Archivo del sitio

“Las arcas de Noé”, de José Ignacio Cervera Nieto

El filósofo y siempre reflexivo escritor, bloguero del Ritual de las Palabras, José Ignacio Cervera Nieto ha escrito una muy interesante obra, una novela sencilla de aparentes aventuras y héroes que bajo el título de LAS ARCAS DE NOÉ ofrece, desde no hace mucho tiempo, en amazón. Enlace que comparto.

https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_ss_c_1_16?mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Dstripbooks&field-keywords=las+arcas+de+no%C3%A9&sprefix=las+arcas+de+no%C3%A9%2Cstripbooks%2C231&crid=11MKZXZICIAVT.

Me pide que sea benévolo, pues no hay nada más duro que ver los defectos de un hijo, y que te los cuente otro. En este sentido, no puedo ser benevolo, porque la novela LAS ARCAS DE NOÉ no tiene más defectos que los propios de cualquier buena novela. Defectos que son siempre invisibles ante el lenguaje, la dinámica de la narración y el trasfondo simbólico que recorre y que hace pensar. En este sentido, el mundo está lleno de novelas perfectas y mediocres que no vale la pena leer. Novelas que inundan los escaparates de lo más vendido y lo más gustado por el público que desea libros que enganchen, e historietas insultas tipo “sálvame”, cuya único placer es estar entretenido por un rato. En mi experiencia como lector, uno se encuentra, en los mejores clásicos y las más emblemáticas novelas, imperfecciones narrativas, leves o profundas, que no ocultan la grandeza de los mejores. Eso me ha pasado con Proust, Cervantes, Tolstoi, Poe, Hugo. Y es algo que percibo también en José Ignacio Cervera Nieto. Es una buena obra, algo más que una simple novela de aventuras y héroes, que no goza de la perfección mediocre en su composición, pero sí tiene la grandeza de las grandes y buenas obras. Por partes.

Las Arcas de Noé tiene el aroma del relato de LAS MIL Y UNA NOCHES, pues se va hilando desde unas historias que aparentemente no están conectadas más que por estar en el mismo libro, pero que terminan convergiendo en un personaje, Noé, que no es un héroe de cómic, sino una persona corriente y moliente con una vida azarosa y simbólica que lo convierte en único y especial. En este sentido, es también un relato iniciático donde el personaje principal sale de su casa y viaja buscando un sueño que sea lo suficientemente cómodo para poder vivir en paz y en armonía. Lo termina encontrando, obviamente, pero no es el sueño que esperaba, lo cual nos hace coincidir con la experiencia profunda de la vida. Cada pequeño paso, como hijo del Sol, sacerdote, navegante de cielos, tierra y mares, son un recuerdo de los distintos pasos que dan los hombres para asentar y clarificar la vida.

En este sentido, LAS ARCAS DE NOÉ es el relato de todos los hombres, de todos nosotros a lo largo de la vida. Y este descubrimiento impregna toda la novela de José Ignacio Cervera Nieto. Noé vive y nos enseña a vivir, por eso tiene la novela un sabor didáctico, a la altura de los relatos sapienciales de las culturas antiguas y contemporáneas. Noé es Ulises recorriendo el mundo para regresar a su patria. En realidad, Noé no vuelve a su casa, sale de ella para hacer camino al andar. El horizonte que abarca su vista es una meta posible, un lugar cálido donde descansar definitivamente de la dureza de la travesía.

Noé es un apátrida, un Sirio que llega a Europa, un balsero que cruza el estrecho. Noé es semejante a los miles de refugiados que salen de su patria, es un emigrante, igual que los miles de emigrantes que dejan la casa de sus padres para edificar la suya propia. Noé es cualquiera de nosotros, un personaje herido y entero de LAS UVAS DE LA IRA, un hombre con sueños y con la vida por delante. Noé es, en parte, el superhombre de Nietzsche que busca su esencia y se lanza a la aventura, es el hombre contemporáneo por antonomasia que camina perdido por lugares perdidos. Las arcas de Noé es algo que más que un relato simple de aventuras.

El viaje  de José Ignacio Cervera hacia los mundos idílicos imaginados, y la Atlántida lo es, me recuerda también a los relatos de Francis Bacon, Campanella o Tomás Moro. La Utopía no es posible en Las arcas de Noé. José Ignacio Cervera sella con este magnífico relato el acta de defunción del Renacimiento. No es posible un mundo mejor, el mundo es lo que es. Y la altura ética que esperábamos de los hombres no se da siquiera en su personaje principal. No hay una aspiración al bien, ni al mundo perfecto utópico. La única aspiración de Noé es la tranquilidad, la armonía, la paz y el amor. Noé es un filósofo del helenismo que busca la apaceia y la ataraxia al mismo tiempo. Es un hombre que desea la contemplación de un orden que va más allá de los dioses mezquinos de este mundo, pero también desea el amor de la mujer que añora en cada momento. En este sentido se aleja de Nietzsche para envolverse en un platonismo dulce y pitagórico, armonioso y pacífico. Epicúreo y estoico, quizás judío o cristiano. Casi místico y elevado.

Noé no es un héroe, igual que no lo somos ninguno, pero es alguien comprensible en su naturaleza humana. Es un personaje bíblico actualizado con unos parámetros contemporáneos, pero también eternos. En este sentido es el héroe humano, que no necesita de lo sobrenatural para brillar. Es un héroe Nietzscheano que reflexiona la vida, lo que lo convierte, precisamente por su buen juicio, en un héroe orteguiano. También es un héroe abierto a la trascendencia, sin ser beato ni místico, es un héroe optimista, misionero, entregado y bueno. Pero no goza de ninguna sobrenaturalidad que lo convertiría en mesiánico. No es el héroe mesiánico habitual y ordinario de Hollywood. Por eso la novela sorprende y choca.

