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Los pilares de Occidente: la mentira, la basura y los ositos de peluche.

Cuando estudié primero de carrera (hace unos treinta años), en concreto Derecho Romano, recuerdo que en el inicio del libro de Derecho Público Romano se hablaba de los pilares de Occiente, y se afirmaba, con solemnidad y rigor que habían sido tres: el Derecho Romano, la Filosofía Griega y el Cristianismo. Hoy han sido sustituidos por tres tataranietos que no dan mucho de sí, pero que ahí están, decadentes y no menos firmes: la basura, la mentira y el emotivismo de los indignados del peluche. Estos piden paso y se quedan a la fuerza. Por eso hablamos de ellos, porque no será por mucho tiempo. Digo yo.

El Derecho Romano, que ha venido articulando durante casi dos mil años las relaciones civiles de los hombres entre sí (familia), de sus compromisos (obligaciones y contratos) y de sus bienes (derechos reales), ha terminando convirtiendo las relaciones sociales en relaciones mercantiles, para luego dejar temblando a la humanidad (y al planeta) con relaciones financieras y especulativas. Es lo que nos queda hoy. Personas que se relacionan especulando el amor, la amistad y los negocios. Vida deshumanizada, donde todo se compra y se vende. Es el capitalismo, hijo del derecho, que barre a la humanidad, sus relaciones y sus bienes, hasta convertir lo que toca basura. Por eso nuestro planeta Tierra se ha convertido en un basurero de objetos obsoletos, de residuos tóxicos, mares llenos de plásticos y un montón de mierda sobre la que seguir especulando. Lo llaman capitalismo, pero en realidad es uno de los pilares más importantes sobre el que sustenta la sociedad contemporánea de la disolución. Lo practicaron las sociedades comunistas con el mismo afán, y lo aplaudimos indirectamente cuando vamos de tiendas y tenemos de todo. Filósofos: la fragmentación posmoderna quedó atrás; lo de ahora habría que llamarlo disolución occidental, globalizada y sin vaselina.

El segundo pilar fue la Filosofía Griega, sobre la que hemos hablado en otras entradas de este blog. Los griegos buscaban la verdad frente a la opinión. Nosotros preferimos opinar sin buscar la verdad. Por eso estamos rodeados de mentiras. Frases ingeniosas, sensacionalistas, atractivas para vender, comprar y para llamar la atención. Pensar es agotador, en cambio, escuchar mentiras es más gratificante. La gente se busca mentiras a su altura moral, en su círculo intelectual, en su existencia. Hay una cadena televisiva para cada grupo de espectadores, con sus mentiras específicas, sus relatos y sus símbolos. El escepticismo está agotado, ahora se lleva la mentira que nos entretenga. Y las redes son especialistas en mentir al gusto de cada uno. Se llaman cockies, o sea “putas” y “galletas”, que debe ser lo mismo.

El tercer pilar es el cristianismo, el único que se ha mantenido como subcultura gracias a una institución milenaria como es la Iglesia. El cristianismo (que es una religión de sentido, no una ética) fue anulado en su momento por el laicismo imperante y cultural. Se le extrajo la moral en la modernidad, y se le redujo a una especie de buenismo fácil y blandito. Se vació de contenido la experiencia con Dios Padre, para exaltar experiencias inferiores y rídiculas, desde el animismo hasta el yoga. Al final el hombre sigue hueco por dentro.

El buenismo ético ha sustituido al amor al prójimo. La gratuidad del amor se ha pervertido dejando solo la pose, no el dolor, olvidando que el Amor que no duele por dentro, no es amor. Se promueve la experiencia de lo emocionante frente a la experiencia de Dios. Hasta que se rompe la cuerda del puenting, claro. Entonces ponemos ositos de peluche al pie del acueducto. Y es que somos adolescentes con rabietas y lágrimas facilonas, gente que lo quiere todo, y que es incapaz de dar nada, de darse gratis. De nuevo el capitalismo.

Es curiosa nuestra sociedad, donde los derechos sociales son cada vez más recortados, y donde la lucha de clases se ha transformado en una lucha de géneros (de sexos). Una sociedad indignada con hoja perenne, connivente con el poder, y traidora con la humanización en el trabajo, y con la sexualidad adolescente hasta que la muerte nos llegue. Adolescentes con rabietas y lágrimas fácil.

La ética contemporánea está disolviéndose muy deprisa por culpa (o gracias) a las redes sociales. Es la ética del emocionarse mientras miro un perrito en el móvil dando saltitos, y soy indiferente a la esclavitud infantil en África. Me indigna el voluntario porque reza el rosario delante de la clínica abortista, y lloro a moco tendido porque el niño X ha recuperado su osito de peluche perdido hace dos días en las Ramblas. Le pongo un “me gusta” para lograr un mundo mejor, y me exijo que no me digan lo que tengo que hacer con mi bragueta.

Es lo que hemos visto en Barcelona estos días, que aquí mataban a  14 personas y se les dedicaba horas y horas de espectáculo informativo-especulativo. Entre la mentira y la realidad, nadie analizaba el por qué. Ni falta que hace buscar la verdad, dirán algunos. Los terroristas no eran matados, eran “abatidos” (de pena suponemos), y mientras tanto los corrimientos de tierra en Sierra Leona machacaban a 400 muertos, 100 de ellos críos.

Occcidente se está disolviendo. Pero hay una esperanza, una sutil y fuerte esperanza.

