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Ya está EL ÁNGEL AMADO en papel.

Trailer presentación del libro EL ANGEL AMADO.

Entrevista al autor, ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

NOVIEMBRE 2017.

¿Por qué escribió EL ANGEL AMADO?

Cuando terminé la novela LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, sentí una especie de vacío. Es una especie de precipicio que se abre frente a cualquier persona creativa. Escribir es algo cotidiano, por eso cuando terminas algo, tienes que preveer lo siguiente. De alguna forma hay una necesidad creativa por contar algo nuevo y distinto. Antes de terminar de parir ya estamos pensando en la siguiente criatura.

¿Una novela sobre mártires del siglo II d.C.?

Así es, un tema olvidado incluso por muchos cristianos de hoy. Aquellos primeros siglos de cristianismo fueron fascinantes, tanto por la fundación de la iglesia, una institución milenaria, como por los riesgos y compromisos que mantuvieron por sus creencias. Pero eran también personas corrientes, incluso vulgares. Los santos nunca son gente distinta al resto, los hagiógrafos reinventan a los santos para que parezcan bichos raros. Eso es una tentación. Juan Pablo II intentó por todos los medios hacer de la santidad algo cotidiano y abundante, porque en verdad lo es. Dios es más fecundo de lo que creemos en su iglesia. La tentación anticlerical consiste en secularizar tanto a los santos que se convierten en una caricatura, en gente sin fe, enfermos mentales o algo parecido. Supongo que hay un punto medio para la mayoría de ellos, entre los que incluyo los santos anónimos, los olvidados…

¿Con continuidad?

Mi pretensión inicial – y no sé si la mantengo, porque escribir es siempre un acto de fe y un esfuerzo doloroso y placentero – es escribir una especie de Episodios Eclesiales, y lógicamente la historia de EL ANGEL AMADO, sería la primera de esas historias. Sería el Trafalgar del cristianismo, el origen martirial y amoroso de los que no saben que serán esenciales para el futuro. Lo que no sé es si continuaré, porque escribir es duro, y no siempre gratificante.

¿Qué significa entonces para usted EL ANGEL AMADO?

EL ANGEL AMADO es una de las novelas que más aprecio. La escribí en pocos meses, casi de un tirón y apenas hubo correciones. Era buena tal y como la parí. Me gustó desde el principio. Y las pocas personas que lo han leído me han dicho que es magnífica, qué está muy bien escrita y que es entretenida y fácil de leer.

Pero es distinta a LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Siendo novela histórica, la manera de narrar es diferente. Se lee muy bien, pero hay más literatura, más estilismo a la hora de escoger las palabras, por ejemplo.

Es cierto, es una novela distinta. La verdad es que siempre he considerado EL ANGEL AMADO como una novela menor, más por tratarse de una novela breve que por el contenido o la fuerza de su temática. Apenas me ocupó unas 150 páginas, durante aproximadamente unos meses. Es ciertamente una novela histórica, pero también es una novela religiosa, espiritual, teológica e incluso filosófica. Soy consciente de que es una novela diferente a LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, no es una simple novela de aventuras, es algo más. Creo que mi pretensión inicial era mostrar una época y unas circunstancias que se dieron, y que son desconocidas para la mayoría de los cristianos. La ignorancia a la hora de interpretar la intrahistoria sigue siendo una tarea pendiente.

¿Es entonces una novela para creyentes?

Digamos que es una novela para gente con cierta sensibilidad hacia la temática religiosa, pero no creo que sea una novela para un modelo de lectores. No creo que se pueda clasificar a los buenos lectores, eso son cosas que crea el mercado del libro para vender determinadas novelitas a los lectores que cree que son de determinada forma. Aborrezco esa forma de tratar la cultura. Tolstoi no escribe de religión en Ana Karenina, pero puede gustar a gente religiosa. De la misma forma, alguien sensible puede leer a San Juan de la Cruz y disfrutar, sin que necesariamente sea una persona piadosa. Eso nos distingue de las sectas. Es además una forma de dialogar con el lector, sea quién sea. Supongo que esos libros desconciertan a los editores, que siempre están buscando un best seller que les saque de pobres por una temporada. Por eso publican cualquier cosa que les parezca vendible, y por eso se equivocan cientos de veces despreciando novelas buenas, o publicando bazofias. Arriesgan con su dinero, no lo olvidemos.

O sea, EL ANGEL AMADO es una novela que puede gustar a todo el mundo.

Creo que a cualquier persona que le guste leer disfrutará con EL ANGEL AMADO. Si además le gusta la novela história lo disfrutará más, y si encima es creyente, seguro que le emociona y agradará mucho más. Pero es difícil calibrar los gustos. Un libro es siempre una propuesta de un escritor, una especie de desnudo personal. Como escritor soy LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, pero también soy EL ANGEL AMADO. Los dos son hijos míos, fragmentos de una misma persona, de un mismo universo literario, supongo.

El libro, sin embargo, sale en una edición muy limitada.

El libro lo tengo colgado en la plataforma digital Amazon desde hace mucho tiempo. Decidí sacarlo en papel porque tengo la seguridad de que el papel es más valioso que la nube. Supone acceder a un tipo de lector que no utiliza libros electrónicos, y que merece un respeto por mi parte. Esta edición tiene la letra más grande, para facilitar a personas más mayores su lectura. Eso ha repercutido en el coste de cada ejemplar, que he asumido personalmente y que no repercute en el comprador.

¿Es usted escritor y editor de sus libros?

La autoedición está cambiando el mundo del libro, casi de la misma forma que lo está haciendo internet. Los agentes literarios, por ejemplo, obtienen cada vez más recursos haciendo cursos para aprender a escribir que representando a los escritores. Las editoriales, que son las que otorgan los premios literarios más jugosos, juegan con un número casi endogámico de escritores. Muchos se buscan la vida en internet y de ahí vienen los problemas.

¿A qué problemas se refiere?

