabar con la democracia y el parlamento ruso en su momento.

Por eso, cuando veo que se sigue hablando de lucha de clases, de clases sociales, y veo a gente con mucho odio en el cuerpo haciendo declaraciones belicosas contra los ricos; me pregunto si no caminaremos hacia una nueva guerra, a un genocidio de los que creíamos superados en el pasado.

 

Poema a la cruz desnuda. Pascua 2018.

Cruz desnuda de olivo,

cruz entregada.

Casa de los que sufren,

Hogar del alma.

 

Cruz vestida de sangre,

cruz de la gracia.

Semillero que alumbra,

vida entregada.

 

Cruz de los perseguidos,

cruz de la esperanza,

cruz que llevó en los hombros,

Cristo, en la mañana.

 

Cruz donde el amor murió,

donde el amor se levanta.

Cruz del que resucitó.

Al despertar el alba.

 

Cruz, de la cruz, de tu cruz,

de un Dios que nos acompaña,

Cruz donde lloró la Madre,

la misma que cuida el alma.

 

 

 

Feliz Pascua en el Señor Resucitado.

Antonio José López Serrano

 

La locura japonesa de ordenar o “La magia del orden” del método KonMarie.

Confieso que me le leído el libro de Marie Kondo LA MAGIA DEL ORDEN. Me impresionó casi tanto como las obras completas de Murakami. Los japos están locos y son peña divertida, y como todavía tengo pendiente saquear algún que otro armario para ordenarlo, pues ale. Vamos a entretenernos con el tema.

Por lo que he visto de refilón en el libro, los del país del sol naciente hacen cursillos para ordenar. Les debe poner mucho el tema y es una afición tan decente como coleccionar bragas usadas, disfrazarse de comic manga o comer sushi envenenado. Japón es todo eso y mucho más, por eso me encantan. En Japón hay gente dedicada por entero al negocio de ordenar la casa de los demás. Entran, estudian el mejunje de un frigorífico, por ejemplo, y te dan una solución estudiada y seria. Haga dieta. Queme su frigo. Cambie de perro. Lávese con jabón lagarto los oídos. Lo que sea. Leyendo el librito de marras me he enterado de que hay criterios distintos para ordenar. Y donde hay diferencias hay discusiones, debates, escuelas y tendencias diferentes. Viva Japón y su orden plural.

Explico esto, que tiene su aquel. La señora Kondo afirma que hay que tirar todo, menos lo que se quiere. Y para saber si se quiere algo hay que abrazarlo. Abrazas tus calcetines mohosos y te convences de si los quieres o si puedes pasar sin ellos. Haces lo mismo con tu pañuelo palestino de cuando eras gilipollas, y si el olor a rancio no te mata, te darás cuenta de que puedes regalárselo a tu vecino el listillo. Que es una forma de tirar las cosas puteando a los demás. Abrazas y besas la sartén donde se te pega la tortilla, pero que te ha acompañado los últimos treinta años de tu vida haciendo acampada libre, y entonces descubres que es única para tí. Te amo, sartén pegajosa. Y le haces un hueco junto al resto de tu selecta mierda. Así durante dos semanas o hasta que sacas veinte kilos de basura. Entonces te conviertes en un tipo feliz que se quiere a sí mismo.

Otras escuelas del sacratísimo orden tiran en plan Hawkings. Agujeros negros. Todo a la basura de inmediato. Quemas tu casa y empiezas de cero. Entonces enumeras tus objetos de entrada, y cuando llegas a una cantidad equis, pones un big crunch en la puerta del armario. Solo sale materia, no entra nada. Tampoco está mal, es expeditivo y tiene el efecto colateral de que puedes ordenar el barrio entero si el fuego se descontrola. Luego a la cárcel. Y allí, no tendrás mierda para quemar, ni para ordenar. Se supone. La felicidad te inundará si eres un pirómano loco.

Otros frikiordenantes son más benévolos con la condición humana y te piden que además de querer a tus objetos dándoles besos cada fin de semana, los selecciones lentamente en plan gulag. Los de primera categoría a la habitación de al lado, los de segunda al pórtico de la entrada, y los de tercera división a la perrera. Luego te compras el perro y tiras lo de dentro de la perrera. Y así hasta que salga todo lo indeseable y te quedes con lo de primera categoría. Este método lo debió usar la Preysler, que el otro día ví su casa, y era en ese plan. Ordenado y con gusto.

Está claro que la humanidad tiene un problema con el orden, y es que debe existir un gen del orden que nos agobia tanto como el gen del desorden. Nos encanta dejar la cervecita al pie del sofá, todo por no ir a la cocina. Pero al cabo de dos días, nos molesta la cervecita, que todavía sigue allí. Molesta más si es la cervecita de otro. Y molesta hasta cabrearnos si era la última cerveza que nos quedaba en la casa y han pasado tres meses sin probar una. Si hay abundancia de cervecitas, entonces se acumulan en el rincón, vacías y por miles. Una, dos, tres, cuatro… Cuando se ha ido la cosa de las manos, abrazas las latas de cerveza y tras despedirte de ellas las tiras a la basura en una campaña de orden y autoridad con los objetos. Para celebrarlo te tomas una cervecita, y vuelves a empezar.

El orden es una de esas obsesiones modernas que le entra a la gente cuando no le cabe la mierda en casa. Yo creo que es eso. No es importa nada el tamaño de la vivienda. De hecho, de joven viví en una casa de 315 metros cuadrados y la llenamos de cachivaches hasta el último rincón. Nos costó, pero tras diez años, no hay vivienda que se resista a acumular rincones de materia inorgánica por parte de la materia orgánica que la habita. El ajuar que se llama. Ahora mi casa no llega a los 75 metros, para mi que menos, pero tengo la misma sensación de estrechez. Si hiciera un inventario, llegaría la lista a varios millones de objetos, subobjetos y material oscura.

Estuvimos en Atapuerca. Da igual el antes o el después. Cuando la gente vivía en cavernas, llenaba la caverna de mierda, y luego se iba a la caverna de al lado a vivir. Gracias a ese desorden y descuido, la antropología ha avanzado una barbaridad. Está en nuestra naturaleza ser unos guarros y unos desordenados. Hasta que molesta, que es al día siguiente cuando te levantas y ves como está la casa, con trozos de pizza por el suelo y cervecitas en tu rincón preferido.

Entonces sí. Te cabreas a fondo, y tomas una determinada determinación. Te vuelves a leer los apuntes del cursillo japo, te pasas dos tardes tirando mierda, y te das por satisfecho. Yo aconsejo el método inquilino: una  buena mudanza y a tomar por saco. Te vas con lo puesto.

 

 

Poema dedicado al niño Gabriel Cruz. Asesinado el 27 de febrero de 2018 en Níjar.

Gabriel tiene nombre de ángel.

Y sonrisa de cielo.

Tiene hambre de vida.

De vida y miedo.

 

Gabriel tiene manos frías,

el niño ha muerto,

Lo asesinó la envidia,

En un triste febrero.

 

Gabriel se parece a mis hijas,

y al universo entero,

de niños que nos preguntan:

¿dónde está el pequeño?

 

Y quieren jugar contigo,

volar con tus mismos sueños.

sonreírte en tu cumple,

bajo el sol del invierno.

 

Y para mi, no hay respuestas,

ni su madre consuelo.

Perdona, Gabriel. Pequeño.

Pescaíto eterno.

¡Anda, reza por nosotros!

Tú que ya estás en el cielo.

 

Poema de Antonio José López Serrano dedicado al pequeño Gabriel Cruz y a todos los niños desaparecidos.

12-marzo-2018

 

Me aburren las feministas.

Pues sí. Me aburren soberanamente. Casi tanto como los catalanes. Además de ir de víctimas son unas plastas. Lloriquean por cosas que no suceden y por males que no padecen. Muere más gente de accidente de tráfico que señoras asesinadas por las parejas que ellas mismas eligieron. Y nadie se echa las manos a la cabeza. Si no sale en la tele gente con lazos de colorines para decirnos que ha muerto uno más en la carretera, ni hacemos minutos de silencio en las puertas de los ayuntamientos. ¿Por qué en la tele no salen más que pibas hablando y hablando de su monotema? ¿Por qué los políticos se licúan intentando aparentar que son más feministas que nadie? ¿Por qué tenemos todos (y todas) que pensar como estas pedorras salvo riesgo de ser unos grandes machistas?