Tras la basura del Derecho Romano solo podrá quedar la única estructura social con la que no se puede especular. La única que resiste el paso del tiempo por estár sostenida por el derecho natural. Me refiero a la familia, configurada por el judeo-cristianismo y el derecho romano. Será además una cuestión de “superviviencia”. Las propuestas familiares y económicas que no sean sostenibles (incluida la sostenibilidad de los hijos) se extinguirán por sí misma. La disolución familiar contemporánea desaparecerá por sí sola. El futuro será de los que tengan hijos y logren tener recursos suficientes y sostenibles para vivir, es decir: o familias católicas con hijos o familias musulmanas. Ahí estará el choque cultural en la futura Europa. El islam solo sobrevivirá en Europa si acepta las pautas familiares y culturales del cristianismo. Si no lo hace y triunfa, lo que surja no será Europa. Aunque esté en su territorio.

La mentira contemporánea dejará paso a la única verdad posible e inmutable: Dios y su trascendencia. Será un cliclo lógico, pues no hay cultura que no se asiente sobre una verdad inmutable, hija de una divinidad. El cristianismo retornará, pero seguramente lo haga purificado de lo superfluo, y lejos de Europa. La verdad no volverá a estar fragmentada, quedará sometida a la experiencia religiosa, y la ciencia volverá a ponerse al servicio del hombre, de la humanidad, y no del dinero ni la especulación.

El emotivismo del osito de peluche, adolescente y ansioso, solo podrá madurar si vuelve a concebirse la trascendencia. Es decir, será necesario un retorno al Amor de Dios (Padre), un amor que da sentido porque salva (Hijo) y que pueda reconfortar en el dolor de la existencia humana (Espíritu Santo). Será un nuevo humanismo más profundo y sólido. Ya lo dijeron antes que yo: el siglo XXI será religioso o no será.

Yo creo que sí será, y es que como pobre católico, tengo esperanza.

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Reflexión y análisis del pensamiento ecologista.

De todos los movimientos sociales del siglo XX, el ecologismo es el que más ha triunfado. El pacifismo quedó demasiado lejos, casi tan lejos como la muerte de Ghandi; y el feminismo ha generado tal ola de estupidez con su deriva hacia las ideologías de género que digo yo no tendrá demasiado recorrido como siga así. Pero el ecologismo es otra cosa. Ha triunfado en la conciencia de la gente, y la prueba es que hay ya un importante negocio en torno a lo ecológico que genera mucha pasta, y mucha gente que ha fijado comportamientos presuntamente ecológicos sin ser consciente de ello. Bien por ellos.

Hay además, abundantes formas de ser ecologista y de plantearse el ecologismo, incluso varias de estas formas pueden llegar a ser incoherentes y agresivas entre ellas. Deviene la ecofiesta en un batiburrillo que hace que el ecologismo no sea siempre bien acogido por mucha gente, porque se identifica lo ecológico con ir en bici haciendo el gamberro por las aceras, o en alarmar a la población cada vez que llueve en otoño o hace sol en verano, o soltar una piara de armiños para que se mueran atropellados en al carretera más cercana. No, eso no es ecologismo, ni siquiera es una pose ecológica de nivel alfa.

Evidentemente no es lo mismo el ecologismo que pretende regresar a la edad de piedra cultivando cebollas y cerrando fábricas, que el ecologismo animalista que se esfuerza para que los animales no sufran en la naturaleza o fuera de ella. Mayor diferencia seguramente habrá entre el ecologismo liberal, que considera que hay que cuidar la naturaleza porque sino habrá más pobreza en el futuro, y el ecologismo espiritual y esotérico que entiende que debemos encontrar la armonía con la naturaleza y el cosmos en su Totalidad. Son muchas formas distintas de plantearse lo de la naturaleza y algunas implican una devoción religiosa y una entrega martirial excesiva para un culto panteísta que huele a adaptación al vacío occidental tan nuestro.

La variedad de formas de vivir la ecología da a entender, una vez más, que si bien ha triunfado la conciencia en casi todo el planeta de que debemos cuidar el medio natural, también nos hace pensar que la confusión reinante es enorme, y que cuando se destruye la idea de Dios se acaba abrazando cualquier manifestación ideológica que cuadre bien. El ecologismo es para mucha gente una forma de vivir por la que deben morir y matar, lo que la convierte en un peligro para la humanidad en su conjunto. El ecologismo le convendría estar a bien con la antropología para que no salga ninguna mal parada, pero tampoco viene mal conjugarla con las tradiciones culturales occidentales más humanistas, porque casi todo lo que es bueno para la humanidad a largo plazo es bueno para la naturaleza. De ahí las advertencias del Papa Francisco sobre los abusos que infligimos a la naturaleza y los abusos a los hombres. Y es que unos y otros no deberían andar por caminos distintos ni separados.

El problema de los ecologismos cuando degeneran en fanatismos está en que siempre terminan siendo alentado por los más ignorantes y psicópatas, que seducidos por una idea parcial, la terminar totalizando y absolutizando para convertirse ellos en sacerdote de lo nuevo, y en guardianes de la nueva convicción. El ecologismo no se libra de sus sectarismos particulares, eso es cierto, por eso conviene hablar de ello y reencontrar caminos de encuentro y no de división; más que nada porque puede seguir aportando mucho al hombre en su devenir hacia el futuro en un planeta-hogar limitado como el nuestro. Tampoco se libran los ecologismos de los nuevos adalides de lo verde, disfrazados de empresarios con deseos de ganar dinero, que aman la naturaleza bastante menos que sus negocios, y andan siempre en el límite de destruir cuando les permite la ley, aunque luego se pongan arrobas de insignias que afirman ser grandes protectores de la verdura y el medio ambiente. Grandes empresas energéticas con premio extra en contaminación, presumen de ser “supergreen”.

Si intentáramos poner de acuerdo al movimiento ecologista en unos principios básicos, estoy convencido de que terminarían a tortas los diferentes sectores, pues hay un ecologismo de derechas y otro de izquierdas, un ecologismo religioso y otro aconfesional, un ecologismo de sostenibilidades y diálogo con la antropología y un ecologismo de radicalidades y enfrentamientos. Pero es imprescindible que haya puntos en común que sean claros, pues el riesgo de la pluralidad es la dispersión, y el de la dispersión la fragmentación. Y la fragmentación solo conduce al fanatismo y al radicalismo, cuando no al abuso y la inmoralidad que saca beneficios hasta del sol que es de todos.