Noé tiene algo de héroe romántico español, profundamente español al estilo del Gran Capitán, capaz de lo mejor y de lo peor en su humanidad, como el Cid, como tantos otros héroes locales propios de nuestro ejército y nuestra historia. Capaces de la más alta valentía, pero anárquicos y vulnerables. Noé es algo más que un arquetipo y que un simple personaje de novela, es el HOMBRE, pero también un hombre cualquiera concreto, que deja de ser un cualquiera para encarnarse en una historia sencilla y profunda al mismo tiempo.

El relato tiene también la dicha de los amores sensuales y babilónicos, los bajos fondos y las alturas de la esponsalidad. Noé sobrevive entre putas y vino, rastrea las ciudades de la Atlántida donde abunda la maldad y la bondad. Llega a ser un sacerdote ejemplar sin serlo nunca del todo, pero es más auténtico que otros que aparentemente son perfectos. Ya he dicho que “Las arcas de Noé” me recuerda en su orientalismo, su sordidez y maldad a los cuentos de LAS MIL Y UNA NOCHES, pero en su optimismo y naturalidad me recuerda también a los aventureros personajes de Julio Verne, o incluso algunos cuentos de Poe, especialmente los viajes en globo y por el aire.

Al relato no le falta ni le sobra nada, tiene las justas proporciones de los símbolos que maneja, siempre dudosos de ser tales, siempre interrogantes para el lector. Goza de un buen ritmo, no se entretiene en detalles más que lo justo, y permanece el tono de cuento breve en gran parte del relato. Al final adquiere la consistencia de la novela de peso, especialmente en las páginas donde el Diluvio sobreviene. Nunca toma densidades que frenen el relato, salvo las últimas reflexiones del Noé sobre la vida. Sabiduría en estado puro del que ha conocido al hombre, del que se conoce a sí mismo.

“Las arcas de Noé” es una novela pensada y repensada, y eso se nota. La frescura la pone el personaje y la inocencia inicial; la vitalidad y la sabiduría están añadidas inteligentemente por su autor, José Ignacio Cervera Nieto, que hace viajar al lector hacia la introspección ligera y sencilla, la que no se jacta en ser soberbia y excesiva, sino agradable, natural y equilibrada.

Confieso que tenía muchas ganas de leer esta novela, la primera de José Ignacio Cervera. Una curiosidad que me despertó su magnífica actividad bloguera como lector y pensador humilde y bueno, de esos que siempre se hacen de menos, siendo ellos geniales e irrepetibles. Su novela no defrauda, al contrario, es un buen libro, muy recomendable. Único y especial, que hará pensar al lector que desea pensar la vida. Justo lo que planeaba Ortega con su raciovitalismo. Para mi, una novela imprescindible que no necesita benevolencias, sino lectores, como estoy seguro que los tendrá.

Anuncios

El lenguaje que nos engaña o nos engañan con el lenguaje.

 

A mi el lenguaje políticamente correcto es que me chifla, porque me parece la manipulación más burda sin ningún tipo de disimulo. Vamos con el gran ejemplo: tolerancia cero = intolerancia. es lo mismo pero no. Ser intolerante, en el lenguaje correcto, es ser facha (facha=malo), y como no podemos ser malos, porque la peña hoy quiere ser buena, buenísima y sin conciencia de pecado, puritanismo en plan nazi; pues solo nos queda la opción de ser intolerantes cero. Pero cero-cero, o sea intolerantes pero buenos. Ya está. Si quieres ser intolerante pero en plan guay, pues hay que tener tolerancia cero, porque sino serás un fascista (antes retrógrado), un intolerante y un malo.

Una vez se ha creado la palabra guay, hay que usarla para lo que queramos, y siempre quedaremos bien. Por sus palabras los conoceréis, (no por sus obras, aquí Jesucristo iba al revés). Esto los de PODEMOS es que lo clavan, pero los PPSOE también se ponen estupendos. Tolerancia cero con los defraudadores, con los banqueros, con los ricos, con la casta (que no los castos), con los violentos (aquí entran desde hinchas del atlético de Madrid, hasta el violador de la diagonal, pasando por los jihadistas).

Lo de los violentos es espectacular, porque cualquiera que se cabree por algo puede acabar siendo un violento, según esta peña. Hay que hablar asertivo (palabra nueva), dicen, o sea sin cabrearte, como si tuvieras sangre de horchata. Atropella a tu niño un adolescente borracho con su moto, pues no puedes hacer nada más que ser asertivo. ¡Oiga, acaba usted de matar a mi hijo! Haga el favor de no tener conductas disruptivas. Oh lo siento, sea usted asertivo y no me meta dos yoyas.

Volvemos a la realidad. ¿Tolerancia cero con el hijoputa ese? Primero le crujes a patadas, y luego que te manden un psicólogo de esos que tiene el ministerio para los shock traumáticos. Se me ha ido la mano, le dices al psicólogo, pides perdón a la familia, y quedas como un señor. Asertivo que lo sea el cabronazo de la moto, coño.