A las feministas les importa un comino y una mierda el resto del mundo. Muere más gente por comer grasa y de cáncer que por ser transexual, pero nos dan tanto la paliza que parece que solo se mueran ellas, que solo ellas tengan hijos, y que solo ellas padezcan cáncer (de mama, claro, el de próstata les importa nada). Son egocéntricas a reventar, y totalitarias frustradas. Están potenciando la misoginia a pasos agigantados, porque son unas sectarias y es un aburrimiento poner la tele estos días, solo hay golpistas catalufos irresponsables y pibas quejándose y gritando por la calle como histéricas. ¡Qué plastas, coño! Antes el día de San Juan de Dios era un día precioso, 8 de marzo, pero esta gente lo ha llenado de consignas fascistoides. Nos quitan un santo estupendo que se desvivía por los pobres siendo pobre; y a cambio nos hacen una huelga política izquierdosa y cutre que da vergüenza ajena. Maś les valdría ocuparse de los pobres y dejar de mirarse el ombligo. Digo.

Este feminazismo se alimenta de que hay mucho gilipollas violento lleno de frustraciones porque sus padres le dieron todo lo que le apetecía. Es lo que pasa, si no educas a la gente se vuelve cabrona y se dedica a dar de yoyas al personal. En el mundo hay muchos tíos (y tías) que son violentos por estupidez y falta de cultura. Son gente frustrada, que no agrede por ser machista, sino por ser imbécil perdida. Todo el mundo sabe que los chicos no pegan a las niñas, pero como se han empeñado en decir que somos iguales, pues algunos tratan a sus novias creyendo que son sus colegas de borrachera. Son idiotas, de acuerdo. Pero son una minoría muy minoritaria, y no son violentos por ser machistas, sino por ser gilipollas y carecer de autocontrol. Las femiplastas han distorsionado la verdad que esconde la violencia humana, y solo ven sexos enfrentados donde deberían ver personas.

¿Se han fijado que en sus calendarios feministas no sale ni Santa Teresa de Jesús, ni Isabel la Católica? Es porque piensan que eran tíos con pelos en los huevos. Pues no. Eran señoras. Esta gente no pretende la igualdad ni el reconocimiento de las mujeres en la historia, lo que quieren es destruir lo que han ridiculizado previamente. Son realmente insoportables y son lo más parecido a una secta de jemenes rojos. En realidad odian (además de a los hombres) a las mujeres de toda la vida, a sus madres y a sus abuelas. Y por supuesto tienen un complejo de Electra mal resuelto odiando a todos los hombres del mundo mundial, en especial a sus padres varones.

Su movimiento e ideología es un sucedáneo del peor marxismo. Es lo que deducimos de su sectarismo. La lucha de clases es ahora una lucha de géneros, y para eso cualquier destrucción y enfrentamiento del enemigo es estupenda y fetén. Para eso no dudan en dividir la sociedad en cientos de géneros (opresores y oprimidos), ubicando como el gran enemigo el heterosexual macho de toda la vida, y a todos los que se oponen a su ideología. Estas estalinistas han acaparado el pensamiento políticamente correcto y se escandalizan como monjas reprimidas cuando un tío pasa de su rollito, o cuando nos escojonamos de la risa viendo como intentan hablar en femenino, en femenina y en femeninx. Son patéticas y dan cierta vergüenza ajena. Pero no lo pillan, porque creen que son guays y que están cambiando el mundo.

Tienen gafas con lentes patriarcalistas y solo miran el mundo a través de ellas. Todo es machismo y falocracia para esta gente, y desbarran por la tangente de la manera más torpe posible, que es intentando hacer un discurso inteligente. Son tan reduccionistas como lo fue en su momento el psicoanálisis, el comunismo o la sociología de Compte. Están ciegas y en su ceguera pretenden que todos pensemos como ellas. Son una secta y actúan sectariamente. lo mismo defienden que matar a sus hijos es un signo de “empoderamiento”, que solicitan pasta para abortar por deporte. Estas tías aparcan en doble fila, mean de pie y te insultan porque usas de la cortesía más elemental y de la educación que ellas pretenden destruir. Como todo es patriarcalismo social están empeñadas en cambiarnos a todos con sus ocurrencias. Obligan a que los niños jueguen con muñecas y odian a los padres que regalan cocinitas a sus hijas. Exhiben una superioridad moral que no tienen y nos quieren vender que salvo ellas que tienen la razón absoluta, todos estamos equivocados. Pero no. Ni la sociedad es patriarcal, ni ellas son estupendas, ni estamos equivocados. Como dijo el otro día ARCADI ESPADA su manifesto es “monjil y putrefracto”.

De hecho, su manifiesto del 8 de marzo es una basura. Ni siquiera está correctamente escrito desde el punto de vista gramatical. Pero claro, esas escriben como les salga del potorro, que para eso la RAE está llena de patriarcas fascistas. Y así con todo. Se creen superiores y en su sectarismo todo es machismo y falocracia. Menos ellas, claro; que tienen la verdad absoluta y viven iluminadas por sus gafas especiales.

Por suerte, no representan a las mujeres. Son tan solo una minoría chillona que hay que detener antes de que, además de aburrirnos, nos castren. Y es que el mundo está lleno de mujeres que no piensan igual que estas exaltadas. Las mujerse que piensan distinto deberían salir a la calle más a menudo. Expresar que aborto es un mal que ataca la sociedad, y afirmar sin ambages que optar por tener una familia equilibrada y normal no es un delito. Deberían contar más que no necesitan cuotas para alcanzar puestos de responsabilidad. Que valen mucho no por ser mujeres, sino por ser inteligentes, creativas y moderadas. Deberían contarnos que ser mujer no es nada especial ni distinto a ser hombre, que unas son estupendas y que otras son unas lerdas, igual que los tíos. Deberían contarnos que son personas, creativas, emprendedoras, trabajadoras, brillantes y fuertes, que son capaces del perdón y del amor, de la autoridad y de la firmeza. Y capaces de todo lo contrario, como los tíos. Que ser mujer no es nada especial, pero que tampoco tiene por qué renunciar – si no les da la gana – a las señas de identidad que les hacen distintas a los hombres .

En definitiva, no tienen que contarnos a todas horas que son mujeres, nos basta con que nos digan su nombre y su DNI. Solo así saldré a la calle a reivindicar lo que en justicia les pertenece. Lo que nos pertenece a todos y que las petardas de turno nos están robandonos año tras año con su fanatismo.

PD: Viva San Juan de Dios.

 

Pensionistas y jubiletas cabreados.

Imagen del blog de Bankinter

Viendo la pirámide, que camina a su inversión total, sospecho que en España tenemos un problema demográfico importante. Cada vez hay más abueletes. Así que, por mucho que mientan los dirigentes políticos en plan campanudo o mesiánico, no habrá quien pueda pagar las pensiones del futuro. Es cuestión de lógica, un sistema de protección social es peor si hay menos gente (o menos dinero) que lo pueda sostener.

En España caminamos directamente a nuestra extinción. Lo dice la demografía. En unos años, además de todos calvos, todos con bastón por la calle. Ahora tocamos a dos pensionistas por cada trabajador, y dentro de unos años tocaremos a un pensionista por cada trabajador. O cobramos la mitad los jubilados que lleguemos a la “feliz edad”, o pintaremos el dinero con brocha gorda.

Lo que no entiendo es de qué se quejan los jubilados actuales, los pensionistas de hoy. Porque son la generación de abuelos mejor tratada de la historia. Por lo menos en cuestión de pelas.

Viven cojonudamente, y no lo digo yo, porque lo dicen ellos. Como ahora no se ha vivido nunca. Tienen subvencionado casi todo y los entretienen mogollón. Los viajes en tren subvencionados, los autobuses gratis, los museos igual, bibliotecas en el barrio gratis, y vacaciones del imserso a precios de saldo. La gente esta se lo pasa estupendamente, disfrutan paseando, ligando cuando enviudan y disfrutando de la vida; que para eso han trabajado.

Las asociaciones de viudas, sin ir más lejos, están llenas de señoras majísimas; y los señores jubilados, además de mirar obras por la mañana, salen a pasear, se toman sus pinchos los fines de semana, y acuden al centro cívico más cercano para hacer gimnasia de mantenimiento. Y todo gratis menos las tapas. Si vas a la biblioteca está llena de abuelos leyendo el periódico, y no te lo dejan. Y si te pasas por mercadona no te dejan comprar tranquilo porque se enraciman charlando por los pasillos de lo tuyo y lo mío con carros gigantescos medio vacíos. En resumen: coño, que viven de p.m. Yo quiero jubilarme ya, oiga. Un dinerillo y a disfrutar.