Dice un amigo mío con bastante acierto, que los ecologistas son unos plastas, pero que por desgracia tienen bastante razón en sus críticas y sus extremos. Tiene bastante de cierto. Yo mismo he escrito en este blog alguna entrada afirmando que nuestro planeta se está convirtiendo en un basurero de productos de usar y tirar, y hay que concederles la razón a los ecologistas cuando defienden la importancia de no deteriorar más el medio, bajo riesgo de que nuestra especie se vaya al carajo con su negligencia. Carajo que puede estar en el largo o larguísimo plazo, pero carajo al fin y al cabo. Por eso hay que ordenar las ideas y proponer caminos nuevos que reúnan el pensamiento ecológico, lo hagan más fuerte, y por tanto menos sectario y menos ridículo. Más serio, sosegado y firme.

Una vez más, al igual que le sucede a la antropología cultural y social, lo que mejor puede cimentar la unidad de los ecologismos es la religión católica. Por desgracia, los ecologismos han ido abrazando durante mucho tiempo las corrientes new age de armonías presuntamente orientales y posmodernas. Es un error, porque la experiencia religiosa de una cultura como la nuestra no necesita de otras formas para ser fuerte y válida, y más si queremos que vaya de la mano del humanismo. El mensaje de un Dios creador es suficiente como para que el hombre colabore con ese Dios sin dañar su obra. Mensaje olvidado en la revolución industrial, por cierto.

La ética basada en un Dios que nos ama y nos pide es bastante más sólida que la ética que se basa en el convencionalismo, los acuerdos éticos, o la razón natural, que siempre termina siendo relativa y escéptica. Tampoco, creo yo, está lejos de la protección de la naturaleza vivir la experiencia religiosa de  la contemplación franciscana de la naturaleza, donde Dios redime el cielo y la tierra, el pecado y la contingencia de la muerte, también en el cosmos y en la Tierra, siendo hermanos del mundo y la naturaleza creada por Dios para  nuestro gozo en Él. El orientalismo hace que lo ecológico se termine identificando con el yoga o con comer ensaladas de soja, pero no con ayudar a un prójimo que pasa hambre a pocos kilómetros de casa. Y creo que a la larga conduce a un espiritualismo desencarnado incapaz de resolver los verdaderos problemas del medio ambiente.

¿Por qué se está haciendo odioso el feminismo?

El mérito no es mío, el chiste circula por la red, éste y cientos más. Por cierto, procede de una tal “monicarogo” en twitter, y como es mujer, no es sospechosa. ¿Hay tías que no piensan como las feministas? Bastantes más de lo que parece. Y es que, en este mundo terrible, hasta las mujeres están hasta las narices de las feministas, feminazis y femiplastas, y no me extraña, porque hacen méritos para que la gente les tenga manía.

Las feministas son como un latiguillo que suena permanentemente, una propaganda pesada y cruel que limita los derechos y libertades fundamentales conseguidos en la historia. Reducen y limitan la libertad de expresión, anulan la presunción de inocencia de los varones heterosexuales (la mitad de la población que se dice pronto), y dificultan la igualdad de hombres y mujeres. En realidad no protegen mejor a las mujeres de la violencia, sino que nos distraen con sus juegos ideológicos para seguir chupando del bote y viviendo del cuento del “rollo de ser mujer”.

Observatorios, delegaciones de la mujer, secretariados para la mujer,… hay cientos de organismos institucionales que cuestan mucho dinero y que no han logrado mejorar las cosas para las mujeres. Al contrario, yo creo que las están perjudicando gravemente en sus aspiraciones sociales y culturales, que son tantas como las que tiene el resto de la sociedad. Ni han roto el techo de cristal, ni han reducido la violencia doméstica, ni han equiparado salarios, ni concilian la vida familiar y laboral de las familias. El modelo de mujer al que aspiran y se empeñan en imponer, es una mujer que tiene que renunciar a los hijos, tiene que empoderarse (hacerse con el poder político, social y cultural), y tienen que enfrentarse con tolerancia cero y continuamente a los opresores varones. Porque esto es una lucha, dicen. Y yo creo que no.

Las mujeres son válidas lo mismo que los tíos, unos más y otros menos. Y no tienen que andar demostrando nada a nadie, ni siquiera a ellas mismas. Si los hombres no tiene que demostrar nada, las mujeres tampoco. ¡Qué disfruten de la vida, coño!

La igualdad ante la ley fue en su momento una conquista del liberalismo democrático que se fue extendiendo poco a poco. Era un principio de la Revolución Francesa. Algunos colectivos que eran políticamente sospechosos, dejaron de serlo, y accedieron al voto a lo largo de las décadas. Ser pobre o ignorante era mirado con sospecha, porque se pensaba que podían ser manipulados por los enemigos de la patria o por el dinero; y con la mujer sucedió lo mismo, se sospechaba de si se dejarían llevar por sus confesores (así defendió la izquierda la negativa a que votaran en la II República Española). Pero cuando acabó la sospecha ejercieron el derecho a voto. Es una conquista ya realizada, y su único lugar de exigencia son los tribunales. Por cierto, los niños tampoco votan, y no hablamos de discriminación. ¿Me entiendeeees? La igualdad ante la Ley ya está conseguida desde hace décadas. Ahora tendríamos que derogar las leyes que otorgan privilegios a las mujeres, que son las que defienden las femiplastas a capa y espada.