Hay libros en internet que son auténticas basuras, que sin embargo conviven con novelas muy interesantes y buenas. Pero sucede igual en el mercado tradicional del libro. Hay libros malísimos muy publicitados que son lamentables, y que se venden como “imprescindibles”. En realidad los imprescindibles son los clásicos. Y tenemos auténticas joyas en internet, obras de poesía que no se editan, o mejor… que se autoeditan.

Sinceramente, creo que mucho de lo que se vende en las librerías como obras maestras son libros de usar y tirar. Eso ha hecho que las editoriales y los premios sean peores filtros de selección. Internet está ganando la partida, igual que sucedió hace tiempo con la música. Tampoco hay que olvidar que para esta gente un libro tiene una vida comercial de unos seis meses o menos. Para ese final trágico no vale la pena un libro en papel.

¿Dónde se puede comprar EL ANGEL AMADO en papel y qué precio tiene?

He pedido a la LIBRERÍA EL SUEÑO DE PEPA, de la Plaza Mayor de Valladolid que se encargue de las ventas, tanto presenciales como por correo o internet. Su precio final es de 17 euros. Seguramente estará también en la PAPELERÍA AMBROSIO RODRÍGUEZ de Valladolid. Son los que han hecho la impresión del libro en su editorial, Editorial Azul.

Por supuesto, también se lo facilito a los amigos más cercanos.

Una última cosa. ¿Tiene previsto hacer una presentación del libro?

Físicamente no. Lo presentaré en la red con un video más elaborado que el que he hecho del trailer.

 

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Antologías y fragmentos de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Los hijos de Pelayo (II)

Hay sucesos en la vida que nos marcan de manera especial, y que suponen un punto de inflexión respecto del futuro: una reunión, el conocer a alguien que luego será especial, una nota en un examen, una visita al médico… son difícilmente reconocibles cuando llegan, pues se suelen esconder tras la vida cotidiana y la rutina. Sin embargo, según pasa el tiempo, son detectados como centrales e incisivos. Son auténticas encrucijadas que nos ofrece la vida de manera silenciosa.

A Fernando y a Nuño la vida les cambió en momentos muy puntuales, todos relacionados con la amistad. El episodio de los lobos, o el choque con el infante García, fueron quizás los más destacados dentro de una vida que les fue llevando a lo que terminaron siendo. En el momento no fueron demasiado conscientes de la inflexión, a diferencia del abuelo, que sí percibió un abanico nuevo, una luz de esperanza en el futuro.

De todos los episodios, el de los lobos es el que más impronta deja entre los castellanos. Y uno de mis favoritos. Es la primera aventura digna de ser contada. De ahí que lo haya seleccionado.

FRAGMENTO:

 

Uno de los días, en un paseo hacia el Pisorga se les hizo algo tarde para regresar y almorzar con el abuelo. Como apretaba el hambre y el sol decidieron retrasar su vuelta y buscaron un sitio a la sombra donde pudieran dar cuenta de la pitanza que en el morral llevaban: unas rebanadas tiernas de buen pan de trigo, un cuero de vino fresco y cinco tajadas de queso viejo curado, picante y pastoso. Hallaron un lugar agradable y umbrío, a la vera de río. Apenas se habían acomodado cuando los alertaron unos gritos de auxilio. Quedaron muy sorprendidos y se levantaron de inmediato. Las voces parecían de un niño, o de alguien joven. Se escuchaba a su vez el bufar y relinchar de un caballo atemorizado. No se lo pensaron dos veces, y rápidamente montaron en Negrisca, tomando la espada uno, y la lanza el otro; y trotaron hacia el lugar de donde procedían las voces.

-¿Quién va? ¿Quién necesita ayuda?-, respondieron gritando.

Sin duda era aventurero y temerario proceder así, pues no eran sino dos muchachos, pero se sentían tan seguros de sus habilidades que, salvo un peligro descomunal, pensaban que podrían hacer frente a cualquier eventualidad, como era ayudar a un desconsolado que pedía protección. Los guiaba además la curiosidad por conocer el origen de tales súplicas. Así, al volver hacia un claro quedaron petrificados ante el peligro que se cernía, ahora también sobre ellos. Una manada de lobos rodeaba un caballo, que nervioso soltaba coces a diestro y siniestro. Uno de los lobos parece que había caído herido, pues aullaba lacerado en el suelo con una brecha a todas luces mortal, pero los otros seis lobos hambrientos trataban de alcanzar la garganta del equino dando saltos con fiereza. El caballo estaba descontrolado, su belfo expresaba tensión y sólo las riendas lo sujetaban a unos arbustos, de los que intentaba soltarse coceando y pateando al aire. De no encontrarse amarrado habría escapado al galope.

Nuño reaccionó con valentía y rapidez.

-Descabalga y pásame la lanza- le pidió a su hermano.

-Yo me quedo con la espada- indicó Fernando repartiendo así las armas que tenían-. Hay que vendar los ojos a Negrisca o se asustará.

Tapó los ojos del cuadrúpedo con su jubón mientras se dirigía hacia los lobos salvajes. Nuño atacó con la lanza ensartándola violentamente contra un lobo joven más próximo. El animal herido de muerte dio un alarido y cayó al suelo. El resto de lobos rectificó en su ataque, mirando y abriendo sus sanguinarias fauces contra Nuño y su vieja yegua. En ese momento se soltó la provisional venda de Negrisca, y el animal, viendo a los enemigos que lo rodeaban, se excitó haciendo un quiebro con sus patas delanteras. Estuvo Nuño a punto de caer del caballo, y perdió momentáneamente la brida y el control del animal.

Fernando se quedó retrasado, pero cuando vio en dificultad a su hermano blandió su espada gritando contra los lobos, dispuesto al menos a tajar el cuello de alguna de aquellas bestias sedientas de sangre. Acometió como lo había entrenado el abuelo, con la espada en alto y mostrando el brazo a modo de escudo. Al aproximarse lo suficiente la hoja voló dócilmente de arriba abajo asentando sobre el lomo de una de las fieras que ya se apresuraba a morder su abdomen. El golpe dejó al animal herido, pero provocó que los otros lobos rodearan al joven. Iba a ser un bocado suculento, pues los lobos atacan siempre en grupo y a la vez, bastaba la indicación del principal de la manada para poner fuera de combate a Fernando. Entonces oyó la voz que antes gritaba, y que lo hacía ahora desde lo alto de un árbol. Vio a un chico de su edad, encaramado. Le invitó a subir al árbol, desde donde había contemplado todo, pero Fernando no tenía posibilidades de darse la vuelta para trepar por el empinado castaño.