Digo yo, que el gran problema de los jubiletas es la soledad, los achaques y otros asuntillos relacionados con el frío y el mal tiempo que impide salir a pasear, pero el dinero… No creo que necesiten mucho dinero para comprarse un chalet en Torrelodones, vaya. Si no se lo han comprado antes… no creo que les importe prescindir del tema. Así que no nos engañen ni nos mientan: la generación de los abuelos de hoy, vive mejor que nunca. Es la que mejor ha vivido de la historia (y creo que también lo será en el futuro), si no hubiera sido por la posguerra lo clavaban. ¿De qué se quejan entonces? Pues de que no les dejan ser jubilados a tiempo completo. Digo yo que es eso.

El jubileta contemporáneo vive peor que el de hace diez años. Es verdad. Tiene que llevar al cole y recoger a los nietos porque los gilipollas de sus hijos no han encontrado un trabajo conciliable. Y eso suponiendo que tengan trabajo, porque sino los tienen en casa molestando y dándoles el coñazo. Los jubilados no son idiotas y saben perfectamente que la sociedad actual está hecha para que la gente no tenga hijos, y eso condena a todos. Tener una edad y ver que esto va a peor no es para estar brindando con champán. Los nietos son una alegría, pero también dan faena. Si no tienen nietos malo; y si los tienen, también malo. Por eso están cabreados, me temo.

Si el jubileta tiene que acoger en su casa a sus hijos desempleados, está jodido. Si el jubileta no puede con su alma y los hijos lo mandan a una residencia y se reparten sus propiedades (cría cuervos), pues están muy requetejodidos, porque no tienen donde caerse muertos. Si los jubiletas se pudren en soledad en una residencia, pues están jodidos de soledad. Y si encima hay crisis y casi no hay obras que mirar todo el día, pues están aburridos, chungos y jodidos. Y por supuesto, muy cabreados. Y es para estarlo, porque antes había valores, educación, cierta cultura, y la gente respetaba a los mayores… en cambio ahora, no. Por eso están cabreados. Porque sus nietos son una basura de gente, todo el día con el puto móvil mientras sus padres curran en trabajos de mierda. Y tienen razón. Pero no se van a manifestar contra sus hijos, que son sangre de su sangre. Prefieren mirar para otro lado y quejarse de que no tienen dinero para mantener a los suyos.

El problema de los jubilados no son que las pensiones sean bajas. Están cabreados porque no ven futuro a este país. El problema es que de pura lógica, los hijos deberían sostener a los padres cuando son ancianos, y no al revés; que los abuelos trabajen gratis para los hijos cuidando a sus nietos, y sin poderse jubilar nunca, es una condena. Por eso están cabreados y enfadados. Y ese es el martirio de muchos abuelos. Que no les dejan jubilarse nunca, y que no ven futuro ni para ellos (que ven el cementerio cerca) ni para los suyos (que se han dormido en las pajas sin hacer los deberes).

Por eso, cuando el otro día vi a un montón de jubilados sindicalistas (estos también se jubilan, claro) cabreados por las calles de la teletonta diciendo que no tiene ni para el autobús, pensé que tendrían que tener una coartada para mentir. Porque lo tienen gratis. Y cuando una señora decia que le daban 600 euros y que no le llegaba, pensé que sus quejas eran injustificadas, pues no había cotizado nunca y le debía echar morro. Será de las que se llevan las Mirindas cuando son gratis en las fiestas del pueblo, porque no tiene sentido tanto lloriqueo en gente que ha vivido la posguerra y no aspira a tener un avión privado.

Así que, pensando, pensando, llegué a intuir por qué se quejan. Se quejan porque son los únicos que no se han quejado todavía. Y eso después de una guerra, una posguerra, una pertinaz sequía, una crisis zapatera y un golpe de Estado en Cataluña, tiene su mérito.

Por eso han salido a la calle, a pedir más pelas. Además tienen tiempo para ir a las manifas, porque el resto está currando para que ellos tengan pensiones. Claro. Será eso. Yo ya me froto la manos para cuando me toque. Si hay gente para pagar algo, digo.

Tonica Villascusa Martínez. La pianista de Yecla. (1869-1938)

Me piden que cuente cosas de Yecla y que lo haga de aquella mujer que amenizó el pueblo con su piano y su alegría. Les hablo de Tonica, mi bisabuela. Antonia Maximina Villascusa Martínez (1869- 1938). La mujer que casó con Rogelio Serrano Ros hacia el año 1900.

Tenía por nombre completo Antonia Maximina, y así aparece en el acta de bautismo que conservamos, de la parroquia de la Concepción de Yecla. Sus apellidos los heredaba de sus padres, Alejandro Villascusa Izquierdo y Pascuala Martínez Sauco. Sin embargo, siempre fue conocida por su nombre en valenciano: Tonica, pues se sentía valenciana por los cuatro costados, aunque fuera más yeclana que otra cosa.

Tonica nació en Yecla el 21 de febrero de 1869, al año siguiente de la Revolución llamada Gloriosa. La Gloriosa se llevó por medio a Isabel II y terminó entronizando a su hijo Alfonso XII en el periodo llamado Restauración, con Cánovas del Castillo como protagonista. Sexenio liberal, pues vale.

Seguramente fueron días de dificultad para su padre Alejandro, que tenía por oficio el de sastre de militares en Valencia. Abría su tienda en la plaza de los Cajeros, por la bajada de San Francisco, lugar céntrico muy cercano al mercado central de Valencia. La Valencia antigua del modernismo y la burguesía, la que Blasco Ibáñez retrató con buena pluma, fueron los lugares donde se crió y creció Tonica.

El caso es que Alejandro murió pronto, con unos treinta o cuarenta años, no lo sabemos; y dejó a su viuda Pascuala Martínez Saúco con la carga, la cruz y la bendición de una hija única llamada Antonia, Tonica. Pascuala no volvió a casarse y no tuvo más hijos.

No sabemos cuanto tiempo estuvo Tonica en Valencia de niña, pero lo cierto es que esa circunstancia obligó a la viuda y a la niña a regresar a Yecla. Sin embargo, no volvieron con una mano delante y otra detrás, pues Tonica había terminado sus estudios de piano en Valencia, con una edad cercana a los doce o quince años, y ese recurso se convertiría a la postre en la principal fuente de ingresos familiares durante toda su vida.

Regresaban además a Yecla, donde vivían otros parientes que les podían ayudar. Era el retorno al hogar, al pueblo, al lugar de los orígenes de Alejandro y de Pascuala. La ciudad del Turia marcó profundamente a Tonica, pues ella siempre se sintió valenciana, y el Tonica no es sino el nombre de Antonia en lengua valenciana. Siempre que pudo viajó en Valencia, lugar de la infancia feliz de la muchacha, lugar donde despidió a su padre.

No sabemos cuántos parientes cercanos y lejanos le ayudaron en Yecla, pues no tenemos tantos datos. Desgraciadamente, los archivos de la Parroquia de la Concepción – Asunción de Yecla fueron quemados durante la guerra civil española, impidiendo reconstruir parte de la vida del pueblo. La otra mitad del pueblo está en la Parroquia del Niño, cuyos libros sí que se guardaron, en casa del cura, para más señas. Y gracias a Dios. La investigación genealógica que realicé tiene como principal fuente la de los “Villascusas” por la parroquia del Niño, cuyos archivos he rastreado por internet de arriba a abajo.

Sabemos que Alejandro Villascusa tuvo varios hermanos, Antonio y María entre otros – eran muchos los Villascusa, decía mi abuela -. Por lo que tengo investigado, muchos de estos parientes vivían en la parte alta de Yecla, cerca de las calles de Santa Bárbara y de San Felipe. El Villascusa más lejano que he encontrado era un tal Alejandro Villascusa Palao, que fue peluquero en el siglo XVIII. Supongo que de él descienden los pocos Villascusa, Bellasescusa, y Villaescusa que hay en el mundo, y que están casi todos en Yecla y Murcia.

De la familia de su madre, de Pascuala Martínez Saúco, tampoco vivían sus dos hermanas cuando regresaron a Yecla. Belén la mayor, era una muchacha muy guapa, y se casó joven y bien, pero por desgracia, falleció pronto. La hermana pequeña, llamada Josefa, se casó con Pascual Santosnuevos, de los Rico, pero no tuvieron descendencia, pues ella estuvo enferma de hernia toda su vida y no pudo tener hijos.

Lo cierto es que Pascuala primero, y Tonica despues, fueron herederas de lo que dejaron sus hermanas y sus tías en gananciales, lo que debió desatar rivalidades y problemas en su momento con otros parientes más o menos lejanos de los conyuges. No obstante, entre un dinerillo aquí y otro allá. Imagino que de eso vivieron… alguna propiedad, y de dar clases y de tocar el piano.

Algo muy curioso. Del apellido Saúco no he encontrado a nadie en toda España que se llame así. Es un apellido extinguido, y me temo que Pascuala Martínez Saúco es de las últimas personas en llevarlo.