La discriminación positiva, que defienden estos colectivos femibroncas, es discriminación, y por tanto un retroceso social evidente que solo puede ser defendido por un discurso “victimista”, que es lo que han hecho las feministas de última hornada. Discurso que perjudica mucho a las mujeres que no van de víctimas por la vida, y que no quieren que las ayuden porque no se consideran inferiores. Y es que no lo son, ni débiles ni bobas.

El victimismo del feminismo contemporáneo se ha vinculado con las llamadas ideologías de género, y eso ha hecho que los avances reales de la mujer por conseguir una mayor igualdad jurídica y social se hayan atascado y retrocedan. Entre otras cosas porque estos colectivos no saben defender los derechos de las mujeres sin SOSPECHAR DE LOS VARONES. Y este es el problema. Han terminado generando una victimización insoportable y una agresividad protegida, y frente a ellas, muchos varones y mujeres se oponen. Las mujeres se niegan a que las protejan, y los hombres se oponen a que se sospeche de ellos solo por ser varones.

Por desgracia la lacra feminista y las ideologías de género cuentan con el apoyo directo e indirecto de los medios, además del apoyo de la clase política que tiene miedo a ser “incorrecto” o a ser tachado de “machista”. En este sentido, son un auténtico lobby de poder. Su único enemigo (además de la iglesia católica) es la lógica, la ciencia y la realidad, a la que muchos nos aferramos; pero todo lo demás, está a su favor, y por eso se les escucha mucho, y generan mucho rechazo, tanto entre las mujeres como entre los hombres. Ahora se quejan de misoginia, y mañana se quejarán de otra cosa. El victimismo como argumento político se agota en su lamento, y no da más de sí. Y casi todo lo que cuentan que han conquistado recientemente, en realidad son retrocesos en libertades y derechos.

Uno de los temas más escabrosos, y que más relieve tiene en los medios es el asunto de la agresividad que sufren las mujeres por ser mujeres. Le llaman erróneamente “violencia machista” y se equivocan, porque el machismo en sí no es violento, no tiene por qué serlo. De hecho, para un machista de toda la vida, pegar a una mujer es una cobardía impropia de un hombre. La hombría se demuestra frente a los iguales, y no ante los inferiores. ¿Me entienden, verdad? El machismo no tiene por qué ser agresivo, pero como han mezclado todo para conseguir su gran objetivo, continúan instaladas en la queja y el lamento. Su gran pretensión es hacerse con el control y el poder. Pero cuando lo tienen, tampoco saben qué hacer, salvo meter en la cárcel a todos los que no piensen como ellas. A los machistas, a los maridos y a los meapilas, ale.

Cuando fue aprobada la Ley contra la Violencia de Género, se oyeron algunas voces discrepantes, que fueron acalladas por ser machistas, o sea discrepantes. Predecían un fracaso antropológico que luego se ha comprobado real. La ley, por cierto, fue aprobada por casi la unanimidad del parlamento, derechas e izquierdas, radicales y moderados. Pero ya verán como no derogan la Ley, le darán una vuelta de tuerca para limitar más derechos esenciales, y seguirán sin saber qué hacer con el asunto. ¡Con la de observatorios de la mujer que hay! Para mi que en todos los observatorios usan las mismas gafas polarizadas de antimachismo. Y no ven nada que les dé una pista, claro.

Hay una opinión novedosa, que me resulta fascinante de las muchas que he escuchado y que creo que tiene toda la razón. La violencia doméstica forma parte del grupo de las violencias que se generan en torno a las relaciones afectivas, por eso siempre se dará un cierto número de agresiones (algo inevitable pero reducible): de padres a hijos, de hijos a padres, de maridos a sus mujeres, de adultos a ancianos, en pareja de novios y de casados… Como los accidentes de tráfico, no desaparecerán, pero podríamos reducirlos al máximo. Mejores coches, mejores carreteras, y menos distracciones, alcohol y móviles cuando se conduce. Interesante.

Seguramente también potenciando unas relaciones afectivas sanas se logre reducir la violencia en general de una sociedad competitiva que ya es bastante violenta de por sí. Mejores personas, mejores relaciones, mejores familias; y menos aislamientos, menos ignorancias, menos dar caprichos a los hijos.

Es un dato que es fácil de observar. Los jóvenes de ahora controlan más a sus parejas a través del móvil. Son más dependientes y más desconfiados. ¿No eso acaso un caldo de cultivo para las agresiones del mañana? Pues eso.

Regalar condones no es educación sexual.

Hace años salió un estudio de un señor de la Universidad de Harvard que afirmaba que había una relación directa entre las campañas pro-preservativo y el aumento de embarazos no deseados de un pais, incremento del sida, enfermedades de trasmisión sexual (ETS) y aumento del número de abortos. Por mucho que se hicieran campañas queriendo educar los comportamiento sexuales y éticos de los jóvenes, en realidad lo que querían era regalar condones (debe ser un negocio más rentable que vender libros).

Y claro, como aumentaba proporcionalmente el número de relaciones sexuales irresponsables (eso que todos conocemos como la promiscuidad) pues ahí estaba el negocio para las empresas del sector. Más promiscuidad, más relaciones, más irresponsables dándole a la cadera, más embarazos. Eso justificaba que los ideólogos del tema alimentaran que se tuvieran que regalar más condones, más campañas para gastar pasta, más condones vendidos, más promiscuidad, más irresponsables pensando que no hay que reprimirse, etc. Pero al final todo parece que se ha descontrolado: más violaciones, más abortos y más adictos a la pornografía. A nadie se le ocurre decirle a un pimpollo de estos que no folle, porque se te ríen en tu cara.

Los datos sobre pornografía lo confirman. Llamo la atención que los 11 años es la edad promedio que un niño ve pornografía por primera vez. ¡Viva la Pepa! Esto hay que agradecérselo a los que han hecho ingeniería social durante estos últimos años en el mundo (casualmente suelen criticar mucho a la Iglesia y a las religiones… ), pero un poquito de autocrítica y humildad no les vendría nada mal.