Hay cantidad de palabras inventadas, que de cuando en cuando se cambian para que parezca que se dice lo mismo pero como de otra forma. En la escuela hay cientos de miles de ellas, a cual más idiota, pero funcionan. “Vamos a poner la reválida en varios cursos para mejorar la calidad de la enseñanza” dice el político de turno hinchado como un pollo de soberbia y caldo en grasa. O sea, vamos a hacer evaluaciones externas. O sea, que los profesores de unos centros vayan a corregir a los de otros. Esto en 2º bachillerato se llamaba selectividad y ya estaba inventado sin que nadie pueda decir que sirviera para algo. Más bien era un escollo para el profesor que le toca además de dar 2º bachillerato, recetar valiums a los alumnos. Por cierto Segundo de Bachillerato se llamaba antes Curso de Orientación Universitaria, o sea COU. Cambiamos los nombres para que no cambie nada ¿Sigo? que nadie se engañe, porque la calidad no va a mejorar, simplemente nos van a marear con estadísticas y cosas así. Mejoramos la calidad cambiando el lenguaje, diría yo. Rellenan informes los profes que suspenden, (no vale poner porque no estudian), y en pocos años diez matriculados diez aprobados, aunque no sepan nada. Calidad, calidad, calidad… bendita palabra.

Otra palabra que mola es la de “democratizar”. Es un término muy de la izquierda, acogido por la insípida derecha española sin criterio alguno. Democratizar es convertir algo malo en bueno, pero sin que cambie nada. Quieres tener un restaurante chachi, democratiza tu menú. Es decir ofrece platos distintos para que la peña pueda elegir. ¡Ah! ¿Qué esto ya estaba? Entonces hay que inventar una palabra para decir que tu restaurante era antes fascista. Menús inmovilistas, frente a menús democratizados. Ya está. Medallas a mi que cambio el mundo. De esta forma podemos democratizar los parques públicos, las aceras, las familias, las escuelas, la sanidad, los aeropuertos, los supermercados, la ortografía, la historia, la literatura, los bancos y todo lo que nos dé la gana.

Ahora se lleva decir que hay que montar una escuela inclusiva; o sea, lo que había antes pero en plan matices. La mala es la escuela de antes, aunque tuviera fantásticos resultados era poco fetén, o sea muy mala, injusta y fascista. Ale. La misma mierda con distintos nombres (ñordos, zurullos, cagurrias, cagada, mierda, heces…). Segmentos de ocio son los recreos. Eso, que lo dice un humorista y te partes la caja, lo dice el Secretario de Estado de Educación, y todo el mundo abre la boca para soltar un ñordo asertivo; y luego la peña a repetir lo que dijo como que dijo algo importante.

Esto afecta también al mundo del deporte casero. Antes uno bajaba a correr un rato, pero tras unos años donde la gente hacía footing, ahora se impone el nuevo deporte llamado running. O sea correr por el campo, por la ciudad, o por el pasillo de tu casa. Pero seguro que hay variables que se nos escapan. El que baja a correr sin más, lo hace con calcetín blanco, rayas azules y rojas, pantalón muy corto con rajilla abierta por el muslo exterior, y si es hombre con pelos salvajes por piernas y pecho. Las mujeres no bajaban a correr, faltaría más que fueran así de despendoladas, salvo que dieran en marimacho. Por eso las mujeres siempre prefirieron hacer footing, lo haces con mallas (tías), calcetín media, pantalón cortilargo por debajo de la rodilla (tío), camiseta muy sudada y holgada, con auriculares y walkman para escuchar la música sin la cual te aburres. Por supuesto calzado playeras (esto es de Valladolid) o zapatilla deportiva de colores tipo reebock, que debe ser una marca.

Es running es algo totalmente distinto. Porque no solo corres, sino que lo haces con el móvil, auricular monoorejil, en conexión de datos abierta y superdepilado y superdelgada tía. Con ropa de marca de tienda de deportes de clase media, calcetines que no abriguen el tobillo, como pinkis desaparecidos en zapato de tacón. Las chicas con el pelo recogido, claro; y si se enseña el tatuaje última low cost mejor que mejor. El running es para metrosexuales,  para mujeres, y para peña moderna. Dentro de unos años se llamará de otra forma, pero de momento parece que vale a la peña.

Decía Nietzsche, con bastante acierto y ejecución, que el lenguaje en nuestra cultura occidental es una fuerza nihilizadora, que ese lenguaje impone una fetichización de la metafísica, y que tales maniobras manipuladoras de los débiles (igualitaristas, demócratas, feministas, socialistas y cristianos…) impiden una experiencia estético-dionisíaca de afirmación del devenir.

Explicación: El lenguaje en occidente es una fuerza que nos conduce a la nada. Con esta afirmación Nietzsche ya derrumbó el edificio de la filosofía, levantado con la fuerza de la palabra, de los conceptos y de las ideas. Luego sigue afirmando, que ese lenguaje impone una fetichización de la metafísica, que es tanto como afirmar que convierte los conceptos en solemnidades para darles un regusto a trascendencia (“solemniza lo obvio” decía F. González cuando hablaba de J. M. Aznar). Esa trascendencia pretendida es empleada por los manipuladores culturales para decirles al resto lo que tienen que pensar, creer, y decir; y ahí entra el lenguaje políticamente correcto.

La poesía, podía haber redimido al lenguaje común, dice Nietzsche, pero no lo logró, porque Sócrates y Platón apostaron por los conceptos (igual que la ciencia, el cristianismo y la democracia, cosas que pasan), y no por la poesía. Por eso occidente mata la poesía, la considera residual, y pretende dominar el mundo dominando el lenguaje. La liberación del hombre pasa por la música y el lenguaje musical. Desembarazarnos del lenguaje es lo primero que debe hacer el superhombre. Así de claro. Más música y menos paroli.