Vuelvo al tema. Tonica se ganaba la vida dando clases, pero también amenizando las fiestas y las celebraciones más felices. Allí donde había un piano, Tonica aparecía como la profesora, la mujer alegre de la música, que entretenía y se ganaba la vida con el oficio de sembrar notas de música y de felicidad. Era alegre, festiva, simpática y en las fotos que conservamos de ella muestra siempre una jovial sonrisa. Era una mujer guapa, con el rostro muy redondo. Y una mirada muy vivaz.

Tonica se casó tarde para la época, con unos treinta años aproximadamente, y tuvo cuatro hijos. Lo hizo con Rogelio Serrano Ros, que era algo más joven que ella, tres años menos de edad. Rogelio era primogénito de Juan Serrano el de la imprenta y era conocido de sobra en el pueblo. Tuvieron dos chicas primero, María (1903) y Amparo(1905); y dos muchachos después, Rogelio (1907) y Ricardo(1909). Cada dos años una nueva alegría en casa.

Sin embargo, Rogelio, su esposo, era un hombre de una condición distinta a la de Tonica, y quizás por eso fueron una pareja de contrastes. Era un hombre cerrado, poco hablador e introvertido. Seguramente era un hombre con cierta tendencia a la melancolía (hoy depresión). Fueron a vivir a la calle Boticas, hoy llamada Epifanio Ibáñez de Yecla, continuación de Corredera. En esos años primeros del siglo XX, el hombre completaba el sueldo de su esposa trabajando en el Ayuntamiento cuando había posibilidad, pues eran los tiempos de la cesantía, donde se trabajaba de manera discontinua según el vaivén político que hubiera. Rogelio fue cesante, por lo que también trabajó temporadas en la fábrica de “García: alcoholes y vinos”; tenía estudios de bachillerato de dos años, y ganó la oposición. Pero eran otros tiempos, bastantes más difíciles para los funcionarios que los actuales. Con menos derechos, y con vidas más sencillas.

Su hija mayor, María Serrano Villascusa aprendió también el oficio del piano, y fue así el soporte de Tonica en la música. Terminó codeándose con la alta sociedad madrileña. Pero no es la única de la familia que aprendió a tocar el piano, pues muchas de las nietas de Tonica también aprendieron música. Mi madre entre ellas.

Contaba mi abuelo Rogelio, que Pascuala, su abuela, les acompañó en casa toda la vida, hasta que falleció el 20 de mayo de 1928 en Valencia. Durante esos años seguramente ayudó a su hija en la crianza de los cuatro hijos, los cuales se abrieron paso en la vida en Madrid y en Valencia. Cuatro años más tarde falleció su esposo Rogelio Serrano Ros en Yecla. Al parecer perdió el trabajo en García Alcoholes y Vinos, y el hombre con una depresión de caballo se metió en la cama hasta que se dejó morir de pena. Quedó consumido, según contaba mi abuela en sus recuerdos, y falleció en el año 32, recién estrenada la República.

Tonica, viuda y con los hijos mayores y colocados, decidió irse a vivir con algún hijo, y decidió vender la casa del pueblo. La mala suerte hizo que la venta la hiciera durante la República, sin que le pagaran hasta los días de la guerra civil, en un dinero que no valió nada. Se quedó sin nada, como cuando salió de Valencia… y a Valencia regresó.

Valencia, la ciudad de su vida, volvió a acogerla en su hijo Rogelio, el único que escogió para vivir la ciudad del Turia. Los demás hijos prefirieron Madrid. Allí le llegaría la muerte en los días de la guerra civil. Era el año 1938, exactamente 28 de Mayo de 1938, cuando la primavera estaba en lo más alto.

Atrás quedaron sus notas de piano y su gusto por la música. De hecho, conservamos en casa algunos discos de gramófono de mi abuelo Rogelio, el cual siempre fue un amante fervoroso de la música. De la buena música. Escuchar cualquier piano, es como volver a escuchar a Tonica tocar. Esa suerte tenemos.

ROMAIN GARY y su novela LA PROMESA DEL ALBA. (Otro escritor olvidado)

Los buenos escritores casi siempre se encuentran agazapados en lugares inesperados. En este caso me topé con la literatura de Romain Gary de la manera más extraña posible. Me lo vendió un librero que tenía su chiringuito instalado en un centro comercial de Isla Ballena, en la costa onubense. Allí, rodeado de reclamos de helados, chuches para niños, hinchables, hamburguesas y menús de turista, hay una librería (supongo que seguirá allí) que se abría en los meses de verano. El hombre era algo más que un librero. Era un auténtico oferente de libros. Te preguntaba por lo que te gustaba, te obligaba a hablar, te recomendaba insistentemente, y al final te ofrecía un libro como si fuera una joya. A mi esa forma de vender me agota, pues si tengo algo claro es que una librería es un lugar de reposo, donde se mira y remira, y al final se escoge. Pero tengo que reconocer que el hombre acertó , y tomé en mis manos un libro que no me resultaba agradable al principio, y ante el que luego me he maravillado. Gracias librero. Me regalaste nada menos que a Romain Gary en LA PROMESA DEL ALBA.

Romain Gary es, por desgracia, otro escritor olvidado. Fue premio Goncourt en dos ocasiones, lo que le hace acreedor de ser muy bueno en las letras escritas en la lengua de Montaigne; y a fe mía que lo es. El libro que cayó en mis manos fue el de LA PROMESA DEL ALBA, que es además uno de los pocos traducidos que hay en lengua castellana. Escribió más de 35 títulos con distintos pesudónimos, pues su nombre verdadero era ROMAN KACEW, nacido en Vilna en 1914, y de origen judío ruso.

Su vida es tan interesante y asombrosa como su obra, y de hecho, LA PROMESA DEL ALBA, es un relato autobiográfico, muy entretenido y fascinante, de una parte de su vida en la que estaba muy vinculado a su madre. La historia es sencilla. El padre de Romain los abandonó, y su madre inventó que el padre de la criatura era una estrella del cine polaco. Con eso está todo dicho. Su madre y él vivieron en Polonia primero y en Niza después. Allí aprendió francés y decidió dedicarse a escribir. Se alistó y luchó como piloto de aviación en la resistencia, y fue condecorado numerosas veces. Obtuvo la Legión de Honor y la Cruz de Guerra que recibió de Charles de Gaulle. Un héroe de guerra, desde luego. Esa es la historia que cuenta en esta novela que cayó en mis manos.

Pero Romain Gary es mucho más. Hablaba perfectamente inglés, ruso, francés y alemán, y entendía bastante bien español, polaco, italiano y lituano; además de yidish. Fue diplomático y representó a Francia en numerosos lugares, entre ellos en la ONU durante unos cuantos años.

Su valía en la guerra y en las letras lo catapultó en la sociedad francesa de entonces. Romain tuvo buena amistad con André Malraux y con Albert Camus. Se casó con la escritora Lesley Blanch y luego lo hizo con la actriz americana Jean Seberg. Debía de ser un tanto amigo de la fiesta, de la vida disoluta y juerguista, pero también era un hombre apreciado, con suerte y con fortuna para la vida. Participó en bastantes películas, filmes y series de televisión. Incluso dirigió alguna. En Jerusalén existe un Centro Cultural Francés Romain Gary, lo cual es indicativo de que estamos ante ese tipo de aventureros, escritores polifacéticos que cuando pueden nos ofrecen lo mejor del ser humano en pequeñas dosis. Romain era además un rebelde, un rebelde con causa, claro.

Como escritor ganó el Goncourt en dos ocasiones. Es el único, y eso le valió que se generara una polémica en torno a su persona. La primera ocasión ganó con el pseudónimo de Romain Gary, Los racimos del cielo, en el año 56. La siguiente ocasión lo hizo con otro pseudónimo, el de Emile Ajar, La vida ante sí, en el año 75. De hecho usó varios pseudónimos más durante su carrera literaria, pues además de los mencionados también firmó varias obras como Fosco Sinibaldi, y como Shatan Bogat.

La polémica del segundo premio Goncourt (en 1975) tuvo incluso repercusiones legales, pues no se resolvió el asunto hasta cuatro años más tarde. La osadía de Romain Gary fue sonada. De esta forma se mofaba de los críticos literarios, los estúpidos que reparten galardones y pontifican hablando de libros como si supieran lo que dicen y lo que venden. Esos mismos que habían tachado a Romain Gary como escritor romántico y trasnochado, tuvieron que tragarse sus palabras cuando descubrieron que Romain Gary y Emile Ajar era la misma persona. Y es que al señor Ajar lo habían ensalzado como de un gran joven escritor, un genio desconocido y con mucho futuro.