La verdad es que la liberación sexual que preconizaban los listillos y listillas de los años 60 del siglo pasado han logrado en muy poco tiempo descomponer la afectividad humana y su sexualidad En realidad decían que por culpa de la represión de la iglesia – ¡Ven Señor, no tardes! – había violaciones, desequilibrios sexuales y una cantidad de enfermedades mentales castrantes para la humanidad en su conjunto; y que la sexualidad vivida con naturalidad lograría equilibrar y armonizar la vida de las personas. Decían que había que liberar a las mujeres de sus represiones, y obligarlas a liberarse para que tuvieran una vida sexual sana y controlada. O sea, que se pusieran a cuatro patas, que se formaran grupos de intercambio de parejas, que había que disfrutar después de siglos de represión haciendo cosas raras.

Fue entonces cuando llegó el destape, el erotismo, las tías enseñando las piernas, las tetas y el culete con morritos tipo BB. Aquella primera liberación sexual consistió en convertir a la mujer en el icono más humillante de la historia. Si se vendía un coche había que mostrar a una tía en pelotas dentro del coche, y si tenía que fregotear la casa, la madame lo hacía en minifalda. Solo los reprimidos miraban, claro. El resto de la especie humana se estaba esclavizando en una sexualidad burda y facilona. Las páginas centrales de algunas revistas eran fundamentales para que el resto de la revista ganara en credibilidad, supongo. La liberación fue un desastre incluso al principio, aún así siguieron prometiendo la felicidad al hombre.

Ahora la liberación sexual consiste en que tenemos a los niños a los 11 años consumiendo pornografía. Una práctica, la de la pornografía, que es altamente adictiva, y no me lo invento, simplemente reproduzco lo dicho por expertos en adicciones. Es decir, nos están convirtiendo en animales, no solo con el animalismo ideologico, sino con la reducción mental y espiritual a la que estamos sometidos usted y yo. Menos Dios y menos religión, y más sexo. ¿No lo ha notado?

Pretendían el equilibrio y la liberación, el fin de las represiones humanas y han logrado lo contrario, más desequilibrado sexual, más adicciones y una sed incontrolada de buscar el placer sexual de manera constante. La liberación sexual ahora, siglo XXI, consiste en que tengo que dejarme dar por culo por mi novio, porque si no me abandona. Esa es la sexualidad de nuestros jóvenes, tan listos y tan adultos. Los tíos matándose a pajas con la pornografía internáutica, y las tías entrando por el aro, porque están condenadas a vivir con la generación más esclava de la historia de la humanidad. Esa es la liberación.

Eso sí, los sabios que nos han desorientado sexualmente en los últimos sesenta años, siempre han querido hacernos un favor, y para eso nos educaban, educación sexual, chicos. Hoy toca el punto G.

Realmente, y me dejo de ironías, la educación sexual en España siempre ha sido algo deficitaria. Recuerdo cuando yo tenía 14 años que vino un señor a clase que decía ser médico y que nos contó un montón de entresijos sobre la anatomía humana. Ya está. Ni una palabra sobre anticoncepción, cosa que agradezco profundamente, porque no potenció que nos arriesgáramos. Un amigo mío le hizo la pregunta del millón, que si nos iba a explicar lo de las posturas y eso. Se echaron a reír, y no. Que cada uno haga lo que pueda respetando al otro. Y estupendo. Lo mejor que podía habernos dicho. Desde luego no vino ningún cretino a regalarnos condones diciendo que fuéramos muy felices (ahora es lo que hacen), ni una vendedora de marcas “clean” regalando tampones y compresas a las chicas contando que no pasa nada, y que no huele ni traspasa (lo han hecho durante muchos años para conseguir clientela).

Vivo en un país, y supongo que un mundo, donde la educación sexual se tiende a confundir con regalar condones. Por eso las cosas hay que ponerlas en su sitio. En realidad, si hablas de educación de comportamientos, tendrás que hablar de la reflexión que trata el comportamiento, o sea la ética.

La ética clásica kantiana alude a la necesidad de tratar al otro como si fuera un fin en sí mismo, de darle una dignidad, el cristianismo y su ética hablan de amar al prójimo, de procurarle el bien. La educación sexual debería hablar de autocontrol, de represión ante los impulsos, de dominio de la persona en aras de una decisión y una entrega al otro. Las ciencias experimentales han sido las encargadas de educar durante muchos años, pero ellas no hablan de autocontrol, ni de entrega, ni de amor gratuito. Me refiero a la psicología, sexología, sociología y demás mandangas, que con sus sabios consejos han logrado que aumenten las Enfermedades de Transmisión Sexual, el número de abortos y la infelicidad entre las clases populares.

– Regalamos condones y luego resulta que no los usan.

Solo un tarado puede pensar que está “solo” regalando condones. ¿No ves que estás diciendo que no pasa nada, que es divertido y que es un juego? Es potenciar la irresponsabilidad, dejar la educación sexual en manos de gente que no tiene ninguna ética. ¿Qué sexualidad va a educar un señor que ve pornografía por la tarde en su casa y que va por la tercera  pareja? Les dirá lo que hace él. Aquí van los datos.

O sea, que tras años y años desorientando la sexualidad de las personas, haciendo que la gente sea más promiscua e infeliz (más enfermedades y más aborto), supongo que habrá que decir que podemos educar la sexualidad de otra manera.

En realidad sí hay otra manera, la que propone la Iglesia desde hace siglos (la gran enemiga demonizada de todos estos liberadores). Más fidelidad, más amor, más respeto, más continencia, más castidad, más autocontrol, más encuentro, más diálogo, más mirar a los ojos al otro. Porque para tener sexo, primero hay que mirar al otro y quererlo tanto como la propia vida. Eso es sexo. Que nos lo enseñen, por favor.