¿Comprenden ahora por qué el lenguaje impide la experiencia estético-dionisíaca de afirmación del devenir? Mientras nadie baje a correr sin más, yo creo que está clarísimo.

El cristianismo de las dos culturas.

Reconozco que soy un detractor de la Ilustración y de su soberbia conspicua, empeñada en que la razón triunfe como una divinidad lo haría por encima de los seres humanos. Viva la razón y abajo el hombre, acaban diciendo. Y es que “el sueño de la razón crea monstruos”; y creo yo que devora a los hombres engañándolos con sus lenguajes conceptuales de puretas. Aunque no sea demasiado correcto, lo sé, porque va en contra de lo que nos han vendido durante décadas de educación post-ilustrada; al siglo XVIII, y a sus hijos, no les veo más que mentiras, falacias y animadversión hacia lo que no encumbran con sus idolatrías. Ni Dios, ni amo, ni patria, dicen sus nietos; pero a mi me gusta que Dios sea mi amo, para así poder tener una patria en algún sitio que valga la pena, y que solemos llamar los cristianos Reino de Dios. Todo un lenguaje prohibido por los controladores de las ideas de este mundo, los que nos hoy dicen subrepticiamente lo que hay que pensar porque son lógicos y racionales, los demás todos tontos.

Por el contrario, y quizás porque se ninguneaba en la historia que nos contaban en el cole, me fascina la última etapa del Imperio Romano, la que considero más evolucionada culturalmente, y la más interesante desde el punto de vista filosófico. Esta corresponde al siglo IV y V, lo que los historiadores han llamado el la etapa cristiana del imperio romano, y que termina – por poner una fecha – en el año 476, donde el último emperador romano de Occidente, llamado Rómulo Augústulo, es depuesto con tan solo diez años. No es una época importante desde el punto de vista militar, político o económico, pero es un momento decisivo para occidente, pues se sientan las bases culturales de los siglos siguientes. Es, precisamente en esta época, cuando se termina de fusionar la cultura greco-romana con el judeocristianismo, dando como resultado nuestra cultura occidental.

Los ilustrados en su odio anticlerical, siempre negaron (o manipularon) la importancia a este periodo, y buscaron que la cultura occidental fuera ante todo una cultura laica, contrastando así y convirtiendo la historia de Occidente en una cultura e historia secularizada; donde las cuestiones religiosas aparecieran desprovistas del soporte cultural de su tiempo, y así, según fuera el tema, la iglesia devenía siempre en una institución maligna, a diferencia de los agnósticos, más bien masones diría yo, o ateos militantes, que se convertían así en los próceres de la humanidad, los salvadores del error religioso, dicho en el lenguaje que nos han repetido, y nos siguen contando hasta el día de hoy muchos.

Así, por ejemplo, el medievo en su conjunto, o la inquisición en particular, era de la iglesia y era mala, independientemente de que jugara un papel importante en el control de las ideas que todos los monarcas gustaban ejercer; o del pueblo, siempre hambriento de asaltar aljamas judías y musulmanas. La lectura que hacía la ilustración ha sido siempre fácil: el pueblo asesinaba a los judíos porque era excitado por la iglesia, en cambio, cuando el pueblo aguillotina a media Francia, incluidos sus monarcas, entonces es que eran guiados por las luces del siglo, y si hacían la revolución rusa era porque habían visto a sanlenin bendito. Pues eso, para tí lo malo, y para mi lo bueno. Si el medievo lo calificaban de siglos oscuros (cosa que los medievalista se hartan de refutar) era porque los cristianos eran gente oscura para ellos; en cambio, para los renacentistas  inventaron que eran tipos luminosos y medio ateos, lo que era un mentirusco a sabiendas, por otra parte.

Otro asunto que me fastidia mucho es la selección que hacen de los autores de la Historia de la Filosofía, en general heredera de Hegel y del idealismo hegeliano del siglo XIX. Estos pensadores, en su conjunto, terminan solemnizando los hechos de la historia para convertirlos en conceptos absolutos. De esa manera, les importa mucho la construcción del mundo de los conceptos, y terminan identificando la historia de la filosofía como la exclusiva historia del debate de los conceptos, las ideas en estado puro y abstracto. Con esto olvidan que la historia de la filosofía es también, en mi opinión y en la de otros autores como Lovejoy A.O., Kristeller P.O. y la escuela Francesa de Duby o Braudel, la historia del pensamiento y de las mentalidades.

En el fondo una cultura no tiene ideas, y los filósofos no son gente con ocurrencias. Una cultura edifica una mentalidad, lo que los antropólogos llaman el nivel emic y etic de una cultura, y la mentalidad de una cultura es algo social, donde lo religioso forma parte de las ideas y las creencias de manera indisoluble. No es posible entender el arte, sin comprender la religión que dibuja, pero tampoco podemos comprender la historia sin entender el hecho religioso que sustenta la cultura de que se trate. En realidad es imposible entender al hombre sin entender la religión del hombre, pero esto va en contra del espíritu laico al que quieren reducir la historia.

