Archivo de la categoría: Pensamiento Teológico

Artículos y comentarios religiosos. Desde una perspectiva creyente, el autor reflexiona.

Poema del escritor en oración.

Quiero Señor, confiar en Tí, en Vos. En el padre.

Poner mis manos en sus manos,

Mi inteligencia en su inteligencia.

Mi mente en su mente.

Para así desgranar palabras y versos buenos

que ensanchen el alma de los atareados,

que abran el corazón de los que lo dejaron de mirar,

que suspiren el aliento que el mismo Espíritu Santo da a sus hijos.

Señor, que no escriba palabras para mi, sino para tus hijos.

que tu inspires mis relatos y mis textos,

que no busque la fortuna, sino tu voluntad.

Para que así, al final de los días

pueda llegar dichoso, con el corazón contrito por mi pecado

a las fuentes de la misericordia.

Cualquier palabra que escriba, que sea para ese fin,

para mejorar a una humanidad

que sangra por un desencuentro, soledad.

Y que se haga tu Voluntad.

Antonio José López Serrano

(Fotografía Roberto Tabarés)

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¿Yoga, mindfullness? Yo es que soy más de Rosario.

Tampoco es que sea demasiado de Rosario, pero es que ante la avalancha de espiritualidad modernilla y bajo demanda (siempre pagando la sesión, claro) prefiero la oración de toda la vida en sus diversas variedades: la contemplación ante el Santísimo, la lectura piadosa, el silencio del recogimiento ante el AMOR que nos mira y acompaña, y por qué no, el Rosario de las abuelas y de los Papas, que además es gratis y cunde mucho.

Lleva poniéndose de moda, desde hace unas décadas, la espiritualidad alternativa a la cristiana con sabor y tintes orientales. En general todas terminan en lo mismo, en hacer silencio y en buscar la paz interior. Esto mismo lo puede tener la gente en la parroquia de su barrio; pero eso sería demasiado fácil y carca, y por eso la peña prefiere hacerse un viaje a la India para abrazar a un santón durante unos minutos y sentir que ha tocado con los dedos la profundidad de su esencia esencial. Cuando el hombre deja de creer en Dios, termina creyendo en cualquier cosa (Chesterton dixit), y es verdad.

Los menos pudientes (que también tienen derecho a ser ateos) se buscan la vida en el barrio, en alguna sala tipo gimnasio, donde un iniciado les sopla veinte euros por cada sesión de yoga, reiki y silencio con música relajante a la que llaman “mindfullness” y que se traduce por “atención plena”. La gente lo paga sin protestar, y luego se queja de que los curas son unos pedigüeños, y es que unos tienen la fama y otros cardan la lana. Y encima no reparan que al lado de la floristería hay una parroquia que tiene más horas de silencio que ellos años, pero les da igual, porque quieren una espiritualidad moderna y fetén. Y el supermercado religioso contemporáneo lo ofrece al módico precio de veinte euros sesión.

A mi me da más paz comulgar los domingos y fiestas de guardar, pues además de tocar con los dedos la divinidad, escuchas su palabra y te la comes. Se hace carne de tu carne (como Cristo se hizo carne de nuestra carne) y te alimenta el alma en la autenticidad de un Dios que murió por nosotros. Pero eso es excéntrico para mucha gente, a la que han cegado con un anticlericalismo y una cristofobia soterrada. Odian a Dios y terminan entregados al yoga. Yo creo que los mismos que persiguen y desprecian a los curas los fines de semana en la tertulias con los amigos, se hacinan por las tardes en las salas de mindfullness, yoga, reiki y budismo tibetano contándonos las bondades del silencio. Descubren en su iluminación el Mediterráneo, y nos cuentan con gravedad que la vida espiritual es importante. “Pos claro, Magencio, si fueras a misa de cuando en cuando”. Lo malo es que estas espiritualidades no son ingenuas ni inocentes. Tienen efectos secundarios, y a la larga no satisfacen del todo el alma. Y por eso hago esta entrada.

Estas espiritualidades orientales no conducen a Dios, ni al amor al prójimo ni a la justicia social. Buscan la Paz donde solo hay tranquilidad. Es verdad que la intención es buena, y que el silencio ayuda a encontrar a Dios, pero el silencio no es Dios mismo. El budismo y el hinduísmo son religiones muy respetables, pero estas espiritualidades son fragmentos y porciones de algo más grande que se pierden por la distancia cultural que desemboca en la incomprensión. No son hinduístas, pero tampoco cristianos. No van a descubrir a Dios en sus prácticas, ni al prójimo, ni a los pobres que nos evangelizan. Viven mirándose el ombligo de manera idolátrica, adorarán el silencio, la postura y el mantra ambiguo, pero nunca descubrirán la mística donde Dios abrasa. No conocerán la relación profunda con la divinidad, ni palparán el misterio del AMOR encarnado. Estarán siempre fuera, girando sobre sí mismos.

Dicho de otra forma: la experiencia religiosa que no interroga la vida y el comportamiento, se convierte en algo muy pobre para las personas. Termina degenerando en una justificación conformada con un dios hecho a medida, y por tanto, un dios falso y muerto. Si en lugar de escuchar a Dios, lo silenciamos para que no nos moleste ni nos cambie la vida, entonces tampoco nos dará sentido a la vida, ni nos ofrecerá una cosmovisión salvífica, ni integraremos la vida con la fe y la creencia. La experiencia religiosa plena nunca llegará.

Por eso, es mejor el Rosario. La esencia de estas prácticas orientales se basa en un dualismo desencarnado y platonizante exagerado, pero no reconcilia al hombre con Dios. Sus practicantes gritan por el día a sus empleados, y por la tarde hacen relajación para desestresarse de sus gritos. Me recuerdan a la crítica que se hacía (con toda la razón del mundo) a los cristianos que iban a misa los domingos y hacían el capullo cuando salían de la iglesia. Hipocresía se llamaba. La diferencia es que en misa se insiste en no ser hipócrita y en hacerlo mejor. Interrogan al creyente para que cambie de vida. En estas espiritualidades no hay ningún interrogante a la vida, son egocéntricas y justificadoras de las maldades. Un asesino puede matar a alguien y luego practicar yoga para desestresarse. En cambio, un cristiano asesino tendrá que arrepentirse, llorar, pedir perdón, y reencontrarse con un Dios que perdona los pecados para poder recuperar su vida.

Por eso prefiero el Rosario. Porque te lleva a Dios, te envía al prójimo, te plenifica con una paz profunda y te invita a vivir todo eso con una comunidad de pecadores perdonados. Casi nada. Las abuelas y los Papas ya lo sabían desde hace mucho tiempo. Y es que ya lo dijo el Señor, “Te alabo Padre porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has manifestado a los  sencillos (Mt 11, 25)”.¿Alguien lo duda?

 

Poema a la cruz desnuda. Pascua 2018.

Cruz desnuda de olivo,

cruz entregada.

Casa de los que sufren,

Hogar del alma.

 

Cruz vestida de sangre,

cruz de la gracia.

Semillero que alumbra,

vida entregada.

 

Cruz de los perseguidos,

cruz de la esperanza,

cruz que llevó en los hombros,

Cristo, en la mañana.

 

Cruz donde el amor murió,

donde el amor se levanta.

Cruz del que resucitó.

Al despertar el alba.

 

Cruz, de la cruz, de tu cruz,

de un Dios que nos acompaña,

Cruz donde lloró la Madre,

la misma que cuida el alma.

 

 

 

Feliz Pascua en el Señor Resucitado.

Antonio José López Serrano

 

Versos sueltos de Navidad.

En el silencio de un pesebre,

Se adivina el rostro dormido de tu hijo.

Madre de los pobres y los sencillos,

 

En la soledad de una estrella.

se contempla la luz del ángel que anuncia.

Paz a los hombres que desean el bien.

 

En la alegría de los días de siempre.

Se desea que el Salvador nos salve.

Y ahora que sabemos quién eres y quién es tu Hijo.

Míranos como lo miras a Él.

Cómo nos mira Él.

Gracias, Señor. Me quedaré acurrucado a tus pies.

 

FELIZ NAVIDAD, FELIZ TIEMPO DE NAVIDAD 2017.

 

Los pilares de Occidente: la mentira, la basura y los ositos de peluche.

Cuando estudié primero de carrera (hace unos treinta años), en concreto Derecho Romano, recuerdo que en el inicio del libro de Derecho Público Romano se hablaba de los pilares de Occiente, y se afirmaba, con solemnidad y rigor que habían sido tres: el Derecho Romano, la Filosofía Griega y el Cristianismo. Hoy han sido sustituidos por tres tataranietos que no dan mucho de sí, pero que ahí están, decadentes y no menos firmes: la basura, la mentira y el emotivismo de los indignados del peluche. Estos piden paso y se quedan a la fuerza. Por eso hablamos de ellos, porque no será por mucho tiempo. Digo yo.

El Derecho Romano, que ha venido articulando durante casi dos mil años las relaciones civiles de los hombres entre sí (familia), de sus compromisos (obligaciones y contratos) y de sus bienes (derechos reales), ha terminando convirtiendo las relaciones sociales en relaciones mercantiles, para luego dejar temblando a la humanidad (y al planeta) con relaciones financieras y especulativas. Es lo que nos queda hoy. Personas que se relacionan especulando el amor, la amistad y los negocios. Vida deshumanizada, donde todo se compra y se vende. Es el capitalismo, hijo del derecho, que barre a la humanidad, sus relaciones y sus bienes, hasta convertir lo que toca basura. Por eso nuestro planeta Tierra se ha convertido en un basurero de objetos obsoletos, de residuos tóxicos, mares llenos de plásticos y un montón de mierda sobre la que seguir especulando. Lo llaman capitalismo, pero en realidad es uno de los pilares más importantes sobre el que sustenta la sociedad contemporánea de la disolución. Lo practicaron las sociedades comunistas con el mismo afán, y lo aplaudimos indirectamente cuando vamos de tiendas y tenemos de todo. Filósofos: la fragmentación posmoderna quedó atrás; lo de ahora habría que llamarlo disolución occidental, globalizada y sin vaselina.

El segundo pilar fue la Filosofía Griega, sobre la que hemos hablado en otras entradas de este blog. Los griegos buscaban la verdad frente a la opinión. Nosotros preferimos opinar sin buscar la verdad. Por eso estamos rodeados de mentiras. Frases ingeniosas, sensacionalistas, atractivas para vender, comprar y para llamar la atención. Pensar es agotador, en cambio, escuchar mentiras es más gratificante. La gente se busca mentiras a su altura moral, en su círculo intelectual, en su existencia. Hay una cadena televisiva para cada grupo de espectadores, con sus mentiras específicas, sus relatos y sus símbolos. El escepticismo está agotado, ahora se lleva la mentira que nos entretenga. Y las redes son especialistas en mentir al gusto de cada uno. Se llaman cockies, o sea “putas” y “galletas”, que debe ser lo mismo.

El tercer pilar es el cristianismo, el único que se ha mantenido como subcultura gracias a una institución milenaria como es la Iglesia. El cristianismo (que es una religión de sentido, no una ética) fue anulado en su momento por el laicismo imperante y cultural. Se le extrajo la moral en la modernidad, y se le redujo a una especie de buenismo fácil y blandito. Se vació de contenido la experiencia con Dios Padre, para exaltar experiencias inferiores y rídiculas, desde el animismo hasta el yoga. Al final el hombre sigue hueco por dentro.

El buenismo ético ha sustituido al amor al prójimo. La gratuidad del amor se ha pervertido dejando solo la pose, no el dolor, olvidando que el Amor que no duele por dentro, no es amor. Se promueve la experiencia de lo emocionante frente a la experiencia de Dios. Hasta que se rompe la cuerda del puenting, claro. Entonces ponemos ositos de peluche al pie del acueducto. Y es que somos adolescentes con rabietas y lágrimas facilonas, gente que lo quiere todo, y que es incapaz de dar nada, de darse gratis. De nuevo el capitalismo.

Es curiosa nuestra sociedad, donde los derechos sociales son cada vez más recortados, y donde la lucha de clases se ha transformado en una lucha de géneros (de sexos). Una sociedad indignada con hoja perenne, connivente con el poder, y traidora con la humanización en el trabajo, y con la sexualidad adolescente hasta que la muerte nos llegue. Adolescentes con rabietas y lágrimas fácil.

La ética contemporánea está disolviéndose muy deprisa por culpa (o gracias) a las redes sociales. Es la ética del emocionarse mientras miro un perrito en el móvil dando saltitos, y soy indiferente a la esclavitud infantil en África. Me indigna el voluntario porque reza el rosario delante de la clínica abortista, y lloro a moco tendido porque el niño X ha recuperado su osito de peluche perdido hace dos días en las Ramblas. Le pongo un “me gusta” para lograr un mundo mejor, y me exijo que no me digan lo que tengo que hacer con mi bragueta.

Es lo que hemos visto en Barcelona estos días, que aquí mataban a  14 personas y se les dedicaba horas y horas de espectáculo informativo-especulativo. Entre la mentira y la realidad, nadie analizaba el por qué. Ni falta que hace buscar la verdad, dirán algunos. Los terroristas no eran matados, eran “abatidos” (de pena suponemos), y mientras tanto los corrimientos de tierra en Sierra Leona machacaban a 400 muertos, 100 de ellos críos.