Igualdad sí; feminazis no.

Un tema recurrente en un día como hoy: día de la mujer trabajadora, 8 de marzo, o sea, San Juan de Dios, es tratar sobre el asunto de la mujer, que no es poco. Sobre todo tal y como está el panorama de gente cabreada, que en este asunto es mucha, y con ribetes violentos, más. Me atrevo sí, que suelten ese toro, o vaca, o lo que sea, que vamos a dar unos capotazos.

Ya escribí hace tiempo que no se podía justificar la violencia de cuatro pibas a tetazos contra un obispo, profanando un templo, o haciendo la capulla a diestro y siniestro, gritando a la gente, o insultando a la mitad de la población, o sea a los tíos, cuando no a las tías que no las secundan. Entonces me llovieron críticas, pero como los paraguas aguantan los temporales, pues cada uno a lo suyo.

Ahora no pretendo hacer crítica de los movimientos feminazis, esos que nos obligan a hablar en género neutro para no profanar sus sacrosantos ovarios, sino analizar el desastre que están causando en una lucha, que es dar palos de ciego, y bajo la cual han secuestrado a parte de la opinión pública. La que más grita, no es la que tiene razón, así que vamos a razonar, porque en mi opinión, la estupidez sigue haciendo un flaco favor a la causa de la igualdad y la justicia; y en el asunto del feminismo (bastante más violento que el machismo en sus pretensiones ideológicas) andamos haciendo más mal que bien a la mujer. De los intereses creados no hablo, aunque todos imaginamos la clase de mamadurria que debe suponer tanta cátedra de género, tanto agente de género, tanto observatorio de la mujer y tanto listo viviendo de tener ideas para cambiar la forma de pensar de los que no piensan como ellas, las feminazis. Digo.

Lo que me pregunto es si vale la pena seguir manteniendo una ley contra la presunción de inocencia de los varones (la mitad de la población), que es lo que hecho la Ley contra la violencia de género. Por cierto aprobada por el Pepé y el Psoe juntitos. Más que nada porque parece que sigue habiendo la misma violencia contra las mujeres. Sostiene Pereira, o sea una chica muy sensata, que en toda sociedad hay un mínimo de malos tratos y violencia que no se puede evitar. Por mucho que luchemos contra el hurto, siempre seguirá habiendo hurtos. Por mucho que queramos reducir la delincuencia, siempre habrá un número de delitos irreductible. Lógicamente, cuanto más disminuyamos el número de delitos mejor, pero es que las feminazis, para acabar con un delito, han creado una situación socialmente insostenible cargándose el derecho a la presunción de inocencia. Si eres tío, eres casi sospechoso de ser un malo, y eso es una aberración, y sobre todo un problema de libertades. O piensas como ellas o eres un asesino en potencia. Pues no, oiga. El machismo no es el problema que genera violencia, y esto lo sabe todo el mundo: los hombres no pegan a las mujeres porque pegar es de cobardes, además de débiles mentales. Esto es más viejo que la tos, aunque las feminazis se empeñen en decir que el machismo es malvadísimo. En realidad lo malvadísimo es la falta de formación ética, de cultura, de relaciones sanas, de autoestima… y la responsabilidad pasa por una buena educación, familias sanas, estabilidad en niños y jóvenes. Justo lo que muchos gilipollas macarras no han tenido en su vida, justo también con lo que muchas feminazis quieren acabar, me temo.

Además, y de esto saben mucho los penalistas y criminólogos, no se termina con la violencia en las relaciones de pareja agravando las penas ni persiguiendo las relaciones. No podemos poner puertas al campo. Así que las soluciones pasan por otra cosa. Me explico con un ejemplo, no acabamos con los hurtos poniendo cámaras por las calles, sino mejorando la situación económica de la gente. Pues eso. Hay que derogar una ley tan nefasta cuanto antes. La igualdad real de hombres y mujeres no puede esperar, y la presunción de inocencia tampoco. Porque hay muchos tíos puteados que merecen algo más de una sociedad justa, libre e igualitaria como la nuestra. Y muchas mujeres que se merecen que sus esposos, maridos, hijos o padres, no sean perseguidos por ser varones.

Segunda cuestión. Las leyes que discriminan positivamente a la mujer han sido todas perjudiciales. Porque las mujeres no necesitan ser protegidas de nada. Son fuertes en sí mismas, como cualquier persona. Unas más y otras menos, como los tíos. Montar sistemas para proteger a media humanidad contra la otra media, que se siente desamparada (victimismo uno) es una memez y genera más problemas que resuelve. Estupidiza al protegido, lo hace más débil, y le impide que siga conquistando su espacio en el mundo. Eso de que pase por delante de uno, una tía cuyo único mérito es ser tía, pues como que no; y lo mismo al revés. O potenciamos una sociedad donde se valore el mérito, la capacidad, la inteligencia y la capacidad de relacionarse y de trabajar con otros, sea del sexo que sea, o nos convertimos en unos ineptos, unos desgraciados, unos lloricas y unos lerdos.

 Tercera cuestión. Igualdad legal, y exigencia en el juzgado de manera firme y eficaz. Eso acabaría con muchos problemas. Si una empresa paga diferente salario a sus trabajadores, por el mismo trabajo (sea mujer u hombre), se le sanciona con multas de cerrar la empresa y embargarle hasta las cejas. Punto y asunto arreglado. Ahí no han entrado nunca las feminazis, por cierto. Y es donde se juegan los cuartos de la igualdad las chicas y los chicos. Dicen que de esta forma contratarían solo hombres, pero yo no me lo creo. Yo he visto empresarias contratando por menos salarios a mujeres que a hombres. ¿Hay derecho a eso? No es un problema de género, sino de justicia social. No obstante, aún suponiendo que fuera así, estaría justificado entonces que hubiera empresas donde solo hubiera mujeres.  Sanciones más graves contra la discriminación, por favor. Que de esto todavía nadie ha hecho nada. Si funciona en la Función Pública, ¿por qué no puede funcionar en la empresa privada?