El absurdo del cientifismo positivista llegó a entender en su sectarismo anticlerical, por ejemplo y no sigo, que el origen de la filosofía estaba en la muerte de la religión, y que por tanto el paso del mito al logos era el gran acontecimiento humano. Para ellos era el paso de la creencia estúpida a la palabra razonada, donde la emergía la filosofía y la razón como una especie de salvadora de la humanidad. Esta visión sigue estando presente en muchos libros de texto de Filosofía, a pesar de lo anticuada y cerril que es. Aunque las Facultades de Filosofía afirmen una y otra vez que “el origen de la filosofía” es un falso problema, por tratarse de un concepto muy occidental para seguirnos mirando al espejo de nuestro eurocentrismo, y lo que en todo caso, tuvo más que ver con determinadas condiciones socioculturales que hubo en la antigua Grecia que propiciaron la aparición de un pensamiento más abstracto y conceptual, aún así siguen erre que erre, y es hasta el título de una pregunta en Selectividad.

Todas estas cuestiones sería calificadas de ridículas en el Imperio Romano cristiano, cuyo modelo cultural fue luego copiado y repetido en Occidente como la esencia de nuestra cultura. El renacimiento carolingio buscó repetir aquel Sacro Imperio Romano Cristiano, al que le añadirán lo Germánico como una nota novedosa de identidad. El mismo Renacimiento Italiano y Europeo buscó e indagó en Roma su esencia, y no lo buscó de manera secularizada, sino precisamente lo hizo ahondando en sus raíces cristianas y evangélicas. Esta búsqueda de lo auténtico cristiano estuvo detrás, sin duda, de la Reforma Protestante que empujó la historia europea un siglo después con el monje agustino (de San Agustín siglo IV) llamado Lutero. Un monje que leyó a San Pablo en su carta a los Romanos y quedó simplemente conmovido, por no decir extasiado.

La historia del cristianismo, cuyo marco me ha servido para encuadrar la historia de las primitivas comunidades joánicas y paulinas del siglo I y II d.C. en la novela “EL ÁNGEL AMADO” (descarga gratis aquí), se ha edificado con la ayuda de dos pulmones, dos visiones diferentes, cuyos orígenes arrancan de dos culturas distintas: la grecorromana por una parte, y la judeocristiana por otra. Conceptos y narraciones, estatismo y dinamismo cultural, dos formas antagónicas y complejas muy difíciles de unir y fusionar, pero que lograron en gran parte los genios del pensamiento de aquella época, desde San Agustín de Hipona, hasta Basilio el Grande. Es el latido de dos culturas en una: latina y griega.

Esta fusión entre cristianismo y grecorromanismo nunca ha sido bien tolerado por los Ilustrados, porque era como reconocer a la madre que los parió, y ellos no. Ellos no quieren ser cristianos ni en sueños. Nunca se les ocurrió colocar al profeta Jeremías o el SegundoIsaías, por ejemplo, junto con los filósofos griegos de aquel tiempo: Tales o Heráclito; aunque fueran entonces más ingeniosos que aquellos. Se ve que la denuncia profética no es pareció buena como idea, y prefirieron barajarlo como mito, mientras gestaban la revolución marxista como un vuelta de tuerca de un cristianismo secularizado y mal entendido, como interpretó el tocagüevos de Nietzsche, que les puso en su sitio, pero les daba igual, porque ya habían conseguido una historia de la filosofía más coja que la del mantecas, que en paz descanse. Y hasta hoy.

Esta es una realidad que cuesta explicar hoy en la sociedad, y es que el Imperio Romano no fue una cultura, sino dos. No hubo una gran lengua, el latín; sino dos, el latín y el griego. Dos formar de componer y de asimilar la fusión cultural de dos mundos, como fueron el mundo griego, extendido desde el helenismo por el Oriente Mediterráneo, y el mundo latino o romano, que a la postre, siempre hemos identificado con Europa. Pero no es única ni exclusivamente Europa.

Europa es también el Imperio Romano Oriental, cuya continuidad estuvo vigente en el Imperio Bizantino hasta el siglo XV. Lo que hizo Occidente para dar la espalda a Bizancio no fue más que una treta para olvidar que ellos (y no nosotros) seguían siendo herederos del verdadero Sacro Imperio Romano Cristiano. Aquellos romanos, y aquellos cristianos orientales forman parte de la historia de Europa, aunque se encuentren bien lejos. A nadie se le ocurriría pensar que Grecia no es Europa, o que Rusia no es Europa, pero lo son. Son herederos de la cultura romana, en su variante Oriental, y tras sufrir, no pocas veces, las invasiones y presiones del Islam.

Los cristianos orientales, lo que hoy vemos en Siria, de rito Caldeo, los maronitas, los coptos, o los coptoetíopes, por citar algunas de estas Iglesias Orientales antiquísimas, han podido convivir durante muchos siglos con el Islam. La tolerancia que da una forma de entender el Corán sin temor a una invasión cultural de lo Occidental, ha propiciado durante muchos siglos que estos cristianos fueran tolerados como mal menor, como residuo de una historia y de un pasado, como ejemplo de que estábamos ante una minoría muy bien preparada, formada y con recursos sociales.

Pero los grandes enemigos han despertado, y no me refiero sólo al Jihadismo, ni al islam radical, que son los ejecutores a cuchillo de los cristianos de aquellas tierras, sino a los hijos de la Ilustración, que desde Occidente contemplan desde su ignorancia quienes son o quienes fueron esos cristianos.