Seguramente pesó la política, y Gary, que fue héroe de guerra al igual que De Gaulle, al que admiraba abiertamente, no era tan apreciado en la Francia de los culturetas, la gauche divine, de los años 70. Una vez más unos nacen con estrella y otros acaban estrellados. Lo cierto es que el final de Gary fue trágico, pues se suicidó en el año 80 en Paris, aunque otros opinan que fue asesinado. Su esposa Seberg se había suicidado catorce meses antes, y solo dejó unas letras escritas: Aucun rapport sans Jean Seberg, “ningún informe sin Jean Seberg”. Misterioso.

Nos quedan sus libros, que por desgracia no están traducidos al castellano más que unos pocos títulos. Supongo que será por lo mismo por lo que fue ninguneado en Francia. Por lo mismo que se lee a Antonio Machado en las escuelas y no a Manuel Machado. Digo yo.

 

 

Imaginando el futuro. Virgencita que me quede como estoy.

Es uno de los temas que más que mola, el futuro. Pensar en lo que sucederá cuando no estemos aquí. Me imagino que si se llega a conseguir, gente que no muera, será a costa de que no nazca ni uno más. Pero quiero ser realista, así que vamos a por la tecla del ordenata con prestancia y vamos a desgranar lo que de verdad sucederá. Átense los machos que entramos en materia.

Dios mediante, es decir, siempre que no se acabe el mundo el próximo mes; que no sería raro dado el devenir humano, probablemente seguiremos muriendo. Es probable que en algunos lugares se consigan avances médicos infinitos, de esos que hacen flipar a la peña, pero precisamente por eso, no creo que estén disponibles para la mayoría de la población. De hecho, en la actualidad, la mayoría de los avances médicos no están disponibles ni son cercanos a una inmensa parte de la población. Unos avances que hagan a un 20% de la población inmortal son simplemente un insulto para el resto de la humanidad. Se generalizaría el exterminio de los inmortales mediante bombas de mano y accidentes de tráfico. Nada. Mejor nos quedamos como estamos, todos mortales y ya está.

Lo que sí estoy seguro es que algunos continentes soportarán a otros. Africa, por ejemplo, seguramente será un inmenso basurero, donde los detritus, los electrodomésticos viejos, los residuos nucleares y los plásticos recogidos de los países con conciencia ecológica, o sea de nosotros, camparán por todo el continente, de norte a sur. Digo yo que descubrirán, un año de estos, que la antártida es un excelente lugar para almacenar basura, y lograrán cambiar las condiciones del continente helado. La basura nos comerá, así que habrá que prepararse para enviarla al espacio. Será la tercera fase del ecologismo pacifista. Total, la basura espacial ya existe, y por un poco más… pues eso. Mejor nos quedamos con la basura que ya tenemos, y ni un poco más.

Lo de los móviles será un cambio curioso. La gente no llevará el móvil fuera del cuerpo, sino metido en su cerebro. Bastará con conectarse mentalmente a cualquier sitio güebe para ver las chorradas y los chistes del día que fluirán como el magma. La mente dejará así de ser un espacio íntimo para convertirse en un lugar comunitario. Será curioso pillar a los pederastas, a los machistas y a los librepensadores tocando los huevos al personal con pensamientos tóxicos. Igual que ahora en las redes sociales, pero en plan mental. Todos conectados y todos hablando sin que nadie escuche nada. Molará. Por supuesto habrá antivirus para evitar que nos inunden los malos con sus raciocinios provocadores. Antivirus vendidos por los mismos fabricantes de móviles intercerebrales. Seguramente nos saludarán con una frase certeza: Bienvenido a tu cerebro de gilipollas.

Por supuesto, es fácil de deducir, no habrá novedades musicales, ni pelis nuevas, ni libros ni nada artístico novedoso, porque el pirateo será tan generalizado que se llamará cultura solidaria. Las descargas serán legales, pero no habrá nada que descargarse, porque casi nadie podrá pensar nada nuevo sin que se lo pillen y se lo roben de la cabezota. Eso sí, habrá gente que estará todo el día recitando a Neruda. Ale, que os den.

La comida será igual que la de ahora. Un buen cocido, como el que nos pimplamos el domingo pasado, no puede extinguirse. Pero cambiarán los ingredientes, y será un cocido sin chorizo, sin tocino, sin gallina, sin ternera y sin jamón. Ganarán los hervíboros que nos obligarán a comer brócoli. Será una mierda de cocido, deconstruido y sin parecido al actual, pero es lo que hay. Siembra polvos y recogerás lodos.  Salvo los subversivos cristianos, que seguirán zampando cerdo a tutiplén, el resto declarará al cocido comida non grata, antisolidaria y nefanda. Lo dicho, mejor nos quedamos como estamos, y seguimos comiendo cocido y yendo a misa.

Si triunfan algunos postulados actuales, seguramente la humanidad esté llena de abuelos bicentenarios en los países ricos; y de cadáveres los países pobres. Casi como ahora pero más. El sexo será un gran negocio, y probablemente haya un importante intercambio de jovencitos que satisfagan las ansias de los aventajados y envejecidos sabios de la humanidad. Será un gran mundo, lleno de avances y de esclavos. La mayoría de edad estará en los 75 años, y el resto será una panda de adolescentes que no podrá gozar de derechos, pues no estará preparada para ello. Casi como ahora, que la adolescencia llega a los 25 años, según los sociólogos en extinción. Mejor que ahora no será, no. Ver para creer, oyes.

No habrá sexos ni géneros. La gente se extirpará los genitales nada más nacer y se implantará micropenes de caracol, para poder masturbarse a gusto. Los más radicales estirparán sus micropenes a los cuarenta y dos años y se instalarán una lechuga para dar ejemplo de independencia y autenticidad. Será la leche, porque eso hará que prolifere la cría del caracol hermafrodita. El dato más negativo será que el aborto de hueva de esturión será castigado con una semana de vacaciones a un basurero africano, sin pena revisable ni nada.

La educación no estará informatizada. Tampoco habrá profesores ni maestros. En realidad no habrá educación. ¿Para qué sirve la educación si ya tendrán los móviles en la cabeza? Lo que habrá serán antivirus más potentes y grandes programas de mejora cerebral para el rendimiento y la vida moderna.

¿Sigo? Venga un poco más, que me mola.

La gente no viajará, porque será peligroso salir de casa. Lo más probable es que la gente viva en casas aisladas y pequeñas. Tendrán todo lo que necesitan en ellas. Una planta, un perro, y una pantalla conectada a alguien que nos suministrará el cocido deconstruido. Para hablar con alguien ya estarán nuestras cabezas. Digo yo que algunos habrán salido del planeta, pero será por no compartir tanta mierda con el resto. No habrá pobres en el mundo, porque los habremos extinguido desde el norte con nuestra basura radioactiva. Igual queda el de mad max, pero no creo. Lo que sí habrá serán algunos independentistas catalanes colgando su banderola en la cola de sus mascotas e insultando a los vecinos. Habrá que mandarlos a África por pesaditos…

La religión existirá en clandestinidad. Estará perseguido rezar y tener alguna idea relativa al más allá que ponga en peligro el nuevo equilibrio mundial. A pesar de la propaganda constante, habrá cristianos… y es que algo esperanzador tendrá que haber. ¿No? Me los imagino celebrando la Eucaristía y comiendo fraternalmente un plato de cocido  clandestino, con su chorizo de invernadero y su tocino rancio. Será los Domingos, claro. Un día que ya no existirá en el calendario laico del planeta.

Virgencita, Virgencita… ¡qué me quede como estoy!

 

 

¿Autopublico o lo cuelgo en amazon? Consejos de un escritor.

Me han lanzado un guante y escribo. ¿Por qué no? El otro día desde facebook alguien, en esas múltiples páginas de lectores y escritores en las que estoy presente, se preguntaba y nos preguntaba por el asunto. La persona en cuestión mostraba sus dudas si acudir a amazon o autopublicar, pues tras escribir un libro, no sabía con claridad qué hacer con él. Apostaba por amazon, pero le surgían dudas, porque evidentemente, no es oro todo lo que reluce en el mundo. Así que me lanzo, me atrevo y echo una mano a los escritores nóveles que puedan pasar por aquí, que son unos cuantos, supongo.

Lo primero que tiene uno que decidir, se supone que ya tiene algo escrito y que no es una basura, es a cuánto público quiere llegar. ¿A miles de millones? Vale, colega. Entonces necesitas miles de millones de euros en publicidad. Es así de simple. Los libros se compran si se conoce el libro en cuestión y te han hablado bien de él. Se venden cuando te lo recomienda alguien, si el autor es conocido, aunque sea porque sale en la tele, o escribe en una revista o un periódico, o tiene seguidores porque es alguien que nos suena. El resto, incluso los anteriores, necesitan de publicidad y mucha. Además, la mayoría de la gente en este país no ha leído nada en su vida, ni lee, ni leerá.