Cuarta cuestión y última. Las leyes que discriminan positivamente a la mujer, lejos de protegerla, la han obligado a ser perfectas en todos los lugares. Las han machacado y exigido el doble que si no hubiera sido así. Sostiene Pereira que algunas mujeres no les apetece la vida que llevan. Ahora una mujer que quiera ser ama de casa, vive jodida y criticada, la que quiere ser madre también, y la que quiere triunfar en el trabajo lo mismo. La que quiere hacer las tres cosas anteriores a la vez, también es criticada; y la conciliación familiar acaba siendo un problema. No de las mujeres, sino un problema familiar, marido incluido. Se les exige que sean todo lo anterior a la vez, que sean grandes mujeres del año cada día y segundo; y eso, sostiene Pereira, es insoportable.

No podemos dar a una mujer dieciséis semanas de baja tras el parto y no darlas al hombre (¿llegamos a los quince días?) en condiciones de igualdad. No es algo que se deba poder elegir familiarmente. Que no. Mi propuesta es que tengan las mismas, sean hombre o mujeres, punto. Ocho obligatorias para cualquiera de los dos, y al mismo tiempo. O doce, o quince, lo que sea sostenible económicamente. Como las vacaciones, que sean obligatorias. Evitamos así que si contratan a una mujer por ser mujer, o la dejan de contratar por ser mujer. Se comparte la dificultad de tener hijos de manera total, y resolvemos el problema de manera radical. Dará igual contratar hombres que mujeres.

¿Día de la mujer trabajadora, 8 de marzo? Que quiten cuanto antes la fiesta y celebremos todos el Uno de Mayo. Porque ni todas las mujeres son trabajadoras por cuenta ajena, ni todas las personas son mujeres.

(La foto la he tomado prestada de un blog que me ha llamado la atención:

https://legnalenja.wordpress.com/2015/05/17/lo-que-el-feminismo-no-quiere-que-veas/)

 

Revistas de mujer.

La verdad es que me privan un montón este tipo de revistillas que pululan por el panorama quiosquero de cualquier lugar del mundo, y despiertan en mi la más inocente curiosidad sobre el mundo de la mujer. O mejor dicho, lo que dicen que es la mujer y su mundo, que no es lo mismo. Y siempre me pasa lo mismo cuando termino de leerlas, ¿los cientos de observatorios de género no hacen nada para cuidar el género y los contenidos de estos lugares? Pues no, mire usted.

Se dedican páginas y páginas sobre qué es ser mujer y unificar voluntades y conciencias para ser ante todo modernas y actuales. Antes, años ha, se juntaban las mujeres para tomar un anisito, o para coser, o darle a la sinhueso sin más entretenimiento que el de confiarse secretos propios y ajenos, y parlar por el gusto de hacerlo. Ahora es parecido, pero pasado por la mano (o sea manipulado) por unos editores que buscan así unificar criterios culturales y éticos. Una buena mujer debe hacer esto y lo otro, ser decente y todo eso se decían en aquellas reuniones caseras. Ahora es lo mismo pero en plan contrario, y se dedican las revistitas de marras a contarnos lo que es ser mujer, lo que deben hacer y cómo deben pensar, vestir y coyundarse. Entre nosotros y sin que nadie se ofenda: nadie sabe que significa realmente ser mujer. Ni ellas, ni las revistas que se autoproclaman de tías.

Yo creo que estas revistas están confeccionadas para que las mujeres del mundo se vuelvan locas, y lo hacen dando unos consejitos siempre de lo más simple. Recuerdo en una que aconsejaba a las adolescentes la primera vez que lo hacían que llevaran una toalla y la pusieran debajo, más que nada para no manchar y luego no sufrir el corte inevitable con su chico. Todo en plan psicólogo colega, que es lo que mola. Les crean nuevas necesidades y les educan la conciencia ética para que sean todas entre iguales, parecidas o idénticas, a saber. Otro ejemplo que recuerdo: los diez consejos si pierdes el empleo. estos eran para mujeres más maduras, se supone, y todo era de lo más aséptico. Ninguno ponía llamar a tu antiguo jefe y mandarle a tomar por culo, por cabrón o por explotador, había que ser superpositivos y guays. Digo yo que para una mujer madura que pierde su empleo lo que más le apetece es cagarse en la madre que lo parió, pero no te dejan. Tienes que ser medio adolescente, medio gilipollas y ser positiva. Esto además lo remataban con una foto de una piba mona, superasertiva mordiendo un boli y con cara de pensar en un sofá cojonudo de su casa y medio en pijama recién comprado, con el letrero debajo animándola a pensar en sus nuevas oportunidades. Para vomitar y cagarse a la vez.

Estas revistas, además, da igual la que sea, tienden a contar casi lo mismo, y es normal, porque están todas dirigidas por los mismos responsables empresariales. Casi todas tienden a dar consejos parecidos con ligerísimas variantes. Si es una revista para tías adolescentes, les cuenta lo importante que es disfrutar de la vida o del sexo, que es casi lo mismo para sus redactores, si tienen edad juvenil pronta o mediana, los dicen que tienen que disfrutar del sexo y ser capaces de decir que no a los hombres que se aprovechan (por ejemplo), y si es para mujeres maduras les dicen que tienen que disfrutar del sexo sin complejos, tirándose a los tíos que les apetezca. O sea, disfrute, disfrute y disfrute. Varios toques de narcisimo, y a otra cosa mariposa. Que para eso se lo han currado sus progenitoras en la lucha feminista, concluiría cualquier provoceras de Comisiones.