No saben que estaban alli antes que los musulmanes, y no saben que representan a la cultura romana que un día fuimos, mal que les pese, cristiana y romana a la vez. No son capaces de ver que formamos parte de una historia cultural común, entre otras cosas, porque no quieren saber nada de los cristianos de ningún sitio, a los que siguen pareciendo oscuros y supersticiosos. Es notable, y triste desde luego, ver como algunos de estos post-ilustrados (los más descerebrados sin duda) justifican el islam y parte de los crímenes que ni siquiera los musulmanes en su mayoría ven con buenos ojos. Pero es que son así, cristófobos, y se asocian a los asesinos del pelaje que sea con tal de garantizar que la iglesia sea un poco más débil cada día; aun a costa de destruir la razón por la que tanto presumen cuando argumentan.

Los asesinatos y la destrucción de estas iglesias en Siria, en Irak o en Egipto y en otros lugares son un atentado contra las personas que allí profesan su fe bimilenaria, pero son también atentados contra Occidente, porque ven en en el enemigo Occidental la amenaza que sacude las raíces que ellos quieren salvaguardar de su cultura. Occidente mira para otro lado en casi todo lo que le incumbe, sin ser consciente de que la realidad es terca y tozuda. No veremos el ebola hasta que la epidemia no se extienda, y no pensaremos que los Jihadistas son una amenaza hasta que no veamos los primeros asesinatos en tierras europeas. En realidad Europa lleva perdiendo esta guerra desde que decidimos dejar a los cristianos orientales a su suerte.

Yiurops livin a celebreison (Europa se va de fiesta con los neonazis).

La fiesta de la democracia es el nombre más bobo que han dado los políticos bienpensantes al noble arte de opinar introduciendo la papeleta en una urna electoral. Lo adjetivan democrática, o sea del pueblo, pero para mí que es una fiesta tan exclusiva y cerrada como la papeleta que nos ofrecen, llenos de nombres extraños, impronunciables, y desde luego poco vulgares. Faltan Garcías y Manolos, me parece a mí. Además, es una fiesta a la que la mayoría de los españoles, y europeos, prefieren no ir. Y por algo será, cuando nos encanta pasarlo bien. En Valladolid celebramos los descensos de categoría, así de chulos somos, imagínate si ganamos la Champions por penaltis: el no va más. Nos bebemos hasta el agua del Pisuerga.

Para mí votar es todo menos una fiesta, la verdad. Yo diría que es más un trámite administrativo que hay que hacer de vez en cuando para que los políticos toquen madera y se palpen la ropa pensando que se van a su casa. Votar está bien para echar a alguien, pero no para elegir a otro mejor, porque quizás no lo haya, y los votantes, comprobado está, no son mejores que sus dirigentes. La democracia es una buena válvula de escape para evitar guerras civiles, para no afostiarnos a leches, pero una fiesta, lo que se dice una fiesta no lo es. Y desde luego la fiesta de la democracia europea es una fiesta  aburrida de cojones, salvo que invadan los neonazis franceses y griegos, entonces si va a ser un tronche que te pasas, sobretodo para los emigrantes y para el resto, que nos van a liquidar en cámaras de gas financiadas con nuestros impuestos. Nos vamos a morir de risa en esa fiesta.

Además, para que sea una fiesta hay que currarse un poco su preparación, y en estas elecciones europeas, si nos vamos a su preparación, han sido una chapa de lo peor en años. Es la única fiesta que deseábamos que pasaran lo antes posible, y desde luego, ante el fiestón de Lisboa, todo lo demás parecía un funeral en esta patria nuestra.

Cañete, que parece un tío simpático estaba empaquetado en un papel que no sabía hacer. Quería asemejarse a Aznar y Rajoy en una fusión sin precedentes, y no le salió bien. Poca calidad con su gargosa voz que no sabía elevar en plan político cabreado. Es que no sabe arengar a la masa. Encima se puso prepotente en unas declaraciones chulescas, que si parecía el macho camacho y todo eso. Se creyó que era Aznar y actúa de pena. Eso le vale, porque un político que disimula mal es más digno de confianza que otro sibilino que dice y no se sabe. ¿Están pensando en algún gallego dirigente político? Yo sí. Si encima tiene barba pensaremos que oculta algo. Y es que la imagen lo es todo en una fiesta.

Para que no queden dudas: yo con Cañete me iba de fiesta a comer un lechacito, verduras confitadas, buenos vinos y yogures caducados, y a escojonarnos de lo que sea. Unos buenos chistes, y a retorcerte con las carcajadas.  Lo que sea. Eso es una fiesta, coño. Te ríes y se te ensancha la cara. Nos vamos de paellada y hablamos de lo que nos apetece. Seguro que la cosa pelaba de otra manera. Sin corbata, con chancletas y bermudas debajo de una parra, en plan italiano y con cantidad de peña en el mismo plan. Se han equivocado de campaña en el pepé, como suele ser habitual últimamente, y Cañete habría estado más propio y auténtico con otro estilo menos plasta.

En las antípodas de Cañete está la señora Valenciano que es alegre a rabiar. Sería el alma de una juega japonesa, donde toman sake a espuertas y lloran sus penas en silencio. Irse de fiesta con la Valenciano tiene que ser como comerse una chuleta de cordero quemada. Te vas a casa con acidez de estómago, y la convicción de no volver hasta que no cambien al cocinero del restaurante. ¿Pero es que esta mujer no se ríe nunca? Está tan indignada con la vida que cuando se ríe se piensas que ha asesinado a alguien.

Hace años que me contó un misionero que los pobres de Africa se reían mucho, que eran gente muy alegre, más de lo que nos imaginábamos en Europa, y eso pasaba aunque no tuvieran nada que comer ese día. ¡Vaya contraste!