Occcidente se está disolviendo. Pero hay una esperanza, una sutil y fuerte esperanza.

Tras la basura del Derecho Romano solo podrá quedar la única estructura social con la que no se puede especular. La única que resiste el paso del tiempo por estár sostenida por el derecho natural. Me refiero a la familia, configurada por el judeo-cristianismo y el derecho romano. Será además una cuestión de “superviviencia”. Las propuestas familiares y económicas que no sean sostenibles (incluida la sostenibilidad de los hijos) se extinguirán por sí misma. La disolución familiar contemporánea desaparecerá por sí sola. El futuro será de los que tengan hijos y logren tener recursos suficientes y sostenibles para vivir, es decir: o familias católicas con hijos o familias musulmanas. Ahí estará el choque cultural en la futura Europa. El islam solo sobrevivirá en Europa si acepta las pautas familiares y culturales del cristianismo. Si no lo hace y triunfa, lo que surja no será Europa. Aunque esté en su territorio.

La mentira contemporánea dejará paso a la única verdad posible e inmutable: Dios y su trascendencia. Será un cliclo lógico, pues no hay cultura que no se asiente sobre una verdad inmutable, hija de una divinidad. El cristianismo retornará, pero seguramente lo haga purificado de lo superfluo, y lejos de Europa. La verdad no volverá a estar fragmentada, quedará sometida a la experiencia religiosa, y la ciencia volverá a ponerse al servicio del hombre, de la humanidad, y no del dinero ni la especulación.

El emotivismo del osito de peluche, adolescente y ansioso, solo podrá madurar si vuelve a concebirse la trascendencia. Es decir, será necesario un retorno al Amor de Dios (Padre), un amor que da sentido porque salva (Hijo) y que pueda reconfortar en el dolor de la existencia humana (Espíritu Santo). Será un nuevo humanismo más profundo y sólido. Ya lo dijeron antes que yo: el siglo XXI será religioso o no será.

Yo creo que sí será, y es que como pobre católico, tengo esperanza.

Ofrecimiento a la Madre del Dolor (Sábado Santo, 15 abril 2017). Texto completo.

VÍDEO Y TEXTO COMPLETO.

 

OFRECIMIENTO DE LOS DOLORES DE VALLADOLID A LA VIRGEN DOLOROSA DE LA VERA CRUZ. PASCUA 2017.

OFERENTE: Antonio José López Serrano.

 

Virgen de la Vera Cruz, Madre del dolor.

Que tus lágrimas fecunden esta tierra de Castilla,

Y que crucemos el río de su misericordia,

En brazos de Cristo, tu Hijo.

 

 

Lo primero agradecer a la Cofradía de la Vera Cruz este regalo que me hacen de poder dirigirme en público a nuestra Madre, la Virgen, para ofrecer el dolor de Valladolid y provincia, como tradicionalmente se ha hecho en este Sábado de Dolor, Sábado de Esperanza, Sábado siempre de María, nuestra Madre. Quisiera que mis palabras movieran a piedad, al encuentro con el Señor, pues tal es la misión que como cristiano comprometido con las letras y con la palabra deseo. Un deseo que nace de un encuentro especial que tuve en mi juventud con el Señor Resucitado primero, y con María, en la advocación de Lourdes, después.

Desde entonces, y con el gozo de haber atisbado el misterio del Amor profundo y abrasador que el Padre tiene reservado para nosotros, sus hijos, no ardo en más deseos que comunicar a los hombres tal dicha, y que esa dicha me alcance en plenitud cuando tenga el Señor a bien, para lo cual pido perdón y misericordia, una vez más, por mis estúpidas ofensas a un Dios que no se cansa de perdonar ni de esperar.

La dicha y la felicidad nacen de la misericordia divina y entrañable que Dios ha tenido en la persona de su Hijo Jesús, que entregó su cuerpo y derramó su sangre por nosotros, de manera personal por cada uno de los hombres que habitan este mundo; y tal entrega dolorosa, que hoy recordamos impresa en la bella imagen de la Virgen de los dolores de la Vera-Cruz, nos invita a reconocer nuestras miserias, dolores, angustias y pecados, para que Vos, Madre del Dolor, lleves con tus lágrimas de sal y amargura al manantial por donde discurre el agua que brotó del costado de Cristo en la Cruz.

Aquella lanzada arrojó sobre nosotros y nuestros hijos un agua pura bautismal, que hoy, unida a las lágrimas de la Inmaculada Madre, sacian la sed de todos los que se acercan a vuestra maternidad con confianza, cariño y devoción.

También manó, dice el Evangelio de San Juan, la sangre de tu Hijo, signo de la Eucaristía que compartimos, nosotros desde esta tierra, y Vos, Madre, desde el cielo en comunión con los Santos que nos han precedido en la Pascua que conduce a la resurrección.

María, Madre de Castilla, Madre de los campos duros de una tierra que se afana por mejorar, y que envejece contemplando sus rincones despoblados. Tus hijos, Madre, se han ido buscando mejores oportunidades, por eso te ofrecemos esta tarde a los que viven lejos de nosotros, a los que emigraron, pero también a los que llegan de lejos, a los que acogemos de otras tierras. Llegan tus hijos con el alma fracturada por la separación de las familias que dejaron atrás. Son la punta de lanza en una tierra inhóspita y distinta a la que los vio nacer. ¿Has visto Madre como lloran en soledad cuando añoran el abrazo de sus hijos, o la caricia de sus cónyuges?

Nuestros emigrantes también se fueron con el alma rota, y llevaron en su alma la universalidad de esta tierra. No son de aquí, ni de allí, pero son tus hijos, y hoy recojo sus voces cansadas y fatigadas para ponerlas como ofrenda a tus pies.

Tierras de Castilla donde nacieron los más grandes místicos y los más valientes misioneros. Tierras de Castilla cantadas por los poetas y lloradas por sus gentes; tierras resecas y duras, donde nos conmueve la injusticia y enmudecemos ante la presencia de las más hermosas imágenes que nadie hizo en el mundo representando el Amor y el Dolor de la Pasión Santa de tu Hijo. Tierras de Castilla, hoy te veneramos como Reina del Cielo y pedimos tu intercesión y favor ante el Padre, el Hijo y el Espíritu Consolador.

¿Cuántas veces Madre hemos llorado lágrimas secas, con un nudo en la garganta ante ese Cristo atado a la columna? ¿Cuántas veces hemos admirado y extraviado nuestra mirada para admirarnos de la belleza sutil de esta imagen tuya de Virgen Doliente? Y sin embargo, Vos Madre, eres mucho más. La misericordia de tu Hijo llena la tierra, y alabar a tu Hijo con el cariño y la oración es la mejor ofrenda que podemos hacerte en esta tarde santa.

Te ofrecemos madre, el dolor de los ancianos en su soledad. Nuestra tierra envejece, y en algunos pueblos de nuestra tierra de Valladolid, no queda nadie para tocar las campanas, ni para calentar la iglesia. Es la vejez de tantos lugares de la tierra. ¡Cuántos mayores nuestros en las Residencias se duelen un día tras otro sin la visita de sus hijos o sus nietos! La paciencia en su mirada delata la tristeza de la ancianidad cuando se vive lejos de las personas a las que se les ha entregado la vida. No faltes tú, María Madre, a sus días postreros de paciencia y espera. Apiádate de las lágrimas de la soledad de nuestros ancianos, tú que eres Madre de la Soledad que nos inundas de lágrimas.

Te ofrecemos, y ponemos ante tus pies, el dolor de nuestros enfermos. Durante mis años de juventud, cuando anduve con la Fraternidad de Enfermos y Minusválidos, conocí el mundo del enfermo, donde la incertidumbre de la recuperación y el deterioro físico o mental acompañaba a los familiares que sufrían y sufren, a los enfermos que lo padecen. A los de entonces y a los de hoy. ¡Qué duro es contemplar a los nuestros cuando pierden la cabeza, o cuando son desahuciados! ¡Qué dura es la enfermedad cuando nos hablan de porcentajes de éxito o de muerte!  Y qué bella es la unidad de las familias cuando atienden a sus enfermos. Se turnan, se acompañan, se desvelan y sufren con él. Nos enseñan de tal forma a compartir la vida y la enfermedad.

Mira, Madre, nuestros hospitales, nuestros centros de salud, nuestros enfermos crónicos y nuestros enfermos incurables. Sólo el Padre conoce los misterios de la vida y de la muerte, y a Él encomendamos nuestra voluntad. Lleva Madre, la enfermedad de nuestros hijos y de nuestros padres a los pies de tu Hijo para que nos ampare la bondad de su mano delicada, reflejo de su Corazón Misericordioso.

Muchas advocaciones tienes, Virgen Santa de Valladolid, y todas nos llevan a tu Hijo amado. Virgen que bajaste por las aguas del Pisuerga desde Carrión, Saldaña y Liébana; Virgen que recorres los campos de esta Castilla tuya a hombros de los cofrades, míranos con ternura y misericordia, pues son muchas las ofensas que os hacemos. Ofensas de olvido, de soberbia y de corazones endurecidos por los años y la fatiga en el caminar.

Virgen de los pueblos de cielo azul, sembrados de vino y tierra. Virgen de palomares y campanarios, Virgen de Valladolid, Virgen de la Vera-Cruz que nos miras desde el cielo y nos socorres, hoy venimos a ti, con nuestra cruz que pesa, y nuestras soledades.

Recuerdo las primeras impresiones que me produjo esta ciudad cuando llegué con diez años. Fue en Enero, cuando el aire se hace leve, y las aceras se enfrían con la caricia de las heladas. Recuerdo a aquellos maestros que encendieron en mi corazón el gusto por aprender. Acuérdate de ellos, y escucha los dolores de los que practican la misericordia del día a día en su oficio de enseñar al que no sabe. ¡Ay de los que escandalizaran a cualquiera de esos niños! Pues no hay mayor alegría que atender la curiosidad del infante y del joven que abre los ojos, deseando saber del mundo que ha creado el Dios del cielo con su formidable mano.

¡Cuánto dolor hay detrás del que se resiste a aprender, del que destruye su vida con la decisión errada, del que contesta y se ensoberbece! Detrás de cada fracaso escolar hay una persona herida, y detrás de cada persona humilde en el saber hay una luz, y una posibilidad. ¡Cuántas familias rotas que llegan a la escuela rogando que hagamos el milagro de educar a hijos que han vivido sin el ejemplo dichoso de sus padres! Cuánta dificultad añadida en una sociedad que cuanto más libre se cree, más esclavitudes la alcanzan. Niños desatendidos, familias rotas, malos ejemplos sociales y una atmósfera que nos aleja de Vos, madre.

¡Qué hermoso sería ver acercarse a nuestros hijos a tu Hijo sin prejuicios y en santa libertad! Igual que caminaron los niños tras la borriquilla del Domingo de Ramos. Anhelamos para ellos una paz que no encontrarán en tantas cosas de este mundo que sobran y se anuncian como medicinas para la soledad. Ídolos que son nuestras cadenas, y que nos aprisionan en un mundo que se entrega al jolgorio y la fiesta para disimular su vacío y su pena.

Recuerdo, Madre, con cada primavera, los tambores primeros que ensayaban al pie de la Rosaleda al atardecer. Todavía estaban los primeros brotes y las cálidas yemas anunciando tu Pascua de Amor, cuando un puñado de cofrades se entregaba al ensayo, sin calibrar, Madre, que eras tú en su tambor. Yo preguntaba que de donde salía aquel sonido, y un amigo, Tomás, me lo contó con orgullo “Son cofrades que ensayan con tambores”.

Eras tú que anunciabas a tu Hijo con el son de una fiesta, la fiesta de Pascua de Cruz y de Amor, donde la semilla que muere, se troquela en árbol, y del árbol pende un fruto en su corteza como ningún otro. Danos a comer del fruto redentor, danos a probar su cuerpo y su sangre en la Eucaristía, danos a llevar el aroma del buen olor de Cristo a los hombres, nuestros vecinos y hermanos de esta ciudad.

 

Cofrades de la Vera Cruz y de Valladolid. Habéis hecho florecer las calles de nuestra ciudad con las guirnaldas del silencio y de la meditación. Tambores en la noche rompían el duelo de los que reviven la Pasión, cofrades e hijos de Valladolid, hijos de la luz que hoy en la Vigilia Pascual gozaréis con la noche de las noches. Ayer deambulabais cabizbajos, conscientes de vuestra soledad, y acompañabais a esta Madre, a este Cristo de la columna, a este Ecce homo que con tanta esbeltez talló la gubia del maestro, nuestro vecino que fue, Gregorio Fernández.

Son imágenes de nuestra Pasión, las que queremos recorrer todos los días, abrazados a la Cruz, a nuestra Cruz. Porque tenemos esperanza, y sabemos que si el grano de trigo no muere queda infecundo, pero si muere. Madre si muere, da mucho fruto.

Bendita tú, Madre del Redentor, y bendito el fruto de tu vientre, Jesús, el que nos da, en la espera santa de hoy, su bendición.