Todas tienen la misma visión de la sexualidad, muy progre y guay, e incluso con una ética deleznable, digna de la alemania nazi. Recuerdo en una que contaba que si te cansas de tu chico, lo puedes dejar acostándote con su mejor amigo, y seguro que pilla la indirecta. O sea, las personas son para usar y tirar según estas revistas. Imagino que esa es la liberación de la sexualidad que proclaman las agentes de igualdad diseminadas por la geografía nacional, por desgracia bastante lejos de Kant y su imperativo categórico, donde las personas son fines en sí mismos, y no medios, de ahí que el hombre y la mujer tengan dignidad y los objetos precio. ¿¡Ah, pero Kant no era un hombre!? Se acabó la discusión ilustrada. No podemos ser menos que los hombres, y se dedican a imitar lo peor de los varones como si fuera una gran conquista. Y añaden, que los que no hacen eso son una retrógradas y unas machistas el día que se operen. Ale.

Estas revistas no tienen desperdicio, las mires por donde las mires. Mantienen secciones que van variando según el tramo de edad de la revista. Si se dirigen al público adolescente juvenil, no puede faltar un consultorio sentimental, y cuando la señora está crecidita el consultorio es jurídico, médico, a la par que sexológico, que ese nunca falta. Estas secciones siempre me han parecido entretenidas, desde los tiempos del Diez Minutos y el Pronto en casa de la abuela en el verano, donde se acumulaban en el revistero años y años de revistas de famosos. ¡Hasta había una que se llamaba Blanco y negro! Ahora las llaman revistas de cotilleo, y las de mujeres son las de mujeres. Ahí percibes que la gente va por otro lado, y que la mayoría de las mujeres mira estas revistas igual que lo hago yo, sin tomárselo demasiado en serio, y asombrándose de algunas curiosidades. Pero, ¿y las que se lo creen? Con la generación Logse que lleva funcionando desde hace años, muchas señoras menores de treinta y cinco años por lo menos, empiezan a desbarrar igual que estar revistas. De hecho cuando lees algunas entrevistas a actrices modelos y demás señoras, tengo que leer algunas opiniones dos y tres veces, porque son dignas de la antología de la decadencia occidental. Hasta Nietzsche tendría arcadas.

Una vez tuve la desgracia de hojear una revista se supone que de hombres y del impacto todavía no me he recuperado. Poco menos que los tíos estaban obsesionados por los coches, las tías en pelotas, el fútbol, beber como cosacos y arreglarse como putas en campaña. Es la metrosexualidad, supuse, que se edulcora con el toque de la rusticidad de toda la vida: coches, tías y fiesta. Supongo que la igualdad de género va también por ese camino, que los tíos y las tías nos fundamos en una especie de indefinición: el andrógino. Recuerdo una frase de la película de “Trainspotting”, “en el futuro no habrá tíos ni tías, solo gilipollas”. Como acertó Edwin MacGregor, oye.

Por cierto, Las revistas de mujeres tampoco se escapan de la rusticidad, y suelen caer en los tópicos que las feministas de postín odian: trapitos, recetas de cocina, hacer dieta y arreglarse, quedar bien, y cosas por el estilo. Pero es extraño, y no dejo de salir de mi asombro que las feminacis y sus plataformas de género no dicen nada sobre ese “sexismo”. Prefieren enviarnos manuales sobre como usar un lenguaje no sexista, mientras ellas se ponen moradas a conocer la moda, adelgazar y arreglarse los quesos (los pies son la obsesión de estas revistas en cuanto llega el verano y hay que disimular los callos, las durezas y los juanetes con pintura fetén), y quedar bien en una fiesta familiar, vaya. Es la hipocresía de toda la vida, que ahora tiene formas nuevas. Les decimos a los demás (a los tíos que son sospechosos de machismo por naturaleza) lo que tienen que hacer y como tienen que pensar, pero luego hacemos lo que queremos (que para eso somos mujeres y nos gusta ser mujeres).

Lo malo es que las revistas han calado hondo, y la simplicidad sobre ser tía se ha multiplicado con la factoría Cosmo. Es fácil encontrarse en yahoo, sin ir más lejos, con consejos cosmopolitan que nos recrean y nos devuelven a la realidad. Diez trucos para cortar con el novio sin que se note, y mecanismos maquiavélicos por el estilo. Diez trucos para que se fije en tí. Diez trucos para lucir unos pies de ensueño. Así todo el día.

Luego nunca falta un artículito en la revista donde una mujer afirma en letras grandes: las mujeres no estamos pensando todo el día en arreglarnos, también sabemos ser solidarias. Ahí la risa se me atasca. ¿Es que no hay redactores jefes en la revista que la lean en su conjunto? Si dedicas treinta páginas a moda, estética, consumismo y egocentrismo variado, no será luego muy coherente que además quieran ser solidarias, porque no me lo creo. Ser todo es misión imposible, chicas de la revista.

Yo, que siempre he sido un observador del asunto, me reconcilio cuando me encuentro mujeres que vomitan y abjuran de estas revistas. ¿Pero no hay ni un artículo sobre ciencia? ¿Nada sobre historia o política? ¿Es que se creen que no pensamos más que en arreglarnos y en capullear por ahí? ¿Por qué no ponen algo sobre África? Pero no de la mujer en África, sino de lo que pasa en África. ¿Tan frívolas somos las mujeres que no pensamos más que en nosotras?

Es entonces cuando me siento más mujer que nunca. Porque si estamos hechos para pensar, como dijo Aristóteles, sería un error de la naturaleza no buscar la felicidad en pensar, aunque tengamos que renunciar a ser mujeres de hoy.

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