Archivo de la categoría: Pensamiento Filosófico.

Artículos y comentarios filosóficos. Desde una perspectiva antropológica, el autor opina.

La belleza y el drama de la sensibilidad.

Desde no hace mucho tiempo se ha investigado la sensibilidad de las personas, y se ha descubierto que aproximadamente un 20% de la población es altamente sensible, en siglas corrientes PAS: Personas Altamente Sensibles.

Los estudios que se han hecho son serios, no es una cosa de cuatro friquis, sino que está más o menos aceptado por la psicología, la psiquiatría y la neurología contemporánea. La base biológica afirma que el hemisferio derecho del cerebro (el de las emociones y la creatividad) se activa mucho más (bastante más) en unas personas que en otras. Esto da lugar a unos rasgos caracteriológicos en las PAS que tienen que ver con la empatía, las emociones, los sentidos, el estrés y el desestrés, la creatividad y la sensibilidad para captar lo que los demás no captan de las personas o de la naturaleza. Tradicionalmente se les clasificaba en el pensamiento de Jung como personas introvertidas, pero no es exactamente así. Los PAS no son tímidos, ni insociables, ni introvertidos. Simplemente necesitan desestresarse con más frecuencia que el resto. Les satura un centro comercial más pronto que al resto, y son más tendentes a la depresión y al sufrimiento; pero a cambio también son más creativos, más intuitivos, más ingeniosos y más capaces de disfrutar de las pequeñas notas de color que la vida va regalando.

De esto se deduce, siendo un porcentaje tan alto (20%), que es abundante el perfil PAS en artistas, escritores, pensadores, actores, orantes, artistas en general. Pero también es muy frecuente un mucha otra gente anónima. La proporción es la misma en hombres y mujeres, y como sabemos que los rasgos del carácter se heredan y se mantienen más o menos toda la vida, podemos hablar de familias PAS, niños PAS mal diagnosticados como tímidos; y adultos, calificados como bichos raros por el común, pero que probablemente son simplemente Personas Altamente Sensibles.

En el mundo de la cultura se me ocurre que seguramente han sido PAS escritores como Wilde, Juan Ramón Jiménez, Kafka, Proust y muchos otros. Picasso también parece tener un perfil PAS, y lo mismo podríamos decir de Einstein, Dalí, San Juan de la Cruz o Santa Teresita de Lisieux. Lo cual nos hace pensar que hay muchas formas distintas de ser PAS, que es tanto como decir que hay muchas formas de ser persona y de vivir en este mundo.

Por supuesto, parece lógico que los que no son PAS difícilmente entiendan plenamente a los que lo son. Y los que lo son, si no canalizan su sensibilidad extrema, pueden sufrir mucho en la vida. Tampoco son mundos radicalmente separados, porque hay hasta otro 20% más de personas que se declaran sensibles, aunque no altamente sensibles. El resto, simplemente se confiesa nada sensible o muy poco sensible.

Los cuatro rasgos de las Personas Altamente Sensibles son los siguientes. Los pongo porque seguro que más de un lector se identifica con ellos, y es que el mundo está lleno de PAS que no saben que son PAS:

  1. Se procesa mucha información y de manera profunda. Es decir, los PAS estamos todo el día con la cabeza en funcionamiento. Analizamos todo, pensamos todo, sentimos intensamente. Estamos buscando soluciones a todo, analizando y mejorando el mundo en nuestra cabeza. El mundo cercano y lejano, lo cotidiano y lo que vemos por televisión. Damos vueltas a nuestras relaciones personales, a los problemas de la humanidad y a lo que nos echen por delante. Una PAS se estimula más que la media, está siempre como acelerado y en tensión, lo que puede generar ansiedad y estrés si no se canaliza y se desestresa uno.
  2. La sobreestimulación agota a las PAS. Las Personas Altamente Sensibles necesitan desestresarse porque se saturan en la información que reciben a lo largo del día. Necesitan descansar, tumbarse en la cama, pasear a solas por el campo o la ciudad, no hablar con nadie. Las PAS no tenemos (porque me incluyo) miedo a la soledad, al contrario, nos encanta estar con gente pero nos cansamos de ella. Y es que para nosotros hay gente  que es muy agotadora, que para los demás no lo son. No es timidez, es sobreestimulación y bloqueo. Un PAS nunca se aburre, siempre tiene algo que pensar y olvidar.
  3. Las PAS se emocionan fácilmente, se conmueven enseguida, y empatizan con las personas de manera casi inmediata. Sabemos, sin estar demasiado tiempo con alguien, si esta persona está a gusto o a disgusto, está bien o machacada, si sufre o disfruta. Somos de lágrima fácil. Nos alegramos mucho con la gente alegre, y nos entristecemos con la gente que está triste. Somos especialmente intuitivos para las emociones de las personas.
  4. Somos muy sensibles para los matices de los sentidos. Nos molestan los ruidos, los olores fuertes, las aglomeraciones. No todas las Personas Altamente Sensibles son iguales, y ya he dicho que hay muchas formas de ser PAS, pero es fácil que a una PAS le ponga muy nerviosa alguien que está nervioso a nuestro lado moviendo la pierna, por ejemplo; y nos machaca estar junto a alguien que está estornudando y sonándose los mocos constantemente, segundo ejemplo. A una PAS un Centro Comercial le satura pronto, está a gusto cuando llega, pero al poco tiempo necesita regresar a casa porque se harta y se cansa del ruido, el bullicio, los gritos y la música en chunda chunda. Los demás no se dan cuenta, pero las PAS sí nos damos cuenta y lo sufrimos, porque necesitamos desestresarnos más frecuentemente que el resto.

Confieso que estos rasgos del carácter yo los había identificado más con una especie de inteligencia espiritual y artística,  algo que se debía añadir a las demás inteligencias de Gardner, pero resulta que ya estaba investigado, y que le llaman PAS. Y me parece bien compaginar las dos cosas. Entre los rasgos secundarios del carácter PAS, es decir que son frecuentes pero no generalizables, es habitual que las PAS sean personas bondadosa por miedo a desagradar a los demás, tengan tendencia a la depresión, o sean creativos y enamoradizos, concienzudos y perfeccionistas. También es frecuente que las PAS traten de disimular su carácter para ahorrarse sufrimientos. No son, somos, insociables, simplemente nos agotamos más de la estupidez y la banalidad humana porque buscamos una profundidad que no siempre se nos ofrece.

Saber que eres PAS significa que uno pone nombre a lo que es y sabe que es. Conócete a  mismo. Más que carga o un problema, que también puede llegar a serlo, ser Altamente Sensible es un don que Dios da algunas personas, y que nos permite alcanzar cierta felicidad en la contemplación de lo creado y de Dios mismo.

Dejo el enlace de la asociación PAS en España, y agradezco a Karina y a Elaine su trabajo e investigación para facilitar la vida de muchas PAS que viven en el anonimato.

 http://www.asociacionpas.org

¿Cómo podríamos acabar con la corrupción política?

La corrupción política es uno de los males que aquejan a todas las sociedades y sistemas políticos del mundo, y da igual que sean democracias, dictaduras o una mezcla. Corromper significa alterar, viciar, estropear, echar a perder, depravar, dañar o podrir. Casi nada. Por eso la corrupción política es la acción de alterar y estropear la actividad política.  Pudrirla, echarla a perder y cargársela. Lo malo es que la actividad política es necesaria e imprescindible para construir una sociedad, a mejor o a peor. Por eso el riesgo que corremos es muy alto si no controlamos mejor a nuestros corruptos favoritos.

A nadie se le escapa que el termómetro de la corrupción puede llegar a ser bastante subjetivo, tanto como la procedencia del que formula el juicio ético; y así, para algunos la corrupción es distinta cuando la ejercita un rico que un pobre, uno mismo o el prójimo, el partido de sus desvelos o el partido de sus esperanzas. Tales subjetividades no ayudan, desde luego, pero el semáforo en ámbar ya nos pone en aviso de que lo que para unos está justificado, incluso es una necesidad del representante público, para otros es un acto inmisericorde que no merece ni el perdón divino. Unos pasan corriendo y otros se detienen. Y es que en este asunto basculamos desde un puritanismo agotador hasta una laxitud sospechosa, sobre todo cuando las medidas y los raseros son distintos según la ceguera y luminosidad de las gafas que cada uno lleve por la vida. Poner unas reglas objetivas ayudará, pero más ayudará a prevenir que esas reglas objetivas no sean cambiadas con facilidad por el político siguiente que llegue al poder.

Los teóricos de lo político ya analizaron estos problemas en su momento, y llegaron a la conclusión de que la mejor forma de combatir la corrupción ( y el abuso) es limitando el poder, y la mejor forma de limitar el poder es separarlo y convertirlo en compartimentos estancos e independientes, cosa que no siempre se respeta en las democracias modernas. En sentido positivo, se fomenta la corrupción cuando el poder concreto se rodea y acompaña de una caterva de deudores, acólitos, amigos, familiares, defensores del partido y simpatizantes de la cosa nostra. Los intereses se centrifugan, y la maraña que se genera convierte el poder el poderoso en un ejercicio ilimitado e irrefrenable de abusos. No es un problema sólo de ética individual, que también, sino de ética colectiva, y por tanto de control social, ético y político.

El poder de un político cualquiera (poder ejecutivo) está limitado básicamente por el poder judicial. Hasta ahí la idea es buena, pero tiene una excepción: que el juez o magistrado deba su puesto a un equis que no sea su capacidad; si eso ocurre, entonces el juez, el fiscal o el magistrado elegido a dedo (a imagen y semejanza del Parlamento) tendrá favores que deber, servidumbres que pagar y corrupciones a las que abrazarse. Le faltará la honestidad suficiente, y estará tentado de ser menos independiente con unos que con otros.

Dicho de otra forma: si en el año 1985 el PSOE  no hubiera montado una Ley Orgánica del Poder Judicial para poder intervenir en el nombramiento del CGPJ poniendo gente de su cuerda, no estaríamos como estamos. Si el PP no hubiera adherido al despropósito, otro gallo le cantaría ahora en el Congreso. Lo llamaron tercer turno, o sea, dedocracia para determinados cargos en la judicatura. Extrañamente, hoy se quejan de corrupción los mismos que inventaron el juguete dañino, apuntando al juguete y no a su dedo.

El poder político, sobre todo en la Administración Municipal, tiene que tener una limitación en su actividad que no puede proceder permanentemente de los jueces. No podemos poner un Juez en cada Ayuntamiento o Consejería para examinar al poder todos los días, de ahí que tengamos que arbitrar cuerpos administrativos independientes, de alto rango y potestad que frenen las apetencias de los políticos. No hay nada mejor para frenar a un concejal de urbanismo que un funcionario que no le deba el puesto, que tenga herramientas para actuar y que trabaje con independencia. Y si no hace amistad con él, casi mejor.

Pongo un ejemplo. Si se hace una contratación en un Ayuntamiento, y en la mesa de contratación abundan los que deben su cargo y su sueldo a “alguien”, no será extraño que la honestidad se vaya de vacaciones. Por el contrario, si en la mesa de contratación todos son técnicos independientes, nadie debe nada a nadie, están bien pagados y valorados, es probable que la tentación del político sea mejorar la ciudad antes que mejorar a los del partido o sindicato amigo. Porque tentaciones tenemos todos, e incumplimientos legales se producen en muchos más ámbitos de la vida. La cosa es evitarlo en el que maneja el dinero de todos, y toma decisiones por todos.

Cuando se empezaron a exigir “méritos sospechosos” a los funcionarios para acceder a determinadas plazas de alto rango, fue cuando la corrupción puso sus bases. Aquellos Secretarios de Ayuntamiento cuyo mérito en los traslados era conocer la idiosincrasia soriana, por ejemplo, obtuvieron una plaza menos prestigiada y con un fuerte débito a su creador, que los que solo fueron guiados por su capacidad y mérito general. Cuando se colaron cientos de sindicalistas y amiguetes del partido en muchos estamentos administrativos locales y autonómicos fue cuando empezó a estropearse la fruta del cesto. Cuando hoy día los puestos de libre designación son tantos y tan abundantes, es normal que además de gozar de la confianza de su jefe, gocen del silencio que los capacita para continuar con la mamandurria otorgada. Acabe usted con los amigos en la administración, termine con los puestos de confianza, y tendrá una administración más ejemplar, y me atrevo a decir que bastante más eficaz. Una administración que controlará al político en sus abusos, es una buena administración que sirve al ciudadano con más ejemplaridad. Y es que representantes del pueblo son elegidos por el pueblo en las urnas; pero los funcionarios son los mejores del pueblo por su capacidad.

Por supuesto siempre quedará la conciencia ética y la capacidad personal para sustraerse a las tentaciones. En la Asamblea Nacional de los primeros años de la Revolución Francesa era muy frecuente ver como los parlamentarios (también el Rey) buscaban más el aplauso que la prudencia o la razón en sus discursos. Una vanidad que costó cara a muchos, pues no es posible gobernar bien buscando el aplauso permanente de un pueblo al que no has formado, ni has educado para la corrección ética ni la razón. Por eso, el futuro de la corrupción se terminará jugando en la educación que ahora ofrecemos en las escuelas. Una educación donde, y no escandalizo a nadie, la impunidad es demasiado frecuente; donde la ley del más jeta y del más díscolo se imponen al resto. Se está fortaleciendo, directa e indirectamente, la corrupción que en el futuro soportaremos. Los profesores están atados de pies y manos, y los responsables de la educación piden mejores números para presumir ante sus parlamentos y sus tertulias de café de que son estupendos y brillantes en sus quehaceres gubernamentales.

Prevenir para que no haya corrupción en el futuro es más importante que apuntar al corrupto y rasgarse las vestiduras mediáticas. Son así, porque los hemos creado nosotros. Que paguen, pero pongamos los medios, por favor, para que no vuelva a suceder. Dividamos más el poder, pongamos más límites al gobernante y reeduquemos la sociedad para que la ética ciudadana brille por sí misma en la escuela. ¿Es pedir mucho?

Morir en soledad, morir en el olvido, morir con esperanza.

Me cuenta mi amiga Inma, que han muerto dos de los indigentes del centro Betania de la parroquia. Qué edad tenían, le pregunto. Cincuenta y ocho y sesenta y dos, me respondió ella. Y continúa con su explicación: la calle que termina pasando factura.

El centro Betania, donde unos cuantos voluntarios de Cáritas echan una mano, trata de convertir el desierto de la ciudad en un oasis de encuentro. Allí se dan cita los indigentes de la zona, gente que ha perdido mucho, o casi todo, que sobrevive como puede, y que necesita una conversación, una comida caliente al día, y algo que no se puede comprar ni vender: el interés por uno, el cariño y el afecto.

El perfil de los que allí acuden no es el que uno cree esperar. No son los fracasados de una sociedad competitiva. Son simplemente los que fueron engañados desde su infancia. Muchos que allí se dan cita tuvieron buenos trabajos, buenos trajes y mejores empleos. Familias felices y futuros planificados. Muchos estudiaron y se esforzaron bastante más que otros que ahora los miran con desdén. Y es que no hay nada como el dinero para comprar voluntades y seguridad de las que duran veinticuatro horas. Fueron engañados porque creyeron que el sueño de la causalidad “si trabajas, te irá bien” se cumplía. Y no.

La crisis pasó por encima de ellos y de sus buenos negocios. Lugares donde invirtieron todo su capital y su vida, simplemente se desplomaron. Muchos fueron empleados, pero otros fueron emprendedores que hoy sólo tienen deudas. Los ayuntamientos dejaron de pagar, ¿se acuerdan? Bien, pues algunos se arruinaron porque sus proveedores no les dieron un duro; otros porque no cobraron de los que tampoco cobraban. Despidieron a sus plantillas hasta que se arruinaron. Allí se juntan todos, directores de empresa y empleados de la misma empresa. Con una mano atrás y otra delante, y con los ojos hundidos y vivos por la miseria compartida. Saben perfectamente lo que piensa la gente cuando se cruza de acera, pues ellos estuvieron antes en este lado. El otro lado.

Luego vinieron la fatigas de no saberlo encajar, las parejas que se disolvieron cuando se acabó el pan y la cebolla, los embargos, las ventas precipitadas para hacer frente a pagos imposibles. Hasta que llegó la ruina. Sus ex y sus hijos viven mejor que ellos, y por vergüenza prefieren seguir siendo invisibles en otras ciudades y entre otras gentes. No todos, pero sí muchos. Los subsidios para mayores de 55 años sin empleo rondan los 350 euros al mes, creo, y algunos no los cobran porque la Administración opina que tienen algo. Con poseer una finca que no se puede ni vender de lo ruinosa que es, ya eres rico en este país de mierda que prefiere regalar el dinero subvencionando soplapolleces. Y así andamos.

Dicen los expertos silenciados, que la crisis ha traído un incremento de suicidios espectacular, del que no se habla, claro. Nuestra sociedad está concienciada de la única muerte posible, por violencia de género y por accidente de tráfico. El resto debe morir de muerte natural, digo yo. Como estos dos indigentes de mi parroquia. Se han muerto de muerte natural, aunque para mí se han muerto de pobreza y de injusticia. Comen una vez al día, cuando comen; no tienen calefacción en los rincones que comparten entre varios indigentes, ni luz, ni agua caliente, ni lavadora para lavar la ropa que les regalan. Se pasan todo el día por la calle deambulando, sentados en un banco, pasando la vida. Muertos en soledad y en el olvido. Por mucho antibiótico que te receten, como no tengas defensas en el organismo no sobrevives. Y esta gente la palma sin que nadie se entere, para vergüenza de una sociedad que mira siempre los escaparates para no ver a las personas con las que se cruza.