Te ofrecemos finalmente, madre, la angustia y el dolor de los que en Valladolid no tienen casa ni hogar. Lleva las lágrimas impotentes de los que lo perdieron todo con la crisis. Gentes con estudios, incluso con formación, gentes con familia, y una estable posición social. La crisis ha dejado un precipicio bajo sus pies, y se nos cae la vida a través de esas personas que se mueven hoy en la pobreza. Se acercan a Cáritas buscando un rescoldo del fuego del amor que nunca abrasa y siempre calienta, una mano amiga que los acompañe. María, haz de tu iglesia un hogar para los dolientes, donde repartamos el pan y el vino y compartamos lo que guardamos bajo el fuego de tu Amor.

Acoge a los desesperados, a los descarriados que te buscan sin saberlo. Acoge a los que odian sus vidas, a los que mueren y callan, a los que viven y rezan.

Acógenos con nuestros pastores, y escucha el dolor de sus soledades y angustias. Hoy ponemos a tus pies el dolor de los santos anónimos, la penumbra de los hijos pacientes que callan, pero que han hecho de sus vidas un rosario de esperanza. Hay una iglesia doliente silenciosa, que sufre con los hijos, que añora tiempos más piadosos, que lucha contracorriente en el trabajo y en la sociedad que compartimos todos.

Te ofrecemos a nuestros jóvenes. Parecen reír, pero lloran ante el futuro. Parecen entretenerse, pero nada los llena de veras. Y es que no os conocen, Madre. Dadles a Cristo, que toquen los clavos de la cruz, que beban la sangre derramada y que comprendan. ¡Tantos jóvenes que te cantaron y que hoy se han alejado! “En el pecado llevan la penitencia”, pues es verdad que cargan con ella, y es que no hay mayor penitencia que vivir de espaldas a Vos y a tu Hijo.

Apiádate de las familias que se rompen y se desgajan como uva reseca. Llévanos a la tierra que mana leche y miel, a la del Corazón de tu Hijo, donde una nueva primavera Pascual de Resurreción 2017 nos aguarda.

No quiero dejar de ofrecerte el dolor de los padres de aquel hijo que perdieron. Como tú Madre, consuela a esas madres que ven morir a sus hijos, y enseña a aquellas de corazón duro que Dios está presente también en el pequeño embrión. Llévanos a su lado, para que sepamos acompañar, que las lágrimas nuestras se unan a las tuyas como el Esgueva se une al Pisuerga, para que vayan a dar al gran caudal de los ríos que descansan en el mar.

“Venid a mi los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré, y aprended de mi, pues mi carga es ligera y mi yugo llevadero”. Vallisoletanos que lloráis vuestras angustias, descansad en él, caminad al lado del Unigénito del Padre, pues no veréis alivio más dulce, ni calor más abrasador que de una Madre que acoge y nos guía hasta el Corazón de su Hijo.

Acuérdate de los mansos, de los pobres de espíritu, de los que lloran y luchan por la justicia y la paz. Ellos se parecen a Jesús. Acuérdate de nosotros Señor, que con María te ofrecemos nuestra cruz de cada día. Para que se convierte en una flor, y esa flor en un fruto sabroso de comer.

Muchas advocaciones tienes, Virgen de Valladolid, doliente de la Vera Cruz,… y en todas encontramos a tu Hijo Misericordioso.

 

 

 

Sin quererte ver, he visto,

Hoy tu alma desgarrada,

Por la muerte de tu Hijo,

Agua y sangre en una espada.

 

Sin quererte ver, he visto,

Mis pecados en tu alma,

Me susurrras como un grito,

Que camine hacia tu casa.

 

Te ofrezco con el perdón,

Que labres en nuestras tierras,

Semillas buenas de Amor.

 

¡Qué en la Pascua que hoy espera,

reticente corazón!

Resucitemos de veras.

 

Buscando la cruz desnuda.

La Semana Santa de Valladolid es una de las más importantes y vistosas del mundo, desde el punto de vista artístico y cultural. Pero también la ciudad está llena de lugares escondidos y solitarios donde recrearse en el Misterio de la Pasión de Cristo. Uno de esos lugares entrañables es el que se encuentra junto al puente de Arturo Eyries, lugar que recuerda la primera fundación de las Carmelitas Descalzas en la ciudad, y que fue abandonado por la insalubridad y humedad del terreno ya en tiempos de la Santa andariega, Santa Teresa de Jesús. En recuerdo que se tiene de aquellos días, se levantó esta cruz desnuda, y se allanó el camino que lo conduce, paralelo al río. Un lugar que evoca los más profundos sentimientos de camino y de sentido.

En estos días de la Semana Santa se hará penitencia, se desfilará en procesión y se caminará. En la simbología más clásica cristiana, “caminar” es uno de los gestos más significativos de la fe. El pueblo judío caminaba errante y sin rumbo, y Abraham fue invitado a hacer camino, a ponerse en camino. Si algo muestran los evangelios es que Cristo, Jesús de Nazaret, anduvo los caminos predicando la Buena Nueva. Caminar recuerda la vida, que se hace camino e itinerario. La vida es una senda, y los caminos son anchos o estrechos según las apetencias de los andantes. Ancho el de la perdición, y estrecho el de la salvación. Seguir a Cristo no es sencillo, y el camino se hace con un grupo, con una comunidad que es la Iglesia. Se camina en procesión, siguiendo el paso que marcamos entre todos. Unos se quedan rezagados, y otros marcan el paso con buen ritmo.

La Semana Santa en su aspecto procesional, pero también desde el punto de vista espiritual y teológico, recorre las calles, hace caminos y traza senderos por donde nunca se ha caminado antes. Procesionar es avanzar por la senda que nunca se ha recorrido, sabiendo que conduce a un lugar distinto, a una tierra que mana leche y miel. Una tierra de Resurrección y Paz.

Pero caminar merece un esfuerzo que no tendría sentido si no hubiera un horizonte o una meta hacia la que caminar. La vida sucede y pasa tanto al que sabe y tiene un lugar al que ir, como al que vive dejando que pasen los años. La noción del poeta Machado de “se hace camino al andar” es certera, porque el poeta está pensando en los pasos recorridos cuando vuelve la vista atrás. Pero no nos da una orientación, no dice hacia donde caminar, ni con quién, ni cómo. Vivir es caminar, de acuerdo, y “vivir la fe” es caminar hacia la casa del Padre. Para el cristiano la vida tiene un sentido, caminamos hacia un sitio que conocemos de oídas, y que hemos experimentado espiritualmente en momentos puntuales: una Eucaristía, una confesión, una oración hecha ante un paisaje hermoso, ante el Sagrario, ante la enfermedad de un ser querido, etc.

La Pascua nos recuerda que el camino pasa por la cruz. Y eso supone que no todas las fases del camino son iguales, ni son iguales los senderos cuando somos jóvenes, niños o ancianos. El caminante experimentará un cambio de mentalidad con cada paso que da. Se verá más fuerte, más profundo, más maduro ante Dios y ante sí mismo; igual no se comprende bien a sí mismo, pero a buen seguro que el caminante no permanece de la misma manera. Cambia su ropa, su rostro, y sus entrañas más profundas y sentimientos. La cruz que abrazamos, la de cada día, no es una melancólica resignación, sino un encuentro con la esperanza de los que sabemos que tras la enfermedad está la resurrección que es Cristo; tras la quiebra, el negocio próspero; tras el sueño, el despertar. Tras la muerte, la vida eterna.

Cristo se hace camino, itinerario y cruz. Por eso, en esta Pascua, la vida de los hermanos cristianos coptos asesinados en Egipto son una actualización de la cruz que asesinó a Jesús, son mártires que nos dan testimonio de que Jesús ha caminado y ha muerto por nosotros. Su camino ha terminado, pues han llegado a la casa del Padre, e interceden por nosotros desde el alba que no tiene ocaso.

Por eso, el asesinato masivo con armas químicas en Siria, nos anuncia que la paz es posible si se persevera en el bien. Que la cruz no es el final ni es un fracaso de Dios con los hombres. El dolor nos invita a contemplar a un Dios que sufrió por nosotros en una cruz, patíbulo y horca de aquel tiempo. Muro de ejecución y cámara de gas de los romanos que prendieron a Jesús y lo ejecutaron como el peor de los hombres. La cruz no es signo de fracaso, ya no. Es la puerta de acceso a la Vida Eterna. El pecado y el mal no podrán contra ella, pues se subió Cristo que era Dios, y nos ha redimido con su sangre, venciendo la muerte, y rompiendo las cadenas del mal.

Por eso, el último atentado terrorista en la bella y pacífica ciudad de Estocolmo nos consolida en comprender que caminar es un ejercicio de fraternidad, de justicia y de perdón. Y que no es fácil cuando se sufre en carne propia. Pero no hay otro camino que el que recorrió Jesús hace 2000 años. Ni la venganza, ni las espadas, ni la sangre enemiga terminarán con el dolor, el pecado o la muerte. Confianza en Dios, y en su cruz desnuda.

Buscando la cruz desnuda me he encontrado con que antes subieron muchos al madero sagrado, y que los caminos de Pascua que cada uno de nosotros recorre, se vinculan con la Pascua definitiva de Cristo.

Feliz Semana Santa.

Feliz Pascua de Cruz y Resurrección.

Lo profundo es el SILENCIO

Yo no sé a ustedes, pero a mi cada vez me gusta más el silencio, estar en silencio y que haya silencio a mi alrededor. Podría ser cuestión de la edad, pero en mi caso no, pues siempre me ha gustado el silencio, y siempre he sufrido en los garitos, bares y discotecas donde para hacerte entender había que hablar a gritos porque la música era estruendosa. Ahora que gracias a Dios no me dejo caer por esos infiernos del ruido, sigo apreciando el silencio. Y añorándolo.

No debe ser sólo cosa mía, pues ya Platón hablaba del murmullo de los astros, del silencio de las esferas, de la sinfonía de la naturaleza que con su devenir entonaba un hermoso cántico de alabanza, al que los cristianos llamamos Dios creador y Dios Padre. Silencio imprescindible para pensar bien,… y para amar mejor.

De toda la vida han manifestado los místicos que en el silencio nos encontramos con Dios y con nosotros mismos; y los místicos castellanos frecuentemente han alabado la tierra de Campos, llena de silencio y de paz. Mares de cereal, con ríos que son caminos de polvo y soledad. En el silencio encontramos la profundidad de la existencia, el sentido a las cosas, la trascendencia que nos ampara y la auténtica verdad que nos aguarda tras la muerte.

Dicen también los estudiosos de la mística que el silencio se alcanza de fuera a dentro, pero también de dentro a fuera. Es decir, que no basta con que haya silencio en el exterior, sino que también es imprescindible hacer silencio desde dentro. Que los pensamientos abrumadores, la imaginación loca de la casa (Santa Teresa dixit), los estreses y los murmullos interiores se vayan apaciguando para poder escuchar la voz anhelante y sosegada de Dios. Silencio y tiempo de silencio. Horas delante del silencio logran hacer este milagro de devolvernos la vida que nos roba el ruido día a día.

Y es que por desgracia, vivimos en una sociedad excesivamente ruidosa, donde cuesta hacer silencio incluso en las iglesias. Hay gente de rezo diario que le cuesta mucho adentrarse en la oración contemplativa que mana del silencio, pues está acostumbrada a la repetición de las oraciones repetitivas. Todo lo que lleva a Dios es bueno, sin duda, pero muy fácilmente sustituimos las autopistas por los caminos tortuosos, las carreteras de buen asfalto por los senderos; creyendo además que son lo contrario de lo que pensábamos. Si eso sucede con los que están a favor del silencio, ¡qué no harán los odian el silencio!

No hace muchos años escuché que una persona que no fuera capaz de estar durante una hora sin hacer nada, sentada, sin hablar nada, sin pensar en casi nada, era una persona con cierta neurosis. Y hoy, curiosamente, me encuentro que se utilizan determinadas dinámicas pedagógicas consistentes en hacer meditación en silencio, con ayuda de la respiración, para tranquilizar a los estresados angelitos que nos envían a los colegios. Primero se persiguió la religión en la escuela, y ahora nos cuentan que el silencio es importante para la educación. Normal, no hay más que observar para apreciar lo importante que es hacer silencio, que fluya de dentro a fuera, que nos invada y que nos tranquilice.

Decía Lennon que si la gente hiciera cinco minutos de silencio al día, habría menos guerras en el mundo. No sé si tendrá razón, lo que sí creo es que vivimos en una sociedad muy ruidosa, donde el silencio ocupa cualquier instante de la vida. Muchos caminan por la calle escuchando música, la radio… no pueden escuchar el silencio. Y los micromomentos, que antes se empleaban en pensar y en la nada, ahora son ocupados por los mensajes de los grilletes que atan a la gente y que reciben el nombre de móviles, redes insociales, etc. Hay lugares de la tierra donde jamás, a ninguna hora hay silencio, y hogares donde no hay silencio salvo que se vayan sus ocupantes. Es como si sembráramos de ruido todo nuestro alrededor, y nos reconfortara aturdirnos con él. Es el miedo a la libertad que proporciona el silencio.

Hasta los minutos de silencio de los campos de fútbol están reducidos a 20 segundos. Y palabra que es así, porque voy al fútbol a menudo.

La Semana Santa, que está ya a las puertas, goza en Castilla del atributo del silencio. Los tambores colaboran, y las músicas de corneta y quebranto invitan a acompañar los bellísimos pasos en el silencio. Por desgracia, mucha gente no guarda tal silencio, y no paran de hablar, molestando a propios y extraños. Sin tal silencio, difícilmente encontraremos a Dios. Además de impedir el recogimiento en los demás.

Los que nos dedicamos a la escritura, a tomar la palabra, rompemos el silencio con la palabra, es cierto. Pero confieso que el mejor arte, el mejor poema, la mejor novela no es la que se expresa de manera directa, sino la que sugiere algo con silencios elocuentes. Y es que hasta para el arte y la poesía es necesario el SILENCIO. Y es lógico, porque lo que se esconde detrás del silencio, que no es otra cosa que el AMOR.

 

¿Se convirtió John Lennon poco antes de morir? Dos canciones inéditas.

La tesis no es descabellada, al contrario, John compuso dos canciones netamente religiosas o existenciales que fueron ocultadas durante algún tiempo por Yoko Ono. Hace unos años, salieron a la luz y se habló algo de ellas, aunque quizás no lo suficiente. Sus letras son significativas y peculiares, de ahí que dediquemos esta entrada. ¿Se convirtió John al cristianismo? No parece absurdo pensar que andaba cerca de una experiencia religiosa que le estaba cambiando su vida. Los años de depresión y alcohol habían quedado atrás, y John se encontraba mejor que nunca cuando escribió y grabó estas canciones. Las dos últimas de su vida, pues al poco tiempo fue asesinado.

Esta deriva de John Lennon fue comentada por Yoko Ono cuando afirmó que “John había entrado por un camino equivocado”, el de la religión, debía referirse su polémica mujer. Lennon se había destacado dentro de los Beatles por ser el más ácido y crítico, donde tampoco había excluido una visión negativa de la religión. John siempre trató de edulcorar sus palabras más fuertes para no molestar en exceso a sus fans o a sus amigos. Es significativo que un mes antes de morir grabara estas dos canciones profundamente religiosas, con tintes existenciales propios de una persona que está viviendo un momento de cambio, de conversión en su vida.

No aparecieron estas canciones en ninguno de los dos últimos álbumes de John, ni en el Double Fantasy, ni en el póstumo Milk and honey. No llegó a terminarlas. Formaron parte del abundante material que Yoko Ono guardaba del que fue su marido, y es que John compuso y grabó muchos versos musicales que no salieron a la luz de inmediato. De cuando en cuando Yoko prestaba ese material a los demás Beatles, por ejemplo en el homenaje de Antology de principios del XXI. Es el material inédito de John que pertenece a su viuda y a sus descendientes: Julian Lennon y Sean Lennon.

La primera de las canciones se llama “HELP ME TO HELP MYSELF” y fue grabada el 10 de noviembre de 1980, exactamente un mes antes de morir. Se trata de una especie de oración penitencial con cierto tono premonitorio. Habla de un ángel de destrucción y no admite dudas de que pide ayuda a Dios, al Señor. Nunca ha sido feliz, nunca le ha dejado satisfecho el ángel de la destrucción, afirma en su letra que reproducimos tras el vídeo.

 

 

Help me to help myself (ayúdame a ayudarte)

Well, I tried so hard to stay alive
But the angel of destruction keeps on houndin’ me all around
But I know in my heart
That we never really parted, oh no.
They say the Lord helps those who helps themselves
So I’m asking this question in the hope that you’ll be kind
‘Cause I know deep inside I was never satisfied, oh noLord, help me, Lord
Please, help me, Lord, yeah yeah yeah
Help me to help myself
Help me to help myself
Traducción: AYÚDAME A AYUDARME.
Bueno, lo intente mucho para quedarme vivo
Pero el ángel de la destrucción se mantiene acosándome todo el tiempo
Pero sé en mi corazón
Que nunca realmente partimos (nos separamos), oh no.
Ellos dicen que el Señor ayuda a los que se ayudan a si mismos.
Por lo que me estoy haciendo esa pregunta en la esperanza de que serás amable (bueno)
Porque sé en mi interior profundo que nunca fui satisfecho (feliz), Oh no.
Señor ayúdame, Señor
Por favor, ayúdame, Señor. Sí, sí, sí.
Ayúdame a ayudarme.
Ayúdame a ayudarme.

 

La segunda canción que grabó se llamaba YOU SAVED MY SOUL. Tú salvaste mi alma, y la registró exactamente cuatro días más tarde, el 14 de noviembre. Siempre se comprendió como dedicada a Yoko Ono, que sería la persona que le salvaba, según la letra. Pero la palabra “alma” contradice esta tesis. Al parecer John iba a suicidarse arrojándose por la ventana de su vivienda, y antes de que tal cosa sucediera recordó a un telepredicador que había escuchado hacía tiempo en Tokio y que le llamó la atención. ¿Y si aquel telepredicador tenía razón? Desde luego John no escatima esfuerzos para hablar y agradecerle que lo salvara de su orgullo.

 

 

 Saved my soul. (Salvó mi alma).

“When I was lonely and scared
I nearly fell for a TV preacher
In a hotel room in Tokyo.
Oh, only you truly saved me from that suicide
Because all the things I die along with you.
Remember the time
When I went to jump out of that apartment window
On the west side of town of old New York.
Oh, only you saved me from that suicide
Because of all my foolish pride
Well, if I could thank you, thank you
For saving my soul with your true love”.
La traducción sería la siguiente:
Cuando estaba solo y asustado / casi seguí a un predicador de la TV/ en una habitación de hotel en Tokio.
Oh, sólo tú verdaderamente me salvaste de aquel suicidio.
Porque todas las cosas mueren junto a ti.
Recuerdo el tiempo / Cuando fui a saltar de la ventana de aquel apartamento / en la orilla oeste de la ciudad de NY.
oh, sólo tú me salvaste de aquel suicidio
causado por mi estúpido orgullo.
Bueno, si pudiera agradecértelo, gracias.
Por salvar mi alma con tu verdadero amor.

14 de Febrero: San Cirilo y San Metodio, patrones de Europa.

Gracias Batman, hay que acabar con los malos.

Todos los años la misma monserga. Que si San Valentín, que si vivan las tórtolas y los palomos, que si me tatúo en las costanilla tu nombre de mujer o de macho camacho. Pues no. El 14 de Febrero es el día de San Cirilo y San Metodio, patronos de Europa y dos de los personajes más interesantes e importantes de Europa. Ale, a mamarla todos los gilimorados, y que vengan los intelectuales constructores de Europa, incluido Batman.

Seamos realistas: no vamos a tirar las campanas al vuelo, más que nada porque en Europa está la peña a por uvas, y en asuntos de religión, vivimos en un permanente deshaucio intelectual, solo a la altura del olvido del mundo clásico. Si la plebe no sabe quién descubrió América, ni en qué año, para qué vamos a exigir que sepan cuáles fueron los personajes más notables de la cultura occidental. Mejor que nadie sepa nada y que venga Aída Nízar con sus grandes declaraciones, que para eso es de Valladolid.

El otro día, en un programa de televisión, una parejita quedaba para cenar y… ¡A ver si surge la chispa del amor! El muchacho era normal, le gustaba hasta leer, la piba era subnormal, (aunque ella pensaba que era al revés), y dijo una frase fantástica: a mi es que cuando leo me duele la cabeza. Ahí es nada. La tía llevaba un rollo zafio que tiraba para atrás, pero ella no era consciente de que hacía el ridículo. Aunque para qué negarlo, los que debemos hacer el ridi somos ya el resto, porque son mayoría los que no leen. Así que a la minoría no nos queda más remedio que resistir, y la mayoría, a comprar un detallito para el parejo, que se nos mosquea si no nos vamos de cenita romántica donde no hablamos más que de tu madre y de mi jefe. Cada día lo tengo más claro: Leer perjudica seriamente la salud mental de la gente ignorante, les hace entrar en estado catatónico, y eso sucede hasta que se han leído veinte libros o más. Consejo: Regala libros en honor de San Cirilo y Metodio y tus amigos mejorarán.

Todo esto tiene que ver con la caída del Imperio Romano, que viene sucediendo desde hace siglos y siglos hasta hoy. La secularización del siglo XX nos arrastra. ¿Para qué vas a leer a Voltaire si pasas de la religión? Al final ni Voltaire ni Chateaubriand. Y menos Nietzshe que es un facha. Por eso, al final a la gente no le queda más que San Valentín, que es un santo a la altura del hedonismo contemporáneo. Santo Tomás si que era un santo fetén, con un par de docenas de tomos enlatinados de Summa Theologica. Era patrón de los estudiantes y de los profesores de bachillerato y universidad; en cambio ahora, el único santo de los estudiantes es San Tocarse la Minga, y Santa Reclamación de mis Derechos. Gracias a ellos, y a la Junta, disminuye el fracaso escolar logrando llegar al ansiado éxito educativo que tanto licúa a nuestros políticos.

Lo siento pero lo tengo que decir: San Valentín es un santo que ni te lleva a Dios, ni nada por el estilo; y un santo así, todo hay que decirlo, es casi más un invento del demonio que de la iglesia. San Valentín forma parte del grupo de los mártires de la iglesia romana en las primeras persecuciones, cuyos relatos se mezclan con la leyenda. Seguro que hubo un San Valentín que se retuerce de pena en el cielo cada vez que llega su día. Me imagino a San Cirilo y San Metodio tratando de consolarle, pues debe ser duro llegar a santo y que te traten como si fueras un osito de peluche para niñas idiotas que ni se van a comprometer con el maromo, ni desean hacer un proyecto común con nadie que no sea su ombligo empercingado.

San Cirilo y San Metodio son más potentes. Metodio creó el alfabeto cirílico, y lo llamó así en honor a su hermano, que fueron evangelizadores de media Europa, la Europa eslava. Se les reconoce y aprecia por igual entre los católicos, ortodoxos y reformados como santos importantes de la iglesia cristiana, y eso no es nada fácil, lo cual indica, entre otras cosas, que estamos ante gente de altura intelectual, moral, etc.

Su gran problema fue, ya se imaginan, que nacieron en unos siglos que otros han llamado de hierro y de oscuridad (siglo IX). Claro, primero apagamos la luz, y luego decimos que no hay nada. Pues sí hubo algo, y más que ahora me temo. Estos dos hermanos procedían del Imperio Bizantino, y tenían una importante carrera, Cirilo como bibliotecario de Santa Sofía, y Metodio en la administración política como gobernante. Sin embargo, prefirieron dar un cambio de rumbo (¿les suena?), tomaron las de Villadiego y se recluyeron en un monasterio, donde seguramente encontrarían gente de bien y una vida entregada al Señor en la oración y la espiritualidad. El retiro del saber y la oración.

Sin embargo, no iba a ser el lugar donde les llamara el Señor, por obediencia al Patriarca de Constantinopla salieron del monasterio para evangelizar a los pueblos de las fronteras septentrionales de los bizantinos. Tradujeron la Biblia a las lenguas eslavas inventando para tal fin un alfabeto nuevo, llamado glagolítico y que conocemos como cirílico, pues tal nombre le dio Metodio en honor a su hermano. El Papa Adriano II reconoció el uso de la lengua eslava en la liturgia, y por supuesto, estos dos hermanos evangelizaron media Europa alfabetizando y logrando mejorar sus condiciones de vida. Casi nada.

Son además patrones de Chequia, Eslovaquia y Bulgaria, países que existen, aunque muchos españoles no sepan situar en un mapa. Por eso en los colegios, desde hace unos años, se celebra San Valentín. Se recauda dinero vendiendo clavelitos que se reparten por las clases, y los chicos están superfelicesguays sin traumas ni nada que los agobien. Y los padres más contentos todavía, de ver que no les ponen deberes a los pobres.

Es lógico, la alfabetización que lograron Cirilo y Metodio está haciendo aguas precisamente donde más nos duele.

Vocabulario nuevo del escritor: empercingado: (del inglés piercing: colgajo) dícese del cuerpo humano con exceso de anillos, pendientes y joyería que precisan taladro en la piel y que algunos creen que es bonito. 2. Del verbo empercingar: colgarse anillos en los huevos y otras partes del cuerpo que no son el lóbulo de las orejas.

La Divina Misericordia y Santa Faustina Kowalska

Reconozco que últimamente no leo demasiada teología , salvo lo imprescindible que necesito. En este sentido he estado releyendo a Gerhard von Rad, un teólogo del Antiguo Testamento, porque me apetecía reescribir algunos textos de la Biblia. Luego me he enterado que Gustavo Martín Garzo anda con una idea parecida, la de recrear el relato del Sacrificio de Isaac. Tampoco lo tiene fácil. Yo pretendía recrear el Pentateuco entero, pero bueno, ando limitado.

Lo cierto es que entre medias, y como por sorpresa, me ha llegado un libro curioso que he leído con gusto, me ha hecho detener todo (tampoco tengo fuerzas para mucho)  y que me ha ayudado a redescubrir el misterio de la Misericordia Divina. Casi nada. El libro se titula “La mensajera de la Divina Misericordia” de una autora polaca muy conocida en su país, llamada Ewa Czaczkowska, y cuyo subtítulo es Biografía de Santa Faustina Kowalska. Narra en sus páginas la vida de esta mujer Santa Faustina, y nos cuenta el origen de la devoción a la Divina Misericordia en la persona de esta religiosa polaca que vivió en las primeras décadas del convulso siglo XX. En este sentido es también útil para comprobar los sufrimientos y dolores de la nación polaca en el último siglo.

Si soy sincero diré que el libro no está demasiado bien escrito, y tengo la sensación de que los errores se deben más al traductor que a la autora, pero tiene algo que me ha agradado mucho, y es que la estampa, la imagen principal, la reconocía como una de las que más me llamó la atención cuando era joven.  La leyenda siempre me fascinó: Jesús, en tí confío; aunque creo que en castellano es más certero cambiar el orden de las palabras, JESÚS, CONFÍO EN TÍ. La razón es sencilla, en castellano las palabras más impactantes se ordenan al principio de la frase; lógicamente por orden de fuerza la primera es JESÚS, la segunda CONFÍO, y la tercera la dirección que ratifica la confianza EN TÍ. Simplemente eso. En castellano, el orden de los factores, sí puede alterar algo el producto. Tampoco es algo demasiado importante, pero he ahí mi granito de arena.

Tenía en contra del libro un prejuicio muy mío: que me ponen algo nervioso algunos libros sobre santos, básicamente porque dan la sensación de que no son seres de carne y hueso, y tal desencarnación me molesta, por ser poco cristiana. Si Jesús tomó nuestro barro para sí, me resulta algo exagerado que los santos se muestren como licuados en agua bendita. No me resultan reales, y me molesta, porque lejos de hacer un favor a la causa del santo, creo que lo distancia de una fe adulta que pretende dar razón de la misma.

A pesar que había algunos temores en su contra, el libro me ha dejado un buen sabor en el alma. Desgrana bien la vida de una mística que tal vez esté a la altura de los grandes místicos: Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Santa Teresita de Lisieux o San Ignacio de Loyola. ¿Por qué no? Además se profundiza en una cuestión teológica que pocas veces se suele estudiar y enseñar en las facultades de Teología, que es la misericordia y la divina misericordia. En realidad, formaría parte de la teología espiritual, una asignatura que se suele reducir a un curso, como mucho, de la carrera. Sin embargo, su importancia, por concretar lo que es el amor, bien merecería que se le dedicara más tiempo en los estudios.

En el libro se define con una intuición brillante lo que es la misericordia. El amor es la flor, la misericordia es el fruto. Excelente. Dios es amor, y el amor en acción se llama misericordia, por decirlo de otro modo. La misericordia extiende su mano, lo perdona, lo conduce en la vida, se desvela por él, e intenta despertarlo el sueño del agnosticismo. Dios se comporta con el hombre como una madre, como un padre coraje, como un amigo, como un protector, como un salvador. Todo es poco cuando se ama, y si Dios es amor, su principal acción es la misericordia. Desvivirse para que podamos vivir con Él.

El gran gesto de la misericordia que realiza Dios, es que el HIJO entrega su vida por el perdón de nuestros pecados. Nos rescata de la muerte y del pecado concreto y personal de cada uno, eso como poco. Jesús derrama su sangre, da la vida, y sufre una tortura por amor. Y ese gesto de misericordia, dar la vida por los amigos en un dolor gratuito y desproporcionado, es un misterio que no termina de ser comprendido por los que nos movemos en la órbita del “do ut des”. Jesús radicaliza su vida en un gesto aparentemente inocuo, pero es el gesto que define el amor que surge desde el dolor. Quien no se duele de los males y el daño de otro, es porque no lo quiere. Jesús (el infinito) se duele de nosotros, por eso su misericordia es infinita, y es Divina.

El cuadro lo dice todo: Jesús, confío en tí. Es el gesto principal que nos pide, confiar como un niño con sus padres. Confiar que nos dará cosas buenas, confiar que su voluntad es lo mejor para los dos, confiar para compartir… Me ha gustado, sí, me ha gustado. La mano de Jesús bendice, y de su corazón salen dos rayos: uno trasparente (el agua del bautismo) y otro rojo (la sangre de la cruz y la Eucaristía). La túnica blanca es la resurrección, y las marcas de la cruz en sus manos están visibles, tal y como las mantiene hoy.

La oración a la Misericordia es hermosa y muy sencilla. Tras un Padrenuestro, un Avemaría y un Credo, se rezan cinco veces, como si fuera una corona, con la siguiente oración:

Padre eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de su amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, por el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero.

Luego se repite diez veces:

Por su dolorosa Pasión, Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

 Se repite lo anterior cinco veces, y se termina repitiendo una oración sencilla tres veces.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

AMÉN.

Quien lo rece, sentirá la mano de Dios en su alma, verá como el corazón se le ablanda, entenderá cosas que nunca hasta ese momento ha entendido. Confíen en la oración, y ya verán, ya.

Celebrar el Misterio Pascual de la Navidad.

Navidad significa “natividad”, nacimiento, y es que los cristianos remarcamos en el tiempo litúrgico de la Navidad – tiempo que abarca desde la Víspera de Navidad, Nochebuena, hasta el domingo después de la fiesta de la Epifanía, de los Reyes – el nacimiento del Mesías, de Cristo el Señor, de Jesús de Nazaret. Pero, ¿qué significa que Cristo, el Mesías, haya venido?

Para los cristianos Jesús es el Mesías, y en la tradición bíblica más elemental el Mesías tenía la misma condición que Yahvé. Es decir, para el judaísmo de los siglos proféticos y posteriores, el Mesías era el Hijo de Dios, era el enviado de Dios, y al tener la misma autoridad que Dios, era Dios mismo. Estos rasgos teológicos primeros son elementales, porque la posterior traducción que hicieron los cristianos de los primeros siglos al lenguaje y cultura helénica y romana tendieron a cosificar el lenguaje de la fe, volviéndolo más conceptual, en el fondo más frágil y ambiguo.

No hubo traición del cristianismo a sus dogmas primigéneos, como algunos contemporáneos nos quieren hacer creer. El misterio de la Trinidad no es una elaboración esotérica ni gnóstica, no tiene que ver con los egipcios ni con los mitos griegos que por entonces pululaban por Oriente. La Trinidad Santa está presente en los evangelios desde el siglo I, y forma parte de la experiencia de fe que compartieron con el Señor Jesús los primeros discípulos. Que Dios sea Padre, Hijo y Espíritu Santo es una fórmula repetida en muchos relatos evangélicos: Pentecostés, Bautismo de Jesús, Transfiguración, etc. El mismo San Pablo habla de ello usando algunas fórmulas de salutación muy antiguas donde se menciona la Trinidad: “La gracia de Jesucristo, el Señor, el amor de Dios y la comunión en los dones del Espíritu Santo, estén con todos vosotros“, dice el final de la II Corintios, por ejemplo.

No es un invento de los cristianos, es una experiencia dada y revelada por Jesús a sus primeros seguidores. No hay que olvidar, que los primeros discípulos eran judíos que habían visto a Jesús y que su gran problema no fue aceptar que Jesús era el Mesías, sino comprender el tipo de mesianismo de Jesús. No era un Mesías político ni militar, sino un Mesías que perdonaba, que amaba y que se dejó matar para que fuéramos conscientes de su AMOR.

En Navidad, los cristianos celebramos un Misterio fundamental de nuestra fe: la Encarnación del Hijo en la persona de Jesús, que es tanto como decir el abajamiento de Dios, que se hace hombre. Lo traducimos popularmente como el nacimiento de Jesús, precisamente porque es la evidencia más visible que tenemos de la Navidad. Dios se hace hombre y nace de una joven Virgen. Dios, que es Trinidad, se encarna en la persona del Hijo, toma, no solo aspecto humano, sino humanidad plena. Desde ese momento, Dios será Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero el Hijo es, además de Dios, hombre. Ahora, en este momento, Dios es hombre, desde la eterna resurrección. Y eso es lo que celebramos en Navidad, que Jesús es Dios, que se ha encarnado, y que nació de María Virgen.

Los relatos de San Lucas sobre la infancia de Jesús han tenido más influencia cultural en nosotros que los de San Mateo. Lucas tiene como gran protagonista a una mujer llamada María que dijo “sí” a Dios. Desde ahí la historia de la salvación inicia una nueva etapa. Por eso María no es una santa como los demás santos de la Iglesia. La participación de María en la economía de salvación prevista por Dios es fundamental. Pero el relato de revelación de San José en sueños del misterio de María y de la encarnación es la primera señal, el primer indicio de la confianza en la nueva fe. Creer contra nuestras costumbres y leyes ordinarias es la primera gran prueba de fe de San José.

Luego vino lo demás. La fecha de la Navidad en las antiguas fiestas saturnales, que Cristo naciera cuatro años antes de lo que la historia dice, o la construcción del relato de los Magos y la persecución de los inocentes. Forman parte de aderezos cuya intención principal son engrandecer y hacer más contradictoria y soberbia la nueva fe. Hay una épica detrás de todo esto, Jesús es un David que está huyendo para evitar el daño de los que se han alejado de Dios. Ya hay una lucha entre el bien y el mal, entre la luz y las sombras.

San Pablo dibujó muy bien la reacción y lo que significaba que Jesús fuera el Mesías para la cultura de su tiempo. Para los judíos era un escándalo. ¿Cómo iba el pueblo elegido a matar a su Mesías? Y encima de una manera tan humillante, como si fuera un ladrón. Es como si Moisés hubiera sido matado en el Sinaí por los blasfemos, y Dios no le hubiera protegido. ¿Qué Dios era ese? Un escándalo.

Y para los gentiles, los griegos y helenistas, el nacimiento y muerte de Jesús una necedad, una estupidez y una tontería. ¿Cómo va un Dios que es trascendencia a hacerse inmanencia? ¿Para qué hacerse hombre si es algo inferior? ¿Cómo va un Dios inmortal a morir en una cruz, como si fuera alguien mortal? Ridiculo.

Las afrentas que provoca la fe cristiana siguen siendo las mismas hoy. Jesús es un escándalo y sigue siendo una necedad. Excepto para los que lo hemos visto y oído, para los cristianos Jesús es simplemente el Mesías, el Hijo de Dios. Dios mismo.

Por eso la Navidad nos recuerda a una humanidad hambrienta, necesitada, enferma y doliente. Precisamente porque la redención no se ha plenificado hasta el fin de los tiempos, y ver al hombre pisoteado nos invita a descubrir con más fuerza que a esa humanidad solo le puede salvar un pequeño niño que nació en Belén hace más de 2000 años. ¿Una utopía? Y mucho más, es una nueva esperanza.

Feliz Navidad.

Mártires y testigos del cristianismo. Jacques Hamel y Marcelino Legido.

 

Jacques Hamel, de 86 años, fue degollado de rodillas y ante el altar por dos terroristas del Estado Islámico hace un par de días. Un sacerdote ejemplar, que trabajó por integrar a la comunidad islámica en la vida social del pueblo donde estaba. ¿Se equivocó? No. Fue un hombre santo que ha muerto santamente.

La segunda fotografía pertenece a Marcelino Legido López, sacerdote e intelectual cristiano, defensor de la justicia y de los pobres, haciéndose uno de ellos. Un hombre santo para mucha gente de la iglesia. Un hombre al que tuve la suerte de conocer y de escuchar. También ha fallecido estos días a una avanzada edad desde la pobreza de sus pueblos, El Cubo de Don Sancho entre otros.

Sin duda son testigos privilegiados del amor de Cristo a la humanidad, e imagino que su sangre derramada, y sus pestañas quemadas por el amor a la vocación, expresan el convencimiento de que Cristo ya ha triunfado. La pelota ahora sigue cayendo en el tejado de la humanidad. ¿Aceptará Europa un Cristo doliente y mártir? ¿Preferirá adorar otros ídolos como la comodidad, el dinero o el éxito?

Este sacerdote, Jacques Hamel, no es el primer asesinado por el islam por profesar la fe católica. Llevamos una última década donde ser cristiano en Siria es simplemente una heroicidad. Durante mucho tiempo llevamos desayunándonos con noticias que hablan de masacres de cristianos en Alepo. No son extrañas para determinados círculos sociales. De hecho, para los cristianos de los países aburguesados y acomodados de Europa son un testimonio de fidelidad hacia la fe.

Lo cierto es que no podemos mirar para otro lado: la historia del islam nos habla de una historia de guerra santa, primero por extender su territorio y luego por mantenerse en lo que ellos consideran pureza religiosa. El Islam ha guerreado así contra occidente, se extendió por el Norte de África con fuego y sangre, llegó a España de la misma manera y se defendió con uñas y dientes por mantener su territorio. Eso fue en siglos pasados. Pero no menos sangrientas fueron sus luchas por conseguir la pureza al verdadero islam. Las invasiones almorávides o almohades hablan de grupos de exaltados, de fanáticos que pretendían (más con las armas que con los argumentos) extender la interpretación de su fe, la que ellos creían verdadera.

Por eso, el islam guarda en sus entrañas una raíz violenta que está muy lejos de ser comparable con el cristianismo, y eso a pesar de los intentos de los ilustrados con su anticlericalismo, de igualarlo todo. En la religión de Jesucristo no encontramos nada semejante a una guerra santa. No hay ni una palabra de tal cosa en el Evangelio, y las palabras malinterpretadas que podríamos examinar en el Antiguo Testamento, quedan borradas por el mensaje de AMOR de Jesucristo. Amad a los enemigos, orad por los que os persiguen, haced el bien, poned la otra mejilla. Esto no viene en el Islam, y es que son la raíz de nuestra cultura cristiana y occidental: el bien, el perdón, el amor al otro son nuestra seña de identidad.

Se achaca al Cristianismo de estar en la raíz del odio y del mal, y para tal cuestión se suele hablar de la INQUISICIÓN o de las CRUZADAS. Eso es válido para muchos agnósticos o ateos, que argumentan así que todas las religiones fomentan el odio. Pero no es verdad aunque lo repitan muchas veces. Las equivocaciones de la iglesia se terminan reconociendo en su temporalidad. La iglesia no es que avance, es que tiene el EVANGELIO por discurso, por idea, por fuente de vida, por horizonte y fuente de revelación. Y no hay más que volver a leerlo una y otra vez, para descubrir que el evangelio suele ser el argumento del ateísmo cuando acusa a la Iglesia de no ser consecuente. Bienvenido sea tal argumento, pues nos ayuda a ser más fieles. Pero tampoco tenemos que aceptar todas las bobadas que se digan sobre la Inquisición o las Cruzadas.

La Inquisición fue una institución creada por la iglesia (en realidad es un tribunal) para hacer valer la verdad religiosa y cristiana frente a las interpretaciones o las equivocaciones nacidas en su mismo seno. Funcionaba como un tribunal civil de la época. Bueno, en realidad fue un tribunal más benévolo y misericordioso que los que había en la época; y eso es válido tanto en la forma de obtener pruebas, como en las sentencias y los juicios. La Inquisición nació bajo presiones del poder civil (reyes y nobles) que de esta manera se aseguraban el control de la gente sin estudios ni conocimientos; y fue un regalo para el pueblo, que con “gusto” se entretenía denunciando al vecino de manera secreta. ¿Fue un error histórico? Sí, supongo que sí. Pero la ejecución de las sentencias no la realizaba la iglesia más que en su parte espiritual, y como mucho penitencial (la iglesia no tiene policías ni ejército); y las penas de muerte, garrote, quema de herejes, eran ejecutadas por las autoridades civiles de entonces (alcaldes, corregidores, nobles y reyes), condenas que fueron jaleadas por el pueblo que disfrutaba así de su pureza y su bondad. El yo no soy como estos, sigue siendo el motor de lo políticamente correcto. En aquel entonces el malo no era el inquisidor, como actualmente, sino el que aparentaba ser puro o perfecto sin serlo.

Mucho se podría sacar de estos ejercicios psicológicos, aunque ahora no es el momento. Ciertamente la iglesia se equivocó dejándose influenciar por el pueblo y por los nobles. Si hubiera sido más fiel a los evangelios eso no hubiera sucedido. Por eso hay que pedirle que sea más auténtica, que de un testimonio de fidelidad más serio y consecuente, como el que dan estos dos hombres Jacques Hamel y Marcelino Legido, cada uno en su estilo. Buscando la verdad (Marcelino ha sido uno de los pensadores activos más importantes de la iglesia española de los últimos años), amando la verdad y procurando el bien a los otros (Jacques ha gastado sus años como sacerdote haciendo el bien a las personas de su alrededor, sin importar la condición). ¿Se puede pedir más?

El problema realmente lo tiene Occidente. Tiene que elegir si prefiere perseguir a la iglesia como hizo la España de la Guerra Civil, donde se asesinaron a cientos de sacerdotes, religiosas y laicos solo por el hecho de ser cristianos, o si prefiere aceptar el cristianismo como la verdadera raíz de su cultura democrática, pacífica, amante de la libertad y buscadora de su justicia. En esa tesitura estamos. De momento los asesinos de la última movida islámica piensan que somos sus enemigos, y es natural, porque nos ven débiles, sin religión, sin principios, sin familia, y sin una cultura capaz de contestar al pecado que generamos por culpa de nuestra ambición y nuestro hedonismo.

Por suerte hay una salvación para occidente. Se llama Misericordia Entrañable, y lo escribió Marcelino Legido en su vieja máquina de escribir.

Pascua en la Iglesia: al rescate de Jesucristo.

La Pascua de Resurrección, que inauguramos desde la tarde-noche del sábado Santo, es el momento más importante del año para el cristiano, y es tal su festividad e importancia, que la iglesia, consciente de su valor, prolonga tal fiesta durante cincuenta días, ligándolo con la festividad de la Ascensión del Señor (que es otro aspecto de la Resurrección) y con la Pascua de Pentecostés.

Dicho de otra forma, los cristianos vamos de Pascua en Pascua y disfrutando porque nos toca. Eso debería ser. El problema es que gran parte de la iglesia no parece disfrutar precisamente de la fe, y ese es el tema que nos ocupa. Si “Pascua” significa “paso de”, entonces convendrán conmigo que toda la comunidad cristiana (la iglesia en su conjunto) debería caminar, trasformarse, “empascarse o llenarse de Pascua”, que es lo mismo que resucitar a una nueva vida… y solo en tal ejercicio podrá ofrecer a Cristo Resucitado, que es Alguien alegre y esperanzador. Alegría y Esperanza.

Pero, ¿qué imagen tienen los creyentes de Jesucristo? Por desgracia creo que una imagen demasiado estática y mortecina. Jesucristo no es percibido como una persona real con la que relacionarse, sino como una idea, un ente sobrenatural, omnisciente y alejado. Para muchos la fe termina el Viernes Santo, y para otros el Sábado Santo, y no hay demasiados que entiendan y valoren la Resurrección, precisamente sin la cual, vana es nuestra fe.

Nuestra mente nos tienta edificando una imagen siempre distinta a la que nos presentan los evangelios. De hecho, creo que lo dibujamos tan sobrenatural, que olvidamos con facilidad los relatos de evangélicos donde se encarna, y de esta forma tan falaz acomodamos su figura a la ideología que de trasfondo queramos construir. Es una tentación vieja en la iglesia, convertir a Jesucristo en un icono desencarnado de nuestro tiempo. La otra tentación, hoy más abandonada en la iglesia (no durante las primeras décadas de posconcilio), era la de convertir a Jesús en un revolucionario, en un hombre romántico sin connotaciones sobrenaturales o divinas, un líder político al estilo de otros líderesde la época.

Por eso hay que rescatar a Jesucristo, y tal empresa implica devolverlo a su auténtica imagen, la que corresponde al Hijo de Dios, al Unigénito, al Jesús de Nazaret, el hombre, que pasó por el mundo haciendo el bien, el mismo al que el Padre rescató de la muerte, al que elevó y colocó en el lugar que le correspondía, que es a su derecha. Luz de luz, pero también que se hizo hombre. Por eso, cuando los cristianos celebramos la Pascua, cualquier Pascua, deberíamos tener en cuenta la IMPERIOSA NECESIDAD de cruzarnos con el verdadero rostro de Cristo, el que ríe y el que lloró, el que disfrutó y el que se dolió. Deberíamos averiguar cuál es la verdadera naturaleza de Aquel a quien decimos seguir, porque de lo contrario acabamos convirtiendo la fe en una ideología, un eslogan, y en definitiva en una maquinaria para justificar las acciones que realizamos en nombre de Jesucristo, incluso las que impregnamos de pecado.

Desde las ideologías, un creyente termina justificando sus propias convicciones políticas en la religión. De esta manera, en el medievo por ejemplo, las cruzadas, los atentados y los asesinatos eran defendidos de la misma forma que el amor a los más débiles. Y no. La iglesia contemporánea no puede anclarse en el medievo (como el Islam), justificando las ideologías que le apetezcan. Para Dios no es lo mismo la muerte que la vida, el amor que el odio, la vida del no nacido que el nacimiento de una personita. Si volvemos al evangelio, los creyentes encontraremos en Jesús más ejemplos de amor que de condena. Ya nos dijo que no viene a juzgar, sino a salvar y dar su vida por muchos. El problema es que no acudimos al evangelio, preferimos salvarnos gracias a nuestras ideologías, las mismas que levantamos alrededor del Evangelio, muchas de las cuales hablan de odio y de guerra, y que son claramente tentaciones  pecado, el que justificamos.

Las iglesias se descentran fácilmente, y cincuenta y un años tras el Concilio Vaticano II, siguen dejándose llevar por la tentación de desencarnarse; por eso, una iglesia que no habla de servir a los pobres me da grima y espanto; y lo mismo me sucede con una iglesia que se preocupa mucho de tener sus templos limpios, preciosos y con patenas relucientes. Me resultan farisaicas. Creo que se derrumbarán por sí mismas, sin necesidad de revoluciones islámicas, como lo hizo en su momento el Templo de Jerusalén. La iglesia que reza mucho el rosario y lee poco el evangelio me parece que es poco fiel a Jesucristo, y una iglesia preocupada en los que están (conservar), y no en los que faltan (formas nuevas de evangelización), es una iglesia desarraigada y sin sentido, condenada a su desaparición. Y desde la misericordia de Dios a su purificación y mejora.

¿Ha fracasado Dios con el hombre?

El interrogante me encanta, más que nada porque como presupone la existencia de Dios, pues así nos ahorramos discutir sobre el manido tema de la existencia de Dios, que me aburre y me da fatiguita como pocos, la verdad. El interrogante que propongo, más interesante, creo yo, es sobre lo que debe pensar Dios de nosotros, y si somos la especie humana una mierda pinchá en un palo, o unos tíos fantásticos capaz de crear arte y de enamorarnos de la vida.

El asunto, dicho con letras y tono teológico, nos sumerge a lo bestia en una cuestión antropológica central: ¿ha sido adecuada la economía de salvación para unos tipos como los seres humanos? ¿Se ha equivocado Dios con nosotros? ¿Se ha hartado Dios del hombre y está a punto de mandarnos a la mierda? Desde luego en la Biblia no faltan textos que hablan de un Dios que está hasta las narices de la humanidad, y que se arrepiente de habernos creado. Extremos todos con los que estoy bastante de acuerdo, porque además de que hay mucha gente que hay que dar de comer aparte, hay otro tanto de peña que nace para engordar y morir a lo bobo mientras engulle basura televisiva con menos criterio que una vaca viendo pasar el tren. Vidas insulsas, vidas egoístas, vidas desperdiciadas, vidas atrapadas, vidas ridículas y vidas que no vale la pena vivir. Ahí Dios podría hacernos un favor y mandarnos un meteorito de esos que anuncian en las cadenas americanas, y que nos descuajeringue en un santiamén.

Pero Dios, y lo dice la Biblia, tiene un rollo bastante mas misericordioso que el mío, que juzgo con saña a buena parte de la humanidad porque me parecen unos inanes y unos comebellotas. Realmente vidas aprovechadas no hay demasiadas, vidas dedicadas a amar a los demás, dedicadas a rezar, dedicadas a estudiar, a leer, a amar, a crear vida, a crear arte, a transformar el mundo desde los valores evangélicos, hay poquitas. De hecho, tampoco yo daría la talla, por eso me exijo hacer algo mejor las cosas, y por eso pido a Dios que perdone mis pecados, mis muchos pecados. Pero ¿qué sucede con el que ni siquiera pide a Dios perdón, el que lo insulta, lo vitupera, y ejerce ideológicamente contra él? Imagino que si ha dedicado su vida a echar una mano a la humanidad, pues vale. Dice el Vaticano II que se salva el hombre que lo busca con sincero corazón, el que está tras la verdad, el que ama la ciencia y quiere hacer de la humanidad un mundo mejor. Ahí Dios, no es que tire cohetes, pero supongo que andará más contento. ¿Pero qué hacemos con tanta gente que solo se quiere a sí misma, que es egoísta hasta el extremo, que es mala con avaricia, que machaca y trepa por encima de los demás y que es mala hasta consigo misma? ¿Qué hacemos con la gente mala? Desde luego aguantarla, pero, ¿y Dios?

Me pregunto cómo estará ahora el kilo de misericordia por el cielo, aunque creo, por indicios varios, que Dios no está precisamente satisfecho con nuestra evolución. Incluso muchos piensan que vamos a peor. Mucha gente cree que Dios ha bajado el listón, y lo que se exigía en cuanto a pecados hace unos años, pues como que ahora se exige mucho menos. Es un Dios más abuelo que padre, y ya se sabe que los abuelitos lo consienten todo a los nietos. Esto es igual que en el cole, que los niveles bajan, por todo el mundo hace como que no pasa nada. De hecho, algunos teólogos dicen que no hay ni infierno ni diablo, y así es todo como más light y más fácil. ¿Pero es real esto? ¿Sigue siendo Dios el mismo o está cediendo a nuestro coqueteo con el mal?

Sin duda, catastrofistas nunca han faltado en el mundo, aunque ahora la mayoría de esta panda sean ecologistas, y nos digan que el planeta se va al pairo por culpa de los pedos de las vacas. Pero catastrofistas en plan religioso como que se lleva menos en Europa y más en América, donde hay telepredicadores dando la paliza a todas horas. Esos sí que se merecen algunos azotes celestiales. Me pregunto qué psicoanalista tendrá Dios para aguantar a tanta peña plasta, y no exterminar a tanto malo de bote y tanto pesado sobrevenido. Sin duda es misericordioso.

El tema se podría deslizar a la inteligencia de Dios. ¿Es Dios un tonto que no se entera de qué va nuestra movida? Porque para mucha gente los buenos son tontos, y los malos listos. Dios sería así un patán desinformado, y su hijo un bobolicón que se dejó atrapar y matar. Evidentemente, ésto, así dicho, a la teología no le ha interesado un pimiento, porque se despacha rápido: Dios es tan omnipotente como misericordioso, omnisciente los siete días de la semana, y salvo que queramos quedarnos con un Dios light (o sin Dios y perdidos), tendremos que aceptar el misterio de Dios. Y es que con el tema de Dios hay que ser serios, así que aclaramos: no estamos hablando del vecino del ático, un tipo listo con barba blanca, sino de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Algo más complejo y más allá del primer entendimiento humano.

Yo creo que si Dios no nos ha exterminado ya, es porque es misericordioso. Porque es bondad y está esperándonos, igual que se espera a una novia que llega tarde, porque el encuentro final sustituye todo lo demás. La paciencia todo lo alcanza, decía Santa Teresa, y Dios es el tío más paciente del mundo, porque para aguantar a su iglesia, hace falta algo más que dos tazas de tila.

Desde luego es más paciente que yo, que habría mandado a un tercio de la humanidad a Mercurio a tomar el sol, y a otro tercio a Neptuno a pasar fresquito. ¿El tercio restante? Pues eso. Usted y yo pidiendo misericordia. ¿Nos apuntamos?

La mística de Platero y yo.

Me reconozco cada vez más atraído por la poesía, por el placer de disfrutar versos sueltos, rimas elegantes dichas con sencillez y profundidad. De ahí que haya vuelto a caer por mis manos el libro de Juan Ramón Jiménez, Platero y yo. Una obra maestra que tradicionalmente entendemos como un libro infantil, pero que es en realidad un libro profundamente místico y espiritual, religioso y cristiano. Y esa interpretación de su obra la he descubierto gracias a los estudios  de Michael P. Predmore, que aparecen en la editorial Cátedra, cuya edición coquetea sobre la mesa de mi escritorio con otros libros también amigos. Bien por todos ellos.

Platero y yo” es una composición en prosa poética única en su género, muy poco inocente y con una carga de simbolismo y de profundidad religiosa y cristiana asombrosa. Late en el fondo de su alma la visión política de JRJ, un hombre que estudió en la Institución Libre de Enseñanza, y por tanto, alguien muy cercano al regeneracionismo krausista de fines del XIX y principios del XX.

JRJ  deseaba, igual que el regeneracionismo de la Institución Libre de Enseñanaza, mejorar la cultura y la sociedad española, regenerarla moralmente y elevarla espiritualmente. Juan Ramón Jiménez trató con Alfred F. Loisy, uno de los teólogos del modernismo, de corte y teología liberal, cuya pretensión intelectual terminó en un enfrentamiento con el cerrado espíritu que entonces imperaba en la teología católica tomista y excluyente. Jiménez es un escritor que se enamoró  de los poetas místicos españoles del siglo XVI, a los que gustaba y admiraba con más profundidad que a otros poetas clásicos. Y gran parte de su sensibilidad religiosa se vuelca en Platero y Yo con resultados asombrosos.

En esencia, y así hay que entenderlo, JRJ es un modernista, un poeta de luminosidad que no necesita de princesas ni de palacios – a diferencia del nicaragüense universal, Rubén Darío – para comprender la belleza de la palabra poética y lírica en sí misma, y de hecho lo demostró con las maravillosas páginas de sus poemas. Platero es una composición homenaje a Andalucía, su tierra, su “jente” y su patria Moguer. Él no es amante de Castilla, como la generación del 98, recia y serena ante la decadencia, sino que es un enamorado de Andalucía,  de la luz y el sol que irradian sus mariposas blancas. Platero es – y lo digo arriesgando – la réplica cristiana al “Así habló Zaratustra” de Nietzsche. Platero es una composición con estructuras evangélicas donde la belleza divina es secularizada, donde se genera una trascendencia difícil de alcanzar por un escritor que pretende narrar una simple historia con un animal y en su ambiente de Moguer. Por eso, esta obrita es tan sencilla como profunda y fuerte.

Simbólicamente, Platero es Cristo: malentendido y perseguido, suave y dulce por fuera, y recio y de acero por dentro. Platero es querido y apaleado por la sociedad moguereña que es presentada por JRJ como malvada, cruel e hipócrita. La muchedumbre no es capaz de nada bueno, y representa el mundo malvado que Platero redime con su bondad natural. El dueño de Platero va conduciendo al animalito por las dificultades sociales del pueblo, arquetipo de humanidad, donde contrastan vivamente los hombres tenebrosos frente a los muchísimos niños. Los hay andrajosos, pobres y de toda condición, que al igual que en el evangelio, son los preferidos por el burrito. Estamos ante una mística secularizada, un relato donde el animal se clava una espina, donde es montado por un nazareno, donde el animal que es inocente sangra y sufre. Platero sufre la vida en una primavera sacrificial. En cambio, la llegada del invierno será síntoma de elevación. Sin duda el autor está influenciado por Loisy, pero también por el romántico Renan o el eterno Kempis. Platero muere y resucita con la espiritualidad romántica de aquellas décadas, con la vibración y la dulzura secularizada de una historia universal, la de la vida, el dolor y la muerte, pero que sigue asombrando y deleitando cuando está tan bien contada.

Me reconozco pequeño ante tal obra maestra, única, tan conocida como incomprendida, pero también redescubro en la lectura que estoy haciendo, un “Platero y yo” distinto, que no había visto por culpa de una primera impresión acelerada. Les invito a releerlo desde estas claves, pues tiene el aire limpio que se respira en la casa de JRJ en Moguer, cuya foto arriba preside la entrada de esta semana, por cierto, tan suave y tan tierna a la vez.

Como Platero.

La misericordia del Señor, cada día cantaré.

MISERICORDIOSO COMO EL PADRE.

 

No suelo tocar demasiado los temas teológicos, pero me parece que la ocasión la pintan calva, y más que calva. La Iglesia, a través del Papa Francisco ha inaugurado hoy, día de la Inmaculada, el año jubilar sobre la Misericordia, y hay mucho que contar aquí y que reflexionar. Intentaré ser como las minifaldas: cortito, cortito, pero enseñando pierna. Ustedes ya me entienden.

Lo primero el logotipo: la imagen que han propuesto, creo yo que es una de las más sugerentes que he visto en la comunidad cristiana cuando trata de comunicar las cosas. Me gusta tanto que la he colocado, en inglés eso sí, en esta entrada. Lo describo por si alguien no se fija. Jesús lleva en hombros a un tío, un señor, con quien comparte un ojo. La oveja perdida del buen pastor toma cuerpo humano, no es un borrego (y eso ya dice mucho de lo que se piensa a veces qué es la gente), y en segundo lugar lo hace con los pies en la cruz. Cristo está con las marcas de la sangre en manos y pies. En el trasfondo hay cierta sugerencia de pantocrator. Cristo es todo, Alfa y Omega, está resucitado, y desde la espera de su segunda venida carga con nosotros, compartiendo parte de nuestra torpe mirada, y nos sujeta con la fuerza de su amor derramado en la cruz. ¿Se puede decir más en menos? Por supuesto es la imagen del buen samaritano que carga con el hombre apaleado del camino. Jesús es el buen samaritano, y nosotros los apaleados por los ladrones.

El problema está en el término MISERICORDIA, que es una palabreja poco sencilla, y con muchos matices, y no siempre bien entendida. Forma parte del acervo cultural de la iglesia, y estoy seguro que si se preguntara a la gente qué piensa que es la misericordia, encontraríamos respuestas variopintas, sobre todo entre los concursantes de Gran Hermano, donde seguro que alguno decía que era algo de los curas, otro de las monjas, y el menos avezado comentaría estar ante un tipo de moda rapera, o una ciudad de Méjico. Hay que explicarlo, y usar términos menos eclesiásticos, creo yo. Aunque también hay que decir, que el lenguaje es el lenguaje, y que tampoco pasa nada por decir “misericordia”. Pero hay que explicarlo, como Jesús los hacía en sus parábolas. Con la del buen samaritano sobran otras; y las que siguen son para entretenerse con teologías más conceptuales, para ampliar tema que se dice.

Misericordia se suele identificar con “compasión” que es “padecer con”, y que hoy traducimos por empatizar. Pero “compasión” creo que guarda más cercanía con el prójimo que “empatizar”. Compadecerse de alguien es revolverse por dentro, es indignarse y lanzarse. Implica actuar además de sentir, en cambio “empatizar” suena a frío, a psicólogo de laboratorio, a tío asertivo que llora en los funerales y se escogorcia en las fiestas sin cambiar ni de valores ni de vida. Compadecerse es identificarse con el que sufre, y eso es importante. La empatía parece algo de quita y pon, pero compadecerse de otro supone revolverse desde las entrañas más profundas, identificándose íntimamente con el sufrimiento.

El otro término que pensamos como misericordia es “perdón” y tiene sentido Cuando nos identificamos con el que sufre tratamos de quitarle el peso de las cargas que sobrelleva, intentamos aliviar su dolor, “perdonar” tiene algo que ver con eso, con aligerar el equipaje y la cruz que soporta el otro.

En hebreo, y la Biblia (AT) está escrita en hebreo, usaban dos términos para expresar esto: “rahamim”, y “hesed”. El primero, rahamim, indica una especie de ligadura de una persona a otra, una unión con otro de manera casi instintiva, y que el hombre tiene desde el seno materno. Es el cariño o la ternura más íntima, más familiar. Capaz por ello de perdonar incluso lo imperdonable. Lo que hace una madre con el golfo de su hijo, vaya.

El segundo “hesed” es más común, y lo hemos traducido al griego como “eleos” y al latín “misericordia” de donde procede la palabra castellana “misericordia”. “Hesed” expresa piedad, perdón, pero también fidelidad al otro y a uno mismo. Por eso el término misericordia, no es una exaltación de buenismo que ahora los cristianos recordamos para pasar el año entretenidos, sino que tiene una raíz profunda. La misericordia es un deber interior para el cristiano, una expresión de la fidelidad a nosotros mismos, una obligación en coherencia, que nace desde la entraña más íntima y que desplegamos desde la ayuda que pedimos a Dios. Ser buenos es hacer el bien, ser misericordiosos es escuchar el latido sufriente y doliente de los demás. Lo que anunciaba la Gaudium el Spes en su número primero: De las alegrías y las esperanzas, de los sufrimientos y las tristezas… (cito de memoria)

La misericordia, en el verso bíblico que preside esta entrada: LA MISERICORDIA DEL SEÑOR, CADA DÍA CANTARÉ, obliga al creyente a tener una especial atención a los miserables, los pobres que se dirigen a Dios pidiendo ayuda. Son los primeros sobre los que Dios extiende su mano, su protección y su salvación. Mendigos, transeúntes, parados, agobiados, entristecidos, enfermos, oprimidos de cualquier parte del mundo, sexo y condición son los principales favorecidos por Dios… La misericordia recae sobre ellos, por eso los cristianos que quieren vivir este año con ganas deben abrir su corazón, convertirlo en un corazón de carne, para sentir, pensar y vivir como lo hace Cristo. Cambiar ese corazón es algo fundamental en el año de la misericordia, porque implica CONVERTIRSE. Cambiar de mentalidad, de sentimientos y de forma de pensar y vivir. Ahí es nada, porque o nos descubrimos pobres, enfermos y necesitados, o no tendremos nada que hacer. La soberbia es lo más contrario a la misericordia, de hecho, el soberbio nunca siente misericordia por nadie. Exige a todos que sean tan estupendos como él, pero no logra entrar en la entraña del otro para sentirla como propia. Abajarse es lo que hizo Jesús, nos recuerda Filipenses.

¿Cuál es el modelo de la misericordia? Yo creo que hay muchos parciales (San Francisco, Gandhi y muchos otros) que nos pueden ayudar, pero creo que el único que realmente nos puede cambiar por dentro en profundidad, hasta mudar la entraña endurecida y darnos la vuelta como un calcetín, es Cristo. El Cristo que nos lleva en brazos, con el que compartimos un ojo, y el que nos conduce con las marcas de la cruz. María sin duda nos ayudará e intercederá por nosotros, como Madre de la Iglesia que es, en este año jubilar, ALEGRE, y gratuito que nos regala la Iglesia.

 

La Virgen de Agosto. Virgen de los cristianos perseguidos.

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Reconozco mi fascinación (devoción) por la figura de la Virgen María. La tradición cristiana de las primeras décadas la mantiene en un segundo plano, y solo pasados unos cincuenta años desde el acontecimiento pascual, María empieza a estar en el punto de mira de la tradición y la reflexión cristiana, aportando una singular teología que se ha denominado con los siglos Mariología. Palabreja, oyes.

La figura de María no puede entenderse, en toda lógica, sin la de su hijo, Jesús de Nazaret. Fue su madre, y si el hijo no fue famoso en vida, la madre lo fue mucho menos, pues tal era la condición de la mujer en aquellos tiempos de oscuridad romana (más brillante fue el medievo, sin duda). María está ligada teológicamente e históricamente a la Cristología.

De hecho, todo aquello que el Hijo ha significado para la tradición dogmática y teológica en la comunidad cristiana, lo ha reflejado su madre, y ha repercutido en la consideración que se ha tenido de María. De alguna manera, y con cierta exageración, María se llegó incluso a convertir en corredentora con Cristo, en más buena y misericordiosa que el mismo Dios, lo cual no deja de ser una herejía. María estuvo a la sombra de Jesús, y en ese papel, podemos entenderla mejor. Es Asupta al cielo, porque el Hijo está resucitado en cuerpo y alma, no al revés. Y eso es lo que celebramos el 15 de agosto en muchos lugares de España y del mundo.

La recuperación bíblica del Concilio Vaticano II consolidó a María como una mujer sencilla. Lejos del boato y las pleitesías que en muchos lugares del mundo se le han tributado, donde importaba la escultura, pero no la persona de María, y mucho menos el mensaje revolucionario de Cristo. María supone para el cristiano que construye su espiritualidad con acierto, la imagen de la sencillez, la sabiduría profunda del que medita en su corazón, la maternidad como cuidado y atención de los hijos propios y ajenos. María expresa la fortaleza en la debilidad, es la imagen del seguimiento firme, incluso difícil al pie de la cruz. en las duras y en las maduras.

María también tiene una especial repercusión en la comunidad eclesial. Es parte de la iglesia, esa que tanta gente vitupera e insulta fácilmente. Esta imagen también ha sido recuperada por el Concilio, de hecho, se habla de Maria en la Constitución Apostólica Lumen Gentium, dedicada a la iglesia, como el principal lugar Mariológico del Concilio.

Maria camina junto con la iglesia, consuela a la iglesia, la acompaña y sufre con ella. María se duele profundamente del pecado de sus hermanos los hombres, y está junto a los cristianos perseguidos desde el inicio de los tiempos cristianos. María está en el cénaculo donde el Espíritu Santo fue derramado el día de Pentecostés, estuvo junto con los apóstoles en las primeras predicaciones, y la iglesia católica, que ha sido la religión más perseguida en la historia de la humanidad, siempre ha tenido a María como maestra y discípula de Cristo. Oramos con ella ante el Padre, el Hijo y el Espíritu.

En estos días de agosto, en los que la tradición de muchos pueblos y ciudades pide fiesta y algarabía, no está de más recordar a los cristianos perseguidos en el mundo, y orar por ellos. En estos tiempos inciertos se está masacrando a los cristianos de tierras limítrofes con el islam, en calles y barrios donde se han levantado fronteras que antes eran paradigma de convivencia. Los cristianos sírios son los mozárabes de antaño, exterminados y perseguidos por su cristianismo, olvidados y despreciados por vivir entre musulmanes y guardar la lengua coránica. Los cristianos de oriente, perseguidos especialmente en estos últimos tiempos, solo han recibido el apoyo del Santo Padre. Ninguna nación occidental ha reparado ni planteado salvar la vida de esta gente. Y es que es normal, también el cristianismo está mal visto en Europa.

Por eso, recordar en la fiesta de la Virgen María de agosto, el día de la Asunción de la Virgen al cielo en cuerpo y alma, dogma relativamente reciente en su aprobación, que no en su devoción, es menester y obligación de los creyentes. Para que sean consolados los afligidos.

Este es el símbolo… En el corazón de María.

 

¿Por qué se pierde la fe? (2)

También se abandona la fe cuando la vida concreta y cotidiana tiene poco que ver con la experiencia religiosa que se ha vivido. Si no se piensa en como vivir, es fácil que se acabe viviendo sin pensar. Fe y vida, son dos realidades que si no se entrelazan adecuadamente pueden degenerar en un enfrentamiento, en un alejamiento, y a la postre, en una distancia insalvable.

Es verdad que el hombre puede vivir alejado de Dios durante mucho tiempo, y no siempre llega el momento del hijo pródigo, el del regreso. Quizás pueda el orgullo, o quizás concibe uno las convicciones de tal manera que Dios no es imprescindible para vivir como uno decide. Yendo más lejos, cuando el hombre peca, se aleja de Dios; y bastantes personas perciben ese alejamiento de Dios como una frontera cerrada de un pais al que no se puede regresar jamás. Muchas personas que fueron creyentes entienden la fe como ardores de juventud, como ideales superados, y por tanto muertos para el hombre adulto. Se entiende así la fe como algo para jóvenes o niños, pero no para alguien que ha perdido la inocencia o el gusto de soñar en lo divino. La fe no es para gente adulta y seria, parecen decir. Para gente con niños, obligaciones, trabajos, esfuerzos y poco tiempo libre. A veces se piensa en retornar de mayor, cuando me jubile, dicen algunos. En otros casos la vida ya no tiene nada que ver.

Alejarse implica distanciarse de unos valores y convicciones éticas que facilitaban la vinculación con Dios, por eso la persona alejada de Dios, entiende los valores evangélicos como exagerados, imposibles, o irrealizables en la vida de uno. Máxime si la propia vida ha derivado por caminos muy distintos a los propuestos por la iglesia, tanto en lo ordinario como en lo extraordinario.

Pongo un ejemplo: una persona creyente, que ha fracasado en su matrimonio, se ha separado primero, luego divorciado, y con los años vuelto a enamorar y a casar. Rehace su vida, pero no desde la fe. No ha caminado sintiendo a Dios cercano. No es que quiera ir contra Dios, es que simplemente no está con Él. Cuando la vida va por un lado, y sus decisiones no se toman desde la “voluntad de Dios” o la “relación con Dios”, los caminos se separan, y la fe se pierde inevitablemente. La semilla ha caído en medio de un camino, y es una fe pisoteada sin remedio.

¿Hay posibilidad en regresar a Dios? Sí, siempre hay camino hacia Dios, sin que ésto suponga que Dios quiera nuestro mal, ni destruirnos, ni convertirnos en otras personas distintas a las que somos. Dios nos quiere tal y como somos, con nuestro pecado y nuestra debilidad. Por eso la fe no es para espíritus puros sino para enfermos, para personas deshechas y rotas por dentro. Para el que está dispuesto a mirarse al espejo, pues sabido es que en todos los lugares cuecen habas. Y en todas las almas también. Luego, el mismo espíritu que nos impulsa a caminar con él, nos va moldeando por dentro, haciendo que nuestra vida se vincule más y más a la de Cristo.

Finalmente, si la fe es confianza en Dios, en el momento que se desconfía de Dios se pierde la fe. La desconfianza nace de la distancia, de la poca relación, de la separación de las vidas. En la relación con Dios, la desconfianza es propia de los hombres, pues Dios no puede dejar de confiar en nosotros y en nuestra salvación. Dios nos ama, comprende, escucha, conoce, corrige y orienta la vida. Incluso desconfiar de Dios abiertamente implica darle reconocimiento, porque supone aceptar su existencia. La actitud de algunos profetas, huyendo de Dios, ratifica precisamente su vocación y la elección de Dios. ¿Adónde iré yo lejos de tu mirada? Si me escondo tu me miras.

Dios no falla, sino que es el hombre el que se aleja. ¿Es una opción desconfiar de Dios? Vincularse a Él no es precisamente un camino fácil, pero se puede y se debe hacer. Luchar contra Dios nos une más a Él. Es la experiencia también de Jacob Israel, luchar contra Dios, y dejarse vencer por Él. Sin embargo, la desconfianza se puede convertir en distancia, en separación, en crisis profunda. Es el caso, por ejemplo, de las personas que dejan de celebrar los sacramentos en algún momento de su vida. Por pereza, por aburrimiento, por incomprensión, por poca ejemplaridad de la comunidad o de los sacerdotes. Hay mil y una excusas, porque entender la pereza, aceptar y criticar la poca ejemplaridad de los que se dicen cristianos forman parte de las luces que otorga el Espíritu a la comunidad cristiana, siempre que se pongan a disposición de la comunidad, desde el Señor que nos preside, y siempre que se esté dispuesto a ver el pecado y la distancia también en uno mismo.

El hombre piensa que se aleja o acerca a Dios según se acerca o aleja de la Iglesia, de la comunidad cristiana y sus mediaciones (sacramentos). El hombre que no celebra su fe, que no la comparte, tiene más posibilidades de alejarse de Dios en un plazo relativamente corto de tiempo. Se acaba pensando de otra forma, más acorde al ambiente y la atmósfera social, que precisamente no es la más adecuada para vivir la fe. Por eso un grupo, una pequeña comunidad de vida, de oración, de reflexión son mediaciones muy adecuadas para los cristianos. Eso no significa que no se pueda discutir todo aquello que no es dogma de fe. No significa que estemos de acuerdo con todo lo que dice el cura de la parroquia, sino que creemos, hacemos y celebramos como adultos, con criterio y libertad. Pese a quien le pese.

¿Por qué se pierde la fe?

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El otro día, hablando con un amigo con el que compartí la fe en años mozos, me contaba que la mayoría de los amigos comunes de los grupos cristianos de la juventud, amigos comunes suyos y míos, habían perdido la fe. Son unos ateorros, me comentó con desolación. Y me hizo pensar.

¿Por qué se pierde la fe? Desde luego la respuesta no es sencilla, y la tendencia a echar culpas al ambiente social, al mundo secularizado en el que vivimos, o a la bisoñez de un cura poco empático, no me parece responsable, aunque esconda una parte de razón. Creo que prefiero ahondar en las causas filosóficas, psicológicas y espirituales, más cercanas a las personas y a cada uno. Quiero buscar las razones, pensar la vida de las personas.

Primero decir que los asuntos de fe no funcionan igual que las cuestiones ideológicas, aunque algunos lo pretendan inconscientemente. Los de izquierdas no dejan de ser de izquierdas y viceversa por una repentina avalancha de descubrimientos que les llevan a cambiar la forma de vivir. Los cambios políticos suele tener que ver con un  descubrimiento hecho desde la inteligencia, la razón, o la reflexión profunda sobre el devenir del mundo, de la historia, o las ideas políticas; pero no implican un cambio de vida, una metanous, una conversión, o un cambio de mentalidad. Las conversiones no existen políticamente, salvo que haya pasta por medio, claro, pero ese es otro tema.

Las cosas de Dios van de otro modo, entre otras cosas porque Dios ofrece un sentido vital, un horizonte existencial y de sentido que no ofrecen las ideologías políticas. La fe no es solo una adhesión a unas verdades, sino una experiencia con la trascendencia, con Dios, desde nosotros personalmente con Jesucristo. De ahí que no sea extraño que la fe se debilite en unos años, o sobrevenga y se recupere ante acontecimientos vitales únicos: enfermedad grave, vejez, nacimiento de un hijo, pérdida de trabajo, etc. Hay periodos en la vida donde las personas viven la fe con más fuerza que en otros periodos, aunque también es verdad que para muchos la fe no vuelve, no retorna, quizás por estar demasiado anclados en redes racionales que impiden ver con claridad la luz de Dios, quizás porque es posible vivir alejado de Dios sin hacerse demasiadas preguntas existenciales. Quizás durante muchos años, quizás toda la vida. No sabemos tanto del misterio humano.

Lo que sí podemos afirmar es que una de las primeras causas de pérdida de fe es que la fe, para muchas personas, choca con la “verdad” que suelen identificar como verdad racional, matemática, ajustada, limitada y estática. Se inicia con las llamadas dudas de fe, y si no se resuelven de manera satisfactoria desenganchan al “dudoso” de su relación con Dios. La solución satisfactoria no depende del grado de racionalidad, ni de lógica de la fe, como equivocadamente se cree, sino del momento personal del creyente, de la inteligencia existencial (añadida a las 8 de Gardner) para sintetizar lo teleológico con lo real, y con lo verbalizado. Es un problema de lenguaje, pero también es un problema de docilidad ante Dios mismo. De ahí que las dudas oradas y vividas desde la relación con Dios se resuelvan mejor, ayudan a encajar el puzzle de la Verdad. Cuando no se hace así, es fácil que salga victoriosa la conclusión más fácil y reduccionista: Dios no existe, y nos ahorramos dolores de cabeza. Aunque luego se reproduzcan con fuerza la pregunta existenciales de la vida. Pensar la vida, decía Ortega.

La duda de fe  puede fortalecer a la persona en sus convicciones, pero precisa del estudio y la formación, cosa que no siempre es fácil de obtener y conseguir en una sociedad donde la teología está denostada, y la filosofía es cosa de frikies. Pero son muy habituales estas crisis de fe. De hecho yo me he encontrado a menudo con personas que han perdido la fe, y que arrastran desde años cientos de preguntas teológicas mal resueltas, o resueltas de aquella manera. Con el tiempo estas dudas se sedimentan aflorando los estratos más banales de unas conclusiones simples, a modo de eslogan: esto es una monserga de curas, o es un invento de la iglesia, o la iglesia es un negocio. El error de fondo fue querer reducir a Dios a una cuadratura, y cuando se percibe su imposibilidad se abandona la fe como algo absurdo o ridículo, para acabar creyendo en cualquier apunte pasajero. Las dudas iniciales, sin resolver, han sido sustituidas por afirmaciones de supervivencia ante el misterio de la trascendencia. Excusas que eluden la pregunta.

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