Aquí, fruto del dualismo ancestral platónico nos encanta quejarnos y malhumorarnos mostrando que somos los más aguerridos y sacrificados del mundo. No falta gente en nuestro pais que te cuenta en cuanto te ve lo mucho que sufre, lo prontísimo que se levanta y lo chungo que lo está pasando (aunque le vaya de puta madre). La gente que le va mal, suele disimular porque les da vergüenza, y solo cuando están a punto de reventar porque no pueden más, te enteras porque te lo dicen a gritos; y no pocas veces te enteras demasiado tarde del problema del que tienes al lado. Desde luego, al que le va bien en España tiene complejo de culpabilidad, y prefiere decir que sufre a mansalva en lugar de sonreír gratis. Diría Nietzsche que no tenemos ni idea de disfrutar de la fiesta de la vida, ni de la voluntad de poder, ni de nada de nada, y es que los políticos no eran demasiado valorados por el filósofo alemán, y los de hoy lo serían aún menos.

En España, además de quejarnos por todo, estamos bien contentos (y anestesiados) gracias al fútbol, claro; menos la Valenciano, que tiene pinta de no gustarle ni el fútbol, por ser una cosa frívola y de fachas. Yo para pasar una juega me iría con Rubalcaba, aunque siendo del Madrid mejor me busco uno del Pucela, por si acaso, o o del Atletic, que esa gente si se divierta manque pierda.

Esto ya lo dijo Vizcaíno Casas, la derecha parece estar siempre de juerga riéndose de todo, y la izquierda llora que te llora, indignada y empeñada en cambiar este triste mundo. Por eso Rubalcaba parece más de derechas (como González) que la Valenciano, que es izquierda pura y dura. En cambio Aznar es de todo de izquierdas, porque está superenfadado, aunque es porque no le hacen caso en su partido. Una cena de Aznar y la Valenciano tiene que ser la hostia, hasta los chistes serían tristes, pedirían lechuga, serrín para adelgazar y contarían dos anécdotas en total. Por supuesto cada uno pagaría lo suyo.

Decía Ortega que las tradiciones deben recuperar su sentido si lo tienen, y que no bastaba con repetir las costumbres de manera automatizada pues se anquilosarían, tampoco las democráticas añadiría yo. La tradición con su ritual electoral no puede perder el sentido ni la razón del proceso por culpa de unos políticos ineptos mal aconsejados por sus asesores de imagen. Esto no es una fiesta, y menos una fiesta de descerebrados. Precisamente, por pensar que era una fiestuqui fantástica se nos han colado varios neonazis por el sobaco francés y griego. Y eso si que no tiene ni puta gracia.

 

El dolor del hombre creyente.

crucif

 

“A más sabiduría más pesadumbre, aumentando el saber se aumenta el sufrir”.

Eclesiastés 1, 18

Esta sentencia que nos ofrecía el otro día el Oficio de Lectura de la Liturgia de la Iglesia está llena de verdad y bien. Se trata de una cita tomada de la Biblia, en concreto del libro del Eclesiastés, o Qohelet, una obra de literatura sapiencial tardía, donde el autor se enfrenta a la vida desde el realismo y cierto agotamiento personal. Una obra maestra de esas que están prohibidas en según que ámbitos y círculos.

Allí dice que el hombre pierde el tiempo toda su vida buscando cosas, sueños y deseos que son la nada. Nada gana afanándose en correr tras el dinero, nada gana intentando atrapar el placer efímero, nada se llevará cuando camine al abismo de la muerte. La vida, parece decirnos el autor, es más bien otra cosa. Y sin duda no le falta razón.

Me recordaba, salvando las distancias, al pensamiento de Baruc Espinoza, donde el placer era un instante anterior a una pena más profunda, donde la codicia obligaba al hombre a guardar sus bienes obsesivamente, y donde el deseo de conseguir la fama se convertía en una droga adictiva. También me hacía pensar en Ortega, donde la vida es un devenir reflexivo y activo, una vida razonada en la circunstancia de cada uno.

La vida en Ortega era una vida para ser pensada, pero mejorando al filósofo español, podríamos entender la vida como una entrega en un amor que se vuelve doliente. El sentido de la vida en Ortega no está demasiado lejos de la reflexión de Qohelet. Ambos sienten el gusto por la sabiduría, los dos están buscando una verdad. Para Ortega vivir es pensar, y en Qohelet la vida puede ser una necedad absoluta si uno se autoengaña.

¿Es cierto eso que dice el autor, que el sabio arrastra una pena contigua? ¿No debería ser al revés? ¿Es el hombre sabio un hombre melancólico? Sería un error comprender la vida cristiana de esta manera, y quedaría profundamente truncada la visión de la sabiduría bíblica que intentamos desentrañar. ¿No son sabios los sencillos, dice el Señor? Desde luego la vida en Jesucristo parece tener que ver más con una entrega desmedida, una entrega que conlleva una carga de dolor significativa.

Dicho de otra forma: el dolor tiene sentido para el hombre sabio. No es el centro de la sabiduría divina, pero es consecuencia del amor y la entrega.

La cita completa aclara algo el asunto: “He aplicado mi corazón a conocer la sabiduría y también a conocer la locura y la necedad, he comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos, pues donde abunda la sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia acumula dolor” .