Me cuenta Inma que alguno de ellos ha vivido los últimos meses más cerca de Dios, y no me extraña. Me repite las palabras de uno de ellos: “Cuando tenía todo, y no me faltaba de nada, nunca pensaba en Dios. Pero ahora que lo he perdido todo… Cuando os he visto hacer algo por mi, me he dado cuenta de que Dios tiene que existir”.

Es una cuestión de justicia, supongo, pero creo que algo más. Dios es la única esperanza que le queda al que se ha quedado sin nada, y esa experiencia la he visto muchas veces a mi alrededor. El que perdió media vida en un accidente de tráfico suele reconocer la mano de Dios; el que se arruinó acaba encontrando algo gratuito que nadie le puede dar; el que fue vencido por la vida, consiente en comprender que Dios es lo único que le queda.

Por eso hay que desconfiar de los que hablan de mejora económica. ¿Con esperanza o sin ella? Hasta la próxima crisis, claro. Entonces caerán otros que ahora se ufanan de triunfar, de tener éxito y de prosperar sin ayuda de Dios. Hoy estás en lo alto, y mañana no se sabe.

Nuestro país es asombroso en su capacidad para maltratar a su gente. Artistas de primer orden en el mundo del flamenco, por ejemplo, murieron en su día en la indigencia; y lo mismo ha sucedido con escritores, dramaturgos, pintores, escultores… Algunas estrellas de televisión terminaron rotas, léase Sonia Martínez, Perico Fernández… Son ejemplos de los que vivieron deprisa y murieron jóvenes. Pero esta gente ni eso. Ni siquiera vivió deprisa. Intentó vivir, lo hizo bien, bastante bien, y su único error fue estar en el sitio equivocado en el año equivocado y con el negocio y empleo equivocado. ¿Cuestión de suerte? Cuestión de injusticia creo.

Me cuenta Inma que en el funeral casi no había nadie. Ni un familiar ni nadie de aquellos viejos tiempos. Les quedan los amigos de hoy, los que han compartido la miseria en los últimos días y un puñado de voluntarios de Cáritas. Al menos no están solos del todo, me dice Inma. Y yo no puedo menos que escribir estas líneas por el bien silencioso y esperanzado que hacen.

Paseando a Francisco Franco Bahamonde.

Franco va a terminar siendo como el Cid, triunfará después de muerto. Sus enemigos le tienen miedo, y con solo oír su nombre la adrenalina les empieza a funcionar. En realidad no le odian, le tienen más admiración que rencor, y más amor que indiferencia. Escribí hace tiempo que Franco ya era un desconocido total en las escuelas, gracias a los intentos del PSOE por borrar del mapa la cultura general en los colegios. Bueno, pues ahora la sorpresa es que los mismos del PSOE piden exhumar el cadáver del viejo generalísimo de amor y tirria que le tienen. Para mi que lo van a pasear por los pazos de España como la Copa del Mundo que ganó Iniesta con su gol, para mayor gloria de Pablo Iglesias. Podemos, podemos.

Una gran parte de los antifranquistas de antaño, gentes de izquierda y de Falange de verdad, odiaba a Franco sin tapujos, pero con el tiempo y tras un periodo de indiferencia, si han llegado a las canas y son sinceros consigo mismo y ha leído algo, han terminado valorando bastantes cosas del Régimen Franquista. Y es que no hay nada como comparar la dictadura de Franco con la de la estupidez que hoy nos preside. El dictador vuelve a ganar la guerra, y ya le vale, porque sigue siendo por falta de inteligencia del enemigo.

Por desgracia, siempre ha quedado otra izquierda, la que por no odiar a Franco cuando hubo que hacerlo, lo acaba admirando, pues del amor al odio hay un paso. Y estos que presumen de odiar mucho, son unos despechados de un amor imposible. Y es la hora, digo yo, de resucitar la momia del dictador, del Valle de los Caídos, que no de los muertos de Karnak, y darle un paseo entre pitos y palmas para regocijo de la plebe, y confusión en Europa. Pues eso va a ser. Y el PSOE, ahora sí, se va a poner en primera fila para ver cómo se ha quedado el difunto tras 41 años sepultado, que se dice pronto. Un fiestón al estilo Tarantino, pero con un muerto de serie A.

La propuesta no es tan ridícula. El mismo Orígenes, teólogo del siglo III, fue condenado por hereje 150 años más tarde de morir. La pena es que no hubo cadáver para quemarlo o pasearlo, que es casi lo mismo. En cambio, los franceses, que viven en un permanente autoengaño, enterraron a su dictador particular, un tal Napoleón, como si fuera el mismo Lenin en su mausoleo. Es la grandeur, y los muertos son lo más grandioso que tiene una nación. Lo ideal sería que a Franco le hicieran un mausoleo en la Puerta del Sol, o la de Oriente, que era más emblemática, y tengan así los españoles un sitio donde escupir por la mañana y reconciliarse con su historia por la tarde. Con entrada de 10€ y con IVA cultural del 4%, todo a beneficio de los de la memoria, se me ocurre.

Será curioso ver la cara de Pedro Sánchez o de Susana Díaz cuando abran la tumba de Franco y vean que no está, por ejemplo. O que está muerto de verdad, o que está con el cuerpo incorrupto. Eso sí les daría un soponcio y de los gordos. Buscarían a alguien a quien culpar y sacarían una nueva ley educativa para que nadie piense que era un elegido por Dios. La familia de Franco, si fuera inteligente y hubiera sabido hacer buenos negocios, debería reclamar el cadáver del abuelo y llevarlo a un mausoleo privado en alguna capillita de esas escondidas de Madrid. Cobrarían la entrada a 25 euros, y llenarían la sala con la posibilidad de insultarlo o de besar al muerto, a gusto. También otra opción es mandar el cadáver a Montserrat, o pedir a los cubanos que nos presten el cadáver de Fidel Castro una temporada para reemplazar el hueco que deja el difuntísimo caudillo, que se lo podemos intercambiar, como los libros. Sería bonito, un intercambio de dictadores, Lenin en París, Napoleón en España y Franco a Rusia. Por un par de años, eso sí, que cada uno tiene que cargar con sus muertos.

La propuesta de Podemos terminará siendo la de pasear el cadáver de Franco por toda España, como hicieron con la monja aquella Barcelona que exhumaron sin permiso durante la guerra civil. Esa será la propuesta de los radicales de salón en cuanto pasen unos meses aburridos sin nada que hacer por el Parlamento. Es el morbo de toda la vida. Contemplar los restos putrefactos, la sangre y los filetes del muerto siempre pone mucho a la gente y mantiene vivo al pueblo entre liga y liga. La peña podría disfrutar de la leche. ¿Más ideas para recuperar la memoria? Se podrían hacer procesiones, conferencias contra el franquismo con el cadáver de Franco delante, mítines con Franco y sin él, y hasta se podría llevar a la Sexta, para lo entrevistara la Pastor esa. Lo mejor sería ver que la copa del Rey vuelve a ser del Generalísimo. Un señor detrás manejando el muñeco, que es un cadáver muy respetable sería trending topic. Seguro que la gente cantaba el himno español en Barcelona con más ganas y devoción. El espectáculo sería único, y colocaría la marca España en los lugares más elevados de su historia. Luego tras cinco años de festejos, intercambios y verbenas, pedirían devolverlo al Valle de los Caídos y ya está. Hasta dentro de otros 41 años.

Seguro que el Pepé se abstenía para evitar confusiones de última hora. Y es que somos así. Nos encanta la fiesta, y si hay cadáveres y muertos para procesionar ya ni te digo. Menos al Pepé, que son unos paniaguados, ni de fiesta, ni en las casetas, ni trabajando en contra. La verdad es que entre todos haremos bueno al chico ese de Eurovisión (duyufollolove, duyufollolove). Otro cadáver, en este caso musical, que también pone mucho. Ale, a la isla de los famosos con el cadáver de Franco.

El complejo cultural español.

El tema viene a propósito de un comentario que escuché a un señor que afirmaba que en España no había ningún pensador sólido en la historia de la filosofía porque preferíamos entretenermos con el fútbol y los bares. Refuté el argumento indicando que sí había gente, y cuando eché mano del elenco de pensadores españoles me quedé con Ortega, y casi regresé a los tiempos de Vives, Averroes y Séneca. ¿Era cierta esa afirmación?

Desde luego los países que son pequeños presumen mucho de lo poco que tienen, eso es cierto. Dinamarca y Copenhage presume mucho de Kierkegaard, de Hans Christian Andersen, de la cerveza Carlsberg y de la sirenita. Uno por sector, y eso hacen muchos lugares del mundo. Holanda vende a Van Goth y Praga a Kafka. En cambio, los países más grandes venden la cultura de otra manera, casi siempre ligada al potencial económico. En este sentido, España es un país pobre en recursos y casi ridículo en propaganda cultural, dedica muy poco a potenciar su cultura y el negocio de la cultura española está todavía por explotar. Eso es cierto.

Pero no es cierto que no haya artistas ni pensadores, yo diría más bien que vendemos poco o nada a nuestros epígonos culturales, tanto de primera como de segunda fila. Ciertamente nuestro peso no ha estado en la filosofía, y menos en las últimas centurias, pero tampoco nuestros políticos destacan por ser unos magnificos impulsores de lo que ya tenemos. Y tampoco disponemos en España de un baluarte cultural e intelectual de cierto peso ordenado y reconocido, como tienen en Francia, por ejemplo. Los intelectuales españoles han pasado por ser los amiguetes de cine y algún que otro escritor. Es poco lo que exportamos, pero es mucho lo que atesoramos. Vendemos mal lo mucho que tenemos. Sería deseable otra actitud, de acuerdo.

España ha dado buenos filósofos en su historia. En el mundo romano destacó Séneca, y en el mundo visigodo San Leandro, San Ildefonso y San Isidoro de Sevilla. Al-andalus fue cuna del despuntar filosófico musulmán, competía con la escuela de Bagdad, y presentaba nombres tan importantes como Averroes, Avempace, Avencerraje y muchos otros. Gente olvidada en los planes de estudios de la Historia de la Filosofía, que seguramente la diseñan en Londres, París y Berlín. En el renacimiento destaca la Escuela de Salamanca, donde muchos pensadores brillan junto a Juan Luis Vives, Domingo de Soto, Francisco de Vitoria. ¿Por qué esa gente no se estudia en al historia de la filosofía? Pues porque los que hicieron las primeras historias de la filosofía en el siglo XIX olvidaron el catolicismo, o sea a los españoles. ¿Realmente no había pensadores o es que se quedaron fuera? Se quedaron fuera porque eran menos conocidos y poco apreciados en un contexto Europeo de rivalidad. Hasta el Parlamentarismo hay que reconocerlo como un invento leonés del medievo, y no una genialidad británica. Ellos venden y nosotros olvidamos nuestro genio.

El resto de la historia del siglo XVIII, XIX y XX ha pasado para nuestro país desde la imposibilidad de pensar libremente, y no es culpa exclusiva de la Inquisición, ni del olvido de nuestras autoridades monárquicas primero y liberales después. Un pensador original y profundo como Gustavo Bueno está a la altura de Bertrand Russell, pero nosotros no lo apreciamos así. Ortega es un genio, y si lo consideran algo por Europa es porque estudió en Alemania, no porque fuera español. La gente conoce a Kierkegaard, pero nadie se acuerda de Ortega, al que las derechas acusaron de republicano, y las izquierdas de avenirse con el franquismo. De Zubiri ni se acuerda el respetable, y eso que fue un magnífico pensador contemporáneo. Mejor abrazamos a Foucault, que era un renegado con poses fascistas. Así nos ha ido.

En otros sectores culturales sucede algo parecido. Francia, Inglaterra y Alemania subrayan los suyos, y los venden como si fueran agua de mayo; mientras tanto en España no nos preocupamos ni tan siquiera de conocerlos. ¿Se imaginan el flamenco en Inglaterra? Sería la música y el baile de moda en todo el mundo. En España los editores de cante hondo, cante gitano son… franceses. Se editan en París, y luego nos venden los cedés a nosotros. En España la gente escucha cualquier basura anglosajona, y ni siquiera entra en los circuitos comerciales de nuestro país el flamenco. Gracias a Hispanoamérica, Mexico, Colombia, Perú y Argentina, el complejo español es menor. Ellos no tienen reparo es su música, ni en su arte, ni en sus escritores. La pena es que no seamos una sola nación, ni una confederación más unida por una construcción cultural hermanada.

En el mundo anglosajón, Shakespeare es, además de un dramaturgo, una asignatura consistente en leer e interpretar al dramaturgo. Lope de Vega, que no tiene nada que envidiar al inglés, pues además de ser un dramaturgo tan genial o más, era poeta, y muy bueno; pasa desapercibido por el mundo, más que nada porque está olvidado por los españoles. Si Lorca es famoso fuera de España, es porque fue fusilado, porque la izquierda exiliada lo vendió como un mártir, y porque escribió Poeta en NY. Tan bueno o más es Manuel Machado en comparación a Antonio Machado, y se habla mucho del segundo y poco del primero.

España es un país espectacular en pintura. Pero ni siquiera hemos sabido vender a Goya como precursor del impresionismo. Picasso, ha pasado durante décadas por un pintor francés, mientras que aquí lo despreciábamos por no entenderlo. Dalí vendía porque era raro y tenía bigote, Miró es desconocido, y Antonio Tapies, otro genio, tampoco es muy apreciado por los españoles, que prefieren a Kandisnky porque es de fuera, y por supuesto van Goth, que es más chulo que Tiziano o Rivera. Hasta Velázquez lo vendemos mal.

Nuestro país no es inferior culturalmente a las grandes potencias culturales. Lo que es inferior es nuestra política cultural y nuestra inversión económica. Que ni está ni se la espera. Por eso en España hay grandes artistas, grandes escritores, grandes pintores, y grandes músicos. Tengo un libro por casa que escoge los mejores obras de literatura de la historia (escrito por un holandés): por supuesto sólo está el Quijote. Prefiere el Cantar de Roldán al Cantar del Mío Cid y así con casi todo. Se le olvida a Galdós, Blasco Ibáñez, Lope de Vega, Fernando de Rojas, Miguel Delibes y cientos de escritores geniales que no lograron vender fuera de nuestras fronteras. ¿Por qué? Hasta el Premio Nobel lo han inventado en un país pequeño, donde hay 15 galardonados en las letras que son Escandinavos, por 12 Hispanos (de los que 6 son españoles). Esto lo explica todo, claro.

La cortesía ortográfica.

Muchos debates en redes sociales comienzan hablando de cualquier tema (casi siempre política), y terminan ahondando en la ortografía y la escritura de la gente. Y es que hay peña que exhibe sin arrobo sus vergüenzas ortográficas creyendo que cuanto más zafios, más espontáneos y majetes son. Suelen recibir bastantes críticas, y es lógico, pues es más fácil recriminar a un pollo tomatero su faltas de ortografía que argumentar sobre el cambio climático, pongo por caso. Luego vienen los insultos contra los talibanes de la ortografía, y que escribir con faltas no es un indicativo de tener más o menos cultura.  Entonces responden otros cabreadísimos sobre el estado lamentable de la cultura, y no les falta razón. Suele ser entonces cuando abandono el tema para entretenerme con los deberes de mi hija, o con otros asuntos prosaicos que la vida familiar me ofrece.

Me molestan, aunque reconozco que no demasiado, las faltas de ortografía cuando son menores; pero me asombra y fastidia la soberbia del que escribe con más faltas que una embarazada en periodo de gestación y presume de ello chuleando al resto. También me golpean las faltas graves, esas que dañan a al vista y que me impiden seguir leyendo salvo que me inicie en el noble arte de la jaculatoria mariana. ¡Madre mía, Virgen Santa! Siempre son expresiones socorridas que ayudan a aligerar las emociones encontradas. Me da pena el infractor, y juzgo (pues ya tengo premisas y prejuicios para andar valorando) que el contenido de lo expresado flojea tanto como el que contenedor del fulano que la expresa. ¿Será un bachiller contemporáneo o un licenciado remasterizado actual? Y me entra un yuyu que vuelvo a la jaculatoria.

Decía Ortega, que la cortesía del filósofo era la CLARIDAD, y de la misma forma y parafraseando, la cortesía del que se comunica por escrito debe ser la CORRECCIÓN ORTOGRÁFICA Y GRAMÁTICAL. Lo contrario es la incomunicación, o la comunicación con interferencias. Dicho en román técnico: no se entiende una mierda, y vete a saber que c… dice este tío. Aprender a escribir con corrección ortográfica y gramatical es una de las tareas más elementales que debe enseñar la escuela; y si no lo hace, es mejor cerrarlas, resetearlas y volver a encender el disco duro de los planes educativos.