Por suerte Nuño había retomado las riendas de Negrisca, recuperó su lanza y la enarboló sobre su cabeza, acometiendo de nuevo a las bestias. Se acercó lo suficiente para distraer de nuevo a los lobos, los cuales estaban ya dispuestos a devenir con un ataque maestro y definitivo contra Fernando. El muchacho se agachó, y desde el suelo blandió de nuevo la espada, por lo que los lobos retrocedieron un poco, pero se mantuvieron a distancia acorralando más y más al muchacho. Entonces Negrisca, encolerizada y tensa levantó las patas delanteras coceando a los que encontró a su paso, fue entonces cuando Nuño cayó del caballo, y Fernando partió de un tajo media cabeza del lobo dominante.

Nuño se encontraba tirado en el suelo pensando que sería atacado por las fieras; sin embargo, a pesar de la superioridad numérica de los lobos, los animales salieron huyendo. Sin duda, la muerte del jefe de la manada los había dejado sin orientación ni guía, y tras su espantada solo se escuchaban los agonizantes, lastimeros y quebradizos aullidos de los animales que habían herido los de Carrión.

Fernando fue directo a socorrer a su hermano, mientras sujetaba a Negrisca que se había alejado acercándose al otro caballo, todavía nervioso. Nuño se había doblado el brazo al caer, y aunque no parecía haberse roto nada, le dolía mucho la articulación derecha. Se levantó sin otros dolores, y al examinarse comprobó que el codo se le empezaba a hinchar, sin que pudiera moverlo sin dolor. El muchacho que estaba encaramado en el árbol bajó del mismo, y se dirigió a los muchachos.

-¡Dios mío! ¡Qué miedo he pasado!–, exclamó temblando todavía y con signos evidentes de nerviosismo-. Muchas gracias, quienquiera que seáis, de verdad muchas gracias.

Nuño y Fernando no sabían que decir, estaban nerviosos por la adrenalina del combate, y miraban alertados por donde los lobos habían huido, con el temor de verlos regresar.

-Creo que me he roto el brazo, no lo puedo mover- dijo Nuño con los ojos envueltos en lágrimas por el dolor -. Se me está hinchando.

-Me habéis salvado la vida, os lo agradezco– dijo el muchacho acercándose a Nuño que se había sentado en un tronco partido.

-No son agradecimientos lo que necesitamos sino que no sea grave la caída de mi hermano– dijo Fernando volviéndose al joven.

Le pareció un muchacho de su edad, apenas unos diez años. Sus ropas eran valiosas, de vivos colores. No era alto, pero parecía más fornido de lo que desde abajo simulaba.

-Os ayudaré, le diré a mi físico que os socorra y ayude.

-Soy Fernando, y este es mi hermano mayor Nuño.

-Mi nombre es Pedro, hijo de Ansur, soy el conde de Monzón, viajo hasta el Castro de Xeriz– les dijo mientras extendía la mano para estrecharla en la de Fernando. Fue un gesto que no pasó desapercibido para los muchachos, que nunca habían tratado tan amistosamente con un conde.

-¿De dónde sales? Se supone que debes de rodearte de escuderos y siervos que te protejan–, inquirió Nuño incorporándose mientras se dolía del brazo derecho.

-Me detuve a examinar estos parajes, alejándome de mis hombres. Luego aparecieron estos lobos hambrientos que me atacaron. El caballo me tiró al suelo, y tuve suerte de poderme encaramar al árbol. Mis soldados me estarán buscando.

-Por poco no lo cuentas. Has tenido suerte de encontrarnos. ¡Ah!– gritó Nuño mientras trataba de mover el dolorido miembro.

-Os debo la vida, ¿y vosotros? ¿Sois de aquí?

-Nuestro abuelo es infanzón y entrena a los hijos del conde de Carrión y Saldaña- dijo Fernando -. Venimos con él y estamos también en Castroxeriz. Somos escuderos de los infantes de Carrión, que además son unos chicos maleducados y estúpidos.

Pedro Ansúrez rió.

-No está bien que habléis mal de vuestro Señor.

-Ya sabemos que no está bien, pero es la verdad.

-Ciertamente no nos tratan bien, y nos tienen envidia porque somos más diestros y buenos en las armas que ellos- dijo Nuño–. ¡Aaaah! ¡Me duele mucho!– exclamó mientras se le saltaban las lágrimas.

-Cuando lleguemos a casa que lo vea el abuelo. Habrá que recuperar los caballos– dijo Fernando dirigiéndose a Negrisca.

Negrisca y el otro caballo parecía que se habían hecho amigos. Negrisca se había tranquilizado ya, y agradeció que Fernando acariciara sus crines oscuras. Recolocó la grupa y tomó las riendas del animal acercándoselas a Nuño para que sujetara a la yegua con el brazo bueno.

-Voy a por el otro caballo. ¿Cómo se llama?

-Manchado. ¿Ves? Tiene un dibujo en la frente blanco.

Manchado era un caballo joven y fuerte, muy nervioso. Su color era también negro, pero tenía en la cabeza y en las patas unas manchas blancas que lo hacían muy hermoso. De crines sueltas, Fernando pensó que era de raza burgalesa, pero quizás estuviera cruzado con algún caballo sarraceno. Lo cierto es que nunca había visto un caballo con la cruz tan alta.

Se acercó Fernando por delante del caballo, de forma que pudo verlo perfectamente, sujetó las bridas y comprobó que el belfo del caballo seguía tenso. Le habló suavemente, y al punto erizó las orejas el animal manteniéndolas en tensión. Acarició su cuello, y cuando comprobó que el equino se había tranquilizado lo llevó al lugar donde el conde de Monzón y Nuño esperaban.