No estoy diciendo nada nuevo. Las editoriales grandes (y pequeñas, qué coño) no apuestan por autores desconocidos que tengan que gastarse un pastón en publicidad. Para ellos un libro es un negocio, y les da igual vender a Dan Brown, aunque sea una mierda que a Murakami, que está mejor. Ellos lo que quieren es ganar dinero. Y ya está.

Las editoriales, las distribuidoras y las librerías viven de este tipo de libros, los best seller. Habitualmente publican libros que ya han triunfado fuera, sobre todo en EStados Unidos y aquí los traducen sin más, la publicidad ya la tienen medio hecha, y les basta con poner ” el libro que ha cambiado la vida sexual de las amas de casa de medio mundo” para que las 50 sombras de Gray se venda como rosquillas. Aunque sea malote, que ya lo sabemos. Un dato, España publica muchísimos más títulos de autores extranjeros que nacionales, a diferencia de Francia, Inglaterra o Estados Unidos. Aquí no arriesgan por una cultura propia, y lo entiendo. Es su dinero y hacen con él lo que les sale del susodicho; pero eso nos hace entender la sensibilidad que hay por los nuevos escritores.

Si escribe un libro Ana Rosa, la Belén Esteban o el Cristiano Ronaldo, tiene las ventas aseguradas porque ya son conocidos y tiene tirón. A pesar de todo… no se gastarán demasiado en publicidad, salvo que piensen que lo van a recuperar de largo. Nadie tira el dinero a cambio de nada. Por eso, si quieres que tu libro se venda, tienes que publicitarte y vender tu producto. Y hay que pensar que quizás no recuperes lo que has invertido.

Por eso te preguntaba que cuánto quieres vender. ¿Amigos, conocidos, desconocidos, tu ciudad, tu comunidad autónoma, tu país, el mundo entero? Decídelo mirándote el bolsillo, porque nadie arriesgará por tí y por tu libro. Lo siento si soy demasiado realista, pero escribir es un negocio cuando quieres vender tu libro.

Vamos con AMAZON. Colgar un libro en amazon no garantiza que se vaya a leer ni a descargar. Si nadie te conoce, nadie lo leerá. La publicidad te la tienes que pagar tú de tu bolsillo, incluso ni eso. Este tipo de plataformas de libros (hay unas cuantas por ahí) ofrecen un hueco en la web para que cuelgues lo tuyo, la gente se lo descargue y al escritor le den unas “regalías”, un dinerito por libro. Evidentemente, el escritor no arriesga mucho (la publicidad si se la quiere pagar), y la plataforma arriesga todavía menos, pues tampoco tiene por qué publicitártelo. Ellos (y tú, mi querido juntaletras) ganan algo gracias a tus amigos y conocidos, que suelen ser los primeros que se animan a leerte. Eso es fundamental.

La gran ventaja de amazon, en mi opinión, es que permite descargas en cualquier lugar del mundo. Y eso para los que escribimos en lengua castellana es una ventaja. Pero hay que publicitar el libro también en México, Colombia o Estados Unidos, por ejemplo, para que te lean allí. Lógicamente necesitas una página web, o un blog, estar en las redes sociales y crecer en relaciones para que te vean y te conozcan. Un blog, algo para ir haciendo amigos… para que cuando alguien quiere saber de tí y de tus libros te encuentre y te descubra como un nuevo escritor.

Amazon tiene también la ventaja de que fabrican libros en papel según la demanda del usuario. Y tardan no demasiado en llegar a cualquier rincón del mundo. La calidad de tales impresiones bajo demanda no son demasiado buenas, aunque se puede revisar y controlar el proceso de edición con cierta facilidad. Pero es igual que lo anterior. Si nadie conoce el libro, nadie lo comprará. Incluso poniendo el libro gratuito en internet, la gente no se lo descargará si no lo conoce. Además, hay un exceso de oferta de libros gratuitos en la red.

AUTOPUBLICARSE es una opción que yo he hecho con bastante éxito. Cada vez más gente se lanza a ello. El precio se calcula multiplicando por cuatro (a veces por tres para que salga barato) el coste de cada ejemplar. Tú fijas el precio, buscas una editorial imprenta que se dedique a ello y pides presupuesto. Yo he trabajado con UNO Editorial y con Ambrosio Rodríguez y lo hacen bien.

El problema de autopublicar es vender, no fabricar el libro. Las librerías son las tiendas donde se venden libros, pero las librerías no pueden poner miles de libros en sus escaparates. Tampoco los libreros tienen porqué recomendar tu libro cuando a ellos les da igual vender uno u otro. Las montañas de libros que usan en carrefour, el corte inglés o la casa del libro son medios de publicitación. Realmente no venderán ni la cuarta parte de esas torres, pero es la manera de que cuando un comprador entre en una tienda se fije en esos libros. ¿Qué libros son esos de las montañas de libros y del escaparate? Lo has adivinado, los de las grandes editoriales, que generalmente son lo de los autores más conocidos. De nuevo la publicidad. Y es que esas editoriales pagan pasta por tener su montañita en la entrada de la tienda.

Por cierto, las librerías suelen llevarse un 30% del precio del libro.  Te tocaría llevar el libro tú mismo a la librería, porque si buscas una distribuidora que haga ese trabajo (es la opción que acabé teniendo) te pedirán el 50% o más, y ellos darán su parte a las librerías. Por supuesto, los libros que no se vendan te los devolverán y se almacenarán por si alguien los pide. Nadie lo va a pedir si nadie sabe que existe tú libro.

También se puede vender el libro directamente, y te llevas todo lo que ingresas por venta. es la manera de ir pagando la edición. Cuantos más ejemplares hagas, más tienes que vender, porque más te costará recuperar dinero.Yo me lancé con 200 ejemplares, y luego he ido haciendo más y más (de 50 en 50) según se han ido agotando. De esto hace ya cuatro años. Autopublicarse hace que el libro no se agote tan pronto como en una librería, pues tú lo mantienes vivo si lo sigues vendiendo y publicitando, aunque es difícil.

¿Qué dónde se venden libros autopublicados?

Las presentaciones ayudan a vender libros, las firmas en librerías y las promociones personales que se haga en medios de comunicación mucho más. Cuanto más salga uno en prensa más se vende un libro, cuanto más se publicite uno, más libros venderá. Normalmente los amigos y conocidos suelen comprarte el primer libro, y en ocasiones, si va bien la cosa, habrá gente que le gustes y que compren todo lo que saques. Los lectores mandan. Pero el universo en el que nos movemos será limitado. Tan limitado como el mundo al que tu libro llega realmente y es conocido. Recuerda: nadie compra algo que no sabe que existe. Si eres conocido en tu ciudad, venderás allí, pero no en el resto del planeta.

Tampoco los grandes escritores (los conocidos en España me refiero) venden demasiado. El pirateo los está machacando, y además están controlados y sometidos a las presiones de las editoriales para que escriban más como Dan Brown que como Marcel Proust. De la escritura no se mantiene casi nadie. La mayoría son periodistas o tienen otras profesiones más estables. Yo soy profesor, como has podido comprobar.

Otro campo, los PREMIOS. Los premios literarios siempre son interesantes y agradables de recibir. Muchos de ellos están amañados por las grandes editoriales para darlos a autores que ya venden, y que de esa manera van a vender más. Fíjate en los que ganan los grandes premios en España… casi todos son grandes editoriales que ponen a competir a SUS escritores. Forma parte de su publicitación. Si no estás en ese círculo, no conseguirás demasiado. Pero hay otros premios, los medianos y pequeños, que suelen ser más libres y auténticos, y que dan satisfacciones. Yo no suelo ir tras ellos, pero están bien y permiten la libertad de escribir lo que te apetezca, aunque eso no te garantice ganar. Los AGENTES LITERARIOS son parecidos a las editoriales, solo que querrán sacarte el dinero dándote unos consejos para que tu libro sea mejor libro y se venda mejor. O sea, más Dan Brown. Hay de todo, pero es un mundo cerrado donde hay que vender productos llamados libros.

Por cierto, si publicas en amazon, ya no puedes optar a esos concursos, pues dejan de ser obras inéditas.

¿Mi consejo? Disfruta escribiendo, y escribe para que “alguien” disfrute leyendo. Llegar a unos pocos, o a unos muchos, es lo de menos. Cuando hay una buena historia que contar, y hay palabras hermosas para hacerlo… ¿a quién le importa lo que opinen el mundo?