Es verdad que la ortografía es simplemente un convencionalismo. Se parte de unas reglas de juego heredadas por el latín, y se busca la eficacia y la claridad comunicativa. Ya está. Esas reglas de juego se expresan y clarifican desde la RAE, lo cual permite que podamos escribirnos y leernos sin que se nos salten las lágrimas de risa o de pena, y que podamos simplemente comunicarnos con gusto y corrección. Los cambios en las reglas ortográficas suelen ser molestos, sobre todo cuando se han asimilado las reglas anteriores. De ahí que deberían permitir siempre las reglas anteriores, sobre todo cuando la ambigüedad que toleran y proponen es mayor. Ahí está el famoso debate sobre “tomar un café solo” o tomar un café sólo”. Se equivocarán los de la RAE, sin duda, pero es un trabajo respetable y nada fácil el que les toca hacer. Yo solo pido no cambiar a peor. Perdón. Quiero decir que yo sólo pido no cambiar a peor.

También es verdad que no todas las reglas ortográficas tiene la misma importancia. Es más molesto en la lectura una ausencia de “h” que el olvido de un acento, y también hay que aceptar que algunas reglas ortográficas son complicadas de aprender, pues varían sutilmente según el contexto en el que se escriba, acentos diacríticos, palabras juntas o separadas, etc. Son pequeñeces, pero cuando uno se dedica al oficio de escribir, percibe que no es tan fácil ni claro escribir sin faltas. Y si eso le sucede a un escritor con folios de vuelo, que no le sucederá a un chavalito de quince años, o a un redactor de Televisión Privada.

Esas faltas, en mi opinión, son muy veniales cuando la comunicación es privada y personal, incluso me atrevo a decir que no son casi ni faltas. Pero cuando se escribe a un público amplio, o se redacta desde la Administración Pública, la corrección ortográfica es casi una cuestión de “marca nacional” y de juzgado de guardia.

Es curioso que en Secundaria no podamos poner los profesores como objetivo educativo el escribir sin faltas, pues los contenidos, incluso en la asignatura de Lengua Castellana lo impiden. Cuando los políticos dicen que hay que meter más horas de Lengua, casi nunca se acuerdan de la ortografía, y menos de la Literatura. Casi siempre se empeñan en meter más sintaxis, teoría del lenguaje y otros conocimientos, en mi opinión menos decisivos para la vida. Escribir correctamente es una cortesía que deberíamos enseñar a todos los ciudadanos. Lo de la sintaxis y el primo de Saussure pueden esperar un poco, creo yo, a que lo primero quede replandeciente.

Luego está el resto, el cotarrillo de la España contemporánea, cuna del castellano y refugio de listillos, donde emergen grafías inhumanas llenas de signos impronunciables. De todas ellas, la que más me mosquea es la del duplicado arrobático, que se ha extendido como grama por el monte. Es el signo “@”, que pretende sustituir el genérico masculino por el masculino y femenino a la vez. Asistí, hace unos años a un conferencia dada por un vasco de la Universidad suya, que añadía el femenino allí donde el masculino ya hacía su labor, creyendo que con tal vicio, nos informaba de que era muy feminista el tío. En realidad me abrió los ojos a la estupidez humana, pues se hizo tan tediosa y farragosa su explicación, que me juré que nunca hablaría ni escribiría así. Aquel hombre faltaba al deber de claridad y de corrección más elemental.

Luego han proliferado otros signos (“#”) que lo único que han logrado es que la gente que se cansa de escribir, se anime a escribir en jeroglíficos y en emoticonos, que es el nombre que reciben los dibujitos que se añaden a los textos.

Todo muy expresivo, pero poco claro de lo que realmente se siente. Y es que las palabras dichas con corrección son, y pueden ser además, bellas. Por eso enseñar ortografía debería ser cuestión de Estado, para que no nos quedemos sin poetas ni literatos.

¿Por qué estudiamos la historia que estudiamos?

La historia es siempre una reinterpretación de unos hechos del pasado, que han sido seleccionados previamente por el historiador. Por eso no es, ni puede ser, objetiva. No lo es cuando el historiador selecciona unos hechos y no otros; y no lo es cuando interpreta esos hechos en función de sus intereses políticos, éticos o sociales del momento. El historiador reinterpreta la historia y lo único que le podemos pedir, no es que sea objetivo, sino que sea honesto con la verdad que trata de dilucidar; que intente por todos los medios ser fiel a la verdad que va descubriendo aunque esa verdad le moleste y flagele, aunque desee que hubiera sido de otra forma. Cuando el historiador utiliza la historia para justificar el presente político y su actuación particular y partidista, seguramente está dejando de hacer historia para hacer política. Se convierte en un altavoz de la mediocridad.

Esto explica por qué a los políticos les interesa mucho la historia. Quieren que se cuente en las escuelas exactamente de la forma que ellos quieren que se cuente; es decir, que den la única interpretación posible para que una sociedad que prefiere el fútbol a leer libros de historia sea convencida y aplauda lo que en el presente se hace o se quiere hacer. La propaganda política, y no solo hablo de nacionalistas, utiliza la historia para justificar su postura ideológica presente, como si vieran en la historia algún tipo de progreso, de evolución o de sentido. Los políticos y sus altavoces hablan de la historia que avanza o que retrocede, y ellos dicen que gracias a sus empecinamientos progresa, avanza y se menea de gusto. Ahí es nada. No hay más que ver los libros de texto del cole o los documentales de la tele para percibir sus intentos.

Tienen parte de razón. Que cuando se manipula con éxito la historia luego cuesta mucho volverla a poner en su sitio. Ahí están los mitos inventados del caso Galileo o de Hipatia, los olvidos de Blas de Leza y de Rafael Menacho, las conversiones de la revolución francesa en burguesa, o las terribles atrocidades de la inquisición, las cruzadas y los españoles en América. Todas ellas despiertan emociones, y es que para eso se reinventan y se reinterpretan.

Por supuesto, los más grandes reintérpretes de la historia han sido los ingleses, y el más grande manipulador de la misma su vecino Karl Marx. El resto hace lo que puede deshaciendo lo que hacen otros, y desdiciendo lo que afirman gratuitamente otros. En España la historia nos la hacen de fuera, y eso es algo que no se nos debe olvidar. Desde la guerra civil hasta Trafalgar. Por eso estamos acomplejados, y lo seguiremos estando mientras no recuperemos la memoria histórica de verdad. Sin manipulaciones y sin reinterpretaciones.

Pero no quiero detenerme demasiado en España, mi país, sino pararme en la interpretación que estamos haciendo actualmente sobre la REVOLUCIÓN FRANCESA. Gracias a la obra de Mme Staël, Consideraciones sobre la Revolución francesa, escrita poco después de los hechos, se termina uno enterando de lo que ya sospechaba: que Marx ha sido el mejor y más grande manipulador de los hechos históricos que ha habido, y su fratricida influencia llega hasta nuestros días sin cortes ni arrobos. Allí no hay ni lucha de clases, ni triunfos de la burguesía; como tampoco hubo revolución del proletariado en Rusia en tiempos del Ejército Rojo.

Madame Staël escribió cuando todavía no se mentía afirmando que la Revolución Francesa era una Revolución burguesa, que es la principal aportación de Marx. En realidad no fue una guerra entre las derechas y las izquierdas, ni siquiera un enfrentamiento entre lo que el llama clases sociales, que claramente es una entelequia falsa creada para justificar la violencia y la masacre del enemigo, al que siempre se acusa de “opresor”. En realidad Madame Staël, hija del ministro de Finanzas Necker, considerada uno de los analistas políticos más inteligente de su tiempo, brillante y con unos conocimientos aplastantes de su tiempo y de la historia que pudo conocer, valoró y aportó muchos más datos para reconstruir la historia de lo que sucedió en la Revolución sin dejarse llevar por las vísceras.

La causa de la Revolución Francesa fue la pésima gestión política del Rey Luis XVI y su esposa, María Antonia. Titubeos, e incapacidad. Populismo y no querer perder el control llevaron a la ruina a Francia y a Europa, gracias a su incompetencia política. Salvando las distancias: cabreó a la gente tanto como Zapatero a los suyos hace cinco años (como pasa el tiempo, coño). Luis XVI tomó decisiones que arruinaron su economía (no la de la gente, pues de eso se encargaban las malas cosechas), y tomó decisiones políticas que arruinaron la estabilidad social y política (cabreó todos los estamentos sociales habidos y por haber). Ante el caos y la debilidad del Rey, aparecieron los listillos de siempre, los que se aprovechan y se escudan en las ideas para conseguir ser famosos, tener éxito y poder, y presumir más que una mierda en un solar. Eso fue la Revolución: un caos ético y económico, una guerra de personalidades por conseguir el poder a toda costa y mantenerlo, que terminó aclamando a Napoleón, un militar-dictador que puso orden en la jaula.

Mme Staël no está contaminada por el marxismo, y eso es algo que se agradece. Pero hay varias lecciones políticas que voy aprendiendo de ella, pues todavía no he terminado el libro.

Primera lección: Lo que más daño hace a una sociedad es un incompetente tomando decisiones. Nunca se arrepentirá de lo que ha hecho mal. Ni aunque le cortes la cabeza. Y la primera incompetencia de un gobernante es no saber hacia donde conducir una nación. No tener ideas y dejarse mecer por el viento de los acontecimientos prestando oídos a todos y queriendo quedar bien con todos. Lo peor son esos bienqueda que gobiernan para la opinión pública y para el pueblo. Pues el pueblo es en esencia plural y manipulable por la propaganda de los sectarios.

Segunda lección: En cualquier sociedad abundan los sectarios. Hay que evitar por todos los medios que acceda al poder cualquier fanático. Da igual que tengan unas ideas u otras, que sus ideas suenen mejor o peor. Su sectarismo les impedirá gobernar buscando el bien de los que no piensen como ellos. Se suelen considerar soberbios, superiores, sabelotodo, reflexivos, populares y harán lo posible para llevar a cabo sus ideas por todos los medios. No escuchan otras ideas, y no van a cambiar de opinión ni aunque sea evidente su equivocación. Son sectarios, ¿qué van a hacer si no? Deben gobernar las personas que escuchan a los otros, que ponen en tela de juicio sus ideas cuando se le ofrecen razonamientos, que entienden que el rival político puede tener buenas y mejores ideas que los nuestros, y que no está mal reconocerlo.

Tercera lección: La historia la suelen interpretar los sectarios. Por eso, es importante deshacerse de ellos y relegarlos a lugares donde sean inofensivos. Hay que evitar que lleguen a la universidad, a las escuelas, a los documentales televisivos o a las cátedras de lo que sea. Además de no saber por no haber estudiado, emborronan el saber de otros con sus fanatismos y cerrazones. Su gran mal serán generaciones manipuladas a las que no se podrá hacer pensar.

Cuarta lección: Aquí no hay buenos y malos. Hay buenos gobernantes y malos gobernantes. Eso no significa el triunfo de los gestores tecnócratas (recuerdo a Habermas) frente a los ideólogos. Un gestor sin ideas no existe, y un gobernante sin ideas no hace nada, y termina siendo un mal gobernante. Los buenos gobernantes destacan por su honestidad, su ética incorruptible, su amor a las normas, su desgaste por la patria y por el colectivo, su búsqueda de soluciones a los problemas de la gente, su empatía hacia el sufrimiento de las minorías, y su aprecio a los sacrificios de las mayorías, su rechazo a la demagogia, su odio a quedar siempre bien, su vómito hacia los que disfrazan la verdad de múltiples formas. Esta gente no es ni de derechas ni de izquierdas. Se lo aseguro.

 

 

Buscando la cruz desnuda.

La Semana Santa de Valladolid es una de las más importantes y vistosas del mundo, desde el punto de vista artístico y cultural. Pero también la ciudad está llena de lugares escondidos y solitarios donde recrearse en el Misterio de la Pasión de Cristo. Uno de esos lugares entrañables es el que se encuentra junto al puente de Arturo Eyries, lugar que recuerda la primera fundación de las Carmelitas Descalzas en la ciudad, y que fue abandonado por la insalubridad y humedad del terreno ya en tiempos de la Santa andariega, Santa Teresa de Jesús. En recuerdo que se tiene de aquellos días, se levantó esta cruz desnuda, y se allanó el camino que lo conduce, paralelo al río. Un lugar que evoca los más profundos sentimientos de camino y de sentido.

En estos días de la Semana Santa se hará penitencia, se desfilará en procesión y se caminará. En la simbología más clásica cristiana, “caminar” es uno de los gestos más significativos de la fe. El pueblo judío caminaba errante y sin rumbo, y Abraham fue invitado a hacer camino, a ponerse en camino. Si algo muestran los evangelios es que Cristo, Jesús de Nazaret, anduvo los caminos predicando la Buena Nueva. Caminar recuerda la vida, que se hace camino e itinerario. La vida es una senda, y los caminos son anchos o estrechos según las apetencias de los andantes. Ancho el de la perdición, y estrecho el de la salvación. Seguir a Cristo no es sencillo, y el camino se hace con un grupo, con una comunidad que es la Iglesia. Se camina en procesión, siguiendo el paso que marcamos entre todos. Unos se quedan rezagados, y otros marcan el paso con buen ritmo.

La Semana Santa en su aspecto procesional, pero también desde el punto de vista espiritual y teológico, recorre las calles, hace caminos y traza senderos por donde nunca se ha caminado antes. Procesionar es avanzar por la senda que nunca se ha recorrido, sabiendo que conduce a un lugar distinto, a una tierra que mana leche y miel. Una tierra de Resurrección y Paz.

Pero caminar merece un esfuerzo que no tendría sentido si no hubiera un horizonte o una meta hacia la que caminar. La vida sucede y pasa tanto al que sabe y tiene un lugar al que ir, como al que vive dejando que pasen los años. La noción del poeta Machado de “se hace camino al andar” es certera, porque el poeta está pensando en los pasos recorridos cuando vuelve la vista atrás. Pero no nos da una orientación, no dice hacia donde caminar, ni con quién, ni cómo. Vivir es caminar, de acuerdo, y “vivir la fe” es caminar hacia la casa del Padre. Para el cristiano la vida tiene un sentido, caminamos hacia un sitio que conocemos de oídas, y que hemos experimentado espiritualmente en momentos puntuales: una Eucaristía, una confesión, una oración hecha ante un paisaje hermoso, ante el Sagrario, ante la enfermedad de un ser querido, etc.

La Pascua nos recuerda que el camino pasa por la cruz. Y eso supone que no todas las fases del camino son iguales, ni son iguales los senderos cuando somos jóvenes, niños o ancianos. El caminante experimentará un cambio de mentalidad con cada paso que da. Se verá más fuerte, más profundo, más maduro ante Dios y ante sí mismo; igual no se comprende bien a sí mismo, pero a buen seguro que el caminante no permanece de la misma manera. Cambia su ropa, su rostro, y sus entrañas más profundas y sentimientos. La cruz que abrazamos, la de cada día, no es una melancólica resignación, sino un encuentro con la esperanza de los que sabemos que tras la enfermedad está la resurrección que es Cristo; tras la quiebra, el negocio próspero; tras el sueño, el despertar. Tras la muerte, la vida eterna.

Cristo se hace camino, itinerario y cruz. Por eso, en esta Pascua, la vida de los hermanos cristianos coptos asesinados en Egipto son una actualización de la cruz que asesinó a Jesús, son mártires que nos dan testimonio de que Jesús ha caminado y ha muerto por nosotros. Su camino ha terminado, pues han llegado a la casa del Padre, e interceden por nosotros desde el alba que no tiene ocaso.

Por eso, el asesinato masivo con armas químicas en Siria, nos anuncia que la paz es posible si se persevera en el bien. Que la cruz no es el final ni es un fracaso de Dios con los hombres. El dolor nos invita a contemplar a un Dios que sufrió por nosotros en una cruz, patíbulo y horca de aquel tiempo. Muro de ejecución y cámara de gas de los romanos que prendieron a Jesús y lo ejecutaron como el peor de los hombres. La cruz no es signo de fracaso, ya no. Es la puerta de acceso a la Vida Eterna. El pecado y el mal no podrán contra ella, pues se subió Cristo que era Dios, y nos ha redimido con su sangre, venciendo la muerte, y rompiendo las cadenas del mal.

Por eso, el último atentado terrorista en la bella y pacífica ciudad de Estocolmo nos consolida en comprender que caminar es un ejercicio de fraternidad, de justicia y de perdón. Y que no es fácil cuando se sufre en carne propia. Pero no hay otro camino que el que recorrió Jesús hace 2000 años. Ni la venganza, ni las espadas, ni la sangre enemiga terminarán con el dolor, el pecado o la muerte. Confianza en Dios, y en su cruz desnuda.

Buscando la cruz desnuda me he encontrado con que antes subieron muchos al madero sagrado, y que los caminos de Pascua que cada uno de nosotros recorre, se vinculan con la Pascua definitiva de Cristo.

Feliz Semana Santa.

Feliz Pascua de Cruz y Resurrección.

Reflexión: los límites de la libertad de expresión.

La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír (George Orwell).

Es una buena definición, pero me temo que insuficiente. Como todos los derechos, la libertad de expresión tiene límites, ningún derecho es absoluto e ilimitado, pues todos tienen restricciones y límites. El más claro es la libertad de expresión del otro, y que se basa en la igualdad de un mundo plural y diverso en ideas. Por eso no es una locura afirmar que deberíamos también derecho a no oír determinadas cosas que no queremos oír, y eso es también libertad de expresión y respeto a la libertad de pensamiento. Sin embargo, en nuestra sociedad, eso es bastante complicado orquestar.