-Salgamos de aquí, espero que mi ayo y los soldados no estén muy lejos. Sigamos por la vera del río aguas abajo.

Montó Nuño en el lomo del caballo como pudo y con ayuda. Fernando dirigía al animal caminando. Pedro Ansúrez montó en su caballo, un animal con carácter, que todavía no gobernaba a la perfección su joven jinete. Sortearon los matorrales y adentrándose en el bosque abandonaron el lugar donde yacían los lobos, ya cortejados por varios cuervos.

Antes de volver al camino oyeron voces que procedían del grupo de soldados que buscaban al joven conde de Monzón.

-¡Estoy aquí!– vociferó el joven Pedro haciéndose oír.

Se acercó la mesnada del Conde, que estaba compuesta por unos cincuenta hombres, hechos y derechos, con mejor aspecto y apariencia que los caballeros de Carrión. Se mostraron afables con Nuño y Fernando, sobre todo cuando supieron que habían ayudado al Conde. Se aterrorizaron cuando pensaron fríamente lo que les podía haber pasado si hubiera muerto el Conde sin ellos y con manifiesta negligencia. Habían creído que su Señor estaba en la orilla del río, y que no se había alejado demasiado, y cuando comprobaron su tardanza, auguraron y lamentaron su mala fortuna. Por suerte el susto había pasado, y recuperaron el aliento para proseguir su accidentado viaje.

Ofrecieron a Fernando otro caballo, y tomaron la brida de Negrisca para facilitar a Nuño su caminar. Ayudó el barbero de la tropa con la lesión de Nuño, e inmovilizó su brazo con un cabestrillo de madera y tela provisional.

El conde Pedro Ansúrez, lejos de distanciarse volviendo a su lugar en la cabalgata, marchó al paso de los muchachos, pues quería seguir en su salvífica compañía. Les preguntó por la batalla, por el abuelo y por su familia. Les informó de la situación de la guerra y de las distintas mesnadas que sabía que se encontrarían en Burgos. Les pareció a los de Carrión un muchacho cabal y muy inteligente. Una persona digna de confianza. Les hablaba sin ofender el deber de confidencialidad que se supone en un conde, y les trataba como a semejantes, cosa que sorprendió tanto a Fernando como a Nuño. El conde Pedro era un niño agradecido, y eso se notaba en el trato que estaban recibiendo. Los soldados que acompañaban al joven Conde, parecían hombres más templados y prudentes, no eran tan arrogantes como los de Carrión, y eso era consecuencia del talante de su Señor.

Dedujo Nuño de las palabras de su nuevo amigo, que el joven Pedro no tenía padre, o si lo tenía debía ser muy entrado en años. Les contó el noble que acudía con su mesnada de Monzón; y que su castillo estaba situado al Sur, cerca de Pallantia, la ciudad episcopal. Su condado pertenecía al Reino de León, en el límite con Castilla, igual que sucedía con Santa María de Carrión, solo que más meridional.

Ansúrez pertenecía a una familia muy valiosa e importante de la corte leonesa. Contó a los muchachos muchas confidencias, que eran propias de los nobles más cercanos al Rey. Comprobaron que lo ayudaba en casi todas las labores su mayordomo, un hombre que cabalgaba con ellos, llamado Fernán, y que hacía las veces de tutor y de administrador de los bienes del joven Pedro Ansúrez. También les llamó la atención a Fernando y Nuño el acento, algo distinto al de los vecinos de Carrión y Saldaña. Era un habla más castellana y abierta, frente al leonés más cerrado de la montaña que habían aprendido de su madre.

Llegaron a Castroxeriz al atardecer. El abuelo estaba ya algo nervioso pero confiado en la buena estrella de los muchachos. Su gozo se truncó en lamento cuando vio que Nuño estaba lesionado. Ayudó a bajar del caballo al muchacho y examinó con detención la herida. No parecía grave, pero le llevaría al menos unas semanas recuperar el brazo, que debía ser inmovilizado, tal y como había hecho el médico del conde de Monzón. Para eso, lo mejor era sujetarlo al cuerpo con una correa, y evitar que se desplazara involuntariamente.

Cuando contaron al abuelo la nueva aventura con el conde Ansúrez, y la batalla ganada a los lobos; el anciano se mostró orgulloso, siendo más consciente que los muchachos del peligro que habían corrido. La suerte estaba de parte de ellos, habían salvado la vida, y además habían hecho buena relación con un conde, que les debía además un favor, el favor de la vida. Si era un noble como Dios manda, verían la contrapartida en no mucho tiempo, lo que iluminó el rostro de Pedro Díaz con una nueva sonrisa.

FRAGMENTO de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, del capítulo Segundo: Entre corderos y lobos.

Antologías y fragmentos de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Los hijos de Pelayo. (I)

Este fragmento que he seleccionado de los Caballeros de Valeolit pertenece al primer capítulo de la Primera Parte de la novela. Confieso que lo escribí y reescribí varias veces buscando hacer buena literatura. Quizás por aquello de que lo primero que se hace siempre tiene que ser la carta de presentación, y más en una novela, lo he releído cientos de veces. Lo curioso es que me siguen gustando, muestran un tono y un ritmo sorprendente, usan un buen vocabulario y se alimentan de los personajes que presentan.

¿En qué pensaba cuando llo escribí? Quería presentar a los personajes, quería mostrar el mundo de la guerra en la trastienda de la vida cotidiana. La guerra era un oficio en el siglo XI, una manera de estar en el mundo como otra cualquiera, o mejor dicho, una manera de estar en el mundo más osada y arriesgada que cualquier otra. Y qué mejor que hacerlo a través de dos aprendices del oficio. En aquellos tiempos los muertos en una guerra se cebaban con los soldados, a diferencia del siglo XX y XXI, donde la población civil es la principal víctima.

Son las primeras páginas de una novela larga, que luego he dividido en tres partes, lo cual requería escribir con buen gusto y oficio.

(Fragmento primero tomado del capítulo primero: PROPUESTA Y ACEPTACIÓN) Pg: 13 a 17)

Primavera de 1054, Reino de León.

La primavera saludó a la villa de los Condes con una sonora bandada de aves migratorias que se dirigían hacia el sur. Eran patos que graznaban y parpaban con tal estruendo que hicieron que los muchachos alzaran la vista a las nubes. El cielo estaba despejado y el color azul del mismo apuntaba a un día espléndido que se tornaría más y más cálido con el devenir de las horas.

Nuño soportaba empapado en sudor una armadura de cuero fijada al cuerpo y atada con cordeles gruesos, inaceptables para una batalla contra los moriscos, pero adecuada para adiestrarse con el caballo. Montaba, a pesar de sus once años, una yegua burgalesa ligera y negra, y lo hacía con altivez y dignidad, quizás excesiva para un precario jinete de enjuta figura. Contrastaba su porte con el desgarbo del animal, entrado en años y marcado por su pasado guerrero.

A unos pocos pasos estaba su hermano pequeño Fernando, que con un año menos se entretenía en el manejo de una pequeña espada corta y recia con la que tajaba y sometía unas frondosas ramas de la vega del río Carrión. En tales mandobles intentaba que el hierro no se le escapara de su infantil mano. El abuelo de ambos los orientaba con gritos de ánimo y enmiendas repetidas.

Este hombre, de rostro arrugado y vestiduras envejecidas, mostraba un aspecto muy saludable. Sus ojos azules y su escaso cabello canoso pretendían una edad avanzada, pero no tanto como para que su figura quedara menguada lo más mínimo en dignidad. Sus ademanes eran seguros y firmes, procedentes de una vida anterior distinta a la que el destino le robara no hacía tantos años. El hombre no era propiamente un anciano, sino un hombre mayor con compostura y presencia, con gallardía y soltura en el manejo de las armas.

Se acercó a Fernando, y pidiéndole su espada le mostró visualmente y con el ejemplo cómo debía manejar y blandir el hierro. Sus movimientos eran suaves y constantes, diáfanos, sencillos y directos.

-Abuelo Pedro. ¿Ya puedo montar a Negrisca?-, preguntó Fernando señalando con el dedo a su hermano.

Asintió el abuelo, y en un santiamén cambiaron de ocupación estos tres habitantes de la vega del Carrión. El abuelo montó sobre la yegua no sin dificultad, y tomando la espada mostró a los chicos como debían manejarla sujetando las riendas y buscando en la potranca un trote algo más ligero. Pedro Díaz, dibujó un círculo amplio alrededor de los muchachos, que observaron la destreza y el manejo del que había sido patriarca de una familia noble y con un pasado de caballeros servidores de los reyes de León.

Habían sido otros tiempos. El caballero Pedro lo perdió todo en sólo una mañana de destrozo sarraceno. Una cuadrilla de combatientes fanáticos y ambiciosos dejó caer su maldad en la pequeña aldea leonesa donde vivían. La tarde aciaga en la que sufrieron el ataque sorpresivo de los moros dejó como resultado el establo quemado, unas pocas gallinas muertas y asadas, y humillantes risas muladíes. Si sólo hubiera sido eso, si no hubieran además matado sin necesidad la vaca, si no les hubieran obligado a arrojar los puercos al pozo, donde se ahogaron, hubiera podido tener una posibilidad. Pero no hubo piedad.

Aquellos depredadores se llevaron sus armas y herramientas, y arramblaron todo cuanto poseían los aldeanos para sobrevivir. Se quedaron sin nada, y ningún provecho sacaron de la fechoría más que el daño y la destrucción vana. Todo quedó sembrado de hambre y miseria.

A menudo la cabeza de aquel hombre de guerra daba vueltas al pasado, y se recriminaba a sí mismo con la jaculatoria: “si les hubiera hecho frente…”. Lamentaba su desgracia, aunque reconocía alrededor de una jarra de vino que nada hubiera podido hacer.

Por su pasividad conservó la vida, pues sabía por experiencia que el celo de las personas en la batalla les hacen transformarse en alimañas y en bestias sedientas de sangre. Se lo habían llevado todo, pero por suerte respetaron a las mujeres y a los niños de la aldea. Si hubiera intervenido nadie se habría salvado.

Tras aquella desgracia decidió asentarse más al sur, en Saldaña con su esposa Elvira y con sus hijos, donde un castillo los defendiera mejor de otras razzias moriscas. Eso hizo que los siguientes años fueran buenos, aunque no logró mejorar su posición social. Seguía siendo un hombre libre, pero sin hacienda. Con oficio pero sin ninguna posibilidad de mejorar.

La fatalidad volvió a golpearle cuando nació su tercer hijo, pues trajo la muerte de su hermosa mujer Elvira. La guerra, que había sido un buen medio de vida, ahora, con niños menudos y pequeños, propicios a la enfermedad y a la muerte, se convirtió en el anhelo y un suspiro para sus escasos ratos de ocio. Dedicó sus años más fuertes a sus tres varones, a los que alimentó con el trabajo en el campo y los educó como debía corresponder a un hombre de antiguo linaje. No pudo volverse a casar, y aplazó eternamente su sed de combatir con honor y fortuna.

Rondando la cincuentena se trasladó a la ciudad de los Condes, a Santa Maria de Carrión, con su segundo hijo Pelayo, con cuya familia compartía techo y hogar. Este varón suyo se había casado con una mujer sencilla y sin tacha, llamada Muniadora, cuyas aspiraciones más hondas, que compartía con su marido, no superaban el trabajar honradamente la herrería del lugar, llevando una vida sin riesgos y tranquila, rodeado de sus hijos, entre ellos Nuño y Fernando.

A pesar de los avatares de la vida, Pedro seguía siendo un hombre enamorado de las armas. Por estirpe era infanzón, que era el título que correspondía a un hidalgo de sangre y herencia. Estaba exento de pagar tributo de caballos y armas, y era en su jerarquía de valores un hombre de honor. Vivía su existencia con el celo propio de aquel que se está enfrentando permanentemente a la gloria que perdió antaño, y deseaba con todas las ganas del mundo despertar en sus nietos el amor al oficio de la caballería y las armas.

Exigía a Nuño y Fernando el tesón y la perseverancia que los convirtiera en hombres de palabra, honor, guerra y provecho. No escatimaba tiempos ni días propicios para que en el ejercicio físico y mental de la hipotética batalla pudieran Nuño y Fernando sobrevivir y destacar. Enseñaba de esta manera tretas, modos y estrategias; detenía el tiempo a su lado cuando contaba el desarrollo de algunas escaramuzas, y se jactaba mostrando cómo la agudeza que tuvo en otro tiempo le permitió mantenerse con vida y salir ileso de algunas contiendas. Sus nietos escuchaban con atención cuando su abuelo Pedro hablaba de estas cosas, y se embelesaban con sus palabras y su retórica como si las escucharan de un santo del cielo.

Les narró con detalle y esmero la batalla en la que detuvieron al terrible y fuerte moro Almanzor. Les contó que había servido de escudero a las órdenes de Gonzalo Núñez de Lara, un noble importante del condado de Castilla. Les hablaba de los Laínez o los González, como si fueran vecinos suyos, y se aplicaba en entretenerlos con historias de semejante sabor.

Los nietos escuchaban con devoción sus palabras cuando, cansados de ajetreo, se daban un respiro almorzando pan de centeno, vino con canela, y unas lonchas de tocino tierno y salado, que era con lo que cotidianamente mataban su gazuza.

Quería Pedro Díaz que sus nietos supieran manejar bien la estrella de la mañana, el escudo, la espada ligera y la lanza; pero además intentaba que conocieran lo importante que era salir bien parado de una escaramuza. Les advertía de lo mala que eran la precipitación y las pasiones en la lucha cuerpo a cuerpo, aunque no lo fuera para otros menesteres de la vida. Les guiaba en el arte de la equitación, que según les indicaba, era imprescindible para el éxito en cualquier contienda.

-El caballo debe seguir al jinete a la perfección, haciendo exactamente lo que desea el montador-, repetía insistentemente.

Eso se lograba no con cualquier caballo, sino sólo con aquel que hubiera sido domado por el caballero. El caballo era leal con su jinete, y el caballero debía respetar al animal. Los muchachos aprendían y se iban empapando del saber de aquel hombre por el que sentían verdadera admiración y orgullo, y tales entretenimientos llenaban de imaginación sus delicadas mentes.

Se consideraban unos privilegiados, pues era extraño que alguien mayor en dos generaciones pudiera vivir y tener cordura como para transmitir su saber. Si además se hablaba del arte de la guerra la suerte era doble. Su abuelo Pedro, además, tenía la gentileza de no ser violento con ellos, tratándolos bien, extremo que quizás no hubieran tenido siendo escuderos de un noble.

Aprendían, pero además se mostraban atentos y entretenidos haciendo algo que les agradaba sobremanera. Deseaban ser hombres de honor, ser respetados y admirados por los suyos. Soñaban con gestas y torneos en tierras distintas y lejanas. Ellos, que no habían salido apenas de los dominios de los Beni Gómez, deseaban viajar y ganar fama y admiración de los nobles, de los campesinos y de las mujeres. Por eso disfrutaban entrenando duro, aprendiendo un oficio que quizás nunca ejercerían, pero que conocían y deseaban con toda el alma.

 

FERIA DEL LIBRO VALLADOLID 2017. FIRMAMOS el martes, 9 de mayo a las 12h con la LIBRERÍA RO-EL

 

ESTAREMOS FIRMANDO LOS CABALLEROS DE VALEOLIT EL MARTES, 9 DE MAYO POR LA MAÑANA, A LAS 12H CON LA LIBRERÍA RO-EL.

 

FERIA DEL LIBRO VALLADOLID 2017. Antonio José López Serrano firmará ejemplares de su trilogía LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Viernes 5 de Mayo. Plaza Mayor. Caseta de la librería EL SUEÑO DE PEPA (19h a 21h)

 

Estaremos firmando, igual que el año pasado, en la FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID 2017.

LIBRERÍA EL SUEÑO DE PEPA.

5 DE MAYO, VIERNES, desde las 19 DE LA TARDE HASTA LAS 21 HORAS.

 

Foto de la Feria del libro 2016 en Valladolid.

 

Sábado Santo: Ofreceré los dolores de la ciudad y la provincia a la Virgen Reina de la Vera Cruz de Valladolid.

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Un honor y un privilegio ser el oferente de los dolores, y poder acompañar a los cofrades de de la Vera Cruz en este encuentro profundo con Nuestra Madre la Virgen. Gracias.

El Sábado Santo en el Templo de la cofradía de la VERA CRUZ, la más antigua de Valladolid, a las 19 de la tarde celebraremos el OFRECIMIENTO de los DOLORES  a la VIRGEN que talló Gregorio Fernández con prodigiosa mano, y que veneramos cientos de valllisoletanos. Un honor.

 

El enlace con la Cofradía Penitencial de Santa Vera Cruz de Valladolid.

http://www.santaveracruz.es/

 

NOVELA. Presentación oficial de la tercera parte de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. El testamento de la reina Sancha.

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Será en la librería MAXTOR de Valladolid, en la calle Fray Luis de León.

Día 16 de NOVIEMBRE a las 7 de la tarde.

Me ayudará en la presentación FRANCISCO R. LÓPEZ SERRANO, poeta y profesor en el IES Galileo.

 

ENTRADA LIBRE

 

LA SEGUNDA PARTE DE LOS CABALLEROS DE VALEOLIT YA ESTÁ A LA VENTA

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Lo hubiera sacado igual aunque la primera parte hubiera sido un fiasco. Pero es que no ha sido así. Se lo cuento, si me lo permiten…

LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. LOS HIJOS DE PELAYO, que es el nombre que corresponde a la primera parte, lo tuve en mis manos a finales del mes de diciembre del año pasado. Apenas me quedaron días para hablar con los libreros de Valladolid y distribuirlo por sus estanterías y escaparates. Lo hice todo deprisa y corriendo, porque la campaña de Navidad, que es la época del año que más libros se vende y con diferencia, estaba tocando a su fin. En esos días traté de contactar con los medios de comunicación. Me hicieron una breve entrevista en la COPE, y salí en el Norte de Castilla, el día 7 de enero. Ese creo que fue el respaldo definitivo, porque si algo tienen los CABALLEROS DE VALEOLIT, es que cuando se conocen llaman la atención. Empezó a demandarse más en las librerías. Gente que me vio en el periódico compró el libro.

Las ventas fueron bastante bien. Me ayudaron y animaron los compañeros del IES González Allende, donde doy clase. Muchos me compraron el libro, organizamos unas charlas con los muchachos, animamos a la lectura, y seguí preparando la difusión del libro.

Hicimos una presentación en la Casa Zorrilla de Valladolid, y me ayudó Luis Jaramillo, director regional de COPE. El libro estaba ya circulando por ahí, acudió bastante gente, y una vez más pude comprobar el interés que hay por el Valladolid medieval, tanto o más que por la novela histórica. Todo fantástico.

Seguí vendiendo, y decidí ampliar la edición. Sacar más ejemplares. También llegaron la sombras y las penas. La noche más triste fue en la Feria de Muestras donde acudieron muy pocas personas para la presentación del libro. Competíamos ese día con truebita, y donde hay fama desaparecen los demás libros y escritores. Si hubiera contado con Belén Esteban para la presentación, seguro que hubiera tenido una gran afluencia de público. No fue así, y no acudió ni mi presentador, ¿Dónde estás, Luis? Con Wally, supongo. Buenos amigos me acompañaron esa noche, y la cara de la cruz tuvo lugar tres días más tarde, cuando presenté otro libro, no mío, pero sí de un hombre muy querido por mí: Jesús Rodríguez. Afluencia de público, y calor de amigos.

Los días siguieron a las noches, y las ventas que caen como gotas de rocío fueron entorpeciéndose. ¡Ole, la poesía espontánea!

Los meses de ventas habían pasado, llegaban otros días. El libro ahí seguía, poco a poco, como me dicen los libreros, que son los que entienden de esto. Hoy se vende uno más, y otro día ninguno, para terminar la semana con dos comentarios de un lector empedernido en lo suyo, y en lo mío. Gracias, hombre.

A finales de Mayo me llamaron por teléfono, y me preguntaron si aceptaba la concesión del Premio Miguel Delibes de Narrativa 2015 para la novela. No me lo podía creer. LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. LOS HIJOS DE PELAYO había llegado a oídos de un puñado de poetas, que les había enamorado. Y ellos a mí. Me galardonaban con un premio que habían recibido algunos de los mejores escritores de lengua española. Un premio que adornaba los currícula de muchos grandes escritores. Miembros de la RAE y de otras instituciones de prestigio. Un premio que en tiempos entregaba D. Miguel Delibes en persona. ¿Tan grande me consideraban? Estaba empezando, y ellos pensaban que sí. Un placer recibirlo entre poesía y versos, en una tarde-noche inolvidable.

El verano ha trascurrido entre el calor, las piscinas, y la escritura de las siguientes novelas. Me he dedicado en julio a buscar un agente literario que se ocupe de mis ventas y asuntos, y me libere para entregarme más y mejor a la dulce y áspera tarea de escribir, más centrado más profuso. Pero andan escondidos por los rincones de Barcelona. La muerte de Carmen Balcels, nos deja huérfanos de gente que arriesga. Y LOS CABALLEROS, que podían haber alcanzado metas más altas y más soberbias, se tienen todavía que conformar con ser héroes locales, aunque sean realmente héroes universales, como algún día, no muy lejano, espero que digan los galácticos del libro.

Lo prometido es deuda. En otoño saco la segunda parte. Dije y prometo. Y AQUÍ ESTÁ. Muchos lo habéis pedido en las librerías, y los deseos de los lectores, invisibles y presentes, son una deuda para mí. Para ellos mi gratitud y mis palabras amables. Espero que lo disfrutéis.

Los caballeros de Valeolit. LEALTAD Y PROMESA.

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Tras la muerte del Rey Fernando I de León y Castilla en el año 1065, se desencadenará la guerra fratricida entre sus tres hijos varones: Sancho de Castilla, Alfonso de León, y García de Galicia, que desangrará territorios y ciudades de los reinos cristianos antes pacíficos y hermanados.

Fernando y Nuño, que han conseguido ser nombrados caballeros del Rey en la taifa de Toledo (primera parte), se verán ahora obligados a elegir entre la ambición y la lealtad, el amor o el deber, el honor o la protección a sus señores. Tendrán siempre, como refugio de sus vidas, a su familia de Valladolid (Valeolit), y al amor encontrado en Toledo (Tulaytulah).

LEALTAD Y PROMESA es una continuación de la anterior novela, aunque bien puede leerse de manera separada.

Espero que os guste. ¿Qué otra cosa puede decir este escritor?

Sí, gracias por leerme. Bss

ENTREGA DEL PREMIO MIGUEL DELIBES DE NARRATIVA 2015

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Ayer por la tarde recibí el Premio Miguel Delibes de Narrativa 2015 que conceden los viernes del Sarmiento. (zarcillo?, no. Esos serán otros…). El caso es que fui la semana anterior, 12 de junio, para ver como era la cosa. Recité unos poemas míos (algo cutre, lo reconozco, y no volverá a suceder). Al final nos hicimos una foto (la de arriba). Estoy en el grupo con buenos e interesantes poetas. Yo estoy a la derecha, junto a mí está (de izquierda a derecha): Araceli Sagüillo (la presidenta de los viernes y fantástica poeta), Agustín Espina, Santiago Redondo, Amparo Paniagua y José Antonio Valle. Gente que declama sus versos con talento y arte. Muscho arte.

Una semana más tarde recibimos el premio, y nos hicimos la foto de los premiados, qeu es la que ha salido en el Norte de Castilla. La verdad es que es un honor estar entre gente tan talentosa. La foto la pongo, del recorte del periódico; pero si queréis leer la noticia entera pinchad en el enlace de abajo.

IMG-20150620-WA0000. Amén.

NORTE DE CASTILLA Y LA ENTREGA DEL PREMIO MIGUEL DELIBES DE NARRATIVA 2015

http://www.elnortedecastilla.es/culturas/201506/20/sombra-cipres-clausura-ciclo-20150619224154.html#

 

Por cierto, tengo que decir que en la foto faltan dos personas que llenaron la entrega de premios. Uno Carlos Aganzo, el Director del Norte, que también fue premiado, pero que restringe sus salidas fotográficas por el periódico. La otra fue Angélica Tanarro, Jefa de la Sección de Cultura del Norte, que nos contó sobre la realización y tarea del suplemento cultural La sombra del Ciprés, también interesante escritora, y me consta que magnífica y entregada periodista.

Yo añadiría una tercera persona importante para mi en la tarde de ayer, Fernando Rodríguez, que fue el que me entregó el premio, y cuya foto todavía no tengo. Para él un abrazo lleno de afecto. Luego cenamos, y se declamaron pequeñas obras de arte por parte de los premiados. Una gozada, la verdad, gente buena llena de palabras bien dichas, arte, belleza y ganas de escribir con el alma tanto como con la pluma.

Esta mañana me he levantado. Me he puesto la camiseta más a mano que tenía y me he hecho una foto con el trofeo, delante del mapa de Venturo Seco del Valladolid del siglo XVIII. Porque era la foto que no tenía.

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Y luego a comprar con mis hijas al supermercado. Que la vida sigue, y las letras no se detienen.

PREMIO “MIGUEL DELIBES” DE NARRATIVA 2015 PARA ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO POR “LOS CABALLEROS DE VALEOLIT”

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Estos días están siendo emocionante, y reconozco que todavía no termino de creérmelo. Me han dado uno de los Premios más interesantes y prestigiosos de narrativa que hay en el panorama nacional, y que concede el grupo Viernes de Sarmiento con sede en Valladolid. Este grupo poético está entregado a la poesía y son muy activos. Llevan trabajando por las letras desde el año 70 en que fue creado, y tienen entre sus galardonados gente de solera. De ahí que me sienta sorprendido, emocionado y muy honrado. La mayoría de sus premios son de poesía, y en este sentido conceden los Premios Sarmiento, el Jorge Guillén de poesía (otro vallisoletano), el Juan de Baños, y el Andrés Quintanilla.

También dedican, desde el año 1977, un premio de narrativa, el MIGUEL DELIBES, que durante muchos años ha entregado en persona el mismo Delibes, nuestro inigualable escritor tristemente fallecido hace unos años. El jurado ha otorgado a la novela LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, en su primera parte, LOS HIJOS DE PELAYO, que es la que está publicada en papel hasta la fecha, el Premio Miguel Delibes de Narrativa 2015, y eso es un gran honor, tanto para mi persona, como para mi pequeña y triunfante novela.

La verdad es que me pilló por sorpresa, pues no pensé, ni siquiera por un instante, que LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, fueran leídos por lectores exigentes, y pudiera ser galardonado por su buena prosa. De hecho, cuando me lancé en la autopublicación, pensé que renunciaba con ello a cualquier tipo de premio, pues la mayoría requieren de obras presentadas e inéditas. Es verdad que se dan premios a obras ya publicadas, pero como la difusión que he tenido ha sido pequeña, Valladolid y Urueña, incluso muy pequeña, pues ahí quedaba todo, nunca me lo imaginé. Detrás he tenido gente que pasa por el mundo haciendo el bien, amigos que me han propuesto y recomendado. Gracias Fernando y a Ambrosio Rodríguez S.L. con su editorial Azul, y gracias al jurado por seleccionarlo.

El Premio es además una sorpresa porque la Asociación Viernes de Sarmiento no suele conceder premios a las novelas históricas, lo cual hace de la excepción un nuevo honor. Les llamó la atención, Valladolid, siglo medieval, y un trabajo de varios años estudiando y escribiendo. Buena prosa, e interesantes personajes. Gracias, mil gracias.

A veces me pregunto si el cuento de la lechera no lo escribió algún enemigo de la raza humana para acabar con los sueños de la humanidad. En este caso, el sueño va despacio, pero parece que va caminando, a Dios gracias. Lo que Dios te dé, estará bien. En este caso, gracias.

Disfrutaré de la entrega, y conoceré a estos nuevos amigos de la escritura y la palabra. Será un placer.

PD: Sigo trabajando para preparar la edición de la Segunda Parte de LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Lealtad y Promesa. Esta parte ya está escrita, como bien sabéis los que me seguís habitualmente, pero ando revisando mapas, corrigiendo el texto y demás, para tenerlo en OCTUBRE preparado. Mi pregunta ahora es si debo ampliar la edición de la primera parte, con el membrete del libro, pedir ayuda a alguna editorial mayor, o dejarme querer. La verdad es que no sé que hacer. Bueno, sí. Disfrutar escribiendo.

Os dejo la noticia completa que venía en el NORTE DE CASTILLA el día 11 de junio con los Premios otorgados a todos los poetas. En los próximos días supongo que saldremos un poquito más.

¡Ah! El Premio se entregará el día 19 de junio en el Salón de Actos del BBVA de la Calle Duque de la Victoria 12 de Valladolid a las 20h de la tarde. Entrada libre.

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LOS CABALLEROS DE VALEOLIT ESTARÁN EN LA FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID 2015.

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Presentación- charla en la 48 FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID, 2015.

Hablaremos y charlaremos del libro

LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Los hijos de Pelayo

CON SU AUTOR:

ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO,

presenta LUIS JARAMILLO (DIRECTOR REGIONAL DE COPE)

Será LUNES 27 DE ABRIL.

HORA: 20H DE LA TARDE.

LUGAR: EN EL SALÓN DE ACTOS DE USOS MÚLTIPLES, EN LA PLAZA DEL MILENIO.

Allí estaremos otra vez, firmando libros y charlando un rato sobre el Valladolid del siglo XI.

¡¡Os esperamos!!

ANTONIO J. LÓPEZ SERRANO

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