 

 

 

 

Comprando ropa rota en siglos precedentes.

Siempre me ha parecido extraña esa costumbre de comprar pantalones con más agujeros que un queso de gruyere. Ropajes descosidos y con otras adolescencias más propias de un pobre de pedir, que de una compra en gran hipermercado de postín. Pero la moda es así. Te venden ropa vieja al precio de la nueva porque está envejecida a posta. Y es nueva, aunque parezca sacada de un basurero. Eso sí, cuando tiras la ropa no sabes si está vieja o no. Yo la guardaría, maś que nada para el futuro, no sea que la autenticidad de la basura se termine valorando como un plato exquisito. Digo yo que en el siglo XXII contizará mogollón disponer de unos viejos pantalones rotos y sin estrenar del siglo XXI. Cosas veredes…

Pero el tema no es nuevo, aunque lo parezca. O mejor dicho. Ropa vieja o rota, desgastada y demás, siempre se ha vendido; ahora la venden al precio de la nueva, pero siempre se ha intercambiado por roperos, venderos y ropavejeros. En siglos precedentes, antes de la revolución industrial, era común que algunas personas tuvieran el oficio de prederos y tuvieran en los bajos de su hogar una “casas de prendas”, que era el lugar donde se compraba y vendía ropa de personas fallecidas, por ejemplo.

Ahora tal moda se ha perdido, pero ya volverá, ya. Los prenderos y los ropavejeros (que así se llamaban) andaban por la ciudad rescatando telas y piezas de vestidos viejos o ropas usadas para darle con su arte un nuevo rostro. Algunos descosían algo, remendaban si sabían. Y si tenían instrumental se ocupaban en mejorar los productos para venderlos de segunda mano. Mercadillo a tope, que se llama.

En Valladolid hubo una calle Ropería, Roperos o Trapería en la prendería, que estaba en uno de los tramos de la calle Angustias. Allí se podía encontrar gangas de finados y demás fallecidos de manera ilegal. En la época estaba prohibido para estos gremios comprar tal ropa si procedían de las almonedas, que era donde acababa. Pero sucedía lo contrario. Lo de siempre, prohibido buscarse la vida y ponemos puertas al campo.

Los oficiantes de tales desempeños ya he dicho que se llamaban prenderos, que en sentido estricto eran los que compraban y vendían ropa usada. Realmente no la producían. Y tenían prohibido por el gremio competente fabricar ropa nueva. Apechaban con la vieja, la mejoraban para que pareciera nueva, la entrecosían y la revendían. Casi lo contrario que ahora, que hay gente que gana su salario envejeciendo pantalones vaqueros y descosiéndolos a propósito para darle caché al agujero.

No debía dar demasiado dinero el tema, pues muchos de aquellos prenderos, con el tiempo, terminarían ampliando su mercadeo a las alhajas y a los muebles viejos. Eran el antecedente de los traperos, o sea, gente que mercadeaba trapos y que hoy trabajan en otro tipo de tiendas con corbata verde y pajarita. Los tiempos cambian, amigo, y hay que adaptarse.

Lo cierto es que eran, en el buen sentido de la palabra, magníficas alimañas de los difuntos y los entierros. Me hubiera gustado estar allí, viendo como unos vecinos iban a llorar al muerto, y como otros visitaban su fondo de armario rebuscando gangas para comprar a la viuda. Total, el traje no se lo va a poner nadie y se puede aprovechar antes de abrir el testamento y repartir el ajuar. Desde luego no necesitaban periodos de rebajas, porque muertos los había y los hay en cualquier época del año. El muerto se enterraba con su mejor traje, o con el hábito de la cofradía, si hacía falta, y el resto, que igual tampoco era mucho, o casi nada, al mercadillo de los trapos.

Competían estas gentes con los sastres, que eran un gremio pujante y numeroso que tenía por oficio lo contrario: fabricar con telas nuevas, trajes estupendos. Ser “el sastre del campillo” era el nombre jocoso que se daba al sastrecillo que daba puntadas y no cobraba nunca de nadie. Sastres eran gentes de mucho mejor oficio que los prenderos, pues cortaban y cosían vestidos. Los especialistas en gorros, gorras, monteras y birretinas eran los gorreros, que también tenían oficio propio y que trabajaban con lana o con piel. Vinculados a los sastres hubo muchos especialistas, que no siempre tuvieron posibilidades en Valladolid de hacer negocio, pues la ciudad perdía habitantes, y no había para todos.

Hubo, en la segunda mitad del siglo XIX, el oficio de barraganeros, que trabajaban telas hiladas con lana de diferentes colores (barraganes); en cambio los burateros fabricaban buratos, que eran tejidos más livianos con los que pasar menos calor en el verano para las personas que guardaban luto. Esto debía dar poco dinero, la verdad.

Los coleteros hacían coletos y tejidos de lana, los caperos se dedicaban a las capas y capotes y los toqueros a las tocas, que cubrían la cabeza por adorno o abrigo. Calceteros fabricaban calzas, calcetas y calzones, y los juboneros jubones. Los de las mantas y demás eran otros oficios gremiales, manteros, estameñeros, etc.

Entre mis antepasados hubo varios sastres, y por varias ramas. Era un oficio apreciado, muy digno y de una elevada condición social, aunque no llegara a eximir de impuestos. Lógicamente los sastres se valoraban según la gente a la que vestían. No era igual el sastre de un rey, que el sastre de un burgués. En Yecla encuentro que los que eran sastres provenían de Almansa, y también encuentro sastres en Ayora, por línea paterna. Hermanos de mi bisabuelo hubo varios sastres, algunos dedicados a vestir a militares en ciudades con oficiales y caballeros, como en Valencia o en las colonias africanas de Fernando Poo e Ifni.

Los sastres, además de vestir y coser a la gente, también le darían a la sin hueso, pues eran lugares, las sastrerías, donde abundaba la plática y arte de la conversación. Entre un poco de tabaco y un mucho de refrigerio, pues pasaba uno el día cascando y ganándose la vida.

El oficio se fue extinguiendo en el siglo XX. Aterrizaron el mundo las ropas de usar y tirar que ahora se vende por toneladas, y ahí estamos. Comprando en rebajas y tirando porque no nos cabe en casa. La revolución industrial acabó con los gremios, pero también con la buena ropa y la mala ropa. Ropa impersonal para la masa.

Hoy día, nadie se arregla un traje rozado, ni recose telas viejas. Se compra algo nuevo y punto. Lo curioso es que hayamos terminado vistiendo con ropa rota y avejentada de máquina, y que nos la cobren como si fuera nueva. Me imagino las risas del gremio de prenderos si levantaran la cabeza. Seguro que después de reirse nos llamarían tontos.

 

El viejo libro de mi tatarabuelo: Juan Serrano Cerezo.

Reconozco que tengo un punto caprichoso; por eso me he comprado un libro que editó mi tatarabuelo, por parte de madre, padre, padre en la imprenta de YECLA, en Murcia. El libro debía andar desde hace tiempo por Valladolid, pues parece ser que se lo regaló el escritor, que fue notario en Yecla, un tal Manuel Redondo Reinoso, a un  amigo suyo de Valladolid Santiago Mercado González, que lo era también de la Catedral Metropolitana de Valladolid.

La vida da muchas vueltas, desde luego, y este libro ha llegado a mis manos esta misma tarde, procedente de una librería de viejo de Urueña. El ejemplar es de 1890, y realmente tiene  valor sentimental, que no el crematístico, pues realmente el libro está desfasado totalmente, al tratarse de Formularios de Derecho para Juzgados Municipales.

Es curiosa la vida cuando empiezas a indagar. Este señor, mi tatarabuelo Juan Serrano Cerezo, se casó con mi tatarabuela Amalia Ros Azorín, que era a su vez, sobrina carnal de Antonio Azorín Puche, el que da nombre al Azorín de la novela. Por aquel entonces estudiaron sus hijos en los Escolapios de Yecla, el mismo lugar en el que también estuvo interno durante ocho años el escritor Azorín, José Martínez Ruíz, que nació en junio de 1873.

Mi bisabuelo Rogelio Serrano Ros, primogénito de Juan Serrano Cerezo el de la imprenta había nacido seis meses antes, el 29 de diciembre de 1872. No hay motivo para no pensar que estuvieran en la misma clase y que se conocieron y fueron compañeros. De hecho su padre era de Yecla y su madre de Petrel.

La imprenta, al parecer, la heredó Juan Serrano de su suegro Leonardo Ros y Ferrer, que tiene la consideración en el pueblo de ser el primer impresor que hubo. Llegó de Fuente la Higuera (Valencia) antes de mediados del siglo XIX y se estableció en el pueblo con el oficio de escribano.  Se casó con Joaquina Azorín Puche, hija del los hidalgos de la familia Azorín Vicente y de los Puche del siglo XVIII por el pueblo. Al fallecer Leonardo Ros en 1888 dejó la imprenta a varios de sus hijos, entre ellos una parte a su yerno y su hija, Juan Serrano y Amalia Ros.

Sabemos que Juan Serrano Cerezo era ciego, condición habitual de muchos impresores. Con el tacto confeccionaban las planchas de la imprenta dada su sutil rapidez y velocidad con los dedos. Este libro lo hizo probablemente con sus manos. Las planchas que él compuso.

La imprenta fue heredada no por mi bisabuelo, Rogelio, sino por su hermano Adolfo, también ciego, que a su vez dejó la imprenta a su hija Amalia Serrano hasta que cerraron, quebraron o algo que sucedió por el siglo XX en los años previos y posteriores a la guerra. Hubo por tanto dos o tres generaciones de impresores que llevaron el nombre de Serrano, y que simpatizaron más bien con las posiciones liberales. También sabemos que publicaba estampas de la Virgen del Castillo y demás folletos de corte litúrgico, luego editaron varios periódicos liberales en los años de la guerra con Cuba; pero este libro, es el único del que tengo noticia que se publicara en la imprenta a finales del siglo XIX.

También viene en el libro la dirección de la imprenta, Plaza del Teatro 17. Hoy la calle toma el nombre de Alfarería, tras ser durante mucho tiempo plaza calle del Teatro, y después General Mola. La casa de mi abuela no está, y tampoco queda ni rastro la imprenta. Pero mi abuela se acordaba haber observado a las máquinas trabajar siendo ella pequeña. Sería 1915 aproximadamente. Ella tuvo amistad, una fortísima amistad con Amalia Serrano, la heredera de la imprenta, y por supuesto, casó con el nieto de Juan Serrano Cerezo, llamado Rogelio Serrano Villascusa. Siguiente generación.

Aquellas amistades se las llevó el viento, igual que la imprenta, los libelos libertarios, y las clases compartidas en los Escolapios, que fueron arrasados por la guerra. Nos queda el recuerdo. Y este libro que lleva su nombre y sus manos. Y nos queda Azorín y nos quedan sus libros. ¡Qué sean bienvenidos a las mesitas de noche!

Hoy rezaré por mis antepasados. ¿Por quién si no?

 

 

 

 

Consejos de un profesor que educa a sus hijos.

El pasado septiembre cumplí 20 años dedicado a la profesión de docente, profesor, maestro y educador en Secundaria. Por mis manos han pasado cientos de alumnos. Sé que en muchos he dejado huella, y en otros no tanto. No son pocos los que me recuerdan cuando me los encuentro, y son bastantes los que me siguen por las redes sociales. Aprender de ellos es la mejor experiencia que uno puede tener, y enseñarles cosas que no estaban en los libros la mejor recompensa.

Quizás por ello me atrevo a dar unos consejos a los padres. Consejos que también me doy a mi mismo, pues educar en casa y en el aula forman parte de un mismo proceso de trasmisión de valores, saberes, emociones y energías. Los mejores educadores suelen ser los que no hacen gala de ello, ni ruido. Y sin embargo se les sigue recordando indefectiblemente durante toda la vida. Se parecen mucho al abuelo de la familia, que desde un rincón hace presencia y da ejemplo de vida. A una madre que abnegada y en el día a día consigue que el chico salga adelante.

Mi primer consejo para educar bien es dedicarle TIEMPO a la tarea de educar. Educar es costoso. Educar requiere tiempo y esfuerzo. Sé que es más fácil encender la tele para no oír al nene, y que es más sencillo darles una tablet para que se entretengan sin que nos molesten cuando son ruidosos y pequeños, y se aburren. Todos lo hemos hecho. Pero estoy seguro de que eso no es educar. Educar requiere esfuerzo y tiempo. Un tiempo dedicado a estar jugando, haciendo los deberes, viendo juntos una película, viendo un museo, viajando y hablando es educar. Comer juntos es más educativo que no verlos en todo el día. Los niños son pesaditos, y los adolescentes puede que más. Pero estar con ellos compartiendo algo más que el techo es un principio educativo. Los padres que están todo el día trabajando sin ver a los hijos, no los educan.

Es más, y añado un último apunte, cuanto más tiempo les dediquemos de pequeños, más SEGURIDAD adquirirán y más autoestima natural tendrán de mayores. Los niños que se educan solos, están llenos de inseguridades y de complejos, son egoístas y supervivientes. No se amoldan al cariño que les ofrecen y son incapaces de ofrecer cosas buenas. “Te he hecho la cama porque tú me has ayudado a vestirme”, me dijo el otro día la pequeña de forma natural cuando ví que lo había intentado. Se atreve a hacer algo bueno, y lo hace porque te quiere, porque te ve apurado. Porque se siente segura contigo.

Tampoco el tiempo compartido puede hacerse de cualquier manera. Educar consiste en ser un EJEMPLO para ellos. No se puede exigir a los chicos que lean, cuando no le ven a uno leer nunca. No podemos decirles que hagan deporte, si no nos movemos de casa. No les podemos pedir que estudien, cuando no tenemos ningún interés por aprender, ni por saber nada, ni por otra cosa que no sea el partido del domingo y envejecer con una birra en la mano. Este problema antes no se daba, pero es evidente que no tienen los jóvenes, ni los niños, buenos ejemplos, educativos ejemplos en los padres. Lo que ven en casa lo aprenden, lo toman como un modelo. Si los padres son adictos al móvil, es ilusorio que los hijos sean amantes de la lectura. No nos engañemos.

El debate sobre qué debe ser ejemplo, y qué no, dependerá de cada familia y del conjunto de valores que uno quiera trasmitir a sus hijos. Pero no hay que olvidar que si uno es egoísta con sus hijos, ellos lo terminarán siendo con los padres. A la larga tenemos las de perder. O las de ganar. Lógicamente, yo me muevo bajo el aroma de unos VALORES basados en el humanismo cristiano, pero esos valores secularizados también son válidos para todos: amor, perdón, respeto, reconocimiento, bondad, solidaridad, misercordia, escucha, observación, reflexión, servicio, esfuerzo, libertad, alegría, sensibilidad,… Educar consiste en trasmitir esos valores de una forma u otra. Hacer que sean algo más que buenas personas. Que sean ejemplares también para cuando tengan hijos.

El tercer consejo que puedo dar es que es imprescindible PONER LÍMITES y mantenerlos. No es necesario tener cientos de miles de normas. Ellos saben perfectamente lo que está bien y lo que está mal. Pero deben sabe que cuando hacen algo mal hay CONSECUENCIAS. Educar en responsabilidad consiste en dejar que cuando abusan de la libertad que se les ha concedido, respondan de la consecuencias, sean buenas o malas.

Si han aprovechado su libertad, y han actuado bien hay que reforzar ese comportamiento de manera que a ellos les mejore la autoestima y la seguridad. Creer en uno mismo es la primera tarea que debemos hacer los educadores, padres y profesores. Si por el contrario, su comportamiento ha sido errático y equivocado hay que hacerles ver el error, y en todo caso, independientemente de su interés por asumir las consecuencias, mostrarles las consecuencias.

Finalmente no hay que perder de vista que los padres son la AUTORIDAD, y la autoridad y el mando se debe ejercer con firmeza y con cariño. Sin doblegarse a las presiones, y sin machacar al contrario. Es así simplemente porque “soy tu padre y esto se hace así por decisión mía”. Sin ceder. Las casas donde los que mandan y se hace lo que quieren los hijos, son simplemente casas con niños maleducados. Es mejor estar colorado una vez que ciento amarillo. Educar supone aguantar el berrinche alguna vez. Si se cede al berrinche y a los caprichos del pequeño (o el adolescente) entonces ten la seguridad de que será maś cansado ejercer el mando la próxima vez.

Finalmente, educar implica MOSTRAR EL CAMINO, no recorrerlo por ellos. La vida de cada uno es de cada uno. Aunque se sea muy pequeño, nuestros hijos no son nuestros. Los educamos y les robamos la libertad mientras son pequeños, pero según crecen debemos aceptar sus decisiones, ayudarles a tomarlas responsablemente, empujarles a la vida sin miedo. Nuestros hijos son de DIOS, de la sociedad, de todos. Mostrar el camino supone decir que no muchas veces, para que luego sepan decir que sí cuando no estemos a su lado. Si les allanamos todos los obstáculos, les haremos blandos e incapaces. Es mejor que sepan superarlos por sí mismos.

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