En primer lugar, hay que partir de una premisa histórica decisiva para comprender el actual marco democrático de libertades, y es que la libertad de expresión y de pensamiento surgió teóricamente como una necesidad frente al poder establecido. El gobernante, el rey absolutista, censuraba las opiniones discrepantes. Y a lo largo de la historia así se ha sucedido: la censura ha sido siempre la principal herramienta que ha coartado y limitado la libertad de expresión. Su uso en las dictaduras de cualquier signo es la principal seña de identidad para diferenciar una dictadura de una democracia. De la libertad de expresión deriva la libertad de cátedra o la libertad de prensa, imprescindibles en un Estado que pretende el pluralismo político.

En segundo lugar, el principal límite de la libertad de expresión afecta al honor de las personas. No podemos insultar, mancillar, calumniar o injuriar a alguien, ni con motivo ni sin él; y mucho menos públicamente. Pues destruimos de inmediato el honor de la persona, y con ello la convivencia y la fraternidad que deben presidir una sociedad. Estos límites siempre han estado ahí, desde el principio. La injuria sería aquel delito consistente en una acción o expresión que lesiona la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación. Se considera grave cuando hay desprecio a la verdad, publicidad, etc. La calumnia, prima hermana, consiste en imputar un delito a alguien sabiendo que es falso. Son delitos privados, que persigue el que es injuriado o calumniado. hay cosas que no se deben decir, por respeto a las personas.

Estos límites a la libertad de expresión son los que han presidido nuestro marco legal durante muchos años, funcionando bastante bien. Se podía manifestar cualquier opinión, siempre bajo las reglas de juego de respetar la opinión del otro. El problema es que las ideologías políticas han necesitado altavoces mediáticos permanentes y constantes para hacerse valer, y en su deseo, han terminado imponiendo un determinado tipo de ideas relativistas y no totalitarias, convirtiéndose ellas mismas en un nuevo tipo de totalitarismo ideológico. Han acabado siendo lo que combaten, entre otras cosas porque necesitan repetir el mensaje ( es una táctica política), y además, para más inri, han precisado acallar a los rivales políticos para escucharse a ellos mismos mejor. Dicho de otra forma: esto es un gallinero de a ver quien grita más. Y se apela a la libertad de expresión para gritarle al otro la opinión propia, y se pide al otro silencio porque nos ataca con sus odios y agresiones. Así está el patio en las redes y en la sociedad.

El problema surgió, en mi opinión, con los abusos que tuvo la libertad de expresión frente a las víctimas del terrorismo en el País Vasco. Claramente fue la primera gran restricción a la libertad de expresión, pero que todo el mundo entendió que era para proteger mejor a las víctimas de ETA. Gente que había sufrido la muerte en sus carnes no tenía por qué aguantar a un señor en la televisión vasca, o en el periódico, diciendo que matar era estupendo para lograr la libertad de la patria vasca. La construcción ideológica del terrorismo etarra necesitaba gritar sus consignas para hacerse valer y convencer a los vascos de que asesinar era el camino correcto. Esa apología del terrorismo, se entendió que alentaba el terrorismo y agredía a la sociedad tanto como la pistola y el tiro en la nuca. Lo mismo que se limitó su presencia y participación en las elecciones, etc. Tales restricciones se aceptaron como buenas, porque la justicia y el derecho parecían no proteger adecuadamente los sentimientos de personas que no merecían seguir siendo víctimas de la violencia, ni siquiera ideológica, de un grupo minoritario defensores del asesinato en determinadas circunstancias. La lucha contra el terrorismo en su conjunto parecía pedir este tipo de restricciones a la libertad de expresión.

La libertad de expresión continuó siendo limitada con las reformas sucesivas de los códigos penales. El ejemplo más inmediato es el artículo 510 CP donde se recogen los delitos de odio, hostilidad, discriminación o violencia contra una grupo,… por razón de pertenencia por motivos racistas, antisemitas, o referentes a ideología, religión, creencias, situación familiar, pertenencia a étnica, origen nacional, sexo, orientación o identidad sexual, por razón de género, enfermedad o discapacidad. O sea, que no se puede decir demasiado de ningún colectivo, y menos criticarlo, porque la sospecha de despertar el odio, aunque no se pretenda más que la discrepancia amistosa, lo impedirá.

Semejante destino penal tendrán los que trivialicen delitos de genocidio, lesa humanidad, bienes protegidos en caso de conflicto armado, enaltezcan a sus autores, etc. O sea, que nadie puede discrepar de determinadas verdades que el derecho penal considera absoluto, y que minimizarlo lleva penas de  prisión, multas, etc. ¿Es adecuado que en una democracia haya unas ideas absolutas sobre las que nadie pueda discrepar? El bien jurídico parece que es evitar el odio y la discriminación, pero también parece un bien jurídico lograr que no haya discrepancias en algunos hechos de la historia, y eso es un retroceso en libertades. ¿Se puede hablar con libertad del franquismo, por ejemplo, cuando el debate y la discrepancia entre los historiadores y los españoles no está cerrada?

A la luz de este artículo del CP no pueden opinar los siguientes colectivos, entre otras cosas porque promueven a la violencia y al odio: los racistas, los antisemitas, los anticlericales, los cristófobos, los islamófobos, los tradicionalistas de la familia, los gitanofóbicos, los homofóbicos, los misóginos, los misántropos, los antibisexuales, y por extensión los negacionistas de los asesinatos de Hitler, Stalin, Castro, Pol Pot, Gengis Khan, el Che Guevara, el apartheid, Napoleón y muchos más. Los que nieguen los asesinatos de la noche de San Bartolomé son delincuentes, y lo mismo los que digan que Robespierre fue un gran hombre, pues instauró y consolidó el terror rojo en la Revolución Francesa. ¿Están protegiendo a las personas y las minorías o están protegiendo que todos pensemos igual? Desgraciadamente, las dos cosas. Discrepar en algunos temas es un delito, y eso altera las reglas de juego de la pluralidad y la diversidad en una sociedad donde se puede pensar lo que se quiera. ¿Por qué no? El problema es que no se puede decir, y eso despierta la crítica de José Luis Sanpedro: “Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada”. Pero se puede parafrasear perfectamente: “Sin libertad de expresión, la libertad de pensamiento es una tumba”, y se termina muriendo el pensamiento.

Evidentemente, como esto no se puede cumplir – pues los jueces, fiscales y abogados no tendrían tiempo para hacer nada más – pues se cumple a veces sí y a veces no, según la corriente de opinión que sople por la ventanilla del magistrado de turno, según si denuncia alguna asociación y tal y tal,… lo cual genera una arbitrariedad impropia de un sistema jurídico seguro. Tampoco se nos escapa, que el legislador incorpora en sus precisiones terminológicas un lenguaje y un concepto técnico de la sexualidad que no es generalizado ni común. Lo de orientación y lo de identidad sexual no es defendido siquiera en el ámbito científico por unanimidad. Lo mismo sucede con las interpretaciones de la historia, los genocidios y los hechos del pasado y de la política. Para mucha gente el Che es un genocida, pero para otros es un héroe.

En mi opinión, el legislador ha ido demasiado lejos y está impidiendo opinar libremente cuestiones que pueden ser opinables. Desde luego, su pretensión era buena, evitar el odio y la discriminación, pero afectando a la opinión ha errado de plano; y ahora no es fácil corregirlo.

En la ofensa a las religiones y los sentimientos religiosos sucede algo parecido. El art. 525, que por cierto se cumple bien poco en las redes sociales, donde hay gente que rezuma odio contra la iglesia, dice textualmente: “Incurrirá en pena… los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito, o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente a quienes los profesan o practiquen”. Casi nada. Hay miles de mensajes en la red que delinquen impunemente, contra la iglesia y contra el islam principalmente. Es decir, ha habido más delitos en gente cabreada con lo del autobús, que lo que decía el autobús mismo, que no decía nada ofensivo contra ningún colectivo. Al menos que yo sepa.

A mi me enseñaron que cuando una persona discrepa de algo, sea lo que sea, puede ser combatida en su opinión con otra opinión. Y no me parece malo del todo. Si un colectivo defiende la violencia contra otro colectivo, en lugar de castigar su opinión, sería preferible defender el derecho de todos a discrepar, y oponer ideas contrarias. En España, desde que hay estos delitos de odio, parece que han crecido los delincuentes, y es que no hay nada mejor para potenciar algo que prohibirlo. ¿Tanto daña la opinión de otro, aunque rezume odio? Al final la libertad de expresión es restringida dañando a toda la sociedad, y conduciéndonos a un lugar del que no sé si sabremos salir.

Otra cosa es la violencia real. Por ejemplo, los que con fuerza, intimidación o violencia impiden actos o celebraciones religiosas incurren en delito, y es que aquí sí se atenta contra la libertad religiosa y de conciencia de los demás. O alguien que agrede a otro porque es tal o cual. Eso es delito, ¿pero opinar sin ofender? Aunque moleste, habrá que defenderlo.

 

 

Reconstruir, destruir o deconstruir Europa, that´s the question.

El chiste lo encontré en los días que ganó el “brexit” el referendum de junio, y expresa bien el salto que hay entre los populismos descerebrados, que pululan por todos los países de Europa sin excepción, y la realidad económica, política y social que suelen traer. Luego vienen las exculpaciones, que si ha sido periquito, que si el mundo es hostil a nosotros, que si hay un contubernio judeomásonico, da igual. Los políticos siempre tienen un discurso que justifica sus errores, y el discurso de la construcción se impone, aunque se esté derrumbando la casa.

En mi opinión, Europa se deconstruye  a pasos agigantados, y esa es una realidad que no es nueva, pues se está fragmentando el alma de los europeos con discursos ilustrados y contradictorios desde hace siglos. En sentido estricto, y para no irnos muy lejos, la posmodernidad filosófica, de hace veinte años, reflejó antropológicamente lo que hoy es una realidad política: Europa y Occidente se disuelven en compartimentos éticos, se regresa a la cueva lo que no quiere ser mostrado, y se disimulan las contradicciones para poder soportarlas mejor. Aparentamos estar de fiesta, cuando en realidad estamos de luto. Además, las nuevas generaciones piensan que es mejor no salir de la fiesta, salvo para pegarse, claro.

Vamos a hacer historia. Los proyectos problemáticos en Europa provienen de los ideologismos que sustituyeron el deísmo frío del siglo XVIII. Primero triunfó la razón ilustrada y luego lo hizo el corazón romántico. Aquello fue la deconstrucción de las raíces culturales. Lo malo es que el tema no terminó ahí, pues la gente se lanzó a discutir sus ideas en los cafés, luego en los clubes y finalmente en los medios de comunicación y en los campos de batalla. Discutir es bueno, y ha sido una práctica muy nuestra, desde los filósofos en Atenas, hasta los Concilios Ecuménicos. Lo malo es que para que triunfen unas ideas, algunos listos piensan que tienen que morir los rivales, y esa lección histórica, casi olvidada en Europa, causante de nuestros dos últimos siglos de matanzas (y me quedo corto), sigue latiendo en el trasfondo de una Unión Europea desorientada. Dicen que construimos Europa para olvidar que nos masacrábamos, pero dentro de un corazón roto hay odios que resurgen, porque nunca fueron combatidos a conciencia. Y el corazón europeo sigue roto porque sigue alejado del “perdón”. El Norte rico no perdona al Sur, y viceversa, y los del Este no confían en el Oeste, y al revés

Europa alberga en sus entrañas dos diablos ancestrales que no terminan de morir, y que están arraigados en lo más hondo de sus entrañas. Los dos nos conducen a la destrucción. El mito “diabolos” del revolucionario, el contestatario romántico, que sigue siendo asimilado por la izquierda en los países del sur, los PIGS (Garibaldi, Durruti y Robespierre). Bajo esta ilusión se pretende construir algo nuevo y mejor, pero siempre se hace sobre las ruina de lo que se le opone. Consecuencia: destrucción y guerra.

El otro es el mito “diábolos” de la raza superior, del puritanismo ético, que arraigó con fuerza en los países protestantes, especialmente entre los anglosajones, germánicos y escandinavos. Bajo esta idea unos hombres son mejores que otros, son los puros, los elevados, los perfectos. En su peligrosidad, este mito nos deja sin gente, a diferencia del primer diábolos que nos deja sin gente y sin cultura. Ejemplo de esto sería Hitler, pero también la chulería de los british que se adueñaron de medio mundo argumentando que “no eran civilizados”. De ahí el brexit actual, o el pelirrojo del otro lado del Atlántico.

Pero las verdaderas raíces europeas no son las diábolicas, sino las simbólicas que unifican y dotan de sentido a su historia. Europa ha tenido suerte de contar entre sus raíces ideológicas y culturales con el cristianismo, que ha dotado sus instituciones y cotidianeidad de valores tan necesarios como la igualdad, la libertad, la trascendencia, el arte, el pensamiento o la fraternidad. El cristianismo sigue siendo la única fuerza capaz de moderar los populismos y los extremismos de cualquier color, sigue siendo la base europea y occidental, y cualquier mitología que trate de sustituirla conducirá a Occidente por el camino equivocado. Los racismos de nuevo cuño, los populismos revolucionarios y agresivos, los pragmatismos economicistas, son enemigos de la construcción europea. Por eso son ideologías que se manifiestan con radicalidad y energía contra la religión y contra el cristianismo en particular.

En nuestras raíces está empujar la construcción europea hacia posturas humanistas, donde lo primero sea el hombre en trascendencia, la persona comunitaria. Lo que se vino a llamar el personalismo cristiano que defendió Mounier, padre de la DUDH (Declaración Universal de Derechos Humanos). Se necesita más filosofía, más pensamiento, más oración y más Jesucristo, precisamente lo que se lleva negando desde hace décadas en el concierto occidental. Sin ellas no construiremos, porque las fuerzas contemporáneas tienden, y más en la posmodernidad, a la deconstrucción cultural. Todo fragmentado, nada sólido y vigoroso, todo light y enfermizo, disuelto hasta la incoherencia y nada trascendente. Dios puede dar al hombre coherencia y sentido, es la fuerza que construye al hombre por dentro y lo unifica.

Sin duda, no corren buenos tiempos para una Europa que olvida sus raíces, ni para un mundo que pretende luchar y vencer contra cualquier enemigo que tenga la etiqueta de enemigo. Una Europa que prefiere olvidar a los emigrantes sirios, que no condena las matanzas de cristianos en países musulmanes, que olvida los derechos humanos más elementales, que arrincona a los más débiles, que prohíbe la trascendencia en las escuelas, que utiliza la ilustración contra la Edad Media, que exalta la ciencia y ridiculiza la ética, que ni reza ni filosofa, es simplemente una Europa que se autodestruye miserablemente, es una Europa simplemente muerta, que camina hacia su cementerio. No sé quien dará la puntilla, si los chinos, los árabes o un tercero, lo que sí sé, es que me da pena. Porque la construcción europea, o se hace desde el cristianismo, (las religiones todo lo unifican), o no podrá hacer nada. Pero nada de nada.

Los profesores estrella.

La red está llena de buenos chistes sobre la educación. Estos de Manel Fontdevila son simplemente geniales. Y es que ahora se lleva mucho el profe estrella, en plan star system of beautiful. Los padres son los primeros que quieren que les den clases esos tíos con imaginación, buen rollo,… que lo mismo entretiene a un grupete de alumnos que se desvive contando chistes y dinamizando la clase para que nadie se sienta mal. Es la victoria del profe estrella, el profe guay, el profe que todo el mundo quiso tener, el que no enseña de manera ordenada, pero que paqué. ¿Para qué saber algo estructurado y ordenado, si la misma legislación  educativa es caótica en sí misma? Pues eso, nos van a salir tontos y con razón, y todo a costa de convertir a los profesores en animadores de aula.

En realidad la educación es otra cosa menos divertida. A nadie le gusta que se le recrimine la conducta, y a nadie le mola tener que decir las cosas que se están haciendo mal. Tampoco puedes estar diciendo cosas amables y buenas para animar siempre, aunque venga bien a todos, porque no siempre se debe ni se puede. Dar clase, y educar a niños y adolescentes, tiene poco que ver con ir de ocurrencia en ocurrencia, haciendo cosas ingeniosas para que disfrutemos todos de la vida. Se confunde aprender jugando (propio del jardín de infancia) con jugar para ver si aprenden algo.

La ciencia infusa no llega por mucho que pongamos películas, apliquemos jueguecitos y nos lo pasemos bomba. Eso está muy bien, pero no debe presuponer aprendizajes nuevos. Y es que para aprender se necesita esfuerzo, atención y constancia. Precisamente tres cualidades que hoy brillan por su ausencia en los educandos de hoy: poco esfuerzo porque han nacido en la cultura del bienestar, y aprender no es tan placentero para ellos como jugar a la play; poca atención porque no son capaces de mantenerla cuando está rodeados de estímulos constantes; y poca constancia porque se cansan rápido de todo.

En el fondo, lo que piden de verdad lo alumnos, es cierta rutina que les dé seguridad, para saber a qué atenerse. Luego, y solo luego, podrán romper la rutina para hacer otra cosa, que entonces sí, será valorada y divertida. Pero convertir la escuela es un parque infantil, con profes atracciones y divertimento sin control no educa a la gente, simplemente la entretiene y les engaña, porque creen que saben algo, cuando no saben casi nada. Esto hace daño a los alumnos, y deteriora la sociedad misma, que proporciona títulos a gente que no se lo merece. Se disfruta más de algo cuando se carece de ello, que cuando se tiene en abundancia; y divertirse es ese “algo”.

Educar tiene que ver con trabajar, con prepararse para hablar bien, con escribir correctamente, con no vocear a destiempo, ni pedir ir al servicio cada minuto. Educar tiene que ver con ser ejemplo, y el mejor ejemplo para que un alumno trabaje es un profesor trabajador. Puede ser divertido ver una película en clase, incluso instructivo, pero si el alumno no memoriza ningún contenido abstracto, no habrá aprendido nada. Se puede memorizar la tabla de multiplicar con canciones, pero como no se practique con cientos de ejercicios y multiplicaciones (deberes, sí deberes) pues no sabrán multiplicar. Los ejemplos motivadores son estupendos el primer día, pero al segundo y al tercero los alumnos se aburren. ¿Otra vez peli? Y es que el ansia por pasarlo bien y no hacer nada es infinito, y el trabajo y el esfuerzo de aprender es muy, pero que muy finito y limitado. Por eso, no hay que caer en la trampa de los profesores estrella, porque su programa de variedades acaba cansando y decepcionando; o está tan sometido a genialidades y cambios que termina estresando a los chicos. Además, cada alumno querrá hacer una cosa distinta según pase el tiempo.

Los mejores profesores que tuve explicaban bien, nos exigían, nos hacían currar y eran tipos agradables y cercanos. Ya está. Un profe que sea divertido no es un profe, no me va a poder exigir nada, y si me lo pide le contestaré con cachondeo, como el que me trata a mi. Un profe que me da conversación no me enseña nada, o casi nada. Puede ser algún día, pero si es la costumbre iré a un bar de tertulia, no a clase. En cambio un profe que me explica algo, mientras estamos todos en silencio respetuosamente, y luego me obliga a repetirlo, me está enseñando algo. Aunque me fastidie estar así, me está enseñando.

Ahora el sistema educativo premia a los profes guays que divierten a los chicos, y los padres están encantados de que sus hijos estén supercontentos con el profe ese. No saben lo que están exigiendo, porque los buenos profes son precisamente los que más hacen sufrir y trabajar a sus hijos. El problema será cuando vaya a la compra y no calcule la vuelta; escriba por whasap y no se le entienda; le hagan preguntas sobre la guerra civil española y la confunda con la guerra de la independencia. En realidad ese tema no lo estudió, vio una peli, mientras su profe le contaba lo malo que es el fascismo, y el chico hizo una redacción libre sobre el tema que le quedó estupendo. Le aprobaron para que las estadísticas fueran acordes a los deseos de un político que presume de reducir el fracaso escolar. Entonces la gente se lleva las manos a la cabeza. ¿cómo puede un universitario no sepa nada de eso? Es que pasaron de curso divirtiéndose, y no se quedaron con nada. Eso sí, son arquitectos, ingenieros,… con flamantes títulos y ninguna cultura. ¡Señor, Señor!

El futuro de Occidente: hacia la cultura de la basura.

Este comentario seguro que le da mucha grima a Trump y Putin, que cualquier día se reúnen en una cumbre de esas, internacionales, donde comen jamón y gambas. Hoy hablamos del fin de Occidente, que es lo mismo que decir del mundo globalizado que hemos diseñado. El fin de Trumpismo y el Putinismo (que no putismo).

La cultura Occidental tiene varios problemas antropológicos muy elementales (y muy graves), de esos que nunca hemos resuelto y que vamos camino de enquistar para nuestra desgracia. Y el más gordo de todos es la sostenibilidad energética y el agotamiento de los recursos.

Es elemental que las culturas gasten la energía que necesitan para subsistir. En general, en siglos anteriores, y no me invento nada, la energía era escasa, y se intentaba por todos los medios no gastar más de lo necesario. No se derrochaba, y se trataba de aprovechar el máximo posible. Es decir, el molino no seguía dando vueltas con el burro atado cuando no había trigo que moler. Tampoco agotábamos a los remeros de un barco hasta matarlos, usábamos del viento, los recuperábamos y luego volvían a remar. En aquel mundo, cualquier brizna del aire era un regalo de Dios y de los ángeles del cielo que velaban por los marineros.

Hay una primera regla cultural y antropológica básica: la energía que usa una cultura tiende a ser proporcional a los recursos que obtiene por ello. No gasta más energía si no obtiene recursos por ello. ¿Para que voy a encender una chimenea si no hay nadie en la casa? ¿Para que mover un barco de pesca si no voy a pescar? ¿O llevo gente a casa y monto una posada rentabilizando el calor, o apago el fuego? De cajón, vaya.

Y una segunda regla que se sigue de la anterior: los recursos de una cultura tienden a determinar el número de hijos, y por tanto su crecimiento demográfico. Si hay recursos se tienen más hijos. Si hay sitio para todos vivimos juntos, y si no, se marchan colonizando otras zonas con esos recursos adquiridos y sobrantes. La cultura y el manejo de un colono también puede ser un recurso. Reproducirá su cultura, su energía y sus recursos. Necesita sitio, claro.

Pero cuando no hay esos recursos, o las condiciones geográficas son limitadas, las culturas no pueden tener tantos hijos, y de manera indirecta ponen trabas a la reproducción, porque no hay demasiados recursos para todos, eso sucede hasta alcanzar un nuevo equilibrio entre energía, recursos y población. Lo pongo en cuadro, que me mola, y hago explicación del asunto.

  1. Poca energía, pocos recursos, pocos hijos: cultura de supervivencia o en contracción. El ejemplo es la humanidad en el paleolítico, o en las culturas actuales de cazadores y recolectores. Suelen tener un equilibrio entre el número de hijos y la energía y los recursos que tienen. Son los pigmeos en África. Esta gente ha visto disminuir todavía más sus recursos (por la expansión de occidente), y se han visto empobrecidos y conducidos a su extinción. Lógico. En condiciones normales suelen sobrevivir sin demasiadas enfermedades, con abundante y variado alimento. Por supuesto, casi ya no existe ahora, pero es el modelo al que retornaremos en un periodo no demasiado largo (profetizo unos 500 años). Venga, una porra.
  2. Mucha energía, pocos recursos, pocos hijos: cultura desajustada que derrocha energía. Cuando sucede esto, la cultura se acelera de pronto, empieza a producir a un ritmo acelerado, y a tener muchos hijos. Es el momento previo de la revolución industrial o neolítica. Los días previos a la locura y el desequilibrio. El descubrimiento de una nueva tecnología produce esta situación. De repente un grupo se enriquece muchísimo porque ha descubierto algo. Las antiguas formas de vida de esa cultura se extinguirán en poco tiempo. Esta cultura continúa con la siguiente.
  3. Mucha energía, muchos recursos, muchos hijos para expandirse: cultura en expansión. El ejemplo más clásico es la revolución industrial (también la revolución neolítica), se crecía mucho porque de repente hubo una mejora tecnológica energética brutal con la máquina de vapor. Eso desordenó la cultura occidental hasta la actualidad, donde aún no hemos alcanzado un equilibrio entre energía, recursos y población. Hay masas de pobreza y muchos recursos desaprovechados. Crecen las epidemias (recurso natural ante poblaciones muy abundantes). Eso se llama desequilibrio y desorden cultural. Nuestra globalización es en realidad una cultura en expansión desequilibrada. Sería el siguiente modelo.
  4. Mucha energía, muchos recursos, pocos hijos: Cultura desajustada que derrocha energía y recursos. UNA CULTURA QUE CONVIERTE CASI TODO LO QUE TOCA EN BASURA, porque le sobra y lo tira. Es nuestra cultura occidental de los países ricos. Realmente podría abastecer a mucha más población, pero el bienestar alcanzado y la riqueza enorme se transforma en comodidad. Es una cultura egoísta, pero peor que eso, es una cultura HEDONISTA. Derrocha solo por el placer se sentirse bien. Se convertirá, si no lo remedia, en una cultura atractiva para su entorno. Bienvenida emigración. Sorry mister Trump. Aunque dispare constantemente en una alambrada interminable, la gente la atravesará, aunque sea en túneles de cincuenta kilómetros subterráneos.
  5. Poca energía, pocos recursos, muchos hijos: cultura desajustada donde hay pobreza. Es la cultura de la globalización de muchos países del tercer mundo. no hay demasiadas salidas a este desequilibrio. La primera solución es producir más energía, desarrollarse, generar más recursos. Pero para eso necesitan la tecnología de los países que la tiene, o sea los occidentales. Como no se la prestamos les queda una segunda alternativa muy lógica. ¿A dónde irá la gente si hay pobreza? Bingo, al mundo hedonista del número cuatro. Emigración. Es la continuación del modelo anterior

El número cuatro, que somos nosotros, merece una reflexión aparte. No me lo invento, consumimos miles de millones de kilowatios de energía al día, pero es mejor decir que derrochamos miles de millones de kilowatios de energía, porque la mayoría de esa energía no tendría por qué desperdiciarse, pero se desperdicia de manera ridícula. Son los millones de standby de aparatos, coches que circulan cuando es más ahorrativo andar, etc. ¿Cómo no va a querer venir media África y parte de Asia? Señor Trump, su muro va a tener que ser muy, muy alto. La globalización ha puesto en contacto unas culturas con otras, es el nuevo re-equilibrio que nos convierte en… mucha energía, muchos recursos y mucha más población. Llegaron los chinos, los indios y los mejicanos. Más expansión y ratificación del modelo cultural. ¿Hasta cuándo? Seguimos siendo una cultura de expansión, aunque no tengamos hijos en Occidente, otros los tendrán por nosotros y se comerán nuestros recursos. Eso es una llamada de atención para los xenófobos que además no quieren tener hijos. También es una solución al problema de las pensiones, las pagarán los hijos de los emigrantes que vengan. Salvo que pete antes el desequilibrio.

Nuestra cultura va camino de quebrar cuando se acabe la energía, por cierto. Porque no toda la energía es renovable, lo que significa que se acabará. Entonces nos volverá a tocar subir agua del pozo con la manivela, y será el fin del deporte chorras en gimnasios y lo de subir en ascensor a los rascacielos haciendo turismo.

Occidente, si quiere sobrevivir, está obligada a descubrir una energía que sea igual de barata, para seguir derrochando su estilo de vida, el mismo que ha impuesto en todo el planeta. Pero además necesitamos que esa energía sea inagotable, a fin de que la derrochemos a nuestro gusto. La energía podrá ser sacada del subsuelo, fracking, o de las estrellas, pero la necesitamos para mantener el desequilibrio cultural de Occidente. Estamos obligados a huir hacia delante, y eso es nuestra perdición. Porque incluso descubriendo nuevas fuentes de energía, los recursos naturales de este planeta son escasos y limitados.

No es un problema de alimentación, de eso hay de sobra hasta que nos lo comamos todo. Es un problema de que fabricamos electrodomésticos, libros, pilas, coches y demás cacharrería cuya vida útil está medida para que puedan sobrevivir fabricando más electrodomésticos, libros, pilas, etc. Se llama obsolescencia programada, es la cultura de la basura. La que genera miles de millones de basura al día con productos que nos han servido tan solo por unas horas o unos pocos meses. ¿Y luego? Luego más basura. El capitalismo terminará comprando y vendiendo basura para fabricar más. Acabaremos comiendo basura, filetes cuyo contenido sea basura, un resto de ternera, y plásticos con fibra para ayudar al tracto intestinal. De hecho ya nos lo comemos.

Mi pronóstico es el siguiente. Primero acabaremos con los recursos y las materias primas, luego (cuando todo el planeta esté lleno de basura), compraremos y venderemos basureros enteros para seguir fabricando cacharros que generen más basura. Al final tendremos productos miles de veces reciclados en un mundo que estará lleno de basura. Los millonarios la coleccionarán, y la gente comerá comida basura (perdón, acabo de descubrir el presente). Viajaremos a Marte y a los demás planetas del sistema solar con unas naves hechas con restos de neveras y lavadoras viejas. Y llenaremos el sistema solar de basura, que es nuestro gran intercambio con la naturaleza. De hecho nuestro planeta ya lo tenemos rodeado de basura espacial.

Nos estará bien empleado, por comodones. Eso sí, a Trump y a Putin les harán una estatua de plástico reciclado que quemarán en una fiesta. Mira, me acabo de inventar las fallas. Quemaremos el planeta y encima diremos que en el medievo los tíos eran bobos. Yo de momento les veo más listos que nosotros.

Cuando los dictadores fingían ser grandes hombres: Napoleón.

Forma parte de la naturaleza humana que la gente justifique sus acciones, tanto buenas o malas; y forma parte de la naturaleza humana que los eufemismos de los dictadores terminen siendo aclamados por las turbas como verdades incontestables, especialmente cuando las justificaciones coinciden con las ideas de los oyentes. Si yo mato en nombre de la libertad, es fácil que el auditorio que ama la libertad termine aplaudiendo mi asesinato. Y si mato en nombre de la justicia social, es lógico que los que tienen la justicia social como la madre de toda la justicia, aplaudan la injusticia social de matar a alguien impunemente. Normal.

La segunda batería de argumentos viene cortada por la medida de la regla ideológica impuesta, la cual planea sobre el hombre como espada cerril y arbitraria. Se divide la humanidad en buenos y malos según sus ideas. Es decir, para mucha gente hay diferentes grados de humanidad, y así la gente es buena o mala según defienda la libertad, la justicia social, la patria o la sopa boba y la ocupación. De esta forma se divide la humanidad con una dicotomía absolutamente contraria a los valores cristianos, donde todo el mundo es pecador y malo, aunque también sea capaz de hacer el bien y amar a sus enemigos. Para un cristiano, la humanidad es una fraternidad, una familia; pero tras la muerte de Dios el hombre es catalogado en bueno o malo, de los míos o de los otros. Por eso, los buenos son “víctimas” cuando son asesinados (revolucionarios y patriotas cuando matan a alguien); y los malos, por el contrario, se lo “merecen” cuando son asesinados (enemigos y cobardes fascistas cuando matan a alguien).

Esta es la razón por la que estamos viendo en España que los asesinos de ETA empiezan a ser hombres de paz, en cambio los Guardias Civiles son usurpadores de las libertades. Y es que el mal se termina justificando e imponiendo si no intervenimos decididamente con nuestras ideas. Perderemos la posguerra contra ETA, y será por falta de valentía y arrojo, de pulso político, de ganas por hacer valer la verdad, lo que queramos. Es lo que suele pasar.

Yo siempre he mantenido que la diferencia entre Napoleón y Hitler en su forma de actuar fue escasa. Los dos quisieron conquistar Europa y el mundo con un ansia desmedida de poder. Es verdad que las causas de tales deseos fueron contrarias, y así el odio de Hitler por la humillación que sufrió Alemania tras la 1ª Guerra Mundial no lo gastaba Napoleón. Hitler mantuvo unas ideas diferentes a Napoleón, pero eso no lo convierten en malo a uno y grandioso a otro. En realidad los dos fueron gentuza con ansias imperiales, que es una forma de ser como otra cualquiera. Los dos lo intentaron con los británicos, y los dos se quedaron congelados en Rusia. Hitler la tomó contra los judíos, y Napoleón con los que no juraban la Constitución. Uno gaseó a sus enemigos, y el otro masacró a los suyos deseando ganar.

Pero la historia no ha tratado de igual forma a los dos últimos Emperadores de Europa. Lo curioso es que Napoleón tenga en el Arco del Triunfo de París un monumento a sus desmanes y asesinatos, y Hitler no tenga en Berlín ni una escasa banderita nazi presidiendo una tienda de baratijas. Y es que los Nazis perdieron la guerra y la posguerra; en cambio los Revolucionarios perdieron la guerra, pero vencieron en la posguerra imponiendo sus ideas. Francia nunca percibió que Napoleón fuera una mala bestia sanguinaria, y le otorgó un mausoleo y un panteón en los Inválidos, y para más fatuidad gala puso flores por los franceses buenos que murieron matando a los demás europeos (españoles, rusos, británicos y prusianos). En cambio de Hitler no quedan casi ni las fotos, son la vergüenza de Alemania, lo cual es algo digno de elogio de la nación teutona, que debe ser el único país del mundo donde sus asesinos son asesinos; y sus filántropos, filántropos.

En España se elogia a Largo Caballero y a Carrillo, dos asesinos; en cambio se quita el nombre a un aviador llamado García Morato, que cumplía órdenes de Franco. Y es que la guerra la ganó Franco, pero en la posguerra y en la democracia arrasan los de la III República. Luego vendrán sus desmanes, y dirán que son revolucionarios y luchadores de la justicia y la patria. De hecho, ya lo vienen diciendo.

Napoleón fue uno de los dictadores más pérfidos que ha habido en la historia. Quiso conquistar Europa con engaños, armas y asesinatos. Es lo que mamó de su infancia militar y de su complejo de inferioridad por ser bajito. Colocó a sus amiguetes y familiares donde le dio la gana y no se avino a ninguna de las razones ilustradas que cien años antes hablaban pestes de los monarcas absolutistas. Napoleón se erigió como estandarte de la Ilustración, cuando fue su profanador. Se convirtió en el absolutista que mataron los Franceses, pero con más ganas de pasar a cuchillo a sus enemigos. Luis XVI a su lado fue un alma de cántaro. Y es que realmente Napoleón fue un Tirano, que es bastante peor que un monarca. Estaba lleno de soberbia, y colocó a la Revolución Francesa en la obligación de guerrear contra toda Europa, asolando, robando y destruyendo todo lo contrario a sus ideas. Como todos los dictadores.

En España robaron y destruyeron gran parte de nuestro patrimonio nacional, asolaron campos y dejaron nuestro país como un erial de pobreza, hambre y miseria. Les dimos para el pelo gracias a la ayuda británica y portuguesa; y por supuesto gracias al puñado de patriotas que decidieron no dejarse atrapar por la medusa que todo lo congelaba. Es curioso observar como algunos ilustrados españoles, antes simpatizantes de lo francés, echaran pestes de las tropas francesas asesinas que poblaron nuestro país. Beethoven tachó la sinfonía que le había dedicado al emperador cuando abrió los ojos. Es lo que tiene la historia. Los que primero aplauden a los asesinos, suelen ser los primeros que abjuran de ellos. Que se lo digan a Camilo Cienfuegos, que se lo cuenten a Yoyes, que se lo digan a los del POUM o a los campesinos asesinados por el Ché en Bolivia.

PS: Un tal Trueba dice que él iba con los franceses. En realidad también hubo españoles juramentados que lucharon con las tropas francesas. En su momento fueron tachados de traidores, pero seguramente ahora sean patriotas. Gentuza capaz de matar por sus ideas, supongo, que es la razón más soberbia y estúpida de matar a alguien.

PS2: Supongo que Trueba no mataría a nadie por sus ideas, ¿o sí?

PS3: Te perdonamos, hombre; pero no nos obligues a ver tu película.

 

Regalar condones no es educación sexual.

Hace años salió un estudio de un señor de la Universidad de Harvard que afirmaba que había una relación directa entre las campañas pro-preservativo y el aumento de embarazos no deseados de un pais, incremento del sida, enfermedades de trasmisión sexual (ETS) y aumento del número de abortos. Por mucho que se hicieran campañas queriendo educar los comportamiento sexuales y éticos de los jóvenes, en realidad lo que querían era regalar condones (debe ser un negocio más rentable que vender libros).

Y claro, como aumentaba proporcionalmente el número de relaciones sexuales irresponsables (eso que todos conocemos como la promiscuidad) pues ahí estaba el negocio para las empresas del sector. Más promiscuidad, más relaciones, más irresponsables dándole a la cadera, más embarazos. Eso justificaba que los ideólogos del tema alimentaran que se tuvieran que regalar más condones, más campañas para gastar pasta, más condones vendidos, más promiscuidad, más irresponsables pensando que no hay que reprimirse, etc. Pero al final todo parece que se ha descontrolado: más violaciones, más abortos y más adictos a la pornografía. A nadie se le ocurre decirle a un pimpollo de estos que no folle, porque se te ríen en tu cara.

Los datos sobre pornografía lo confirman. Llamo la atención que los 11 años es la edad promedio que un niño ve pornografía por primera vez. ¡Viva la Pepa! Esto hay que agradecérselo a los que han hecho ingeniería social durante estos últimos años en el mundo (casualmente suelen criticar mucho a la Iglesia y a las religiones… ), pero un poquito de autocrítica y humildad no les vendría nada mal.

La verdad es que la liberación sexual que preconizaban los listillos y listillas de los años 60 del siglo pasado han logrado en muy poco tiempo descomponer la afectividad humana y su sexualidad En realidad decían que por culpa de la represión de la iglesia – ¡Ven Señor, no tardes! – había violaciones, desequilibrios sexuales y una cantidad de enfermedades mentales castrantes para la humanidad en su conjunto; y que la sexualidad vivida con naturalidad lograría equilibrar y armonizar la vida de las personas. Decían que había que liberar a las mujeres de sus represiones, y obligarlas a liberarse para que tuvieran una vida sexual sana y controlada. O sea, que se pusieran a cuatro patas, que se formaran grupos de intercambio de parejas, que había que disfrutar después de siglos de represión haciendo cosas raras.

Fue entonces cuando llegó el destape, el erotismo, las tías enseñando las piernas, las tetas y el culete con morritos tipo BB. Aquella primera liberación sexual consistió en convertir a la mujer en el icono más humillante de la historia. Si se vendía un coche había que mostrar a una tía en pelotas dentro del coche, y si tenía que fregotear la casa, la madame lo hacía en minifalda. Solo los reprimidos miraban, claro. El resto de la especie humana se estaba esclavizando en una sexualidad burda y facilona. Las páginas centrales de algunas revistas eran fundamentales para que el resto de la revista ganara en credibilidad, supongo. La liberación fue un desastre incluso al principio, aún así siguieron prometiendo la felicidad al hombre.

Ahora la liberación sexual consiste en que tenemos a los niños a los 11 años consumiendo pornografía. Una práctica, la de la pornografía, que es altamente adictiva, y no me lo invento, simplemente reproduzco lo dicho por expertos en adicciones. Es decir, nos están convirtiendo en animales, no solo con el animalismo ideologico, sino con la reducción mental y espiritual a la que estamos sometidos usted y yo. Menos Dios y menos religión, y más sexo. ¿No lo ha notado?

Pretendían el equilibrio y la liberación, el fin de las represiones humanas y han logrado lo contrario, más desequilibrado sexual, más adicciones y una sed incontrolada de buscar el placer sexual de manera constante. La liberación sexual ahora, siglo XXI, consiste en que tengo que dejarme dar por culo por mi novio, porque si no me abandona. Esa es la sexualidad de nuestros jóvenes, tan listos y tan adultos. Los tíos matándose a pajas con la pornografía internáutica, y las tías entrando por el aro, porque están condenadas a vivir con la generación más esclava de la historia de la humanidad. Esa es la liberación.

Eso sí, los sabios que nos han desorientado sexualmente en los últimos sesenta años, siempre han querido hacernos un favor, y para eso nos educaban, educación sexual, chicos. Hoy toca el punto G.

Realmente, y me dejo de ironías, la educación sexual en España siempre ha sido algo deficitaria. Recuerdo cuando yo tenía 14 años que vino un señor a clase que decía ser médico y que nos contó un montón de entresijos sobre la anatomía humana. Ya está. Ni una palabra sobre anticoncepción, cosa que agradezco profundamente, porque no potenció que nos arriesgáramos. Un amigo mío le hizo la pregunta del millón, que si nos iba a explicar lo de las posturas y eso. Se echaron a reír, y no. Que cada uno haga lo que pueda respetando al otro. Y estupendo. Lo mejor que podía habernos dicho. Desde luego no vino ningún cretino a regalarnos condones diciendo que fuéramos muy felices (ahora es lo que hacen), ni una vendedora de marcas “clean” regalando tampones y compresas a las chicas contando que no pasa nada, y que no huele ni traspasa (lo han hecho durante muchos años para conseguir clientela).

Vivo en un país, y supongo que un mundo, donde la educación sexual se tiende a confundir con regalar condones. Por eso las cosas hay que ponerlas en su sitio. En realidad, si hablas de educación de comportamientos, tendrás que hablar de la reflexión que trata el comportamiento, o sea la ética.

La ética clásica kantiana alude a la necesidad de tratar al otro como si fuera un fin en sí mismo, de darle una dignidad, el cristianismo y su ética hablan de amar al prójimo, de procurarle el bien. La educación sexual debería hablar de autocontrol, de represión ante los impulsos, de dominio de la persona en aras de una decisión y una entrega al otro. Las ciencias experimentales han sido las encargadas de educar durante muchos años, pero ellas no hablan de autocontrol, ni de entrega, ni de amor gratuito. Me refiero a la psicología, sexología, sociología y demás mandangas, que con sus sabios consejos han logrado que aumenten las Enfermedades de Transmisión Sexual, el número de abortos y la infelicidad entre las clases populares.

– Regalamos condones y luego resulta que no los usan.

Solo un tarado puede pensar que está “solo” regalando condones. ¿No ves que estás diciendo que no pasa nada, que es divertido y que es un juego? Es potenciar la irresponsabilidad, dejar la educación sexual en manos de gente que no tiene ninguna ética. ¿Qué sexualidad va a educar un señor que ve pornografía por la tarde en su casa y que va por la tercera  pareja? Les dirá lo que hace él. Aquí van los datos.

O sea, que tras años y años desorientando la sexualidad de las personas, haciendo que la gente sea más promiscua e infeliz (más enfermedades y más aborto), supongo que habrá que decir que podemos educar la sexualidad de otra manera.

En realidad sí hay otra manera, la que propone la Iglesia desde hace siglos (la gran enemiga demonizada de todos estos liberadores). Más fidelidad, más amor, más respeto, más continencia, más castidad, más autocontrol, más encuentro, más diálogo, más mirar a los ojos al otro. Porque para tener sexo, primero hay que mirar al otro y quererlo tanto como la propia vida. Eso es sexo. Que nos lo enseñen, por favor.

¿Por qué triunfan los populismos?

El asunto no viene de nuevas, desde hace unos cuantos años vencen en elecciones los que nos parecen a muchos los más mentirosos, los más fantasioso, los que dicen más tonterías por minuto, los más incoherentes, los más idiotas y los más lerdos, pero que por falta de contraste, en parte, y por otras razones, que ahora vamos a analizar, terminan llevándose el gato al agua.

Ganan las elecciones, y la peña se queda cariacontecida, asustada o lloriqueando directamente. ¿Pero cómo ha ganado este tío? Te dicen asustados. Lo que yo me pregunto es si alguien se mirar en el espejo; porque el triunfo de los populismos lleva funcionando en Europa desde hace bastantes lustros. Por lo menos se me ocurre desde que Napoleón III ganó las elecciones en Francia (en 1848) simplemente porque se presentó como pariente de Napoleón I, (otro iluminado en plan Hitler que pensó que se podía invadir el mundo a la fuerza). Francia de populismos sabe mucho, es verdad, y a las pruebas me remito, pero también sabemos mucho de lo mismo en Alemania, Rusia, España, Portugal, China, Japón, Corea del Norte, Gran Bretaña, Austria,… y por continentes la palma se la llevan en América del Sur y África. Cada poco tiempo surge un iluminado en la historia, un tío que promete el oro y el moro, y la gente se va detrás como los ratones con el flautista de Hamelín. Como los niños detrás de la música que tocan.

No hay que olvidar que el populismo es un fenómeno de la modernidad y la posmodernidad. Llegó con los nuevos vientos que trajo la Ilustración (uno de los periodos más nefastos de la historia), en la que se empeñaron en contarnos la falacia de que el pueblo era bueno y sabio (decía el vagabundo Rousseau), y que no se dejaba engañar porque era cantidad sabio y racional. Y claro, como es mentira, pues pasa lo que pasa. Que al pueblo le engaña cualquier mercachifle con cuatro ideas que suenen estupendas, incluso aunque no sean coherentes las cuatro ideas entre sí. El pueblo, ya lo decía Séneca, es una turba asquerosa, una masa lacerante para la filosofía y la inteligencia, estúpida y manipulable hasta decir basta. Aristóteles sostenía que el pueblo siempre elegía a sus representantes en función de sus intereses y de sus pasiones, por eso acaba degenerando la democracia en la demagogia. El prefería la monarquía como el mejor sistema político, cuya degeneración era la tiranía. Es curioso, que tanto D. Trump como H. Clinton, que son bastante parecidos en su afán por manipular a la peña, los veamos como rivales cuando apenas son basuras de distintos contenedores. En realidad no había mucho que elegir. Una representa el sistema que no funciona y está infectado de listos que se aprovechan del mismo y te venden la moto, y el otro es el antisistema de un tipo cuyo primer éxito a consistido en acojonar a Europa, para disfrute del ruso Putin.

El populismo tiene como principal caldo de cultivo la impotencia de una sociedad que se harta de ver incompetentes gobernando. Les han vendido que el mundo se arregla fácilmente. Que el pueblo tiene derecho a no sé qué cosas, y que esto se arregla rápido. Y no. Hay problemas en política que no tienen solución, y otros cuyo remedio es peor que la enfermedad. A veces no hacer nada es el mejor gobierno (no empeorar las cosas, por favor), pero eso nunca lo hará un populista. Siempre prometerá lo que la gente quiera escuchar, y la gente, por desgracia, está dispuesta a escuchar cualquier tontería que suene bien. Incluso aplaudirá a su líder aunque le suene mal, que es el colmo del populismo.

Profundizo un poco más. El populismo surge cuando se caen las ideas, las creencias y las convicciones profundas. En una sociedad agnóstica los populismos sustituyen a las religiones. Y en Estados Unidos, cuya religiosidad está dispersa y atomizada en la privatización de la fe, el populismo aparece como la salvación que las religiones no pueden lograr en el ámbito público. Kennedy fue un populista, pero B. Clinton, Nixon, Obama o Reagan también lo fueron. América necesita salvadores, y el presidente es lo más parecido a un superhéroe para ellos. Lo llaman líder, pero en realidad es una divinidad con fecha de caducidad. Una divinidad con pies de barro. Al menos sabemos que se largará en cuatro años, a lo sumo ocho. Gracias democracia.

Lo peor que le puede sucederle a una sociedad, y de eso las democracias tampoco son inmunes, es tener un populista tras otro, porque no hay forma de salir del agujero. Es lo que ha pasado en Argentina, en Venezuela o en Rusia con Yelsin y Putin seguidos. Se enquistan y parece que no hay forma de “desectarizarlo” todo. En España, el populismo lo despertó Zapatero y lo va a consolidar Pablo Iglesias, que es un ZP sin corromper y un Che sin escopeta. En cambio, la derecha en España no quiere populistas, porque ya tuvieron a Franco y saben bien que un gobernante no tiene por qué ser simpático. Que se lo pregunten a Aznar o a Rajoy, que caen mal hasta a los que les votan. Aquí el populismo vendrá de los perdedores de nuestra historia (izquierda y república), en cambio en otros lugares llega de manos de los  otros derrotados, como fueron los nazis en Francia, por ejemplo.

En Europa los populismos vienen teñidos por el color de la sangre y del pasado. Quizás por eso somos más sensibles y nerviosos a los lumbreras ajenos. Ya sufrimos a Hitler, un tipo que encandiló con su música a media Europa (sigue encandilando a muchos sin que lo sepan), o a Stalin, un psicópata que murió en la cama y que algunos todavía añoran y aclaman. El culto al líder. Normal. Es lo que pasa cuando se pierde el culto a Dios. En palabras de mi querido Chesterton: “cuando el hombre deja de creer en Dios, termina creyendo en cualquier cosa“. Pues eso, Europa es un ejemplo claro de rumbo errático en asuntos de política, que es lo que sustituyó básicamente a la religión cuando mataron a Dios. Por suerte, los valores que impregnan los derechos humanos, los que defiende Europa, siguen siendo básicamente cristianos. Hasta que los cambien por otros derechos tipo animalista transexualizado u otra cosa. Vamos camino.

Nuestra próxima “sorpresa” populista será Le Pen en Francia, igual que Siriza en Grecia, y en el futuro Pablemos en España. La gente tiene que creer a algo lo suficientemente deslumbrante, aunque sea estúpido. Algo que no recuerde la inanidad en la que vive, ni su vacío existencial, ni el errático devenir de su sociedad y cultura. Aquí estamos además, en España me refiero, bien adocenados gracias a los cuarenta años de dictadura educativa socialista, esa que ha impedido una Trascendencia con la que combatir el populismo. ¿Qué dices? ¿Qué están paralizando la LOMCE? Igual estaremos otros 40 años más, 80 en total. Aunque ya te digo, son contenedores con la misma basura. La LOMCE, la LOE, la LOGSE y lo que venga. Aquí estamos de populismo hasta las orejas y subiendo.

 

 

Por favor, ¡ponga deberes a mis hijos!

educación

La CEAPA, que es una asociación de cuatro amigos que dicen ser padres de alumnos en los centros públicos (donde si no), han declarado la guerra contra los deberes durante el mes de noviembre. Se nota que esperan buenas notas en diciembre, primer trimestre y evaluación; por eso, sedientos de ganas de disfrutar de sus hijos, se han lanzado a tontear con la educación de sus vástagos, y les han prohibido que estudien, que aprendan y que hagan deberes en casa durante noviembre. ¿Para qué está el cole? Y tienen razón, está para estudiar, aprender y superarse. ¿O estaba?

Dicen que son miles de asociaciones, la CEAPA, pero en realidad subsisten sin apenas representación en ningún colegio. Yo, tras casi 20 años dando clase solo he conocido a una señora que era de la CEAPA. En realidad era de CCOO camuflada, agente de género y estaba allí para decirnos lo que había que hacer. La señora tenía un hijo por algún curso, y se llevó un berrinche cuando tuvo que dejar de mangonear en el Consejo Escolar porque su hijito ya había crecido. Gracias a Dios se largó. En los demás siete centros donde he dado clase, nadie era de la CEAPA. Había padres más o menos normales que hacían un servicio estando en un Consejo Escolar que no terminaban de entender para qué servía, pero que con generosidad contribuían con lo que podían. Normal. Yo siempre he pensado que los padres tienen cosas mejor que hacer que meter sus narices en los colegios. Educamos a la vez, ellos en casa y nosotros unas pocas horas en el colegio (por las mañanas), hablamos con ellos de cada chico en concreto, porque cada persona es distinta, pero de ahí a que se metan en clase a contarnos lo que hay que hacer hay un abismo.

Los profesores intentamos doblegar los espíritus indómitos de sus hijos, y la mayoría lo agradece; pero siempre hay peña chunga con el tema de la educación, y se tienen que hacer notar montando la fiesta de la escuela laica (no respetan las creencias de los demás), y en este caso la fiesta de los “sindeberes”, que lo hacen para putear a los hijos de los que tienen carrera. Estos últimos son los que traen siempre los deberes hechos y razonan en una tarde más que los de la CEAPA en doscientos años. ¿Por qué se han metido en este berenjenal? Para mi que se aburren con Rajoy, porque como les ha quitado la reválida pues ya no saben contra qué protestar.

En el fondo, esta gente de la CEAPA hasta el gorro de sus hijos, y como no pueden con ellos, pues han decidido que para mejorar la calidad de la enseñanza hay que evitar hacer deberes a toda costa. Reclaman que quieren pasar más tiempo con sus hijos, y en lugar de quitarse del aerobic, de la champión y del sálvame, para jugar a la play con sus cabroncetes, dicen que quieren menos deberes y más fiestuqui. En realidad los deberes los hacen con sus hijos (es una forma exigente de pasar tiempo con ellos), pero claro, hacer deberes es un engorro, en cambio capullear con el angelito como si fuéramos adolescentes reproducidos sedientos de ocio y findes guays, pues como que debe dar más gustillo.

A nadie se le escapa que el mundo de la educación se ha convertido en un inmenso contenedor de despropósitos, por cierto, casi desde que la CEAPA existe. Los profesores tratan de hacer lo que pueden ante alumnos que cada vez saben menos y exigen más derechos. Los planes de estudios son tan deficientes como los que los hicieron, y es fácil que dar clase se convierta muchos días en hacer el capullo delante de los alumnos. Hay que contarles muchas necedades políticamente correctas (la que nos mandan), darles clase en un idioma desconocido (los bilingües), y simular que hacemos mucho cuando en realidad más de un día perdemos el tiempo mandando callar a cuatro sinvergüenzas que se pasan la autoridad, el orden y la disciplina por el forro. Dar clase en muchas aulas es un tormento, por eso, para intentar que aprendan algo más, o que se pueda reforzar la materia que a duras penas se da en clase, se inventaron los deberes.

Los alumnos de un aula son muy distintos, esa es la realidad, y los padres también. Hay padres que te piden más deberes para reforzar a sus hijos, porque verdaderamente están preocupados por su rendimiento. Los alumnos que hacen los deberes sin despeinarse y en cinco minutos son los menos, pero también los hay (cada vez son menos). Es verdad que esos alumnos no necesitan deberes, porque suelen ir muy bien, pero los hacen porque es su deber. Los hacen bien y rápido. La mayoría de los alumnos , tanto ordinarios como los etiquetados (piles, acnés, tdh y tda,… ) como empastillados por los psiquiatras (no es broma), necesitan reforzar con ejercicios los conocimientos, es una buena forma de asentar lo que se aprende en clase, de repasar. Además, les sirve para ordenar el tiempo de la tarde con el hábito de hacer “algo”, lo que será imprescindible para cuando tengan que estudiar exámenes. Lo lógico es que en una hora por la tarde o menos se hagan los deberes (en cualquier nivel otra cosa es estudiar). Hay chicos que tardan mucho en hacer las cosas, y necesitan más tiempo, porque se distraen; y otros que se distraen con una mosca. Precisamente a esos alumnos los deberes les vienen muy bien, porque en clase también se distraen con una mosca, un compañero o haciendo y diciendo bobadas. Si no asentamos los conocimientos no aprenderán las cosas, porque la ciencia infusa, hasta donde yo sé, es negada por la CEAPA. Aunque me dejo sorprender.

Es verdad que el mundo ha cambiado. Cuando los muchachos tenían jornadas partidas, los deberes eran menos, pero ahora, que hay menos horas de clase y muchas de tarde libres, los deberes son una manera de consolidar lo aprendido y hacer algo en casa.  Salvo que haya miles de actividades que hacer, que esa es otra. Creo yo que siempre será mejor un ratito de deberes (lectura, un problema, unos ejercicios… ) que ver la tele o jugar a la play toda la tarde. En los pueblos los chicos se van con la bici por ahí, o a la peña a no hacer nada más que perder el tiempo miserablemente; en cambio en la ciudad se sobrecargan con actividades extraescolares muy del gusto de los padres que presumen de hijos aunque sean unos tarados: kárate, danza china, piscina, baloncesto, inglés, cuenta cuentos o conservatorio, da igual. Muchos padres han jodido a sus hijos con cientos de actividades diarias, los estresan y los idiotizan, por eso cuando llegan a clase rinden menos y están más cansados. Otros están poseídos por los móviles, y otros cuando llegan a los once años se rinden ante la fiesta del alcohol. Ser padre no es fácil, pero si queremos lo mejor para los hijos, el primer deber será educarlos con lo mejor, no con lo más cómodo. Que mi hijo haga deberes en casa es menos cómodo y gratificante que irme con él al fútbol, pero hay tiempo para todo, y educarlos en la incomodidad (también a los padres) nos hace una sociedad más libre y adulta.

El otro día fue noticia, una chica de doce años falleció de un coma etílico por beberse una botella con unos amigos. ¿Qué de quién es la culpa? De los padres, por supuesto, que ni educan, ni se preocupan más que en darles todo lo que les apetece. Si esa chica hubiera estado en casa haciendo deberes en lugar de emborrachándose saltándose la ley, ahora estaría viva. ¿Demagogia? Sí, claro. Es lo único que nos queda ante la estupidez. Y la CEAPA, claro, enfangando la escuela pública de este país.

Estoy esperando que hagan una huelga contra el botellón de los sábados. Eso sí me reconciliaría con ellos.

Pensamiento débil. Pensamiento estúpido. Pensamiento neototalitario.

No me cabe duda de que el ejercicio de las libertades en su conjunto está amenazado de muerte por el auge de las ideologías totalitarias de nuevo cuño, las cuales se van imponiendo ante el vacío y la inanidad dejada por la posmodernidad. Hemos evolucionado a peor, y hemos pasado de aquello de que “cualquier idiota puede opinar lo que quiera”, a “todos tenemos que opinar ESTO Y ESTO, bajo pena de parecer, incluso ser, unos intolerantes”. Los idiotas se han convertido en agentes sociales, propagadores de la ideología fetén, la de moda, la que se va imponiendo. El pensamiento políticamente correcto, lo que hay que decir si te colocan una alcachofa en la cara. Son el neototalitarismo, más soterrado e insidioso que el del siglo XX, y que pega fuerte en una sociedad perdida y en crisis. Por eso hay menos libertad de expresión en España, por ejemplo, que hace cuarenta años, cuando inauguramos la Constitución Española. Y en algunos temas académicos (no en el ejercicio real de los derechos civiles) menos libertad que durante el franquismo. Retrocedemos.

A mi me tocó estudiar la posmodernidad, el pensamiento de hoy y la ideología del presente,  me refiero a los años 80 y 90 del siglo pasado cuando anduve a vueltas con la filosofía y la teología. Concluíamos que la razón ilustrada de la modernidad había  parcialmente fracasado, y que la búsqueda de la verdad única había degenerado en un relativismo moral cercano al escepticismo. El hombre era un ser fragmentario y roto en su interioridad, y la deriva lógica antropológica indicaba que cualquier estupidez era acogida desde el narcisismo de la masa que se refugiaba en la estética. Nietzsche resurgía de su locura para ordenar la cabeza de los nuevos ciudadanos posmarxistas y agotados de luchar contra el sistema.

De esta forma el gran sueño era triunfar, ser célebre y destacar muriendo de gloria. Narciso era el mito que sustituía a Prometeo; y Dionisos y Baco hacían lo mismo con el recto y ponderado Apolo. El Ché dejó de ser un revolucionario para convertirse en una camiseta de niños de ciudad que buscaban una identidad en el mundo. La modernidad que inauguró la ilustración matando a Dios y sustituyéndolo por un ente de razón primero, y por una lucha de clases después, había agonizado por el hastío de pensar. Era más cómodo no pensar, y el “don´t worry be happy” se imponía a una masa informe que había sido alejada de Dios y del sentido de su existencia, incluso de la lucha social por la mejora de sus derechos. Quedábamos reducidos al nihilismo: trabajar para producir, y producir para consumir sin límites.

El icono de la posmodernidad supongo que ha sido Bart Simpson, donde se retrata una sociedad en descomposición, lo mismo que en Southpark, donde los niños empezaban a ser los inteligentes y lógicos. Es la sociedad que apreciaba mucho el bilingüismo, que opinaba que era mejor saber cientos de miles de idiomas, aunque no hubiera nada interesante que decir. No saber nada y creerse los más sabios del mundo. Narciso y Soberbio. Así ha sido la posmodernidad.

Pero la posmodernidad ha muerto, y los nuevos tiempos imponen el pensamiento único irracional como única razón posible. Es decir, caminamos hacia un neototalitarismo donde no es posible la razón, y la única de las opciones del muestrario de ideas que sobrevivirá en el futuro será aquella que imponen los débiles, es decir, los que carecen de identidad sexual, identidad existencial, identidad humana e identidad cultural. Esos individuos perdidos y desnortados, que forman lobbys de poder real, serán los que sometan al resto de la tribu con sus consignas irracionales. Y lo van a conseguir, porque no hay pensamiento racional que les pueda hacer frente. Tienen el dinero, y les conviene para sus negocios un tipo de sociedad sin familia y sin derechos sociales ni libertades individuales.

Ahora el icono es otro, es Bob Esponja, un tontorrón y un bobo. Es la nueva generación que lloriquea cuando le suspenden y que agrede a otro niño más pequeño simplemente porque les ha quitado la pelota. Débiles, idiotas… pero agresivos y totalitarios. Dispuestos a montar un berrinche si no se hace lo que ellos dicen. Son los que ocupan la calle cuando les apetece, los que esgrimen como gran argumento la libertad y la tolerancia, el vive como quieras; y los que van a imponer “haz y piensa lo que yo hago y pienso”, todo lo demás es antigüedad y vicio. Es la moral de situación y la incoherencia existencial y argumentativa, que tiene la fuerza de las leyes sobre las que influye, y que está logrando introducirse en asuntos tan importantes como la vida sexual y reproductiva de las personas, las creencias religiosas, la libertad para dar una charla libremente (y no la boicoteen) o la identidad personal ante los objetos y la creación de algo.

Ejemplos hay muchísimos. No hay más que ver como los adolescentes de hoy controlan a las chicas con los móviles. Luego dicen que si no me controla es que no me quiere. Están sometidos a la pornografía nocturna de sus nuevas tecnologías, las del chat que nunca dice nada, la que no distingue entre intimidad y publicidad, porque no conocen más límite que la apetencia. Están perfectamente programados, y no encuentras fácilmente disonancias, porque todos opinan casi lo mismo y sin matices. Te justifican el aborto, no como conquista o fracaso social, sino como juguete que no nos pueden quitar ahora que lo tenemos; y se plantean el sexo anal, el tatuaje y los piercing con catorce años porque es lo que me pide mi novio (otro descerebrado como ella llamado Calamaro), y lo que me tienen que dar. Hay gente de treinta años con la misma mentalidad e ideología.

Lo cierto es que el pensamiento neototalitario se va imponiendo a través de las leyes, muchas de ellas elaboradas desde grupos de opinión que aprovechan la estupidez reinante y la parálisis intelectual. Han ocupado las cátedras universitarias, los medios de comunicación y los altavoces de las redes sociales. Da igual la derecha que la izquierda, porque en lo “políticamente correcto” están miserablemente de acuerdo. Por eso hay leyes de ingeniería social: aborto, homosexualidad, violencia de género y educación; y leyes de ingeniería laboral: control energético y ecologismos, competitividad existencial, pérdida de protección social a las clases medias, olvido de la familia, alienación laboral con varios empleos durante la vida, todos mezquinos, todos incapaces de realizar al hombre en su naturaleza de trabajador y creativo. Es una nueva forma de alienación de la que no será fácil zafarse ni librarse.

El gran argumento que repiten los estúpidos es que el mundo ha cambiado. Pero eso no es un argumento, eso es una falacia, una justificación del vacío intelectual cuando no se tienen ideas propias con las que hacer frente a la debilidad identitaria primero, y al control social después, que es donde estamos. Y solo hay una forma de combatirlo: regresar a las humanidades y regresar a un mundo y una cultura con trascendencia y religión. Es lo único que nos puede desfragmentar y otorgar una identidad sólida. Ni más ni menos.

LA BRILLANTE EDAD MEDIA.

Art Pin XII Partida a la II Cruzada Miniatura

Reconozco que me enfada (por falso) el cliché estúpido sobre el medievo, de si fueron siglos de oscuridad y hierro y demás memeces impropias de gente culta. Pero es que… como acabo de leerlo en un tipo de ciencias, un presunto ilustrado de esos que les preguntas por la teoría del Todo y te acaban hablando de los inexistentes (e inventados) crímenes de la Iglesia Católica, pues vamos a responder y a quedarnos a gusto. Es mi pequeño granito de arena contra la leyenda negra que inventaron los protestantes en el siglo XVI y XVII, y que siguen cacareando los corifeos de la ignorancia contemporánea y repetitiva de lo estúpidamente correcto. Vamos allá.

En primer lugar hay que decir que el periodo medieval fue la continuación natural del mundo Romano. No hay más derrumbe ni más oscuridad medieval que la produjeron las instituciones políticas y militares romanas cuando fueron incapaces de mantener el orden político de una estructura territorial muy amplia y extensa. La cultura se mantuvo, se dispersó y se perdió ya en los siglos del imperio. El medievo (especialmente la Iglesia Romana) impidió que la pérdida cultural fuera mayor.

La excepción al derrumbe romano fue la Iglesia Católica, la única institución Romana que pervivió, y pervive, desde entonces hasta hoy. La Iglesia se convirtió en la legalidad cuando no había jueces, en la administración cuando desaparecieron los funcionarios romanos, en la continuidad cultural de unas costumbres éticas superiores a las de unos bárbaros que llegaban en oleadas y que aprendieron a escribir y a leer (en latín por cierto, la lengua romana y de la iglesia). Aprendieron a juzgar y a hacer justicia gracias a que unos romanos que se resistían a renunciar a su civilización cristiana y romana se lo enseñaron, Gentes medievales que tienen mucho que enseñarnos a nosotros hoy, presuntamente civilizados y expertos en genocidios.

Segundo. El mundo medieval es el mundo romano ruralizado que luego progresa con un avance lento pero constante. Las razones de tal vuelta al campo vinieron provocadas por culpa de la crisis económica, de las invasiones y de las agresiones externas. Pero el mundo medieval no fue más supersticioso que el mundo romano, al contrario, lo fue menos. El mundo medieval fue más civilizado que el romano, con costumbres éticas más humanas a las practicadas por los romanos. En el medievo no había esclavos (cosa que sí volvió a haber desde el oscuro Renacimiento hasta el negro siglo de la Ilustración) y se fueron culturizando amplias zonas de Europa Central gracias al esfuerzo de los monjes, de los monasterios. El Medievo no hizo todo esto en una noche, por eso su importancia para entender la decadente cultura en la que vivimos es clave. El medievo fue rural, pero eso no es sinónimo de estupidez, sino de dispersión cultural, de expansión cultural.

Tercero. En el medievo fueron conscientes de su situación en la historia, y entendieron perfectamente que las raíces de la cultura romana y cristiana eran las propias y que no convenía abandonarlas. Por eso en el medievo hubo varios renacimientos culturales, que pretendieron engrandecer el viejo imperio romano. El Renacimiento Carolingio fue el primer intento institucional de una cultura romanizada (la germánica) por extender las letras y los estudios a gran parte de la población. Lo mismo podríamos decir con el arte románico, un arte que quería imitar la grandeza de Roma, y que lo superó con creces. Su segundo gran Renacimiento vino con la Baja Edad Media, cuando recuperaron los textos del antiguo Corpus Iuris Civilis, la obra magna del Derecho Romano. Fue en el siglo XII, Ivo de Chartres, en la Universidad de Bolonia. En el medievo no hubo inmovilismo, al contrario, pretendían superarse y alcanzar la perfección social, buscaban alcanzar la trascendencia y a Dios, porque eran conscientes de su pequeñez. Sus artistas no eran estúpidos narcisistas, como los de hoy. También en eso nos superan.

Cuarto. El medievo fue aquel periodo que dio a luz a la Universidad, la más importante institución humana para la transmisión del saber y la investigación estable. La libertad en los estudios escolásticos, y la capacidad para buscar e indagar la verdad no ha tenido parangón, ni siquiera en los tiempos actuales. Entonces se dialogaba con los pensadores musulmanes, se estudiaba todo lo que había, y se hacía desde la humildad y el reconocimiento a los grandes pensadores del pasado. Gracias al medievo fue posible una institución así, dedicada al saber. Por eso fueron siglos de luz y saber aquellos escolásticos que alumbraron la historia. Solo cuando las primeras oscuridades del Renacimiento se asomaron en el siglo XIV y XV retrocedió la Universidad Medieval.

Quinto. Si algo malo podemos achacar a los medievales (quizás sea mérito) es que tuvieron complejos de su grandeza. Fueron capaces de recrear las ciudades, de inventar mejores y más modernas técnicas de roturación de la tierra, y pusieron las bases, la escuela de Oxford por ejemplo, para que luego llegara un tipo llamado Galileo o Newton y se aprovechara de sus nociones físicas. El medievo fue una luz que luego se apropiaron unos listos ilustrados, para quedarse con ella y escupir en el padre que les engendró.

Sexto. El medievo fue un periodo de mucha más libertad de cátedra que el que hoy presumen muchas Universidades. No fueron siglos de oscuridad, al contrario, se erigieron las más grandes construcciones de todos los tiempos: las catedrales mal llamadas góticas, porque su luminosidad y belleza no ha sido superada más que en puntuales ocasiones. Poco tiene que hacer el Empire State ante la Catedral de León, y solo cuando se ha querido redescubrir en el modernismo su belleza se ha logrado algo parecido (Sagrada Familia de Gaudí). La libertad que respiraron los hombres medievales solo se veía truncada en ocasiones por las ansias de poder de los que luego hicieron la modernidad: los reyes y los nobles con sus intrigas. Privilegiados que fueron menos poderosos durante los siglos precedentes de la Alta Edad Media, por estar más controlados unos con otros. Las primeras Cortes de la historia fueron medievales, y surgieron en el Reino de León para controla al Rey.

Séptimo. Durante el medievo hubo menos guerras que en los siglos modernos y contemporáneos. Y mucho menos cruentas. Mucho tiene que callar el Renaciminento, el siglo de las luces y la Revolución Industrial.

Es curioso que a pesar de haber insultado a los del gótico, los renacentistas del siglo XV no mejoraron sus técnicas arquitectónicas. Descubrieron cosas, y revolvieron una Roma que reinventaron con un ridículo plagio neorealista. Una Roma que había sido superada por el medievo volvió, y se empeñaron en retornar reinventando lo que desconocían. Por eso volvió la esclavitud, por eso aparecieron los Estados Modernos, soberbios y provincianos. El medievo les habia enseñado lo que era la globalización y grandeza de una cultura única, amplia y universal. Era la sociedad católica de cristiandad, pero prefirieron competir entre ellos. Todos contra todos. Francia contra España contra Inglaterra y contra Holanda, y luego contra Alemania, contra Estados Unidos y contra la Unión Soviética. De ahí la ruina de los siglos siguientes.

Octavo. En el medievo no hubo genocidios, a diferencia de lo que ha sucedido en la historia moderna y contemporánea; en el medievo se buscaba el equilibrio con la creación y con Dios, a diferencia de lo que sucedió en los siglos posteriores, donde la rapiña y la codicia (todo muy romano y muy poco medieval y cristiano) están acabando con los recursos del planeta. En el medievo se criticaba la usura y el préstamo con intereses, se explicaba que era lícito deponer a un gobernante injusto.

Noveno. Lo único que saben decir los papagayos que repiten lo que los detractores del medievo han dicho son bobadas sobre Inquisición y las Cruzadas.

Las Cruzadas se hicieron para proteger a los peregrinos que iban a Jerusalén, una idea llena de nobleza y sentido, pues se atendía a los pobres. Se luchaba en una tierra que había sido saqueada y desrromanizada, porque Jerusalén también fue ciudad romana y cristiana en siglos anteriores. Las exageraciones y los abusos de los cruzados no fueron menores que los de los Romanos que entraron en el año 70 d.C, y mucho más benévolos que los genocidas y asesinos de la historia moderna y contemporánea, incluidos los animales del Daesh y los bestias de los marines en Vietnam, sin ir más lejos.

Y de la Inquisición, ¿para qué hablar si no se escuchan más que mentiras de la leyenda negra que inventaron los ingleses? La Santa Inquisición fue el primer gran tribunal que incorporó garantías procesales, superando así a los tribunales romanos de antaño y a los medievales de su tiempo.

La figura del Ministerio Fiscal, y el derecho a recurrir a un tribunal superior tenemos que agradecerlas a la Inquisición. Es más, sus garantías procesales eran escrupulosas, bastante mejores que las de los tribunales civiles de entonces, y de muchos de ahora. ¿Tortura? Sus métodos de confesión eran idénticos a los que empleaban los Tribunales Civiles, y sus cárceles más humanizadas y cómodas que las anejas.

Pero es que la Inquisición ni siquiera desplegó el grueso de su actividad durante el medievo, sino durante la Edad Moderna. Tiene de medieval bastante poco, de hecho en España se puso en marcha en el oscuro Renacimiento, continuó durante la nefasta ilustración y terminó cuando el Rey decidió que podía controlar todo en el siglo XIX sin ayuda de la Iglesia. La Iglesia Romana que nos legó uno de los periodos más brillantes de la historia: el medievo.

¿Por qué nos tratan como niños? La infantilización de la sociedad.

Es así. Cada vez nos tratan más como si fuéramos adolescentes descerebrados, como si no tuviéramos nada en la sesera, y eso es algo que a mi me cabrea. Que los poderes públicos traten a sus ciudadanos como gilipollas es algo que no termino de entender, que viene como asumido por decreto, cuando ellos mismos son los que alientan la estupidez social y el infantilismo en todas las capas de la sociedad. ¿Tanto hemos retrocedido desde Kant? Yo creo que sí, o si no juzguen por ustedes mismos.

Ya lo dijo Kant, la Autonomía moral es aquella conducta ética en la que ante el dilema ético la persona adulta razona y decide el comportamiento que desea hacer. Asume desde su posición moral, valores, y opciones maduras sin esconderse, sin zafarse. Es la persona íntegra que se comporta moralmente desde los valores en los que cree y ha asimilado. Es el hombre libre que no esconde su comportamiento porque lo ha pensado y decidido así, y su obrar es coherente. Esto ya lo contó Kant. Lo contrario sería la heteronomía moral. La heteronomía es la conducta ética no razonada, y simplemente guiada por el instinto o por alguien externo. Se comporta uno según vayan a ser las sanciones, el reproche social, o la bronca de papi. Evidentemente es el comportamiento de las personas inmaduras, de los adolescentes (hasta que crezcan) y del que actúa sin pensar guiándose de la circunstancia del hecho, la del que dirán y que no me pillen; es buena para los niños porque les orienta mientras son niños y no saben distinguir el bien del mal, pero es ridícula en una persona hecha y derecha. La heteronomía nos devuelve a una especie de patio de colegio donde tenemos miedo de lo que nos diga el profe (el poli o la vecina). Pues eso.

Me llega el otro día la “Guía práctica del aficionado”, una especie de Manual de bienvenida 2016/2017 que ha editado la Liga de Futbol Profesional, porque como voy al fútbol, pues eso. Me regala una piba mona (la contratada de repartir supongo) un folleto que no tiene desperdicio, en cuanto a maltrato humano, claro, porque en cuento empiezo a leer me siento como si fuera un chiquillo haciendo trastadas. Me lo explican todo como si fuera un tontorrón, como que tuviera que purgar el pecado de ir al campo de fútbol y entonces me proponen una especie de examen de conciencia, por si tuviera mi conciencia sucia. ¿Serán gilipollas?

Moralina en estado puro en forma de preguntas y se las copio porque son ridículas sin vaselina ni nada: “¿Crees que lo que dices o haces en un estadio es buena influencia para los niños? ¿Te comportas en tu salón como en un campo de fútbol? ¿Has hecho comentarios ofensivos hacia un jugador por su raza o color de piel? ¿Has insultado al árbitro durante un partido?

¿Serán cretinos? Por supuesto que no, he sido asertivo y le he dicho que tiene que estudiar más el reglamento, graduarse la vista y regresar al lupanar de su casa antes de seguir errando en sus extrañas decisiones. Faltaría más que ahora fuéramos al campo sin educación. No te giba.

En lugar de esas preguntas tan ridículas propias de un confesionario deberían hacer otras más profundas: ¿Aporta algo el fútbol a su aburrida vida? ¿Se merecen sus hijos un padre como usted? ¿Hay algo en su vida por lo que valga la pena vivir? ¿Cree que si hubiera nacido en África sería distinta su visión del mundo? ¿En qué? ¿Cree que deberían sustituirse las decisiones arbitrales injustas por otras tomadas por el público adulto que asiste al campo?

Ven la diferencia. Yo uso el usted, los de la LFP nos tutean porque se creen que somos unos mierdecillas sin categoría. Son preguntas profundas para adultos que piensan, no como lo otro, que es para quinceañeros que se pajean.

Esto no es algo exclusivo del fútbol. Los de la LFP simplemente siguen la estrategia universal de anular al hombre contemporáneo en su racionalidad, porque cuanto más niño y adolescente con rabietas, mejor nos van a engañar y manipular. ¿Cómo explicarlo? En lugar de amenazar con la multa de tráfico a los adultos, podrían alentar a la responsabilidad y a la solidaridad contraria al egoísmo consumista en el que nos sepultan. Pero no, ellos mismos nos ponen el radar y nos venden el antirradar para luego prohibirlo y sustituirlo por algo que solo avise. Niño no seas malo. ¿No es mejor educar en la infancia para que cuando seamos adultos no necesitemos que nos traten como niños? ¿Por qué tienen que poner multas a los adultos que saben lo que hacen? Nos han quitado una ética basada en la razón, el respeto y los valores que alentaba el cristianismo, y después de arrojar a la gente a un mundo donde no hay Dios ni sentido, tienen que recomponer el chiringuito con consejos para imbéciles mentales. Y quieren hasta que nos confesemos, como si la moral que ellos propugnan (que cada uno haga lo que le apetezca) nos llevara a la perfección. Para ellos la perfección es el ordenador, que hace lo que le dicen; o un perro, que mueve la colita cuando le tiran un hueso. No hacen creer que hacemos lo que nos gusta, pero han educado el gusto de la sociedad desde hace años para que ladremos cuando ellos quieren.

Si nos tratan como críos, es porque nuestra sociedad se ha infantilizado. Nos han infantilizado. Ahora uno es adolescente desde los 10 años hasta los 70. Nos venden y nos cuentan que tenemos que ser jóvenes y dinámicos hasta que (palabra tabú) nos muramos, y que disfrutemos mucho de la vida, que la quememos guay y bien, consumiendo mucho, chingando con cremitas y haciendo cantidad de capulladas para que no se note que somos adultos. Y nos dan consejitos: no comas grasas, no fumes, no grites al árbitro, no vayas a más de cincuenta, usa gomita en tus relaciones promiscuas y habla sin cabrearte. Depílate en verano, duerme ocho horas, recicla tu basura gratis, ojo con los tatuajes, no comas carnes rojas, come hamburguesas cuando te apetezca, acude a algunas exposición de arte contemporáneo con tus hijos, y no te dejes llevar por la tristeza del otoño, y al menor síntoma, acude al médico por depresión.

¿Depresión? ¿Y para qué cojones ponéis fútbol en la tele a todas horas? Pues eso.

De profesión “famoso enfadado”

No quiero tocar demasiado las narices, pero es verdad esto de que ni no estás cabreado e indignado contra algo o alguien no eres nadie. De hecho es como una fachada, una actuación memorable, un personaje que se superpone a la persona, y que no pocas veces termina devorándolo.

Camilo José Cela se montó un personaje entre cabreado e irónico, Pérez-Reverte tiene un tono chulesco que vende mucho (acaba de llamar payaso a Pio Moa sin despeinarse), Cristiano Ronaldo faltó al respeto a un compañero de trabajo retirado llamado Xavi Hernández y en la tele hay programas que consisten básicamente en estar cabreado y reconciliado por días, incluso por horas. Si te mosqueas mucho sales mucho en la tele, pero si eres un tipo normal, no sales ni aunque te peguen dos tiros en la nuca seguidos. Ya puedes escribir novelas, hacer cine, recitar poesía o ser medalla de oro en badminton. Sales a lo sumo un día, treinta segundos, y se acabó.

Si Carolina Marín hubiera dicho que estaba hasta los cojones de Montoro y que se iba a Andorra con sus minúsculos ahorros, y luego hubiera enseñado el culo a la prensa brasileña en protesta por el hambre de las favelas, y luego hubiera afirmado con vehemencia que habían sido los peores Juegos Olímpicos de la historia saliendo del armario y cabreándose contra los gilipollas que ven fútbol y contra los negros que se ahogan porque les da la gana en sus putas pateras, sería mucho más famosa y ganaría más dinero. No jugaría mejor a badminton pero la tendríamos de tertuliana con Lucía Etxebarría en un programa dirigido por las Campos y con Pedro Sánchez de invitado especial. Todos cabreados hablando de Rajoy, que es un tipo cabreante hasta para los del PP.

Los cabreados venden su cabreo y su indignación como si fuera real. Hay gente enfadada porque mataron a su abuelo hace ochenta de años en una guerra, se lo han contado y están mosqueados desde entonces, sobre todo cuando van a la tele a contártelo. Las feminazis están cabreadas y la emprenden a tetazos contra el que les cae mal. Incluso gente que va por la calle con cara normal, en cuanto les plantas la alcachofa como que se despiporran a calentarse. Y es que la tele es un modelo de referencia imprescindible para el vulgo, y como en la tele todo el mundo está como cabreado, pues eso.

A mi me molan los de gordishore, que es un programa (para mi que es un documental de antropología encubierta de la UNED) donde unos tiparracos tatuados se entregan a la promiscuidad sin arrobo, pero también están cabreados. Lo que iba a ser el paraiso del sexo libre se convierte en un infierno de dudosa estética. los escogen así, a los angelitos me refiero, porque si no están cabreados no lo ve ni rita. El gran éxito de Gran Hermano es que todos parecen mosqueados y reconciliados cada poco, y eso debe poner mucho. Que uno odie a otro, pero luego le sonría como un tontorrón debe ser super interesante. Record de audiencias. Eso por no hablar de “hermano mayor”, donde montan un chou a costa de un ficus malcriado que afostia a sus padres de cuando en cuando. Seguro que veía mucho la tele de pequeño, y no precisamente la dos.

Lo enfadado vende, y a la gente le gusta ver a otra gente enfadada, esa es mi conclusión. Aunque imagino que habrá excepciones, los periodistas, que siempre andan detrás de la noticia, saben que un cabreo es noticia, en cambio un tipo tranquilo, es aburrido. Les encanta ver si Casillas se cabrea o no por no llamarle Lopetegui o del Bosque, por ejemplo. También se plantan delante de la casa de la Pantoja a ver si pierde los nervios, porque si se cabrea ya tienen programa. Por eso hay gente, que para hacerse famosa, vende que está supercabreado, y esta enfermedad afecta incluso a los escritores, que son gente como que va de otro rollo más tranquilo e intimista.

Por ejemplo, a Pérez-Reverte le va de cuando en cuando el tono chulesco y prepotente. Recuerdo que en una ocasión el señor Arturo se quejó de que la gente por la calle le alentaba a dar caña, porque creía que era un broncas. Él se defendía diciendo que era una pose, o eso entendí. Pero el otro día llamó payaso a Pío Moa en su página del XL, y es que su personaje lo está devorando. No es que dice que en España no cabe ni un tonto más, es que se lo termina creyendo sin matices. Cualquier día absorbe agua por el culo, como confesó Camilo José Cela, nuestro cabreado premio el Nobel. ¿Más gachas don Camilo? Toma, claro. A Miguel Delibes nunca le llamaron para hacer anuncios, y es que don Miguel no estaba cabreado de oficio de buena gente que era. Por supuesto, de Vicente Aleixandre, otro premio nobel español, prefiero no preguntar.

Yo, humildemente, y para vender los Caballeros de Valeolit en su tercera parte, había pensado quemar el último libro de Harry Potter en público, escupir y limpiarme el culo con una bandera, digamos la catalana o la andaluza (que son más peña), lógicamente tras defecar en público guardando mis heces en un frasco para enviárselo a la Princesa Letizia por operarse la napia. Luego llegarán los medios, y hablaré abiertamente de que la tele está llena de gilipollas de género confuso, y que si me daban el Premio Planeta iba a cagarme en su puta madre y en toda la industria cultura, eso sí, aceptaría porque me mola el dinero más que a un tonto un lápiz. Seguro que me lo daban por contestatario y rebelde, porque eso vende. No como escribir con gusto, claro, que es de idiotas creidillos y aburridos.

Lo malo es que tendría que renunciar a pasear por el Campo Grande con mi mujer y mis hijas, y estaría obligado a soltar exabruptos a los del Norte de Castilla que quisieran entrevistarme, porque claro, conseguir una entrevista conmigo sería un premio para un periodista, pues todo el mundo sabe que siendo un capullo valgo más. Mis pobres caballeros de Valeolit se harían famosos, pero a costa no de su lectura, sino por culpa del mundo en el que vivimos. Ya lo siento, porque yo es que me cabreo poco, me va más el estilo de don Miguel, por eso estoy jodido.

Voy a acabar esta entrada a lo grande, a ver si tengo más audiencia esta semana: Ale, a la mierda. Con perdón, claro.

Jesús Fonseca Escartín

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