El hombre que vive engañado es aparentemente feliz. Su ignorancia despierta en él la soberbia, el atrevimiento y el egoísmo. La ignorancia tiene como hijos la indiferencia y la pereza, y el hombre necio se crece pensando que todos deben ser como él, vacíos y tibios. El hombre Nietzscheano (que respondería a este modelo) cree que es superior moralmente, pero es también un hombre infeliz en su tragedia. La vida la construye como un drama donde nada tiene sentido, y donde buscar el sentido es un absurdo en sí mismo. Su tragedia parte de la afirmación de que Dios ha muerto, de que no hay sentido, ni hay que engañarse buscando la verdad. Pero Qohelet no afirma que Dios no exista, ni que la sabiduría sea una quimera alejada de Dios o inexistente. Al contrario, la sabiduría genera dolor, igual que una madre que quiere a sus hijos, y los quiere hasta el dolor de sufrir con solo pensar en su pérdida.

El hombre de nuestro tiempo prefiere disimular la tragedia humana con la que es arrojado al mundo con una capa de barniz de falsa felicidad. Se aturde con el placer fácil, se escora creyendo que el hombre es producto del azar y del absurdo. Prefiere así no enfrentarse a la vida, ni a si mismo.

Por el contrario, el hombre sabio que cuenta la Biblia es un hombre sencillo, que ha buscado porque ha amado. Que ha reflexionado y entendido que el hombre es algo más que hedonismo, placer, o egocentrismo. El hombre bíblico se parece a una buena mujer que es generosa con los pobres, aunque no tenga casi nada que ofrecer. El hombre bíblico se duele con el que sufre, y se alegra con el sencillo. El hombre bíblico es un hombre que encuentra la paz en la oración, y el sentido de su vida mirando a Dios a los ojos. Qohelet nos enseña la tristeza que proporciona la necedad del hombre, la locura del pecado, la vanidad de la soberbia del que no ve más que lo que puede ver con los ojos. Para los creyentes la felicidad no se puede ver con los ojos, y tiene como punto de partida y de llegada a Dios.

Nuestra sociedad parece desconocer esa felicidad y esa sabiduría. Y se empeña en que no sea conocida por la mayoría de la gente. Y eso es doloroso para el que ama al prójimo, incluido el Dios de la Cruz.

 

ANTONIO J. LÓPEZ SERRANO

ESCRIBIR, PENSAR, AMAR , REZAR. Blog del escritor

Jesús Fonseca Escartín

Periodista y poeta

Antropología accesible

ESCRIBIR, PENSAR, AMAR , REZAR. Blog del escritor

Bold Commentary

"Writing With No Fear"

AURI

El "Mundo de los Ángeles" es un Mundo luminoso, al mismo tiempo que sorprendente, inimaginable e incomprensible para la consciencia del ser humano, que no hay que razonar demasiado, sólo lo justo. Busca esa razón "dentro" de tu Corazón y encontrarás las verdaderas respuestas.

Donovan Rocester

Una dimensión de relatos, pensamientos y poesía...

SIN MIEDO A PENSAR

Inspiración para los que anhelan un mundo mejor

IMPREINTofficial

The official page of the artist created to host the project 'CUT OFF'.

ArsArtis

"Acaso algún día logre capturar un instante en toda su violencia y toda su belleza". Francis Bacon.

Caminando por Nueva York

Blog y guía de Nueva York, donde os voy descubriendo esta magnífica ciudad. Aquí encontrarás todo lo necesario para disfrutar de una experiencia new yorker.

Pensando Derecho

Perspectiva...

The fish still swims

The monsters turned out to be just trees 🌳

PANDEMÓNIUM

Los caminos del azar son inescrutables

The Storyteller Blog

Vida, cuentos y relatos salvajes

Ariel Aqueveque Marín

todo en pocas palabras

Ratón de biblioteca

Buceando en la escritura propia y ajena

Alexia

Libros, libros, libros.

Morada de Relatos

Ciencia ficción, Fantasía y Terror

IwainLCvlog

Iwain Lizan Cris - Page

Un Puñado de Palabras

Bienvenido al blog del escritor Karel Apodaca

Cookin´Up & MarceVino

Se Hace Cocina al Andar... Se Vive el Vino al Andar

Singularette

No solo soltera, sino singular

Ars Divulgandi

Explorando el lado interesante de las cosas. Textos de Eleazar Salas Guevara

Legnalenja

Un espacio dedicado al entendimiento del mundo en el que vives

FILMS BASED ON NOVELS

BY SAHARAUI WESTERN SAHARA

byluis7

« me arrodillo por las noches ante tigres que no me dejarán ser. »

palabrasaflordepiel

Y un poquito más adentro

Daniel P. Espinosa

Conoce al autor finalista del Premio Minotauro

jllopart

la poesía es libertad

CARLOS MALILLOS RODRÍGUEZ

ESCRIBIR, PENSAR, AMAR , REZAR. Blog del escritor

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

Noticias Destacadas de toda naturaleza - Espiritualidad - Solidaridad - Independencia - Un Blog sin Ideologias ni Religiones, y que es respetuoso de todas.

Ficcionomicón

Relatos de ficción.

Miguel Jarquín

Just another WordPress.com site

El bosque de la larga espera

Πᾶν τὸ ἐνεστὼς τοῦ χρόνου στιγμὴ τοῦ αἰῶνος

Flor Profusa...

La vida es una poesia, algunos son el papel y otros la tinta.

Blogracho

y alcoholizado de palabras

Desmontando a Kate

Psicología, Cultura y otros tabús

Gorrion de Asfalto

Literatura, Teatro, Poesía y Viajes

splitting of the ego

ESCRITOS DE MAGNÍFICO MARGARITO

A %d blogueros les gusta esto: