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Breve desarrollo de la actividad literaria del escritor Antonio José López Serrano.

Asociación EDUCO en el barrio de los Cocos de Nicaragua.

El otro día estuve en una cena solidaria con un montón de viejos amigos, de esos que no ves desde hacía veinte años. Me invitó mi amiga Cielo, gente buena donde las haya, que además forma parte de un proyecto que arrancó hace precisamente unos cuantos años, en el milenio pasado y no sigo por ahí. Allí me encontré con gente estupenda: Mar Sarmentero (conmigo en la foto), Montse, Pili y Carlos, Ana y Alberto y muchos otros… Gente del antiguo MTA de Valladolid, que es lo mismo que decir Movimiento Teresiano de Apostolado. Gente con el espíritu recio y sereno, y al estilo de Santa Teresa, pom, pom, pom…

Se presentaba el último proyecto de la ASOCIACIÓN EDUCO. Un proyecto dedicado a prevenir la violencia sexual contra menores en Nicaragua. Debe ser frecuente, y así nos lo contaron, el abandono de los estudios de criaturas en edades tempranas por razones tales como embarazos no deseados, violaciones y tocamientos de adultos en menores que dejan secuela en los chiquillos.

No es pequeño el problema, porque Nicaragua es un país donde abundan los niños sin hogar, donde la tasa de fertilidad es muy alta, y donde muchos de los adultos no mantienen el comportamiento que se supone en personas civilizadas. Además de la impunidad existente, las secuelas que arrastran los criaturas son una lacra que hace estragos en una sociedad que ve imposibilitado su futuro. Las víctimas son los niños, los menores y las consecuencias sociales dramáticas pues perpetúan el abandono, la delincuencia juvenil y la prostitución. Solo piden más prevención, más concienciación, más trabajo para protegerlos. Y más ayuda.

Me gusta esta gente de EDUCO, y mucho. Educo es una ONG sin ánimo de lucro que trabaja vinculado a las Teresianas de S. Enrique de Ossó de Valladolid y de Managua, y que lo hace precisamente en Nicaragua, en el barrio de los Cocos en la capital Managua, un lugar marginal y pobre donde las religiosas tienen un colegio abierto. Al estilo Enrique de Ossó, al estilo Santa Teresa.

Siempre el relato cambia y las imágenes estereotipadas con las que se nutre nuestra cultura son más falsas que Judas. Resulta que las monjas pamplinosas le echan más huevos al asunto que los listillos que van de heavies y de malotes. Cada uno que ponga en malotes a los que quiera.

También cambia el relato del tercer mundo, de la falsedad de que los pobres no tienen problemas psicológicos ni traumas y cosas por el estilo porque están preocupados buscándose la manduca. No es cierto, además de buscarse la pitaza diaria arrastran la autoestima baja, el dolor de la mala suerte, el peso de la desesperanza. El hombre es hombre en cualquier rincón del planeta.

Encuentro además en la red bastantes cosas relativas a la ASOCIACIÓN EDUCO, al proyecto que lanzaron de MARTINA LA GAMUSINA. Por cierto, yo tengo una en casa y he tenido que convencer a la más pequeña para que no la meta en agua. Y el enlace de la asociación. Ale, a disfrutarlo, que vale la pena.

Lo siento. Os remito a sus videos y a lo que he encontrado. FAMILIA ASOCIACIÓN EDUCO, gracias y regracias.

 

 

ENLACE ASOCIACIÓN EDUCO http://www.asociacioneduco.es/

 

Y un enlace con una bloguera de un blog estupendo. Saludos y disfruten

https://www.arantzaarruti.com/una-bici-cuento-una-gamusina-la-oportunidad/

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Ya está EL ÁNGEL AMADO en papel.

Trailer presentación del libro EL ANGEL AMADO.

Entrevista al autor, ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

NOVIEMBRE 2017.

¿Por qué escribió EL ANGEL AMADO?

Cuando terminé la novela LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, sentí una especie de vacío. Es una especie de precipicio que se abre frente a cualquier persona creativa. Escribir es algo cotidiano, por eso cuando terminas algo, tienes que preveer lo siguiente. De alguna forma hay una necesidad creativa por contar algo nuevo y distinto. Antes de terminar de parir ya estamos pensando en la siguiente criatura.

¿Una novela sobre mártires del siglo II d.C.?

Así es, un tema olvidado incluso por muchos cristianos de hoy. Aquellos primeros siglos de cristianismo fueron fascinantes, tanto por la fundación de la iglesia, una institución milenaria, como por los riesgos y compromisos que mantuvieron por sus creencias. Pero eran también personas corrientes, incluso vulgares. Los santos nunca son gente distinta al resto, los hagiógrafos reinventan a los santos para que parezcan bichos raros. Eso es una tentación. Juan Pablo II intentó por todos los medios hacer de la santidad algo cotidiano y abundante, porque en verdad lo es. Dios es más fecundo de lo que creemos en su iglesia. La tentación anticlerical consiste en secularizar tanto a los santos que se convierten en una caricatura, en gente sin fe, enfermos mentales o algo parecido. Supongo que hay un punto medio para la mayoría de ellos, entre los que incluyo los santos anónimos, los olvidados…

¿Con continuidad?

Mi pretensión inicial – y no sé si la mantengo, porque escribir es siempre un acto de fe y un esfuerzo doloroso y placentero – es escribir una especie de Episodios Eclesiales, y lógicamente la historia de EL ANGEL AMADO, sería la primera de esas historias. Sería el Trafalgar del cristianismo, el origen martirial y amoroso de los que no saben que serán esenciales para el futuro. Lo que no sé es si continuaré, porque escribir es duro, y no siempre gratificante.

¿Qué significa entonces para usted EL ANGEL AMADO?

EL ANGEL AMADO es una de las novelas que más aprecio. La escribí en pocos meses, casi de un tirón y apenas hubo correciones. Era buena tal y como la parí. Me gustó desde el principio. Y las pocas personas que lo han leído me han dicho que es magnífica, qué está muy bien escrita y que es entretenida y fácil de leer.

Pero es distinta a LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Siendo novela histórica, la manera de narrar es diferente. Se lee muy bien, pero hay más literatura, más estilismo a la hora de escoger las palabras, por ejemplo.

Es cierto, es una novela distinta. La verdad es que siempre he considerado EL ANGEL AMADO como una novela menor, más por tratarse de una novela breve que por el contenido o la fuerza de su temática. Apenas me ocupó unas 150 páginas, durante aproximadamente unos meses. Es ciertamente una novela histórica, pero también es una novela religiosa, espiritual, teológica e incluso filosófica. Soy consciente de que es una novela diferente a LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, no es una simple novela de aventuras, es algo más. Creo que mi pretensión inicial era mostrar una época y unas circunstancias que se dieron, y que son desconocidas para la mayoría de los cristianos. La ignorancia a la hora de interpretar la intrahistoria sigue siendo una tarea pendiente.

¿Es entonces una novela para creyentes?

Digamos que es una novela para gente con cierta sensibilidad hacia la temática religiosa, pero no creo que sea una novela para un modelo de lectores. No creo que se pueda clasificar a los buenos lectores, eso son cosas que crea el mercado del libro para vender determinadas novelitas a los lectores que cree que son de determinada forma. Aborrezco esa forma de tratar la cultura. Tolstoi no escribe de religión en Ana Karenina, pero puede gustar a gente religiosa. De la misma forma, alguien sensible puede leer a San Juan de la Cruz y disfrutar, sin que necesariamente sea una persona piadosa. Eso nos distingue de las sectas. Es además una forma de dialogar con el lector, sea quién sea. Supongo que esos libros desconciertan a los editores, que siempre están buscando un best seller que les saque de pobres por una temporada. Por eso publican cualquier cosa que les parezca vendible, y por eso se equivocan cientos de veces despreciando novelas buenas, o publicando bazofias. Arriesgan con su dinero, no lo olvidemos.

O sea, EL ANGEL AMADO es una novela que puede gustar a todo el mundo.

Creo que a cualquier persona que le guste leer disfrutará con EL ANGEL AMADO. Si además le gusta la novela história lo disfrutará más, y si encima es creyente, seguro que le emociona y agradará mucho más. Pero es difícil calibrar los gustos. Un libro es siempre una propuesta de un escritor, una especie de desnudo personal. Como escritor soy LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, pero también soy EL ANGEL AMADO. Los dos son hijos míos, fragmentos de una misma persona, de un mismo universo literario, supongo.

El libro, sin embargo, sale en una edición muy limitada.

El libro lo tengo colgado en la plataforma digital Amazon desde hace mucho tiempo. Decidí sacarlo en papel porque tengo la seguridad de que el papel es más valioso que la nube. Supone acceder a un tipo de lector que no utiliza libros electrónicos, y que merece un respeto por mi parte. Esta edición tiene la letra más grande, para facilitar a personas más mayores su lectura. Eso ha repercutido en el coste de cada ejemplar, que he asumido personalmente y que no repercute en el comprador.

¿Es usted escritor y editor de sus libros?

La autoedición está cambiando el mundo del libro, casi de la misma forma que lo está haciendo internet. Los agentes literarios, por ejemplo, obtienen cada vez más recursos haciendo cursos para aprender a escribir que representando a los escritores. Las editoriales, que son las que otorgan los premios literarios más jugosos, juegan con un número casi endogámico de escritores. Muchos se buscan la vida en internet y de ahí vienen los problemas.

¿A qué problemas se refiere?

Hay libros en internet que son auténticas basuras, que sin embargo conviven con novelas muy interesantes y buenas. Pero sucede igual en el mercado tradicional del libro. Hay libros malísimos muy publicitados que son lamentables, y que se venden como “imprescindibles”. En realidad los imprescindibles son los clásicos. Y tenemos auténticas joyas en internet, obras de poesía que no se editan, o mejor… que se autoeditan.

Sinceramente, creo que mucho de lo que se vende en las librerías como obras maestras son libros de usar y tirar. Eso ha hecho que las editoriales y los premios sean peores filtros de selección. Internet está ganando la partida, igual que sucedió hace tiempo con la música. Tampoco hay que olvidar que para esta gente un libro tiene una vida comercial de unos seis meses o menos. Para ese final trágico no vale la pena un libro en papel.

¿Dónde se puede comprar EL ANGEL AMADO en papel y qué precio tiene?

He pedido a la LIBRERÍA EL SUEÑO DE PEPA, de la Plaza Mayor de Valladolid que se encargue de las ventas, tanto presenciales como por correo o internet. Su precio final es de 17 euros. Seguramente estará también en la PAPELERÍA AMBROSIO RODRÍGUEZ de Valladolid. Son los que han hecho la impresión del libro en su editorial, Editorial Azul.

Por supuesto, también se lo facilito a los amigos más cercanos.

Una última cosa. ¿Tiene previsto hacer una presentación del libro?

Físicamente no. Lo presentaré en la red con un video más elaborado que el que he hecho del trailer.

 

Antologías y fragmentos de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Los hijos de Pelayo (III)

Alguna vez he oído la afirmación, respecto a las novelas Los Caballeros de Valeolit, que el tema de lo religioso estaba muy bien tratado. Supongo que hay una lógica detrás, y es que soy una persona religiosa, con sensibilidad hacia el tema y con una experiencia a mis espaldas que suele quedar reflejada en mayor o menor medida en mis personajes.

Cuando empecé a escribir LOS CABALLEROS, buscaba que la religiosidad medieval estuviera presente, y que fuera tratada no con los prejuicios que los siglos posteriores vieron en esta época, sino con el rigor y la naturalidad de una sociedad de cristiandad, donde lo natural era la religión, y lo extraño-cultural el agnosticismo o el ateísmo. Precisamente todo lo contrario a lo que me he encontrado en muchas novelas históricas del medievo, donde los personajes suelen ser ateos, agnósticos y con rasgos de una modernidad sobrevenida.

He escogido estos dos fragmentos, que están seguidos en la novela, donde se refleja el gusto por la religión, pero también las razones que movían a los hombres. El abuelo, en su devenir y labor educadora de sus nietos, les enseña algo que en profundidad no habían llegado a ver. Un caballero no es solamente el que tiene una espada y un caballo, sino el que reza a Dios y se encomienda al Altísimo, no haciendo más daño que el que debe por su oficio.

 

FRAGMENTO. (capítulo 4. Entre dos aguas. Apdo. 4)

 

Los musulmanes no tenían tropas para pelear por Lamego, y mientras pasaba el verano los cristianos se fueron relajando según los días se sucedían y caían las semanas. Las torres y defensas construidas en los alrededores no alertaban de ningún mal inminente, y aunque los soldados vivían en tensión esperando en cualquier momento la batalla; al no acudir ésta, decidieron entregarse al descanso y a la otra sangre, la que procede de la uva y el lagar. Los soldados aprovechaban en muchos momentos, especialmente en su descanso, para beber vino y disfrutar de la compañía de algunas mujeres públicas. El Monarca, sabedor de los excesos de sus hombres, prefería tales pecados, que no prohibir y tener que soportar juicios por abusos y violaciones, además del descontento de la soldadesca. Al menos los hombres estarían relajados tras una batalla dura, y quizás tras ese descanso pudieran tomar fuerzas para nuevas acometidas en el futuro. Fue en ese ambiente posterior a la batalla, que los muchachos, Nuño y Fernando se dejaron arrastrar por la relajación del alcohol y los placeres libidinosos de algunos adultos, pero fue por poco tiempo, porque tuvieron que escuchar al abuelo que una noche les increpó y alertó de los errores que cometían.

El recuerdo y el deseo de sus padres, de que no se convirtieran en pendencieros y malvados afloró alrededor de una sopa de tocino y ajo.

-No es ese el destino que os tenía reservado, y cometéis un error si os dejáis llevar ahora por el éxito fácil. Los pendencieros y villanos acaban olvidando a su señor, no valiendo para la batalla y haciendo daño a todos sin necesidad. Los caballeros no se comportan así.

-Algunos sí- repuso Fernando.

-Algunos sí, pero vosotros no. Vuestro modelo debe ser el del infante de Monzón, Pedro Ansúrez. ¿Os fijáis en cómo es de modesto y reservado, comportándose como un caballero? Fernán está haciendo una labor magnífica con él. ¿Y los hijos del Rey? Fíjate como ni García, ni Alfonso se guían como borrachos pendencieros.

-Pues bien que gustan de las mujeres, sobre todo Alfonso- dijo Fernando riendo.

-No me repliques, deslenguado. La discreción es una herramienta para un noble. Si queréis llegar a serlo deberéis comportaros de igual forma. Nuño, ¿a cuántos hombres has matado el otro día?

Se hizo un silencio tenso. La pregunta iba dirigida con fuerza, como una flecha. Sabía el abuelo que le había impresionado al muchacho tener que matar a alguien, y sabía que no era ya tan divertido para él hacerlo, ni para nadie. Intentaba desde ahí argumentar para convencer a los muchachos.

-Cuatro, o cinco, no recuerdo.

-Sí te acuerdas, te acuerdas perfectamente de todo y cada uno de ellos. ¿Recuerdas el rostro del primero que mataste? ¿Eran hombres sin honor? Esos hombres se merecían ser matados por alguien de honor, no por un borracho estúpido. Esos hombres lucharon también por sus tierras, por sus familias, y por su señor. No eran peores que nosotros, ni mejores. Simplemente luchaban. ¿Dónde creéis que están en el cielo o en el infierno?

-En el infierno supongo… – intervino Fernando.

-Os aseguro que Dios hará justicia con todos y cada uno de ellos, y también será terriblemente justo con nosotros algún día. Por la memoria de los que han muerto deberíamos guardar luto, deberíamos ser caballerosos con los muertos, no dejándoos llevar ni por el vino ni por las rameras.

Tranquilizó su voz viendo que surtía efecto.

-Nuestro oficio consiste en matar y defender así a nuestro Rey y Señor; pero, ¿sabéis que es lo que quiere Dios de nosotros? Quiere que seamos dignos siervos suyos, conscientes de que las muertes son justas y necesarias, pero que no haya ni una muerte más que las necesarias, ni una pelea más, ni un pecado más en nuestra vida.

Los muchachos quedaron en silencio, mientras que un nudo se hizo en la garganta de Nuño que estuvo a punto de derramar una lágrima.

-¿Iré al infierno por haber matado a esos hombres?

-Nadie va al infierno por cumplir con su deber, pero estate atento y sé generoso con los que rezan. No sería mala cosa que una parte del botín fuera para edificar la iglesia de la colina, la Virgen de Lamego, y para los monjes que se vayan a asentar allí.

-¿Nadie de nuestra familia está rezando por nuestros pecados, para que no nos condenemos?- preguntó Fernando.

-Que yo sepa sólo vuestro tío Suero, el hermano de vuestro padre, mi tercer hijo.

-¿El del Monasterio de Liébana?- preguntó Nuño.

-El mismo. Agradecer a Dios que haya alguien que reza por nosotros para que el día de nuestra muerte no sea terrible, y mientras tanto no os dejéis llevar por el mal. No dejéis de tener temor de Dios, porque el que no tiene miedo a nada termina consigo mismo, ni os dejéis arrastrar por los insensatos que no respetan nada. Sé de sobra que es lo fácil, pero no caigáis tan bajo, ahora que lo tenéis todo a favor.

V

Los días de verano fueron pasando, y los muchachos dedicaron parte de su tiempo a las cosas de la religión, yendo de cuando en cuando a rezar a la nueva iglesia de la Virgen de Almacave. Esto atrajo la atención de algunos nobles, pero en especial del obispo de Lamego, que bendijo a los muchachos al saber que eran valientes soldados, y piadosos cristianos. Nuño aprovechó la ocasión para preguntar al Reverendísimo Obispo por la angustia del infierno y el temor a la muerte. Quitó el clérigo importancia al asunto, y se admiró aún más de la inocencia y bondad del muchacho, trató de orientarle igual que un padre trata de orientar a un hijo, mostrándole que obedecer a sus superiores era un orden querido por Dios, y que tales muertes no eran responsabilidad suya. Entendió Nuño que tener miedo al infierno y a sus penas formaba parte del miedo a la realidad, pero que no se debía vivir aterrorizado por tal cosa sino mirando la providencia divina; y que en todo caso, jamás podría compensar a Dios el intercambio de amor que había realizado con él, pobre pecador. Prometió rezar por todos y cada uno de los hombres que matara, a fin de que Dios se apiadara de ellos, y de su alma cuando llegara el momento.

Estos pensamientos angustiaban bastante menos a Fernando, que no había estado en la tesitura de matar a nadie, y que no terminaba de comprender los escrúpulos de conciencia de su hermano. Aceptó lo que le decía el abuelo, pero lo hacía más por ser obediente muchacho y agradar a su abuelo, que por razonar las cosas. Pedro Ansúrez agradeció de nuevo a Nuño por su vida. Escuchó al muchacho en sus temores divinos, y aunque entendía los pensamientos del muchacho no sabía dar respuesta, pues no era hombre de letras ni de teología.

 

Los caballeros de Valeolit. Los hijos de Pelayo. (Pg. 189-192). Del capítulo 4. Entre dos aguas.

 

Antologías y fragmentos de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Los hijos de Pelayo (II)

Hay sucesos en la vida que nos marcan de manera especial, y que suponen un punto de inflexión respecto del futuro: una reunión, el conocer a alguien que luego será especial, una nota en un examen, una visita al médico… son difícilmente reconocibles cuando llegan, pues se suelen esconder tras la vida cotidiana y la rutina. Sin embargo, según pasa el tiempo, son detectados como centrales e incisivos. Son auténticas encrucijadas que nos ofrece la vida de manera silenciosa.

A Fernando y a Nuño la vida les cambió en momentos muy puntuales, todos relacionados con la amistad. El episodio de los lobos, o el choque con el infante García, fueron quizás los más destacados dentro de una vida que les fue llevando a lo que terminaron siendo. En el momento no fueron demasiado conscientes de la inflexión, a diferencia del abuelo, que sí percibió un abanico nuevo, una luz de esperanza en el futuro.

De todos los episodios, el de los lobos es el que más impronta deja entre los castellanos. Y uno de mis favoritos. Es la primera aventura digna de ser contada. De ahí que lo haya seleccionado.

FRAGMENTO:

 

Uno de los días, en un paseo hacia el Pisorga se les hizo algo tarde para regresar y almorzar con el abuelo. Como apretaba el hambre y el sol decidieron retrasar su vuelta y buscaron un sitio a la sombra donde pudieran dar cuenta de la pitanza que en el morral llevaban: unas rebanadas tiernas de buen pan de trigo, un cuero de vino fresco y cinco tajadas de queso viejo curado, picante y pastoso. Hallaron un lugar agradable y umbrío, a la vera de río. Apenas se habían acomodado cuando los alertaron unos gritos de auxilio. Quedaron muy sorprendidos y se levantaron de inmediato. Las voces parecían de un niño, o de alguien joven. Se escuchaba a su vez el bufar y relinchar de un caballo atemorizado. No se lo pensaron dos veces, y rápidamente montaron en Negrisca, tomando la espada uno, y la lanza el otro; y trotaron hacia el lugar de donde procedían las voces.

-¿Quién va? ¿Quién necesita ayuda?-, respondieron gritando.

Sin duda era aventurero y temerario proceder así, pues no eran sino dos muchachos, pero se sentían tan seguros de sus habilidades que, salvo un peligro descomunal, pensaban que podrían hacer frente a cualquier eventualidad, como era ayudar a un desconsolado que pedía protección. Los guiaba además la curiosidad por conocer el origen de tales súplicas. Así, al volver hacia un claro quedaron petrificados ante el peligro que se cernía, ahora también sobre ellos. Una manada de lobos rodeaba un caballo, que nervioso soltaba coces a diestro y siniestro. Uno de los lobos parece que había caído herido, pues aullaba lacerado en el suelo con una brecha a todas luces mortal, pero los otros seis lobos hambrientos trataban de alcanzar la garganta del equino dando saltos con fiereza. El caballo estaba descontrolado, su belfo expresaba tensión y sólo las riendas lo sujetaban a unos arbustos, de los que intentaba soltarse coceando y pateando al aire. De no encontrarse amarrado habría escapado al galope.

Nuño reaccionó con valentía y rapidez.

-Descabalga y pásame la lanza- le pidió a su hermano.

-Yo me quedo con la espada- indicó Fernando repartiendo así las armas que tenían-. Hay que vendar los ojos a Negrisca o se asustará.

Tapó los ojos del cuadrúpedo con su jubón mientras se dirigía hacia los lobos salvajes. Nuño atacó con la lanza ensartándola violentamente contra un lobo joven más próximo. El animal herido de muerte dio un alarido y cayó al suelo. El resto de lobos rectificó en su ataque, mirando y abriendo sus sanguinarias fauces contra Nuño y su vieja yegua. En ese momento se soltó la provisional venda de Negrisca, y el animal, viendo a los enemigos que lo rodeaban, se excitó haciendo un quiebro con sus patas delanteras. Estuvo Nuño a punto de caer del caballo, y perdió momentáneamente la brida y el control del animal.

Fernando se quedó retrasado, pero cuando vio en dificultad a su hermano blandió su espada gritando contra los lobos, dispuesto al menos a tajar el cuello de alguna de aquellas bestias sedientas de sangre. Acometió como lo había entrenado el abuelo, con la espada en alto y mostrando el brazo a modo de escudo. Al aproximarse lo suficiente la hoja voló dócilmente de arriba abajo asentando sobre el lomo de una de las fieras que ya se apresuraba a morder su abdomen. El golpe dejó al animal herido, pero provocó que los otros lobos rodearan al joven. Iba a ser un bocado suculento, pues los lobos atacan siempre en grupo y a la vez, bastaba la indicación del principal de la manada para poner fuera de combate a Fernando. Entonces oyó la voz que antes gritaba, y que lo hacía ahora desde lo alto de un árbol. Vio a un chico de su edad, encaramado. Le invitó a subir al árbol, desde donde había contemplado todo, pero Fernando no tenía posibilidades de darse la vuelta para trepar por el empinado castaño.

Por suerte Nuño había retomado las riendas de Negrisca, recuperó su lanza y la enarboló sobre su cabeza, acometiendo de nuevo a las bestias. Se acercó lo suficiente para distraer de nuevo a los lobos, los cuales estaban ya dispuestos a devenir con un ataque maestro y definitivo contra Fernando. El muchacho se agachó, y desde el suelo blandió de nuevo la espada, por lo que los lobos retrocedieron un poco, pero se mantuvieron a distancia acorralando más y más al muchacho. Entonces Negrisca, encolerizada y tensa levantó las patas delanteras coceando a los que encontró a su paso, fue entonces cuando Nuño cayó del caballo, y Fernando partió de un tajo media cabeza del lobo dominante.

Nuño se encontraba tirado en el suelo pensando que sería atacado por las fieras; sin embargo, a pesar de la superioridad numérica de los lobos, los animales salieron huyendo. Sin duda, la muerte del jefe de la manada los había dejado sin orientación ni guía, y tras su espantada solo se escuchaban los agonizantes, lastimeros y quebradizos aullidos de los animales que habían herido los de Carrión.

Fernando fue directo a socorrer a su hermano, mientras sujetaba a Negrisca que se había alejado acercándose al otro caballo, todavía nervioso. Nuño se había doblado el brazo al caer, y aunque no parecía haberse roto nada, le dolía mucho la articulación derecha. Se levantó sin otros dolores, y al examinarse comprobó que el codo se le empezaba a hinchar, sin que pudiera moverlo sin dolor. El muchacho que estaba encaramado en el árbol bajó del mismo, y se dirigió a los muchachos.

-¡Dios mío! ¡Qué miedo he pasado!–, exclamó temblando todavía y con signos evidentes de nerviosismo-. Muchas gracias, quienquiera que seáis, de verdad muchas gracias.

Nuño y Fernando no sabían que decir, estaban nerviosos por la adrenalina del combate, y miraban alertados por donde los lobos habían huido, con el temor de verlos regresar.

-Creo que me he roto el brazo, no lo puedo mover- dijo Nuño con los ojos envueltos en lágrimas por el dolor -. Se me está hinchando.

-Me habéis salvado la vida, os lo agradezco– dijo el muchacho acercándose a Nuño que se había sentado en un tronco partido.

-No son agradecimientos lo que necesitamos sino que no sea grave la caída de mi hermano– dijo Fernando volviéndose al joven.

Le pareció un muchacho de su edad, apenas unos diez años. Sus ropas eran valiosas, de vivos colores. No era alto, pero parecía más fornido de lo que desde abajo simulaba.

-Os ayudaré, le diré a mi físico que os socorra y ayude.

-Soy Fernando, y este es mi hermano mayor Nuño.

-Mi nombre es Pedro, hijo de Ansur, soy el conde de Monzón, viajo hasta el Castro de Xeriz– les dijo mientras extendía la mano para estrecharla en la de Fernando. Fue un gesto que no pasó desapercibido para los muchachos, que nunca habían tratado tan amistosamente con un conde.

-¿De dónde sales? Se supone que debes de rodearte de escuderos y siervos que te protejan–, inquirió Nuño incorporándose mientras se dolía del brazo derecho.

-Me detuve a examinar estos parajes, alejándome de mis hombres. Luego aparecieron estos lobos hambrientos que me atacaron. El caballo me tiró al suelo, y tuve suerte de poderme encaramar al árbol. Mis soldados me estarán buscando.

-Por poco no lo cuentas. Has tenido suerte de encontrarnos. ¡Ah!– gritó Nuño mientras trataba de mover el dolorido miembro.

-Os debo la vida, ¿y vosotros? ¿Sois de aquí?

-Nuestro abuelo es infanzón y entrena a los hijos del conde de Carrión y Saldaña- dijo Fernando -. Venimos con él y estamos también en Castroxeriz. Somos escuderos de los infantes de Carrión, que además son unos chicos maleducados y estúpidos.

Pedro Ansúrez rió.

-No está bien que habléis mal de vuestro Señor.

-Ya sabemos que no está bien, pero es la verdad.

-Ciertamente no nos tratan bien, y nos tienen envidia porque somos más diestros y buenos en las armas que ellos- dijo Nuño–. ¡Aaaah! ¡Me duele mucho!– exclamó mientras se le saltaban las lágrimas.

-Cuando lleguemos a casa que lo vea el abuelo. Habrá que recuperar los caballos– dijo Fernando dirigiéndose a Negrisca.

Negrisca y el otro caballo parecía que se habían hecho amigos. Negrisca se había tranquilizado ya, y agradeció que Fernando acariciara sus crines oscuras. Recolocó la grupa y tomó las riendas del animal acercándoselas a Nuño para que sujetara a la yegua con el brazo bueno.

-Voy a por el otro caballo. ¿Cómo se llama?

-Manchado. ¿Ves? Tiene un dibujo en la frente blanco.

Manchado era un caballo joven y fuerte, muy nervioso. Su color era también negro, pero tenía en la cabeza y en las patas unas manchas blancas que lo hacían muy hermoso. De crines sueltas, Fernando pensó que era de raza burgalesa, pero quizás estuviera cruzado con algún caballo sarraceno. Lo cierto es que nunca había visto un caballo con la cruz tan alta.

Se acercó Fernando por delante del caballo, de forma que pudo verlo perfectamente, sujetó las bridas y comprobó que el belfo del caballo seguía tenso. Le habló suavemente, y al punto erizó las orejas el animal manteniéndolas en tensión. Acarició su cuello, y cuando comprobó que el equino se había tranquilizado lo llevó al lugar donde el conde de Monzón y Nuño esperaban.

-Salgamos de aquí, espero que mi ayo y los soldados no estén muy lejos. Sigamos por la vera del río aguas abajo.

Montó Nuño en el lomo del caballo como pudo y con ayuda. Fernando dirigía al animal caminando. Pedro Ansúrez montó en su caballo, un animal con carácter, que todavía no gobernaba a la perfección su joven jinete. Sortearon los matorrales y adentrándose en el bosque abandonaron el lugar donde yacían los lobos, ya cortejados por varios cuervos.

Antes de volver al camino oyeron voces que procedían del grupo de soldados que buscaban al joven conde de Monzón.

-¡Estoy aquí!– vociferó el joven Pedro haciéndose oír.

Se acercó la mesnada del Conde, que estaba compuesta por unos cincuenta hombres, hechos y derechos, con mejor aspecto y apariencia que los caballeros de Carrión. Se mostraron afables con Nuño y Fernando, sobre todo cuando supieron que habían ayudado al Conde. Se aterrorizaron cuando pensaron fríamente lo que les podía haber pasado si hubiera muerto el Conde sin ellos y con manifiesta negligencia. Habían creído que su Señor estaba en la orilla del río, y que no se había alejado demasiado, y cuando comprobaron su tardanza, auguraron y lamentaron su mala fortuna. Por suerte el susto había pasado, y recuperaron el aliento para proseguir su accidentado viaje.

Ofrecieron a Fernando otro caballo, y tomaron la brida de Negrisca para facilitar a Nuño su caminar. Ayudó el barbero de la tropa con la lesión de Nuño, e inmovilizó su brazo con un cabestrillo de madera y tela provisional.

El conde Pedro Ansúrez, lejos de distanciarse volviendo a su lugar en la cabalgata, marchó al paso de los muchachos, pues quería seguir en su salvífica compañía. Les preguntó por la batalla, por el abuelo y por su familia. Les informó de la situación de la guerra y de las distintas mesnadas que sabía que se encontrarían en Burgos. Les pareció a los de Carrión un muchacho cabal y muy inteligente. Una persona digna de confianza. Les hablaba sin ofender el deber de confidencialidad que se supone en un conde, y les trataba como a semejantes, cosa que sorprendió tanto a Fernando como a Nuño. El conde Pedro era un niño agradecido, y eso se notaba en el trato que estaban recibiendo. Los soldados que acompañaban al joven Conde, parecían hombres más templados y prudentes, no eran tan arrogantes como los de Carrión, y eso era consecuencia del talante de su Señor.

Dedujo Nuño de las palabras de su nuevo amigo, que el joven Pedro no tenía padre, o si lo tenía debía ser muy entrado en años. Les contó el noble que acudía con su mesnada de Monzón; y que su castillo estaba situado al Sur, cerca de Pallantia, la ciudad episcopal. Su condado pertenecía al Reino de León, en el límite con Castilla, igual que sucedía con Santa María de Carrión, solo que más meridional.

Ansúrez pertenecía a una familia muy valiosa e importante de la corte leonesa. Contó a los muchachos muchas confidencias, que eran propias de los nobles más cercanos al Rey. Comprobaron que lo ayudaba en casi todas las labores su mayordomo, un hombre que cabalgaba con ellos, llamado Fernán, y que hacía las veces de tutor y de administrador de los bienes del joven Pedro Ansúrez. También les llamó la atención a Fernando y Nuño el acento, algo distinto al de los vecinos de Carrión y Saldaña. Era un habla más castellana y abierta, frente al leonés más cerrado de la montaña que habían aprendido de su madre.

Llegaron a Castroxeriz al atardecer. El abuelo estaba ya algo nervioso pero confiado en la buena estrella de los muchachos. Su gozo se truncó en lamento cuando vio que Nuño estaba lesionado. Ayudó a bajar del caballo al muchacho y examinó con detención la herida. No parecía grave, pero le llevaría al menos unas semanas recuperar el brazo, que debía ser inmovilizado, tal y como había hecho el médico del conde de Monzón. Para eso, lo mejor era sujetarlo al cuerpo con una correa, y evitar que se desplazara involuntariamente.

Cuando contaron al abuelo la nueva aventura con el conde Ansúrez, y la batalla ganada a los lobos; el anciano se mostró orgulloso, siendo más consciente que los muchachos del peligro que habían corrido. La suerte estaba de parte de ellos, habían salvado la vida, y además habían hecho buena relación con un conde, que les debía además un favor, el favor de la vida. Si era un noble como Dios manda, verían la contrapartida en no mucho tiempo, lo que iluminó el rostro de Pedro Díaz con una nueva sonrisa.

FRAGMENTO de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, del capítulo Segundo: Entre corderos y lobos.

Antologías y fragmentos de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Los hijos de Pelayo. (I)

Este fragmento que he seleccionado de los Caballeros de Valeolit pertenece al primer capítulo de la Primera Parte de la novela. Confieso que lo escribí y reescribí varias veces buscando hacer buena literatura. Quizás por aquello de que lo primero que se hace siempre tiene que ser la carta de presentación, y más en una novela, lo he releído cientos de veces. Lo curioso es que me siguen gustando, muestran un tono y un ritmo sorprendente, usan un buen vocabulario y se alimentan de los personajes que presentan.

¿En qué pensaba cuando llo escribí? Quería presentar a los personajes, quería mostrar el mundo de la guerra en la trastienda de la vida cotidiana. La guerra era un oficio en el siglo XI, una manera de estar en el mundo como otra cualquiera, o mejor dicho, una manera de estar en el mundo más osada y arriesgada que cualquier otra. Y qué mejor que hacerlo a través de dos aprendices del oficio. En aquellos tiempos los muertos en una guerra se cebaban con los soldados, a diferencia del siglo XX y XXI, donde la población civil es la principal víctima.

Son las primeras páginas de una novela larga, que luego he dividido en tres partes, lo cual requería escribir con buen gusto y oficio.

(Fragmento primero tomado del capítulo primero: PROPUESTA Y ACEPTACIÓN) Pg: 13 a 17)

Primavera de 1054, Reino de León.

La primavera saludó a la villa de los Condes con una sonora bandada de aves migratorias que se dirigían hacia el sur. Eran patos que graznaban y parpaban con tal estruendo que hicieron que los muchachos alzaran la vista a las nubes. El cielo estaba despejado y el color azul del mismo apuntaba a un día espléndido que se tornaría más y más cálido con el devenir de las horas.

Nuño soportaba empapado en sudor una armadura de cuero fijada al cuerpo y atada con cordeles gruesos, inaceptables para una batalla contra los moriscos, pero adecuada para adiestrarse con el caballo. Montaba, a pesar de sus once años, una yegua burgalesa ligera y negra, y lo hacía con altivez y dignidad, quizás excesiva para un precario jinete de enjuta figura. Contrastaba su porte con el desgarbo del animal, entrado en años y marcado por su pasado guerrero.

A unos pocos pasos estaba su hermano pequeño Fernando, que con un año menos se entretenía en el manejo de una pequeña espada corta y recia con la que tajaba y sometía unas frondosas ramas de la vega del río Carrión. En tales mandobles intentaba que el hierro no se le escapara de su infantil mano. El abuelo de ambos los orientaba con gritos de ánimo y enmiendas repetidas.

Este hombre, de rostro arrugado y vestiduras envejecidas, mostraba un aspecto muy saludable. Sus ojos azules y su escaso cabello canoso pretendían una edad avanzada, pero no tanto como para que su figura quedara menguada lo más mínimo en dignidad. Sus ademanes eran seguros y firmes, procedentes de una vida anterior distinta a la que el destino le robara no hacía tantos años. El hombre no era propiamente un anciano, sino un hombre mayor con compostura y presencia, con gallardía y soltura en el manejo de las armas.

Se acercó a Fernando, y pidiéndole su espada le mostró visualmente y con el ejemplo cómo debía manejar y blandir el hierro. Sus movimientos eran suaves y constantes, diáfanos, sencillos y directos.

-Abuelo Pedro. ¿Ya puedo montar a Negrisca?-, preguntó Fernando señalando con el dedo a su hermano.

Asintió el abuelo, y en un santiamén cambiaron de ocupación estos tres habitantes de la vega del Carrión. El abuelo montó sobre la yegua no sin dificultad, y tomando la espada mostró a los chicos como debían manejarla sujetando las riendas y buscando en la potranca un trote algo más ligero. Pedro Díaz, dibujó un círculo amplio alrededor de los muchachos, que observaron la destreza y el manejo del que había sido patriarca de una familia noble y con un pasado de caballeros servidores de los reyes de León.

Habían sido otros tiempos. El caballero Pedro lo perdió todo en sólo una mañana de destrozo sarraceno. Una cuadrilla de combatientes fanáticos y ambiciosos dejó caer su maldad en la pequeña aldea leonesa donde vivían. La tarde aciaga en la que sufrieron el ataque sorpresivo de los moros dejó como resultado el establo quemado, unas pocas gallinas muertas y asadas, y humillantes risas muladíes. Si sólo hubiera sido eso, si no hubieran además matado sin necesidad la vaca, si no les hubieran obligado a arrojar los puercos al pozo, donde se ahogaron, hubiera podido tener una posibilidad. Pero no hubo piedad.

Aquellos depredadores se llevaron sus armas y herramientas, y arramblaron todo cuanto poseían los aldeanos para sobrevivir. Se quedaron sin nada, y ningún provecho sacaron de la fechoría más que el daño y la destrucción vana. Todo quedó sembrado de hambre y miseria.

A menudo la cabeza de aquel hombre de guerra daba vueltas al pasado, y se recriminaba a sí mismo con la jaculatoria: “si les hubiera hecho frente…”. Lamentaba su desgracia, aunque reconocía alrededor de una jarra de vino que nada hubiera podido hacer.

Por su pasividad conservó la vida, pues sabía por experiencia que el celo de las personas en la batalla les hacen transformarse en alimañas y en bestias sedientas de sangre. Se lo habían llevado todo, pero por suerte respetaron a las mujeres y a los niños de la aldea. Si hubiera intervenido nadie se habría salvado.

Tras aquella desgracia decidió asentarse más al sur, en Saldaña con su esposa Elvira y con sus hijos, donde un castillo los defendiera mejor de otras razzias moriscas. Eso hizo que los siguientes años fueran buenos, aunque no logró mejorar su posición social. Seguía siendo un hombre libre, pero sin hacienda. Con oficio pero sin ninguna posibilidad de mejorar.

La fatalidad volvió a golpearle cuando nació su tercer hijo, pues trajo la muerte de su hermosa mujer Elvira. La guerra, que había sido un buen medio de vida, ahora, con niños menudos y pequeños, propicios a la enfermedad y a la muerte, se convirtió en el anhelo y un suspiro para sus escasos ratos de ocio. Dedicó sus años más fuertes a sus tres varones, a los que alimentó con el trabajo en el campo y los educó como debía corresponder a un hombre de antiguo linaje. No pudo volverse a casar, y aplazó eternamente su sed de combatir con honor y fortuna.

Rondando la cincuentena se trasladó a la ciudad de los Condes, a Santa Maria de Carrión, con su segundo hijo Pelayo, con cuya familia compartía techo y hogar. Este varón suyo se había casado con una mujer sencilla y sin tacha, llamada Muniadora, cuyas aspiraciones más hondas, que compartía con su marido, no superaban el trabajar honradamente la herrería del lugar, llevando una vida sin riesgos y tranquila, rodeado de sus hijos, entre ellos Nuño y Fernando.

A pesar de los avatares de la vida, Pedro seguía siendo un hombre enamorado de las armas. Por estirpe era infanzón, que era el título que correspondía a un hidalgo de sangre y herencia. Estaba exento de pagar tributo de caballos y armas, y era en su jerarquía de valores un hombre de honor. Vivía su existencia con el celo propio de aquel que se está enfrentando permanentemente a la gloria que perdió antaño, y deseaba con todas las ganas del mundo despertar en sus nietos el amor al oficio de la caballería y las armas.

Exigía a Nuño y Fernando el tesón y la perseverancia que los convirtiera en hombres de palabra, honor, guerra y provecho. No escatimaba tiempos ni días propicios para que en el ejercicio físico y mental de la hipotética batalla pudieran Nuño y Fernando sobrevivir y destacar. Enseñaba de esta manera tretas, modos y estrategias; detenía el tiempo a su lado cuando contaba el desarrollo de algunas escaramuzas, y se jactaba mostrando cómo la agudeza que tuvo en otro tiempo le permitió mantenerse con vida y salir ileso de algunas contiendas. Sus nietos escuchaban con atención cuando su abuelo Pedro hablaba de estas cosas, y se embelesaban con sus palabras y su retórica como si las escucharan de un santo del cielo.

Les narró con detalle y esmero la batalla en la que detuvieron al terrible y fuerte moro Almanzor. Les contó que había servido de escudero a las órdenes de Gonzalo Núñez de Lara, un noble importante del condado de Castilla. Les hablaba de los Laínez o los González, como si fueran vecinos suyos, y se aplicaba en entretenerlos con historias de semejante sabor.

Los nietos escuchaban con devoción sus palabras cuando, cansados de ajetreo, se daban un respiro almorzando pan de centeno, vino con canela, y unas lonchas de tocino tierno y salado, que era con lo que cotidianamente mataban su gazuza.

Quería Pedro Díaz que sus nietos supieran manejar bien la estrella de la mañana, el escudo, la espada ligera y la lanza; pero además intentaba que conocieran lo importante que era salir bien parado de una escaramuza. Les advertía de lo mala que eran la precipitación y las pasiones en la lucha cuerpo a cuerpo, aunque no lo fuera para otros menesteres de la vida. Les guiaba en el arte de la equitación, que según les indicaba, era imprescindible para el éxito en cualquier contienda.

-El caballo debe seguir al jinete a la perfección, haciendo exactamente lo que desea el montador-, repetía insistentemente.

Eso se lograba no con cualquier caballo, sino sólo con aquel que hubiera sido domado por el caballero. El caballo era leal con su jinete, y el caballero debía respetar al animal. Los muchachos aprendían y se iban empapando del saber de aquel hombre por el que sentían verdadera admiración y orgullo, y tales entretenimientos llenaban de imaginación sus delicadas mentes.

Se consideraban unos privilegiados, pues era extraño que alguien mayor en dos generaciones pudiera vivir y tener cordura como para transmitir su saber. Si además se hablaba del arte de la guerra la suerte era doble. Su abuelo Pedro, además, tenía la gentileza de no ser violento con ellos, tratándolos bien, extremo que quizás no hubieran tenido siendo escuderos de un noble.

Aprendían, pero además se mostraban atentos y entretenidos haciendo algo que les agradaba sobremanera. Deseaban ser hombres de honor, ser respetados y admirados por los suyos. Soñaban con gestas y torneos en tierras distintas y lejanas. Ellos, que no habían salido apenas de los dominios de los Beni Gómez, deseaban viajar y ganar fama y admiración de los nobles, de los campesinos y de las mujeres. Por eso disfrutaban entrenando duro, aprendiendo un oficio que quizás nunca ejercerían, pero que conocían y deseaban con toda el alma.

 

FERIA DEL LIBRO VALLADOLID 2017. FIRMAMOS el martes, 9 de mayo a las 12h con la LIBRERÍA RO-EL

 

ESTAREMOS FIRMANDO LOS CABALLEROS DE VALEOLIT EL MARTES, 9 DE MAYO POR LA MAÑANA, A LAS 12H CON LA LIBRERÍA RO-EL.

 

FERIA DEL LIBRO VALLADOLID 2017. Antonio José López Serrano firmará ejemplares de su trilogía LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Viernes 5 de Mayo. Plaza Mayor. Caseta de la librería EL SUEÑO DE PEPA (19h a 21h)

 

Estaremos firmando, igual que el año pasado, en la FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID 2017.

LIBRERÍA EL SUEÑO DE PEPA.

5 DE MAYO, VIERNES, desde las 19 DE LA TARDE HASTA LAS 21 HORAS.

 

Foto de la Feria del libro 2016 en Valladolid.

 

Ofrecimiento a la Madre del Dolor (Sábado Santo, 15 abril 2017). Texto completo.

VÍDEO Y TEXTO COMPLETO.

 

OFRECIMIENTO DE LOS DOLORES DE VALLADOLID A LA VIRGEN DOLOROSA DE LA VERA CRUZ. PASCUA 2017.

OFERENTE: Antonio José López Serrano.

 

Virgen de la Vera Cruz, Madre del dolor.

Que tus lágrimas fecunden esta tierra de Castilla,

Y que crucemos el río de su misericordia,

En brazos de Cristo, tu Hijo.

 

 

Lo primero agradecer a la Cofradía de la Vera Cruz este regalo que me hacen de poder dirigirme en público a nuestra Madre, la Virgen, para ofrecer el dolor de Valladolid y provincia, como tradicionalmente se ha hecho en este Sábado de Dolor, Sábado de Esperanza, Sábado siempre de María, nuestra Madre. Quisiera que mis palabras movieran a piedad, al encuentro con el Señor, pues tal es la misión que como cristiano comprometido con las letras y con la palabra deseo. Un deseo que nace de un encuentro especial que tuve en mi juventud con el Señor Resucitado primero, y con María, en la advocación de Lourdes, después.

Desde entonces, y con el gozo de haber atisbado el misterio del Amor profundo y abrasador que el Padre tiene reservado para nosotros, sus hijos, no ardo en más deseos que comunicar a los hombres tal dicha, y que esa dicha me alcance en plenitud cuando tenga el Señor a bien, para lo cual pido perdón y misericordia, una vez más, por mis estúpidas ofensas a un Dios que no se cansa de perdonar ni de esperar.

La dicha y la felicidad nacen de la misericordia divina y entrañable que Dios ha tenido en la persona de su Hijo Jesús, que entregó su cuerpo y derramó su sangre por nosotros, de manera personal por cada uno de los hombres que habitan este mundo; y tal entrega dolorosa, que hoy recordamos impresa en la bella imagen de la Virgen de los dolores de la Vera-Cruz, nos invita a reconocer nuestras miserias, dolores, angustias y pecados, para que Vos, Madre del Dolor, lleves con tus lágrimas de sal y amargura al manantial por donde discurre el agua que brotó del costado de Cristo en la Cruz.

Aquella lanzada arrojó sobre nosotros y nuestros hijos un agua pura bautismal, que hoy, unida a las lágrimas de la Inmaculada Madre, sacian la sed de todos los que se acercan a vuestra maternidad con confianza, cariño y devoción.

También manó, dice el Evangelio de San Juan, la sangre de tu Hijo, signo de la Eucaristía que compartimos, nosotros desde esta tierra, y Vos, Madre, desde el cielo en comunión con los Santos que nos han precedido en la Pascua que conduce a la resurrección.

María, Madre de Castilla, Madre de los campos duros de una tierra que se afana por mejorar, y que envejece contemplando sus rincones despoblados. Tus hijos, Madre, se han ido buscando mejores oportunidades, por eso te ofrecemos esta tarde a los que viven lejos de nosotros, a los que emigraron, pero también a los que llegan de lejos, a los que acogemos de otras tierras. Llegan tus hijos con el alma fracturada por la separación de las familias que dejaron atrás. Son la punta de lanza en una tierra inhóspita y distinta a la que los vio nacer. ¿Has visto Madre como lloran en soledad cuando añoran el abrazo de sus hijos, o la caricia de sus cónyuges?

Nuestros emigrantes también se fueron con el alma rota, y llevaron en su alma la universalidad de esta tierra. No son de aquí, ni de allí, pero son tus hijos, y hoy recojo sus voces cansadas y fatigadas para ponerlas como ofrenda a tus pies.

Tierras de Castilla donde nacieron los más grandes místicos y los más valientes misioneros. Tierras de Castilla cantadas por los poetas y lloradas por sus gentes; tierras resecas y duras, donde nos conmueve la injusticia y enmudecemos ante la presencia de las más hermosas imágenes que nadie hizo en el mundo representando el Amor y el Dolor de la Pasión Santa de tu Hijo. Tierras de Castilla, hoy te veneramos como Reina del Cielo y pedimos tu intercesión y favor ante el Padre, el Hijo y el Espíritu Consolador.

¿Cuántas veces Madre hemos llorado lágrimas secas, con un nudo en la garganta ante ese Cristo atado a la columna? ¿Cuántas veces hemos admirado y extraviado nuestra mirada para admirarnos de la belleza sutil de esta imagen tuya de Virgen Doliente? Y sin embargo, Vos Madre, eres mucho más. La misericordia de tu Hijo llena la tierra, y alabar a tu Hijo con el cariño y la oración es la mejor ofrenda que podemos hacerte en esta tarde santa.

Te ofrecemos madre, el dolor de los ancianos en su soledad. Nuestra tierra envejece, y en algunos pueblos de nuestra tierra de Valladolid, no queda nadie para tocar las campanas, ni para calentar la iglesia. Es la vejez de tantos lugares de la tierra. ¡Cuántos mayores nuestros en las Residencias se duelen un día tras otro sin la visita de sus hijos o sus nietos! La paciencia en su mirada delata la tristeza de la ancianidad cuando se vive lejos de las personas a las que se les ha entregado la vida. No faltes tú, María Madre, a sus días postreros de paciencia y espera. Apiádate de las lágrimas de la soledad de nuestros ancianos, tú que eres Madre de la Soledad que nos inundas de lágrimas.

Te ofrecemos, y ponemos ante tus pies, el dolor de nuestros enfermos. Durante mis años de juventud, cuando anduve con la Fraternidad de Enfermos y Minusválidos, conocí el mundo del enfermo, donde la incertidumbre de la recuperación y el deterioro físico o mental acompañaba a los familiares que sufrían y sufren, a los enfermos que lo padecen. A los de entonces y a los de hoy. ¡Qué duro es contemplar a los nuestros cuando pierden la cabeza, o cuando son desahuciados! ¡Qué dura es la enfermedad cuando nos hablan de porcentajes de éxito o de muerte!  Y qué bella es la unidad de las familias cuando atienden a sus enfermos. Se turnan, se acompañan, se desvelan y sufren con él. Nos enseñan de tal forma a compartir la vida y la enfermedad.

Mira, Madre, nuestros hospitales, nuestros centros de salud, nuestros enfermos crónicos y nuestros enfermos incurables. Sólo el Padre conoce los misterios de la vida y de la muerte, y a Él encomendamos nuestra voluntad. Lleva Madre, la enfermedad de nuestros hijos y de nuestros padres a los pies de tu Hijo para que nos ampare la bondad de su mano delicada, reflejo de su Corazón Misericordioso.

Muchas advocaciones tienes, Virgen Santa de Valladolid, y todas nos llevan a tu Hijo amado. Virgen que bajaste por las aguas del Pisuerga desde Carrión, Saldaña y Liébana; Virgen que recorres los campos de esta Castilla tuya a hombros de los cofrades, míranos con ternura y misericordia, pues son muchas las ofensas que os hacemos. Ofensas de olvido, de soberbia y de corazones endurecidos por los años y la fatiga en el caminar.

Virgen de los pueblos de cielo azul, sembrados de vino y tierra. Virgen de palomares y campanarios, Virgen de Valladolid, Virgen de la Vera-Cruz que nos miras desde el cielo y nos socorres, hoy venimos a ti, con nuestra cruz que pesa, y nuestras soledades.

Recuerdo las primeras impresiones que me produjo esta ciudad cuando llegué con diez años. Fue en Enero, cuando el aire se hace leve, y las aceras se enfrían con la caricia de las heladas. Recuerdo a aquellos maestros que encendieron en mi corazón el gusto por aprender. Acuérdate de ellos, y escucha los dolores de los que practican la misericordia del día a día en su oficio de enseñar al que no sabe. ¡Ay de los que escandalizaran a cualquiera de esos niños! Pues no hay mayor alegría que atender la curiosidad del infante y del joven que abre los ojos, deseando saber del mundo que ha creado el Dios del cielo con su formidable mano.

¡Cuánto dolor hay detrás del que se resiste a aprender, del que destruye su vida con la decisión errada, del que contesta y se ensoberbece! Detrás de cada fracaso escolar hay una persona herida, y detrás de cada persona humilde en el saber hay una luz, y una posibilidad. ¡Cuántas familias rotas que llegan a la escuela rogando que hagamos el milagro de educar a hijos que han vivido sin el ejemplo dichoso de sus padres! Cuánta dificultad añadida en una sociedad que cuanto más libre se cree, más esclavitudes la alcanzan. Niños desatendidos, familias rotas, malos ejemplos sociales y una atmósfera que nos aleja de Vos, madre.

¡Qué hermoso sería ver acercarse a nuestros hijos a tu Hijo sin prejuicios y en santa libertad! Igual que caminaron los niños tras la borriquilla del Domingo de Ramos. Anhelamos para ellos una paz que no encontrarán en tantas cosas de este mundo que sobran y se anuncian como medicinas para la soledad. Ídolos que son nuestras cadenas, y que nos aprisionan en un mundo que se entrega al jolgorio y la fiesta para disimular su vacío y su pena.

Recuerdo, Madre, con cada primavera, los tambores primeros que ensayaban al pie de la Rosaleda al atardecer. Todavía estaban los primeros brotes y las cálidas yemas anunciando tu Pascua de Amor, cuando un puñado de cofrades se entregaba al ensayo, sin calibrar, Madre, que eras tú en su tambor. Yo preguntaba que de donde salía aquel sonido, y un amigo, Tomás, me lo contó con orgullo “Son cofrades que ensayan con tambores”.

Eras tú que anunciabas a tu Hijo con el son de una fiesta, la fiesta de Pascua de Cruz y de Amor, donde la semilla que muere, se troquela en árbol, y del árbol pende un fruto en su corteza como ningún otro. Danos a comer del fruto redentor, danos a probar su cuerpo y su sangre en la Eucaristía, danos a llevar el aroma del buen olor de Cristo a los hombres, nuestros vecinos y hermanos de esta ciudad.

 

Cofrades de la Vera Cruz y de Valladolid. Habéis hecho florecer las calles de nuestra ciudad con las guirnaldas del silencio y de la meditación. Tambores en la noche rompían el duelo de los que reviven la Pasión, cofrades e hijos de Valladolid, hijos de la luz que hoy en la Vigilia Pascual gozaréis con la noche de las noches. Ayer deambulabais cabizbajos, conscientes de vuestra soledad, y acompañabais a esta Madre, a este Cristo de la columna, a este Ecce homo que con tanta esbeltez talló la gubia del maestro, nuestro vecino que fue, Gregorio Fernández.

Son imágenes de nuestra Pasión, las que queremos recorrer todos los días, abrazados a la Cruz, a nuestra Cruz. Porque tenemos esperanza, y sabemos que si el grano de trigo no muere queda infecundo, pero si muere. Madre si muere, da mucho fruto.

Bendita tú, Madre del Redentor, y bendito el fruto de tu vientre, Jesús, el que nos da, en la espera santa de hoy, su bendición.

Te ofrecemos finalmente, madre, la angustia y el dolor de los que en Valladolid no tienen casa ni hogar. Lleva las lágrimas impotentes de los que lo perdieron todo con la crisis. Gentes con estudios, incluso con formación, gentes con familia, y una estable posición social. La crisis ha dejado un precipicio bajo sus pies, y se nos cae la vida a través de esas personas que se mueven hoy en la pobreza. Se acercan a Cáritas buscando un rescoldo del fuego del amor que nunca abrasa y siempre calienta, una mano amiga que los acompañe. María, haz de tu iglesia un hogar para los dolientes, donde repartamos el pan y el vino y compartamos lo que guardamos bajo el fuego de tu Amor.

Acoge a los desesperados, a los descarriados que te buscan sin saberlo. Acoge a los que odian sus vidas, a los que mueren y callan, a los que viven y rezan.

Acógenos con nuestros pastores, y escucha el dolor de sus soledades y angustias. Hoy ponemos a tus pies el dolor de los santos anónimos, la penumbra de los hijos pacientes que callan, pero que han hecho de sus vidas un rosario de esperanza. Hay una iglesia doliente silenciosa, que sufre con los hijos, que añora tiempos más piadosos, que lucha contracorriente en el trabajo y en la sociedad que compartimos todos.

Te ofrecemos a nuestros jóvenes. Parecen reír, pero lloran ante el futuro. Parecen entretenerse, pero nada los llena de veras. Y es que no os conocen, Madre. Dadles a Cristo, que toquen los clavos de la cruz, que beban la sangre derramada y que comprendan. ¡Tantos jóvenes que te cantaron y que hoy se han alejado! “En el pecado llevan la penitencia”, pues es verdad que cargan con ella, y es que no hay mayor penitencia que vivir de espaldas a Vos y a tu Hijo.

Apiádate de las familias que se rompen y se desgajan como uva reseca. Llévanos a la tierra que mana leche y miel, a la del Corazón de tu Hijo, donde una nueva primavera Pascual de Resurreción 2017 nos aguarda.

No quiero dejar de ofrecerte el dolor de los padres de aquel hijo que perdieron. Como tú Madre, consuela a esas madres que ven morir a sus hijos, y enseña a aquellas de corazón duro que Dios está presente también en el pequeño embrión. Llévanos a su lado, para que sepamos acompañar, que las lágrimas nuestras se unan a las tuyas como el Esgueva se une al Pisuerga, para que vayan a dar al gran caudal de los ríos que descansan en el mar.

“Venid a mi los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré, y aprended de mi, pues mi carga es ligera y mi yugo llevadero”. Vallisoletanos que lloráis vuestras angustias, descansad en él, caminad al lado del Unigénito del Padre, pues no veréis alivio más dulce, ni calor más abrasador que de una Madre que acoge y nos guía hasta el Corazón de su Hijo.

Acuérdate de los mansos, de los pobres de espíritu, de los que lloran y luchan por la justicia y la paz. Ellos se parecen a Jesús. Acuérdate de nosotros Señor, que con María te ofrecemos nuestra cruz de cada día. Para que se convierte en una flor, y esa flor en un fruto sabroso de comer.

Muchas advocaciones tienes, Virgen de Valladolid, doliente de la Vera Cruz,… y en todas encontramos a tu Hijo Misericordioso.

 

 

 

Sin quererte ver, he visto,

Hoy tu alma desgarrada,

Por la muerte de tu Hijo,

Agua y sangre en una espada.

 

Sin quererte ver, he visto,

Mis pecados en tu alma,

Me susurrras como un grito,

Que camine hacia tu casa.

 

Te ofrezco con el perdón,

Que labres en nuestras tierras,

Semillas buenas de Amor.

 

¡Qué en la Pascua que hoy espera,

reticente corazón!

Resucitemos de veras.

 

Escritores y poetas en Valladolid. Presentación del libro: Reina y Madre del Dolor.

Allí estuvimos, ayudando a presentar el libro REINA Y MADRE DEL DOLOR, una obra que recoge los 58 años de Ofrecimiento de los Dolores que organiza y preside la Cofradía de la Vera Cruz desde hace años, con una muestra de los discursos de los oferentes, y algunas fotografías que son un testimonio fantástico de vida y experiencias con la palabras, la oración, el recogimiento y el dolor.

Nos han precedido gente tan significativa e importante para las letras vallisoletanas como Francisco Javier Martín Abril, Felix Antonio González González, Anunciación Rodríguez, Teresa Iñigo de Toro, Francisco Pino, Moisés Andrés Cortijo, Antonio Álamo Salazar, José Luis Betegón, Rosa Contreras, Francisco Montero Galvache, Carmen Isabel Santamaría del Rey, Andrés Quintanilla, Godofredo Garabito, José Luis Martín Cea, el sacerdote y poeta Sergio Fernández, Amparo Magdaleno de la Cruz, Eumelia Sanz Vaca, José María Carro, Pablo Montenegro, o Angel María de Pablos, entre otros… y espero no haberme dejado a nadie fuera.

Tampoco dejo en el olvido a los periodistas, políticos, médicos o militares que dejaron en sus palabras un aire de esperanza y de bondad para los que podemos leer y recrearnos con su ofrecimiento pasado.

Colgamos el video con la noticia de TVCYL en su informativo local de Valladolid en el día de ayer, 28 de marzo 2017, así como el artículo que ha publicado EL NORTE DE CASTILLA en su edición de hoy, día 29. Están copiados a vuela mano, que diría el paisano del terruño y la fanega.

 

 

 

Sábado Santo: Ofreceré los dolores de la ciudad y la provincia a la Virgen Reina de la Vera Cruz de Valladolid.

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Un honor y un privilegio ser el oferente de los dolores, y poder acompañar a los cofrades de de la Vera Cruz en este encuentro profundo con Nuestra Madre la Virgen. Gracias.

El Sábado Santo en el Templo de la cofradía de la VERA CRUZ, la más antigua de Valladolid, a las 19 de la tarde celebraremos el OFRECIMIENTO de los DOLORES  a la VIRGEN que talló Gregorio Fernández con prodigiosa mano, y que veneramos cientos de valllisoletanos. Un honor.

 

El enlace con la Cofradía Penitencial de Santa Vera Cruz de Valladolid.

http://www.santaveracruz.es/

 

Mi amigo de pupitre, Miguel Ángel P. R. es hoy un vagabundo.

No tengo palabras para ti, Miguel Ángel P… salvo esta entrada que escribo y que te dedico. No pongo tus apellidos porque prefiero darte la dignidad que nadie te ha dado, pero los recuerdo bien: el primero empieza por P, y el segundo por R. No son vulgares, ni corrientes como podría pensarse. Tu nombre es Miguel Ángel y cumplirás los mismos años que yo este año, tú tres días antes que yo, viejo amigo.

Hacía muchos años que no te había vuelto a ver. Compañero de clase y amigo, en el colegio del Ponce de León de Valladolid. ¿Te acuerdas? Creo que desde que abandonamos el colegio no nos habíamos vuelto a ver salvo para una ocasión puntual, la última que nos vimos… hasta hoy. Teníamos catorce años, terminábamos la EGB y yo entré en el Instituto de Bachillerato Zorrilla, tú te fuiste a otro instituto, creo que el Pinarillo. ¿O fue quizás el Ferrari? No recuerdo. Luego supe de tí por la tragedia de la muerte de tu madre. Hace casi veinte años ya, cuando daba mis primeros pasos como docente. Tu madre enfermó y murió de cáncer siendo una mujer relativamente joven, y como era profesora del primer instituto donde trabajé, no me fue costoso enterarme que era tu madre. No obstante, sois familia conocida… gente del PSOE de toda la vida. Buena gente, por qué no decirlo, de lo mejor que puede uno encontrarse en esta ciudad mía. Seguías igual. Te dí el pésame y nos volvimos a mirar a los ojos y abrazar. De eso hace casi viente años.

Hoy he vuelto a mirar esos ojos, pero no me has visto. Ibas cabizbajo y con paso lento. Vestías como un menesteroso, con ropas de anciano, gabán y abrigo viejo y lucías unas barbas muy de las modas actuales. De las que vuelven y van. Tu pelo ensortijado y rizado seguía siendo el mismo, la vida parecía haberte tratado bien, pero no. No me has engañado. El pelo era canoso en algún rincón, con vetas plateadas, pero estaba despeinado y sucio. Tus facciones seguían siendo las mismas. Ojos alegres y saltones, y boca grande. Hoy solo eran saltones los ojos, y la boca era una mueca rota. Tus ojos marrones tenían hoy la luz de los que miran sin ver, de los que están tan ensimismados que no pueden hacer un hueco a los demás, de los que no ven porque no enfocan con nitidez, de los yonquis que van colocados y tardan diez segundos o más en reconocer algo y se sonríen con retraso. Eran los ojos de la desidia y el abandono, los ojos de un vagabundo que va puesto hasta arriba, no sé si de heroína o de vino barato. Me da igual. Porque seguían siendo tus ojos, los ojos de un viejo y querido amigo.

Los ojos de un amigo con el que me divertía mucho en clase, de los que compartí muchas horas de vuelo y de recorrido riéndome y sonriéndome. Eras muy simpático y gozabas de un sentido del humor singular. Caías bien a todo el mundo, por eso sigo atenazado por la pena de haberte visto destruido, arruinado, machacado. Sé que estudiaste, aunque ya no estoy seguro. Sé que valías para los negocios, y tampoco sé si te has arruinado con los últimos vientos de la pobreza. Esos que soplan de cuando en cuando y nadie sabe qué hacer para detenerlos. Vientos que quitan y ponen gobiernos y que dejan cicatrices en la ciudad: locales cerrados y almas en pena, como la tuya. Cicatrices que no se cierran con nuevos empleos, ni con subsidios, ni con dinero.

Conozco a algunos voluntarios de Cáritas, y últimamente he sabido de los que como tú lo han perdido todo. Estudios y vidas que fueron construidas perfectamente han quedado luego arruinadas. Con la prosperidad  hubo afectos y palmaditas en la espalda, pero con la ruina no. Se cierran negocios, se pierden trabajos, se separan familias y llegan divorcios draconianos para la parte más débil. ¿Te ha pasado eso a tí, Miguel Ángel? Tenías que haberte comido el mundo, ser un hombre asentado, de éxito y con fuerza, tu simpatía te habrá abierto puertas. Alguna decisión equivocada has tenido que tomar, pero eso no justifica que hoy, al cruzarme contigo, y reconocerte sin tiempo para pararme, no se haya bamboleado un rincón de mi conciencia. Te imaginaba en alguna gestoría, llevando una tienda, en algún rincón de la administración pública, pues valías para los estudios y tenías cualidades para comerte el mundo.

No me has visto. Yo iba de la mano de mi hija pequeña al médico, y no me ha dado tiempo de llamarte ni de detenerme. Mi niña hablaba, porque le gusta mucho parlotear sus cosas, y yo la escuchaba cuando… apenas tres segundos después de cruzarme contigo te he reconocido: Miguel Ángel P. R. ¿Qué te ha pasado viejo amigo? Mi hija seguía hablando y ni siquiera me he atrevido a darme la vuelta. íbamos por delante de tu casa, la de tus padres. ¡Claro! Era eso. ¿Qué te ha pasado Miguel Ángel P.? La vida, te ha pasado la vida como si fuera un camión por encima.

Si vuelto a verte te pararé, te preguntaré y te invitaré a un café, y luego a que te rehagas, y luego volveremos a sonreír como lo hacíamos antaño. Compañero y amigo. Discúlpanos, pero creo que hoy entre todos hemos hecho algo mal contigo. Eras mi compañero de pupitre, y no quiero que dejes de ser mi amigo por nada del mundo. Permíteme hoy que te dedique estas palabras, y devolverte la dignidad que nunca has dejado de tener como persona. Aunque hoy la gente se cruce de acera al verte avanzar por la tuya. Aunque huelas mal y vaciles al hablar. Aunque tengas el rostro bruno y arrugado sigues siendo uno de los nuestros. Un compañero de pupitre. Miguel Ángel P. R. Un buen alumno de mi colegio.

Caminas lento con paso abrumado

con la angustia del que tiene todo el día por delante.

Paso a paso, dejando un vapor de olor a pis, unas ropas roídas y un calzado agujereado.

Con toda la tierra por delante, y el aliento de la derrota en la espalda.

Me recuerdas al que caminó hacia el calvario sangrando.

Sé que te llamas Miguel Ángel. Pero yo sé que eres mi compañero de pupitre, mi hermano.

La Divina Misericordia y Santa Faustina Kowalska

Reconozco que últimamente no leo demasiada teología , salvo lo imprescindible que necesito. En este sentido he estado releyendo a Gerhard von Rad, un teólogo del Antiguo Testamento, porque me apetecía reescribir algunos textos de la Biblia. Luego me he enterado que Gustavo Martín Garzo anda con una idea parecida, la de recrear el relato del Sacrificio de Isaac. Tampoco lo tiene fácil. Yo pretendía recrear el Pentateuco entero, pero bueno, ando limitado.

Lo cierto es que entre medias, y como por sorpresa, me ha llegado un libro curioso que he leído con gusto, me ha hecho detener todo (tampoco tengo fuerzas para mucho)  y que me ha ayudado a redescubrir el misterio de la Misericordia Divina. Casi nada. El libro se titula “La mensajera de la Divina Misericordia” de una autora polaca muy conocida en su país, llamada Ewa Czaczkowska, y cuyo subtítulo es Biografía de Santa Faustina Kowalska. Narra en sus páginas la vida de esta mujer Santa Faustina, y nos cuenta el origen de la devoción a la Divina Misericordia en la persona de esta religiosa polaca que vivió en las primeras décadas del convulso siglo XX. En este sentido es también útil para comprobar los sufrimientos y dolores de la nación polaca en el último siglo.

Si soy sincero diré que el libro no está demasiado bien escrito, y tengo la sensación de que los errores se deben más al traductor que a la autora, pero tiene algo que me ha agradado mucho, y es que la estampa, la imagen principal, la reconocía como una de las que más me llamó la atención cuando era joven.  La leyenda siempre me fascinó: Jesús, en tí confío; aunque creo que en castellano es más certero cambiar el orden de las palabras, JESÚS, CONFÍO EN TÍ. La razón es sencilla, en castellano las palabras más impactantes se ordenan al principio de la frase; lógicamente por orden de fuerza la primera es JESÚS, la segunda CONFÍO, y la tercera la dirección que ratifica la confianza EN TÍ. Simplemente eso. En castellano, el orden de los factores, sí puede alterar algo el producto. Tampoco es algo demasiado importante, pero he ahí mi granito de arena.

Tenía en contra del libro un prejuicio muy mío: que me ponen algo nervioso algunos libros sobre santos, básicamente porque dan la sensación de que no son seres de carne y hueso, y tal desencarnación me molesta, por ser poco cristiana. Si Jesús tomó nuestro barro para sí, me resulta algo exagerado que los santos se muestren como licuados en agua bendita. No me resultan reales, y me molesta, porque lejos de hacer un favor a la causa del santo, creo que lo distancia de una fe adulta que pretende dar razón de la misma.

A pesar que había algunos temores en su contra, el libro me ha dejado un buen sabor en el alma. Desgrana bien la vida de una mística que tal vez esté a la altura de los grandes místicos: Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Santa Teresita de Lisieux o San Ignacio de Loyola. ¿Por qué no? Además se profundiza en una cuestión teológica que pocas veces se suele estudiar y enseñar en las facultades de Teología, que es la misericordia y la divina misericordia. En realidad, formaría parte de la teología espiritual, una asignatura que se suele reducir a un curso, como mucho, de la carrera. Sin embargo, su importancia, por concretar lo que es el amor, bien merecería que se le dedicara más tiempo en los estudios.

En el libro se define con una intuición brillante lo que es la misericordia. El amor es la flor, la misericordia es el fruto. Excelente. Dios es amor, y el amor en acción se llama misericordia, por decirlo de otro modo. La misericordia extiende su mano, lo perdona, lo conduce en la vida, se desvela por él, e intenta despertarlo el sueño del agnosticismo. Dios se comporta con el hombre como una madre, como un padre coraje, como un amigo, como un protector, como un salvador. Todo es poco cuando se ama, y si Dios es amor, su principal acción es la misericordia. Desvivirse para que podamos vivir con Él.

El gran gesto de la misericordia que realiza Dios, es que el HIJO entrega su vida por el perdón de nuestros pecados. Nos rescata de la muerte y del pecado concreto y personal de cada uno, eso como poco. Jesús derrama su sangre, da la vida, y sufre una tortura por amor. Y ese gesto de misericordia, dar la vida por los amigos en un dolor gratuito y desproporcionado, es un misterio que no termina de ser comprendido por los que nos movemos en la órbita del “do ut des”. Jesús radicaliza su vida en un gesto aparentemente inocuo, pero es el gesto que define el amor que surge desde el dolor. Quien no se duele de los males y el daño de otro, es porque no lo quiere. Jesús (el infinito) se duele de nosotros, por eso su misericordia es infinita, y es Divina.

El cuadro lo dice todo: Jesús, confío en tí. Es el gesto principal que nos pide, confiar como un niño con sus padres. Confiar que nos dará cosas buenas, confiar que su voluntad es lo mejor para los dos, confiar para compartir… Me ha gustado, sí, me ha gustado. La mano de Jesús bendice, y de su corazón salen dos rayos: uno trasparente (el agua del bautismo) y otro rojo (la sangre de la cruz y la Eucaristía). La túnica blanca es la resurrección, y las marcas de la cruz en sus manos están visibles, tal y como las mantiene hoy.

La oración a la Misericordia es hermosa y muy sencilla. Tras un Padrenuestro, un Avemaría y un Credo, se rezan cinco veces, como si fuera una corona, con la siguiente oración:

Padre eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de su amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, por el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero.

Luego se repite diez veces:

Por su dolorosa Pasión, Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

 Se repite lo anterior cinco veces, y se termina repitiendo una oración sencilla tres veces.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

AMÉN.

Quien lo rece, sentirá la mano de Dios en su alma, verá como el corazón se le ablanda, entenderá cosas que nunca hasta ese momento ha entendido. Confíen en la oración, y ya verán, ya.

La misión del escritor.

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Es algo que nunca se termina uno de plantear, me refiero a las razones por las que uno escribe y los motivos por los que sigue haciéndolo. Decía Mark Twain algo así como que “si hubiera sabido lo costoso que era escribir un libro, nunca hubiera empezado a escribir”. Y recuerdo, porque es obligación de un vallisoletano de adopción, recordar el trabajo y el cansancio que soportaba el maestro Miguel Delibes cuando concluyó su novela “El hereje”. Es la última, dijo. Y es que escribir es cansado. Compensa, pero es cansado. y a veces, no nos engañemos, no compensa tanto.

Detrás de un escritor (que pretende que lo publiquen, claro) siempre hay un pequeño exhibicionista al que le agrada que la gente sepa de él. La fama y la notoriedad no son lo mejor del mundo, pero salvo que te falte un tornillo, el reconocimiento de los demás siempre se agradece, y creo que eso es válido en cualquier trabajo. En mi caso, prefiero el reconocimiento a la fama, así que de momento me va bien.

En este sentido, se escribe además – y es común a cualquier persona creadora – porque necesitamos expresarnos de una manera especial que nos proporcione placer, aunque también nos obsesione. Eso es válido para músicos, escritores, pintores, etc. Necesitamos expresarnos y crear, aunque muchos no les guste exhibir lo que crean, por vergüenza o miedo. En mi caso, me gusta ofrecer lo que hago, aunque solo sea por el gusto de que agrade y lo disfruten los demás, supongo que así doy rienda suelta al exhibicionista que llevo dentro. Mantengo así la mente ocupada en algo atractivo y como un niño pequeño voy con mi dibujo a la gente: ¿te gusta? Un artista es como un pequeño niño que ha crecido y pide ser aprobado por los demás. Algo de eso hay.

Yo tuve varias razones para escribir “Los caballeros de Valeolit”, aunque la más apremiante fue que echaba de menos una novela ambientada en Valladolid en el siglo XI donde se contara su origen. Valladolid y España están impregnadas de historia y de lugares especiales, y me parecía interesante llenarlas de vida, con historias y personajes. Luego, como lo quieres hacer bien, lo mejor posible, pues te animas a seguir corrigiendo, escribiendo y te enganchas al oficio. Así fue.

Tuve una segunda razón, y era dejar a mis hijas algo que pudieran apreciar de su padre cuando fueran mayores. Algo más que fuera un par de fotos y un recuerdo borroso. Conforme han crecido, esa necesidad se ha ido paliando, pues los libros ya están escritos, y también he ido escribiendo cosas buenas en sus tiernas y delicadas almas. Supongo que esto segundo se llama educar, y no es una tarea menos fácil que la primera. Algo inacabado, pues siguen siendo unas niñas.

Pero hay una tercera razón que atisbé de alguna manera cuando me puse con “El ángel amado”, que era la necesidad de ofrecer algo más que una historieta entretenida. Es verdad que de manera indirecta los personajes llegan al lector, que los lugares escogidos y las acciones diseñadas hablan del autor, pero siempre hay un mensaje que uno quiere trasmitir y que no logra fácilmente. En este sentido me gusta Jiménez Lozano porque es lo que hace con delicadeza, dar cuenta de la trascendencia que le embriaga; o José Saramago, que intenta hacer pensar y reflexionar con muchos de sus escritos.

Como escritor me gustaría trasmitir que Dios nos está esperando pacientemente, y que tal amistad es la felicidad misma. Eso me convierte en un místico de tercera, claro; pero un místico al fin y al cabo. Además, como lo he experimentado, no hablo de boquilla, sino desde lo que he vivido. Más místico todavía. Me gustaría contar que la piedra que desecharon los que edifican la sociedad contemporánea es la piedra angular de nuestra cultura, y que abandonarla supondrá contemplar el derrumbe lento y agónico de muchas cosas que hoy valoramos, pero que en el futuro no se apreciarán: libros, cultura, Dios, esperanza, fraternidad, libertad, humanidad, etc. Todo esto me convierte en un desfasado, en una persona molesta para el sistema contemporáneo posmoderno. Quiero ser el Boecio de mi tiempo, pero uno termina siéndolo aunque no quiera, porque un escritor, y más un poeta, es alguien molesto, alguien que saca de sus casillas a la gente. Es un filósofo que mariposea con un aguijón, una especie de Sócrates, un filósofo que incomoda a las ideas correctas e inmutables.

Eso es nada menos que una misión, una tarea encomendada, una forma de estar en el mundo. en el fondo un escritor que no está comprometido es un escritor que no tiene nada que decir. Por supuesto siempre queda un compromiso con el arte y el buen gusto. Y es que no solo cambiamos el mundo con ideas, también con belleza y con arte. En mi caso me gustaría crear belleza y hacer pensar. Las dos cosas. No se puede tener mejor oficio. Aunque sea terriblemente costoso.

Presentación de la tercera parte. Los caballeros de Valeolit. El testamento de la reina Sancha.

ÉXITO DE PÚBLICO Y DE GENIO.

Ayer presentamos la tercera parte de la novela LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. EL TESTAMENTO DE LA REINA SANCHA. Lo hicimos en Maxtor, en Valladolid.

La tarde estuvo gloriosa, y una vez más el público nos acompañó y nos sentimos, como no podía ser menos, arropados y queridos.

Viejos y nuevos amigos nos acompañaron. Escritores galantes, familiares acogedores,  gente emocionada de saludarme, y yo con ellos. Libros y más libros. Firmamos y compartimos un rato capaz de animar a cualquiera.

Hablamos de la Tercera Parte. De la investigación que estoy a punto de concluir para seguir escribiendo, de publicidades y promociones. De Fernando y del Cid. Del siglo XI y del siglo XXI. De buenos y malos autores. De prosa sosegada que se deleita como un buen vino.

No me preocupa lo demás.

Es cuestión de dinero y de inversión. Estos libros, escogidos por una buena editorial (más grande que la de un servidor de usted), una promoción nacional (más amplia que la que nos dan los medios de comunicación local, que es casi nula), y una inversión generosa,… hubiera convertido en millonario a alguien que seguro que no iba a ser el escritor.

Me ayudó en la presentación el poeta y profesor de Historia Francisco R. López Serrano, mi hermano de sangre. Excelentes los LOPEZ, claro. Más él que yo, por supuesto. Por eso se lo pedí.

Aquí dejo unas imágenes del evento. Gracias a todos. Reanudamos la actividad del blog la próxima semana.

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16 NOVIEMBRE 2016 YA PRESENTAMOS LA TERCERA PARTE DE LOS CABALLEROS DE VALEOLIT.

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Francisco y Antonio en acción.

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Los tres hermanos López. Con permiso de los Panero, aquí sobra arte por los poros.

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Finalmente, enlace a la página de Carlos Malillos. Nos ha hecho una reseña espléndida en su blog. Saludos y gracias, buen amigo.

http://blogdelescritorcarlosmalillos.blogspot.com.es/search/label/PRESENTACIONES

NOVELA. Presentación oficial de la tercera parte de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. El testamento de la reina Sancha.

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Será en la librería MAXTOR de Valladolid, en la calle Fray Luis de León.

Día 16 de NOVIEMBRE a las 7 de la tarde.

Me ayudará en la presentación FRANCISCO R. LÓPEZ SERRANO, poeta y profesor en el IES Galileo.

 

ENTRADA LIBRE

 

¡YA SALE LA TERCERA PARTE DE LOS CABALLEROS DE VALEOLIT!

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YA HE PUESTO A LA VENTA LA TERCERA PARTE DE LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, EN UNA SEMANA ESTARÁ EN TODAS LAS LIBRERÍAS DE CASTILLA Y LEÓN.

TAMBIÉN SE PUEDE PEDIR FÁCILMENTE DESDE CUALQUIER LIBRERÍA DE ESTE PLANETA LLAMADO TIERRA. De hecho me he enterado que está el libro en algunas librerías de  Málaga y Madrid o Murcia. No me digáis cuáles, pero estamos por ahí.

Se puede pedir, desde cualquier librería de España y lo sirven, incluido las grandes cadenas y almacenes del país. Incluso desde el extranjero lo envia ARCADIA LIBROS. SL. GRACIAS a todos ellos, y a vosotros, que nos los pedís.

 

Tengo que organizarme, lo sé. Buscar un día para hacer la presentación del libro, intentar estar presente en los periódicos de la región, y moverme un poquito para difundir el libro. Se va a vender solo, y sois muchos que me lo habéis pedido insistentemente. Me alegra que sea así. Los que más me estáis ayudando a difundirlos sois vosotros, los lectores que os engancha, que creéis que es bueno y que pedís una oportunidad para esta magnifica trilogía.. Muchos lo regaláis a los amigos, familiares, porque os ha gustado, porque pensáis que es una obra única. GRACIAS A TODOS.

Sin los lectores no habría libros.

Poema para un compañero maestro que se jubila con gozo.

Enmudecerá la tiza,

pero no tu esfuerzo,

callarán las calles, hablará el silencio,

llorará la noche, gritarán los ecos.

 

Enmudecerá la tiza,

pero no tu aliento,

seguirá el eco, del consejo cierto,

de la vida, vida,

enseñando esfuerzo.

Los miraste a los ojos,

guardaste su aliento.

 

Enmudecerá la tiza,

jamás tu recuerdo,

de horas regaladas, pasión y desvelo.

Enseñaste a vivir, a exigir sin miedo,

a verlos adultos,

hechos y derechos.

 

Enmudecerá la tiza,

pero los llevarás dentro,

llevarás su escucha, su dolor, lamento.

El que cambiaste por oro, por sonrisa y sueños.

 

Enmudecerán las tizas,

cuando todos lleguemos,

y te digamos amables,

gracias, compañero.

 

A Julio, compañero y amigo, en la fiesta de su jubilación 28 junio 2016, en el IES González Allende de Toro (Zamora)

 

Este poema, que he escrito hace unos días, y que hemos compartido hoy, es para un maestro que ha dejado huella entre sus alumnos y sus compañeros. Sirva de homenaje a todos los profesores que tratan de hacer del mundo un lugar mejor. Gracias Julio, gracias maestro.

FIRMANDO con la librería EL SUEÑO DE PEPA en la FERIA DEL LIBRO VALLADOLID 2016

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Una tarde inolvidable (10 de junio de 2016), con buenos amigos y disfrutando con la agradable tarea de firmar libros, comentar los propios, recomendar de algún otro. Siempre está bien una feria del libro, y más este año en Valladolid y su nueva y tradicional ubicación: LA PLAZA MAYOR.

Coincide el día además porque me han enviado de la tercera parte la cubierta y el interior para echar un vistazo, corregir lo que haya mal, y todas esas actividades insidiosas pero necesarias. Las mismas que hacen que un libro quede perfecto y preparado para su venta.

 

 

ANTONIO J. LÓPEZ SERRANO FIRMARÁ LIBROS en la FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID. Viernes 10 de junio a las 19h en la caseta: EL SUEÑO DE PEPA

La Feria del libro de Valladolid 2016 vuelve a tener como escenario la Plaza Mayor de la Ciudad, tras varios años de exilio en la plaza del Milenio. Seguro que los libreros están más contentos, y los compradores de libros también.

Me gusta el lugar, precisamente está muy cerca y junto a la estatua del Conde Ansúrez que preside la plaza. Un buen sitio para disfrutar de las novedades y para firmar ejemplares de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, Primera y Segunda parte.

La invitación me la han hecho desde la LIBRERÍA EL SUEÑO DE PEPA, cuyo puesto es el número 11. Estaremos firmando desde las 18h y media de la tarde hasta las 20h y 15 del día 10 de JUNIO, día de la inauguración. Y disfrutaremos un rato con los que podáis acercaros a charlar con el ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO, el autor de los CABALLEROS DE VALEOLIT.

Para la Tercera Parte: El TESTAMENTO DE LA REINA SANCHA todavía hay que esperar, y está previsto que salga para los meses de otoño, más septiembre que octubre.

No se me olvida. Felicitamos desde aquí a Carlos Garrido Chalén, escritor peruano y nuevo premio Miguel Delibes de Narrativa 2016 por su obra EL MURO DEL ABISMO. Enhorabuena y felicidades. Un premio que nos dieron el año pasado y que agradecemos enormemente.

Nos vemos el viernes.

 

DISTRIBUIMOS CON ARCADIA LIBROS S.L. PARA TODO CASTILLA Y LEÓN

Hemos dado un salto importante, y es que a partir de este mes de abril vamos a distribuir con Arcadia Libros, distribuidora que sirve a las librerías de Castilla y León de manera preferente, y que puede atender las demandas del libro para el resto del país, incluso del mundo.

No me he podido resistir, entre otras cosas porque últimamente me llegaban varios mensajes de librerías de Valladolid que me solicitaban el libro, lectores de otros lugares de la geografía española; y yo, superado por el tiempo y los deseos cotidianos, no he podido atenderles como se merecían. Con esta decisión cierro una pequeña etapa, pido ayuda a profesionales como son los de Arcadia Libros, y me evito repartir libros por las librerías. Dejo el oficio de distribuidor.

Es una etapa nueva, ni más ni menos.

Hasta ahora las librerías de Valladolid, donde he distribuido personalmente, me han tratado muy bien. Realmente, los libreros son los que están cerca de los lectores, saben lo que pide la gente, escuchan y atienden lo mejor que pueden las necesidades de sus clientes. Viven de ellos, y conocen su oficio. Un oficio, por cierto, más duro y complicado de lo que parece, además de un oficio con vocación.

Muchos libreros aman los libros, los buenos libros. Tiene que vender y vivir, lógicamente, pero eso no quita, que prefieran vender una buena novela antes que una mala. Se entretienen clasificando, ordenando, revisando… para luego recomendar al lector, a veces impaciente y desorientado, la mejor posibilidad. Su riesgo es “mantener” un libro mucho tiempo, a sabiendas de que es bueno, con la duda de si se venderá o si lo tendrá que almacenar en la estantería durante años. De ahí que algunos libreros apenas arriesguen manteniendo libros, cambian cada tres meses las novedades y no se casan con nadie: intentan sobrevivir como pueden. Otros, por el contrario, arriesgan y apuestan por aquellos libros que saben que son buenos, que les gusta venderlos, por la razón que sea, y que ofrecen desde sus expositores incansablemente, aunque se vendan menos que los salvíficos best-seller de turno. Todos ellos tienen mi reconocimiento, porque ninguna de las dos posturas es fácil de tomar cuando se juega con lo de comer.

Muchos libreros sobreviven gracias a las abundantísimas ventas que hacen en Navidad, donde regalar un libro sigue siendo una buena idea. También tienen otros periodos buenos, como el mes de abril, gracias al Día del Libro, 23 de abril, y las Ferias del Libro. Pero hay otros meses donde las librerías están vacías. Días donde no entra nadie, o casi nadie, porque llueve, porque hace frío, porque en enero las rebajas no llegan a los libreros. Da igual, porque gestionar un negocio siempre es duro y difícil, y cuando ves que no vendes, te desesperas.

La excusa actual del negocio editorial y librero es el libro electrónico, pero la experiencia nos va diciendo que tienden a convivir los dos formatos. Los lectores que viajan, de grandes ciudades preferentemente, y que hacen horas de metro y autobús, prefieren libros electrónicos, pero suelen descargarlos piratas. De ahí que las plataformas de libros electrónicos no terminen de despuntar en España, y escojamos plataformas extranjeras tipo Amazon. Pero incluso en esos ámbitos de trasporte público, son muchos  los que prefieren libros impresos. Abundan los lectores que se resisten a la electrónica, aunque ocupen sitio en casa y se acumulen. Según los estudios estadísticos, la gente que usa formato electrónico, suele alternar los formatos de manera natural, según apetencias o disponibilidades. Así que no hay por qué asustarse ni ser catastrofista, porque los libros y los escritores seguirán existiendo a pesar de las dificultades y de los problemas. Y me fijo en lo segundo, por la crisis más que nada.

Todos vivimos cerca de algunos lugares donde tal o cual librería ha desaparecido. Porque no es un buen negocio, porque cuesta mantenerlo, porque en España no se lee. Editamos mucho, tiradas cada vez más cortas, pero leemos poco. Supongo que el buen tiempo ayuda a que la gente prefiera salir de cañas que quedarse en casa leyendo, pero la realidad en España habla de menos librerías, más libros y menos tirada. El problema es que el número de lectores no crece, y sin lectores no hay ni librerías, ni distribuidoras, ni editoriales. Quedarán los escritores, aislados y reducidos a la autopublicación o al ámbito local o regional, que es donde me muevo.

Es curioso que en el mundo de la globalización, no exista, por ejemplo ninguna distribuidora de ámbito nacional siquiera. Y es que distribuir es caro, lo más caro y costoso del proceso, además de escribir supongo.

Durante estos meses he aprendido mucho del negocio. Pero no es mérito mío. Me han ayudado algunas librerías, me han animado y he firmado libros con ellos. He preguntado y me han respondido. Me he sentido apoyado, incluso admirado y reconocido, y eso se agradece. Ser librero es algo más que un oficio o una profesión. Y les doy las gracias.

ANTONIO J. LÓPEZ SERRANO

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